- may 21, 2009 • 11:45h
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Fácil es establecer un paralelo entre la vida que llevó en los Estados Unidos el escritor cubano Guillermo Rosales (La Habana, 1946 – Miami, 1992) en los márgenes de la experiencia americana y la existencia imaginada de su alter ego William Figueras en un asilo para locos e indigentes o boarding home como se les conoce en Miami. Rosales, un eterno inadaptado a quien tempranamente los médicos le habían diagnosticado una severa esquizofrenia, había llegado al exilio en 1979 con un historial de padecimientos mentales y no tardó en descender al único lugar disponible para él, “uno de esos refugios marginales a donde van a dar las gentes desahuciadas por la vida”.
De su paso por varias de estas instituciones, Rosales sacó el material para escribir la novela que el lector tiene en sus manos. La obra misma, la fuerza con que denuncia desde sus primeras páginas la dantesca existencia de los alienados que malviven en asilos bajo la mirada cómplice de administradores tramposos, invita a ser leída en esa clave. Rosales habría querido destapar la existencia de aquel infierno, contar de las muchas casas como esas que funcionaban ante la mirada indiferente de una comunidad obnubilada por la consecución del sueño americano, de exiliados del castrismo que, si bien seguían rumiando su dolorosa expulsión de Cuba, se habían propuesto triunfar a toda costa.
El asilo de la novela no es sin embargo la eficaz institución carcelaria, trasunto del estado opresor que aparece en One Flew Over the Cuckoo’s Nest de Ken Kesey, un lugar donde reina el orden y la limpieza. En Rosales la descripción del boarding home abunda en símiles cenagosos con baños siempre “tupidos con sabanas, camisas, cortinas”, inundados las más de las veces, “lleno de heces, papeles y otras inmundicias”. El color mismo de la piel de Arsenio, el siniestro lugarteniente de Curbelo, es “sucia como el agua de un charco”, mientras que el ojo de uno de los locos, Reyes, supura constantemente. El lugar es una suerte de cloaca donde van a dar los inadaptados y donde preda Curbelo, el administrador, que no por casualidad tiene como principal afición la pesca submarina.
A este lugar, siniestro como círculo del infierno, han ido a parar personajes provenientes de todos los estratos de la sociedad miamiense: Ida, “la gran dama venida a menos”, René y Pepe, “retrasados mentales” a quienes Figueras observa pelear con indiferencia; Hilda, la vieja decrépita de quien Arsenio abusa sexualmente, Eddy, un loco que lo perdió todo en Cuba y que pide con insistencia que Estados Unidos tire una bomba atómica que acabe con todos los comunistas. Los cubanos no son los únicos inquilinos, está Louis, el americano, que jura y maldice todo el tiempo, y Napoleón, el peruano, un enano de cuatro pies, “macizo —dice Rosales con esa increíble precisión suya— como una pera de box”.
En contraste con los demás inquilinos, Figueras es un hombre ilustrado: “Yo, William Figueras que leí a Proust completo cuando tenía quince años, a Joyce, a Miller, a Sartre, a Hemingway, a Scott Fitzgerald, a Albee, a Ionesco, a Beckett…” Rosales, que poseía él mismo una impresionante cultura literaria, también dota a su personaje de un rico bagaje intelectual. Será Figueras, poseedor de una fuerte voz narrativa, quien conduzca con firmeza la narración sin que en ningún momento trastabille, caiga en el desvarío de un habla demente.
Tan sólo un detalle destaca en él: es un hombre postrado, ha llegado al asilo acabado por la Historia, con mayúscula. “Creyeron que llegaría un futuro triunfador, un futuro comerciante, un futuro playboy… y lo que apareció en el aeropuerto… fue un tipo enloquecido, casi sin dientes, flaco y asustado…” En esencia, y esto es importante para comprender el libro, Figueras es un sobreviviente, alguien que no logra hacerse una vida fuera de Cuba. Es alguien que ha escapado de la avasalladora experiencia totalitaria, pero en quien el daño perdura. Es el gólgota de la heroína de William Styron en Sophie’s Choice y también el de la galería de personajes “dañados” de la novela Enemigos de Isaac Bashevis Singer.
Esto explica su pasividad, su incapacidad de adaptarse al nuevo país, que haya descendido al boarding home sin oponer resistencia alguna. Pero lo que hace a este personaje verdaderamente complejo es que Figueras no es tan sólo una víctima sino también un victimario. Se trata —y Rosales lo entendió bien: la ambigüedad de su personaje es su mayor logro—, de un ejemplo de la manera destructora con que el Estado Totalitario te convierte en cómplice de su crueldad y del terror.
(…)
José Manuel Prieto
Nueva York




Conocí a Rosales en Cuba, cuando trabajaba en la revista Mella.
Rosales poseía el don de trasmutarlo todo con su fino sentido del humor. Y era capaz de fabular días y días.
Luego se vino a España y acá continuamos nuestra amistad, pero por poco tiempo pues se marchó a Estados Unidos. Tengo guardados en casa manuscritos inéditos de obras suyas, pues solía hacer añicos todos sus manuscritos.
Oso prudencio, quien quiera que seas, gracias por poner a un sanaco en su lugar. Bravo.
Excelente, por cierto, el prólogo de José Manuel Prieto, lo celebran en todas las reseñas que están saliendo en inglés…
Se equivoca usted, Karamchandg, Penúltimos días no es para todos. La revolución cubana, por ejemplo, sí que es para todos. En un país normal las cosas no son “para todos”, porque hay personas y personas. Si usted tiene que tener a la mano el diccionario, es su asunto personal, y muy mal que no sepa leer el castellano ni hablarlo con propiedad. Es asunto de su ignorancia y escasa preparación. Ahora bien, no pretenda usted que todo el país, que “todos”, deban igualarse a usted. Eso es justamente lo que hizo la revolución cubana, ajustar a lo bajo el país. Y usted se cree contrario a los principios de la revolución? Creo que se equivoca: los ha incorporado usted intimamente como me hace suponer su ignaro y plebeyo y atrevido comentario. Ay, que habrá que volver al redil, a la fuerza, me temo, a tanta “chusma diligente”, al decir de nuestra Avellaneda. Sabe usted, por cierto, quién fue la Avellaneda y que quiere decir “diligente”? O deberá usted recurrir al diccionario?
Suyo, affmo,
Prudencio, el Oso
P.S. Lo felicito, a propósito, por tener un diccionario y saber usarlo, que la revolución sirivió para algo, vaya.
perdón, culto quise decir, es que tengo problemas con la t.
Leyendo la sinopsis del libro, me pregunto por qué los escritores no pensarán a quines va dirigido lo que escriben; bien decía Pepe: arte soy entre las artes y en los montes, monte soy. Conn el empleo de palbras de poco uso o conocidas por una pequeña parte de los lectores, a veces los escritos van dirigidos a una porción muy pequeña, por la forma en que se escriben. Así, a modo de chanza, este se puede resumir como sigue, un tipo loco de remate, muy culo él, emigra a EEUU; allá lo trancan en el Mazorra estadounidense y fin del cuento. Comento esto, porque me ha sucedido, sobre todo con los sitios de cubanos, que la mayoría perteneció a cultura o es culto, que he enido que tener a mano un diccionario y tengo entendido que Penúltimos Días es para todos, digo, eso creo.
Corregido, gracias!
Alineado o alienado?
Alineados=alienados, Cuberlo=Curbelo.