- abr 22, 2009 • 16:30h
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Por Nestor Carbonell, Forbes, 22 de abril de 2009
Al cabo de 50 años de antagonismo casi ininterrumpido entre Estados Unidos y el régimen castrocomunista, hay en este país y en el extranjero un inflamado deseo de superar ese círculo vicioso mediante el compromiso constructivo. Como no sería ésta la primera vez que se intenta tal compromiso, permítannos repasar los resultados de anteriores gestiones de EE UU para un reacercamiento con este régimen que fue expulsado de la Organización de Estados Americanos en 1962 debido a que había establecido una tiranía marxista-leninista, declarada incompatible con el sistema interamericano, a que se había alineado con el bloque soviético y había suprimido todos los derechos humanos.
Pese al rosario de crímenes, intervenciones en los asuntos internos de más de una docena de países latinoamericanos, y amenazas a la paz y la seguridad del hemisferio que culminaron con la Crisis Cubana de los Misiles, el Presidente Kennedy intentó tramitar un acomodo con Castro. El 23 de septiembre de 1963, El Embajador de Estados Unidos ante la ONU, William H. Attwood, inició en Nueva York conversaciones secretas con el Embajador de Cuba, Carlos Lechuga.
Días antes del asesinato de Kennedy, se concertó una reunión de seguimiento con Fidel Castro en La Habana. Las negociaciones fueron abandonadas casi al mismo tiempo, debido a que varias toneladas de pertrechos militares enviadas desde Cuba a las marxistas “Fuerzas Armadas de Liberación Nacional” fueron descubiertas en Venezuela por las autoridades locales.
En marzo de 1975, el Secretario de Estado Henry Kissinger anunció que Estados Unidos estaba “listo para moverse en una nueva dirección”, lo cual debía conducir a una normalización de las relaciones con Cuba y al levantamiento del embargo comercial, que por entonces llevaba vigente 14 años. Luego de casi un año de intensas negociaciones entre el Secretario Adjunto de Estado William Rogers y representantes de Castro, Estados Unidos abortó las conversaciones cuando 15.000 tropas cubanas desembarcaron en Angola.
En marzo de 1977, el Presidente Jimmy Carter hizo circular una directiva presidencial en la que postulaba: “He concluido que debemos intentar normalizar nuestras relaciones con Cuba”. Se establecieron entonces respectivas Secciones de Intereses en La Habana y Washington, y un grupo numeroso de presos políticos cubanos fue indultado. Pero las esperanzas de una normalización quedaron anuladas cuando el régimen de Castro desplegó tropas en Etiopía y, posteriormente, desencadenó el puente marítimo del Mariel, a través del cual llegaron a la Florida 125.000 refugiados cubanos, entre ellos 2.700 criminales y otros antisociales.
El Presidente Reagan también trató de negociar con el régimen castrista. En noviembre de1981, el Secretario de Estado Alexander Haig se entrevistó en México con el vicepresidente cubano Carlos Rafael Rodriguez, y en marzo de 1982, el General Vernon Walters habló personalmente con Castro en La Habana. Las negociaciones se estancaron cuando Castro rechazó una apertura comercial estadounidense y otras concesiones a cambio de poner fin a sus embarques de pertrechos militares para las guerrillas centroamericanas.
Una vez concluida la Guerra Fría, el Presidente Bill Clinton gestionó activamente una política de compromiso constructivo con el régimen de Castro. Clinton liberalizó el envío de remesas a la isla y los viajes entre Estados Unidos y Cuba (tal como se trata de hacer ahora), y amplió significativamente los llamados intercambios de pueblo a pueblo. Castro echó a perder las diligencias a favor de una distensión con una nueva crisis de los balseros en 1994 y cuando, en 1996, dos aviones MiG cubanos derribaron dos avionetas civiles desarmadas de la organización “Hermanos al Rescate”, que volaban sobre aguas internacionales en misión humanitaria.
Los ejemplos citados de intentos frustrados por normalizar las relaciones con Cuba comunista reflejan un patrón de engaños por parte de Castro y su Buró Político, ansiosos por obtener concesiones de Estados Unidos sin liberalizar al régimen; fingiendo un deseo de limar las diferencias con Estados Unidos y malogrando siempre las negociaciones, para reanudar su perenne y contagioso desafío antiyanqui.
