Penúltimos Días

Cuba y el turismo de Florida

Mayo 7, 2009 · 7 Comentarios

Me han dicho que el turismo cubano va a arruinar a la Florida. Me lo ha dicho un amigo de los que cree en tesis conspirativas y que, además, confunde la Florida y Miami: “Fidel quiere arruinarnos abriendo la isla al turismo”. Y me han dado ganas de decirle: “No, Fidel los arruinó cuando se quedó la Isla y te quitó a ti y a tu familia lo que habían trabajado desde hacía diez generaciones. Ahora nadie te ha dado nada, todo te lo has ganado y estás mejor que antes”. Pero no se lo he dicho porque las políticas de la memoria son engañosas y mi amigo, como tantos otros, es de los que prefiere andar en bicibleta por la Habana antes que montar un Mercedes en Miami.
Y sin embargo, no me lo decía con mucha convicción, quizás porque los años le han quitado acidez, pero también porque hablar de turismo norteamericano en Cuba es hablar de algo que depende no sólo de lo que decidan hacer los norteamericanos tras largas discusiones en sus cámaras democráticas sino, sobre todo, de lo que autorice en su capricho un señor con marcada tendencia al despotismo. Eso no suele aparecer en el marketing plan.
Imaginemos que Fidel decide desoir sus viejos rencores y sus temores; aceptemos que crea un guetto para turistas en donde éstos no tengan que mezclarse demasiado con la población local; aceptemos que tiene el dinero necesario para hacerlo lo bastante grande… ¿Significará eso el final de la Florida como destino turístico de los norteamericanos? Lo dudo.
El turismo floridano ha sobrevivido a crisis mayores que la posible apertura de Cuba a los viajeros norteamericanos. Comparado con problemas anteriores, la apertura cubana no sólo no perjudica a la Florida, que se convierte automáticamente en lugar de paso de los turistas norteamericanos hacia La Habana, sino que incluso puede reportarle ganancias económicas y ayudar a relanzar la economía local. Por más que eso moleste, sobre todo en su dimensión ética, a un público que recuerda que tal apertura supone reconocer a un régimen nacido de un hecho de armas, y a un gobernante que se ha mantenido en el poder con tácticas que deben más al caudillismo latinoamericano que a cualquier tipo de legitimidad representativa. Aquellos que reprochan al exilio cubano —o a mi amigo— un excesivo comercialismo, una inquietante avidez por el dólar, unos “bajos deseos” económicos, deben recordar que la mayor parte del exilio cubano sabe tan bien como cualquier economista norteamericano que la apertura de Cuba no sólo no quita dinero de las calles de Miami para llevarlo a las de la Habana sino que lo atrae. Que aún así los exilados prefieran perder dinero antes que ceder debiera ser motivo de orgullo para esa comunidad… un motivo de orgullo que otros muchos norteamericanos no parecen comprender.
Pero asumamos que el turismo norteamericano en Cuba fuese a quitar clientes al turismo de la Florida; supongamos que ambas economías fueran excluyentes entre sí y no complementarias como hace un siglo… ¿Puede alguien creer que la industria turística cubana va a arruinar a la floridana?
La rica Habana precastrista nunca impidió, ni en sus mejores años, que se llenasen las playas de Miami o Daytona. Llegó el crack del 29 y Miami sobrevivió; eligieron a Roosevelt presidente y en su única visita a Miami le dispararon, y Miami sobrevivió… aunque el anarquista italiano que intentó matarlo no.
Llegó la Segunda Guerra Mundial y se llenaron los hoteles (de reclutas, pero se llenaron). Miami fue el último recuerdo norteamericano de muchos buenos GI’s.
En los noventa la economía del sur de la Florida sobrevivió al boicot afroamericano, cuando después de que Miami no recibiese oficialmente a Nelson Mandela, se lanzó una campaña a nivel nacional contra esa ciudad. Ahora los raperos más duros de Estados Unidos vienen a pasar un largo fin de semana en Miami Beach, todos ellos al mismo tiempo, junto con miles de sus seguidores, y dejan pequeñas fortunas tras de sí.
En la década de los ochenta Miami sobrevivió a la violencia narcotraficante y al éxodo del Mariel (dos fenómenos independientes, sin apenas contacto, que para muchos quedaron ligados en la en este caso mala memoria popular). Durante diez años, series de televisión como Miami Vice y filmes como Scarface convirtieron a Miami en el lugar supuestamente más peligroso de los Estados Unidos. Y no fue sólo la literatura mala y los filmes de serie B, sino también la prensa seria… “Paradise lost” titulaba Time a principios de los ochenta (23 de noviembre de 1981) su historia sobre el Sur de la Florida. ¿Y qué hizo la Florida en aquel momento? ¿Lanzar una campaña de prensa para decir que todos eramos buenos allí? No. A partir de aquellos elementos y con aquellas películas, convirtió una serie de problemas sociales —de delitos y caos criminal que normalmente otros enterrarían en el lugar menos visible— en el centro de toda una mitología a partir de la que crecería después South Beach, con una moda (aquella de chaquetas de lino que en aquellos momentos nos pareció mágnifica y ahora nos parece patética), y una estética que lejos que alejar a los turistas acabó atrayendo a muchos más que antes. Aún hoy, las dos series de televisión que tiene como escenario Miami son CSI Miami y Dexter.
Por no hablar de los tiburones, o de los huracanes, o de las bromas de los presentadores después de las elecciones del 2000. Aún recuerdo los monólogos de Jay Leno sobre nuestra incapacidad para contar votos y todo eso.
Con esos antecedentes, ¿va la Florida a asustarse ante la idea de competir? ¿Con Cuba? Una isla que tiene menos camas hoteleras que Detroit, la mitad de sus servicios públicos y algunas zonas que, aunque sea difícil de creer, están tan fastidiadas como el centro urbano de esa ciudad norteamericana. Seamos honestos: incluso con sol y mojitos —dos cosas que se encuentran en toda la zona y no sólo en la Isla— cuando los turistas norteamericanos quieren ver ruinas prefieren irse a Europa.

