“Mi experiencia en esos maravillosos night clubs de la Habana fue mágica, salí de un colegio de monjas casi directo a Tropicana; yo feliz, porque me liberé de tanto encierro y tantas órdenes, y comencé a ver la vida en colores. Roderico Neira (Rodney) me dijo que me subiera a una escalera, abriera mis brazos e imaginara que iba a volar. Así fue cómo mis sueños empezaron a hacerse realidad.
Años después, viajando por el mundo, me dí cuenta de que Cuba no había tenido nada que envidiarle a París ni a Las Vegas en sus grandes producciones.”
La entrevista completa, aquí.





Ernesto, gracias por el link.