¿Cambiará este patrón bajo el liderazgo duplicado o único de Raúl Castro, el despiadado jerarca partidista, responsable en gran medida de la fundación del aparato militar totalitario en Cuba? Raúl ha hecho envites conciliatorios a Estados Unidos, pero continua dando refugio a terroristas y apoyando el diseño autoritario y expansionista de su principal mecenas, Hugo Chávez, con más de 40.000 agentes cubanos afincados en Venezuela, entre ellos oficiales militares y de inteligencia, y personal de adoctrinamiento.
Raúl Castro ha prometido cambios estructurales y un debate abierto, pero no se ven señales de glasnost o perestroika en Cuba; no hay una apertura “a la china” de la ineficiente economía controlada por el Estado; no se ha desmantelado el sistema de apartheid que prohíbe de hecho a la población local entrar a los enclaves turísticos. Un puñado de presos políticos han sido liberados condicionalmente, pero más de 300 permanecen en las cárceles en condiciones brutales. Raúl Castro ha propuesto canjear a algunos de ellos por los cinco espías cubanos condenados en Estados Unidos.
El régimen, que hoy se apoya principalmente en los militares de la vieja guardia, se está preparando para reprimir el creciente descontento y demandas de reformas. Los disidentes, ahora más numerosos y contestatarios que antes, son constantemente hostigados, y varios funcionarios de alto nivel, a quienes se acusó de desviaciones y deslealtad, fueron recientemente purgados y forzados a un mea culpa de corte estalinista.
A pesar de estas circunstancias, hay en Estados Unidos quienes alegan que los cambios en Cuba pueden lograrse sin presionar al régimen, por medio de una diplomacia blanda. Estas personas urgen a Washington a poner fin al apoyo directo al movimiento disidente en la isla, en lugar de perfeccionarlo e intensificarlo. Y sin embargo, fue un firme y sostenido apoyo a movimientos similares lo que ayudó a precipitar la transición democrática en Polonia y en el resto de los países del bloque soviético.
Otros recomiendan que Estados Unidos levante incondicionalmente su embargo a Cuba y renuncie a todas sus palancas de influencia. Es eso, en esencia, lo que hizo la Unión Europea al descontinuar sus propias sanciones con la vana esperanza de que así mejorarían los derechos humanos en la isla.
En el supuesto caso de que Washington asuma un compromiso de quid pro quo con el régimen castrista, debe recomendarse un acercamiento cauteloso. El objetivo clave desde el lado estadounidense debe ser allanar el camino a la democracia en Cuba con medidas tangibles que conduzcan a elecciones libres, y no a rescatar a una tiranía fracasada y en bancarrota.
Una tiranía que se esfuerza por perpetuarse en el poder por medio de diversos subterfugios. En primer lugar, tratando de mejorar su imagen con negociaciones de alto nivel en Washington y con su readmisión a los foros regionales. Segundo, asegurando suficientes dólares de turistas americanos bien pastoreados para complementar los declinantes petrosubsidios de Chávez. Tercero, obteniendo líneas de crédito respaldadas por Estados Unidos, así como acceso a los bancos y fondos monetarios internacionales a fin de facilitar la renegociación, o la cancelación, de su enorme deuda externa de cerca de 30.000 millones de dólares, como informara recientemente el Club de acreedores de París.
Esa es la salvación que está gestionando el régimen de los Castro: una que, sin medidas concretas e irreversibles hacia una transición democrática en Cuba, no debe apoyar Estados Unidos.
Néstor Carbonell es consultor de asuntos públicos internacionales y autor de And The Russians Stayed: The Sovietization of Cuba, editorial William Morrow, 1989; y de Luces y Sombras de Cuba, Ediciones Universal, 2008.
[Traducción: cortesía de Rolando Cartaya]




Excelente artículo. Por favor vecindario, vayan al fondo del asunto, no pierdan tanto tiempo en lo de la traducción y la grima contra el traductor, etc. Este tipo de artículos son los que deben de pesar en el debate. Los que viven en USA deben de enviarlo a sus legisladores, a sus amigos. Bien señala “Li”, esa manía de darle tanta importancia a Cuba. La tiene como cualquier país; el problema y el trauma de sentirnos ombligo del mundo se lo debemos los cubanos a los soviéticos que metieron tremenda muela para usarnos. Todo cae por su peso: si no resulta esto que el negrito intenta, se jodió la cosa y a otra cosa mariposa. Ya la momia nosferática y vetusta anda articulando con lo que le queda de ano-boca que no son “nada” ocho años. Dice: “¿Debemos esperar tantos años para que suspenda su bloqueo? No lo inventó, pero lo hizo suyo igual que otros diez presidentes de Estados Unidos. Se le puede augurar por ese camino un fracaso seguro como el de todos sus predecesores. …No habrá que esperar miles de años, solo ocho serán suficientes “.