Juan Carlos Castillón
Barcelona

Ilustración: Florida Tourism Brochures. Una buena colección, aquí.

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7 Comentarios ↓

  • Alejandro

    Cada vez que he ido a Cancún, que han sido muchas por trabajo, alguien conectado con la industria me ha repetido la teoría de que les conviene que no se abra Cuba porque les quitaría turismo. Viven aterrorizados con la idea.

  • Anónimo

    Pues Cancun es otro sitio con más plazas hotelelras que Cuba y hoteles puestos al día con todas las comodidades… El primer año de abrirse Cuba probablemente afecte al resto del Caribe pero el turismo es un negocio repetitivo… lo importante no es donde vas una vez sino a donde regresas de forma habitual… Cuba, que al margen de mis bromas y de sus sistema tiene innumerables ventajas naturales lo que no tiene es una infraestructura que le permita aprovechar esas ventajas. Es muy difícil tener una economia centralizada y una industria hoteelra… es por eso y no por cuestiones de tipo moral (por desgracia) que las dictaduras rara vez son destinos turísticos.

  • CS

    Hurrah for Juan Carlos!

  • maite

    Gracias Juan Carlos, es cierto que la Florida es grande y hay lugares preciosos que son puertos: West Palm Beach, Fort Lauderdale donde veranean muchos norteamericanos del norte.
    Saludos.

  • Sin Ganas

    Pasarían diez años o más antes de que Cuba fuese una competencia a temer para Cancún, Miami o Dominicana… eso si no se promocionan en ese tiempo nuevos destinos caribeños, con lo que la competencia sería todavía menos temible.

  • Essex House Hotel

    Cuba puede que les afecte y mucho por que si les va a quitar gran parte de turismo pero de que se quejan en florida si tienen lugares hermosos y con mucha clase…no se ahogen en un vaso de agua.

  • The Whitelaw Hotel

    Cuba puede que tenga lugares interesantes, pero no logra quiatr todo el turismo, no entiendo por que se atemorizan tanto..

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