Penúltimos Días

Una carta de Carlos Eire al presidente Barack Obama

Abril 10, 2009 · 10 Comentarios

Estimado Sr. Presidente:
Me dirijo a usted porque EE UU está a punto de dar un erróneo giro trascendental y usted es el único en condiciones no sólo de detenerlo, sino de aprovechar la ocasión para dar un gran paso adelante en defensa de los Derechos Humanos en todo el mundo.
El mal paso en cuestión es el que actualmente se ha encaminado a través de la Cámara de Representantes y del Senado por lobistas en busca de beneficios y políticos ingenuos que están en favor del levantamiento de las restricciones de viaje y las sanciones contra el régimen de Castro en Cuba. Hay muchos estadounidenses a favor de un cambio en la política de EE UU. Usted lo sabe. Pero usted también sabe que hacer concesiones unilaterales a los regímenes militares represivos no sólo es absurdo, sino peligroso.
Como sé que entiende los riesgos que esto implica para la política exterior, no voy a detenerme en ellos. A cambio, quisiera hacer un llamamiento a su sentido de la justicia y a su preocupación por los derechos humanos.
Como usted bien sabe, el régimen actual en Cuba es uno de los más represivos del planeta. A pesar de todas las alegaciones hechas por las elites dirigentes de Cuba acerca de sus sitemas de educación y salud aparentemente gratuitos, la triste verdad es que los cubanos se ven privados de la libertad para disfrutar casi todos los tesoros de su país y también de los derechos humanos más básicos. Además, Cuba sigue siendo uno de los países más racistas del planeta, firmemente comprometido con la práctica de una forma insidiosa de discriminación que puede ser llamada, con justicia, apartheid.
En muchos sentidos, Cuba no es muy diferente de la antigua Sudáfrica. Uno podría decir que es incluso peor.
En primer lugar, el apartheid es nacional: la inmensa mayoría de los cubanos no sólo están segregados de los millones de turistas que visitan la isla, sino que también tienen prohibido ejercer los mismos derechos que ellos, como el acceso a la internet y a las publicaciones extranjeras. Peor aún, más del 99 % de la población, que gana sólo diecisiete dólares al mes por mandato gubernamental, tiene prohibido de hecho el acceso a los restaurantes, playas y tiendas que los euro-dólararizados extranjeros rigen. Luego está la cuestión del desequilibrio en los viajes: mientras que todo el mundo puede viajar libremente a Cuba, al 99,9 % de la población cubana se le niega ese mismo derecho.
En segundo lugar, existe el apartheid racial, y no difiere mucho de lo que vimos en la antigua Sudáfrica o en algunas zonas de los EE UU antes de 1965. Alrededor del 60 % de la población cubana es de ascendencia africana. Sin embargo, cincuenta años después de que Fidel Castro anunciara que el racismo era ilegal en la isla, los afrocubanos representan sólo el 17% de los principales dirigentes del Partido Comunista y el 10% de los altos mando de las Fuerzas Armadas cubanas. Aún peor: los afrocubanos representan menos del 3 % de los estudiantes universitarios. No tenemos cifras exactas de la composición racial de la policía cubana, pero no es ningún secreto que, también, es abrumadoramente blanca, y que los afrocubanos están sometidos a un acoso constante por su parte. Otro dato muy revelador: los negros constituyen más del 80% de de la población carcelaria en Cuba. Como si todo esto no fuera ya bastante negativo, la discriminación también domina la industria del turismo, la única empresa lucrativa en Cuba, donde se estima que sólo el cinco por ciento de los trabajadores son de color negro o de piel oscura.
Añada a todo esto el hecho de que algunos de los principales disidentes de Cuba y de quienes abogan por los derechos humanos son negros, y lo que tenemos es una réplica inquietantemente familiar de la imagen de la antigua Sudáfrica. Cuba también tiene sus Nelson Mandela, que sufren un trato aún más inhumano que el impuesto por los blancos en Sudáfrica. Dos que han atraído la atención internacional son Oscar Elías Biscet y Jorge Luis García Pérez (conocido como Antúnez). Pero están lejos de ser los únicos. Otros cientos sufren malos tratos y el abandono en el hacinamiento de sus celdas, simplemente por pensar diferente e instar a poner fin al racismo.
Entonces, ¿qué puede hacer usted con todo esto, como presidente de los Estados Unidos?
Muchos en todo el mundo le contemplan, e incluso le idolatran, como alguien que está a favor de la libertad, la igualdad y la dignidad de todos los seres humanos. Muchos también le vemos como la encarnación misma de una política progresista y de justicia social. Ningún otro presidente americano, y tal vez ningún otro gobernante en la historia humana, ha tenido tanta buena voluntad a su disposición sólo por ser quien es.
El mundo está dispuesto a escucharle, como escuchó a Nelson Mandela y a Desmond Tutu. El mundo está dispuesto a seguir su liderazgo, y también lo está la mayoría del pueblo norteamericano. Por lo tanto, lo mejor es actuar cuanto antes.
Por favor, tome en serio esta sugerencia: en lugar de levantar el embargo norteamericano contra Cuba, o de aliviar las restricciones de viaje, apriete los tornillos a los matones que gobiernan Cuba. Llame al mundo a hacer con Cuba lo mismo que hizo con Sudáfrica en la década de 1980. Inste al mundo a tratar a Cuba como un paria internacional, y a cortar todo comercio con los déspotas blancos que dirigen la isla, que han creado una polarización y una sociedad discriminatoria que no es muy diferente de la Sudáfrica de antaño.
Si usted habla en contra de este crimen de lesa humanidad, y de todas las demás violaciones de los derechos humanos en esa isla, el mundo le escuchará. Todo lo que habría que hacer es decir que toda persona que viaje a Cuba o se aproveche del trabajo cubano de alguna manera es tan moralmente reprobable como aquellos que apoyaron el apartheid en la antigua Sudáfrica, o la discriminación racial en los antiguos Estados Unidos. Y si otras naciones siguen su iniciativa, los que gobiernan Cuba tendrán que aflojar su control, al igual que los líderes de Sudáfrica tuvieron que hacerlo hace dos décadas.
En pocos meses, Cuba será libre y estará abierta al mundo, en forma equitativa, y no como un esclavo de la plantación.
Sólo usted puede hacer esto. Nadie más puede. Si quiere tener éxito donde sus diez predecesores fracasaron, convierta Castrolandia en una nación paria de la que todo el mundo se avergüence.
Ayude a liberar al pueblo cubano, Sr. Presidente, y, de paso, eleve la conciencia del mundo y su preocupación por los derechos humanos a un nivel superior.