La idea loca, lo lleva a pensar que vivirá para contarlo y los otros locos de adentro y afuera se la creen. Aquí, lo que hace falta es un poco de cordura y calma. Que si ya quieren un concierto en vivo, que si ya quieren celular abierto y tanta bobería y guanajera; a las cosas su tiempo. Lean y relean el artículo y hagan escenarios, porque es muy realista.
La traducción de Cartaya, muy bien hecha (igual que la anterior). Y el artículo de Carbonell, un excelente recordatorio. Hace unos días que yo mismo quise hacer ese recorrido de los fracasados contactos Wash-Hab en busca de un acercamiento, y no me acordaba de algunos detalles o se me escapan los nombres de las figuras en juego. Agradezco este artículo.
P.o.l., estoy convencido de que la ‘apertura’ de Obama, aunque no llegue al escarranchamiento, sólo servirá para darle un respiro al régimen, permitiéndole ganar tiempo.
No soy tan optimista como Hillary, pero sí creo que a la larga aquello se va abajo. Lo que no se sabe es cuánto tiempo seguirá una vez muerto FC. Ésa es la noticia que nos está faltando para levantar los ánimos.
Eso es, Li – una consigna muy apropiada: “¡HASTA CON EL CUBO!”.
Yo no digo que no cuente, es un problema historico, nada mas. Lo que quice decir es que no influye para nada en los problemas que esta pasando US y el resto del mundo. Es una piedrecita minima en el zapato para Estados Unidos. Los tiempos cambiaron, como comento alguien, no mas soldaditos ni USSR. Tiempo al tiempo, compatriotas. Y, Family Guy, claro que saben lo de Nuremberg desde hace rato, por qué crees que están tan cagados de miedo? Eso nos trae al tema del post, siempre eliminando la posibilidad de una apertura en las relaciones. Go Obama, a darles hasta con el cubo de trapear.
Cuba si que cuenta Li, más de lo que quisiéramos, mira el brete de la última cumbre de las Américas. No somos sólo los cubanos los que le damos una importancia desorbitada…para nuestra desgracia.
En cuánto a la mayoría de los americanos…bueno son “carne de democracia”, sublimación de la estadística que diría Borges…
bueno eso de nuremberg Li pero eso se la saben ellos desde hace rato
Pienso que Obama esta solo siendo inteligente, no entiendo esa mania de darle tanta importancia a Cuba, la mayoria de los americanos no la saben ubicar en el mapa. Please, dejen al negrito hacer lo suyo, que lo otro no ha logrado nada en 50 años. Lo que hay que hacer es eso, ponersela suave pa que se relajen y despues… bueno, ahi esta Nuremberg
Un artículo excelente.
lo de 40000 agentes cubanos en venezuela suena duro no? esta contando a los medicos seguramente
El análisis es correcto – y estoy seguro de que los asesores de Obama le deben haber presentado un documento muy similar. (No olvidar que comparado con Irak-Irán-Paquistán-Afganistán-…, este es un problema mucho menos acuciante…). Por esta razón, las primeras medidas no van mucho más allá de restituir derechos de los nacionales norteamericanos. (Con algunos efectos colaterales que creemos poder predecir, y otros que no nos podemos ni imaginar). Ahora, de ahí a ofrecerle créditos blandos a los castrosaurios pa’que compren gases lacrimógenos va un buen trecho…. El acercamiento será, sin duda “cauteloso”, como bien sugiere el Sr. Carbonell.
También hay que tener en cuenta que ya el Cagante en Bolsa no puede estar mandando sus soldaditos a ninguna parte – uno de los tricks usados para congelar posibles deshielos, simplemente won’t work again… y sospecho que tampoco habrá un nuevo Mariel. Lo dicho: no está escrito, pero jugando con paciencia e inteligencia bien pueden quedar en Zugzwang antes de darse cuenta…
Hasta donde sé, Radio Martí tiene todavía para largo. Eso sí, Cartaya es un estupendo traductor.
Bastante correcto. Pero la administración socialdemócrata de Barack Hussein Oßama no entiende eso y está a un paso de revitalizar el Castrismo.
¿Se está entrenando Cartaya como traductor, para cuando cierren Radio Marti, que ya le queda poco?