- may 13, 2009 • 10:17h
- 4 comentarios
La canciller mexicana, Patricia Espinosa, presentó una protesta verbal ante su homólogo cubano por las acusaciones de Fidel Castro.
La canciller mexicana, Patricia Espinosa, presentó una protesta verbal ante su homólogo cubano por las acusaciones de Fidel Castro.
Agárrate patricia que en la próxima reflexión te saca un trapo sucio.
muy comtemporaneo el analisis.Gracias por traerlo
Ricardo Pascoe Pierce(ex embajador en La Habana durante Fox)
Cuba: un conflicto artificial
Fidel Castro ha lanzado el guante al ruedo y México no tiene por qué recogerlo. Con sus afirmaciones sobre el “ocultamiento” que supuestamente hiciera el gobierno de México ante la aparición del virus AH1N1 en territorio nacional, está simplemente siguiendo el guión que ha escrito muchas veces y que tantos réditos (él supone) le ha dado. Me refiero al método de gobierno según el cual cada vez que los conflictos internos arrecian, le resulta útil crear una crisis o conflicto internacional para mantener la disciplina interna en el gobierno y el partido. Y vaya que se ha complicado la situación interna en Cuba en fechas recientes.
A pesar de que algunos informadores internacionales, basándose en información de inteligencia estadounidense, inglesa, española e israelí, aseguran que todo sigue igual y Fidel lo controla todo, lo cierto es que han perdido de vista lo esencial. Esto es, que los cambios recientemente efectuados por Raúl Castro en los más altos niveles de gobierno efectivamente excluyeron del poder a todo el grupo de Fidel, quien operaba a través de ellos.
Que Raúl hubiera removido a Felipe Pérez Roque y a Carlos Lage es un golpe directo a Fidel, quien, al mejor estilo de los discípulos de Jesús, renegó de sus fervientes apoyadores para seguir con vida. Pero que Raúl haya removido a José Millar y a Carlos Valenciaga también fue una daga al corazón. Fidel quedó descabezado dentro del aparato gubernamental.
Es a partir de que se quedó sin voces eficaces dentro del gobierno que ha empezado a escribir todos los días, a veces hasta dos veces por día. Siempre había escrito artículos, pero eran más bien esporádicos. A veces nada se sabía de él en cinco o seis semanas. Incluso eran artículos reflexivos, filosóficos o nostálgicos, a veces sin mucha carga de opinión sobre temas coyunturales. A partir de la destitución de sus representantes en el gobierno, todo cambió. Ahora opina sobre todo, discurre ante los temas internacionales y trata de definir la “línea oficial” cubana a partir de su silla de ruedas.
Ha entrado en evidente conflicto con la línea política de Raúl y está decidido a impedir que avance. En la relación con Estados Unidos, prefiere burlarse de Obama que pactar con Washington, mientras Raúl avanza con una agenda dialoguista a través de Jorge Bolaños, jefe de la sección de intereses cubana en Washington, y altos funcionarios del Departamento de Estado. Con relación a la OEA, Raúl había expresado, por canales informales, el interés cubano por volver a ocupar un asiento en ese organismo. Fidel se burló de la idea y estableció que Cuba no volvería a un cuerpo putrefacto como ése.
La diferencia de criterio es evidente: mientras Raúl busca acercar a Cuba al mundo, como mecanismo para mejorar las relaciones económicas entre la isla y el mundo, y así mejorar la deplorable situación económica, política y social interna, Fidel está convencido de que el pueblo cubano lo acompañará al abismo, de ser necesario para demostrar la justeza de la utopía que trae en la cabeza. Tal parece que el momento de definición sobre del rumbo futuro de la Revolución Cubana se acerca.
Es importante reconocer este diferendo esencial existente entre una dirección política definitivamente bicéfala. Lo que Fidel no acepta es el fin de su reinado, el de las decisiones unipersonales, y el tránsito hacia un régimen de decisiones compartidas, en el que él tiene que sujetarse a decisiones que no necesariamente comparte. Y está decidido a frenar todas las decisiones que pueda, mientras tenga aliento.
México no debe reaccionar más allá de observaciones desde la trinchera de los canales diplomáticos formales. Mucho menos debe cancelar la visita de Calderón a la isla. Eso es lo que quiere Fidel.
Es importante ir a refrendar los lazos de amistad entre los dos países, llevando proyectos de inversión y desarrollo para la isla, y mantener la visita con Raúl como presidente del país. No es necesario hacer el peregrinar al cuarto de hospital de Fidel para que la visita sea un éxito. Seguramente escribirá algo insultante a posteriori. Pero lo importante es mantener la vista fija en lo que cuenta: sostener la presencia mexicana en la isla, para poder ser un jugador útil en la definición de los procesos internos que se avecinan.
La Cuba de los Castro, la misma a la que Calderón se había acercado a consentir y con la que buscaba un reencuentro tras el penoso enfriamiento que le heredó el foxismo, no sólo le dio la espalda a México en un momento de vulnerabilidad, sino que ahora desde La Habana, y en voz del jefe máximo, asesta al gobierno mexicano un fuerte cuestionamiento que lo acusa de haber ocultado al mundo información de la epidemia para no afectar la reciente visita de Barack Obama a nuestro país.
Pero también fue una muestra más del pragmatismo de los Castro: ¿para qué necesitan a México y a Calderón ahora que ya tiene un diálogo directo con Obama y con la Casa Blanca? Por eso, con voz casi de ultratumba, Fidel utilizó la web para decirle entre líneas al Presidente mexicano “ni comes ni te vas”.