Carlos Eire
Catedrático “T. Riggs Lawrason” de Historia y Estudios Religiosos,
Programa de Estudios del Renacimiento, Universidad de Yale

La versión original de la carta, en inglés, en Babalú Blog. La traducción al español, apresurada y torpe, es mía.

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10 Comentarios ↓

  • CS

    From your mouth to God’s ear. Y, quien sabe, quizas dira algo acerca de los presos politicos en Trinidad, es posible.

  • Saúl Sanfiel

    A pesar de que he leído Waiting for snow in Havana de este autor, que, vamos a estar aquí, considero marcadamente racista. A pesar, repito, que considero al autor de marras algo autosuficiente y narcisista, echo al pozo, a al Caribe que nos une, mis afectos para tirarle un puente a Carlos Eire y agradecerle esta carta. No obstante, creo que los cubanos estamos perdidos. Eire es profesor universitario, sabe perfectamente que el corazón de la academia estadounidense es más que roja, púrpura, tanto por sus profesores como por sus alumnos. A veces no me explico como este país no es uno más de la élite comunista mundial. Haga lo que haga Carlos Eire, esta presidencia quitará el embargo. Y yo me alegro. 50 años no han logrado nada. Y muchos, como yo, queremos, anhelamos, deseamos, regresar a Cuba y morir allá. Ya basta de separaciones. Sólo la entrada libre de nuestras ideas y las de miles que entrarán a Cuba la cambiarán.

  • Que carajo es esto?

    Pero caballero, a estas alturas con ese mandado?
    Pero ese profesor se volvio loco o que?
    Por el buen sentido comun, espero que Obama ni abra esa carta… Las boberias son demasiadas para un solo corazon… El nivel de desinformacion que tiene ese hombre es de risa… Decir que la mayoria de la policia en Cuba es blanca…, pero, por favor, alguien puede creer eso?

  • Clive Rudd Fernandez

    Es una pena que la exageración y la falta de realismo le quite el derecho de la palabra después del tercer párrafo.

  • Rialta

    ¿Morir allá? ¿En qué hospital? Para ir ¿a qué cementerio? Porque en Colón se roban los huesos de los muertos para hacer brujerías, y si acaso tiene usted una prótesis de algo se la roban también para reciclarla. Yo no quiero morirme allá, ni loca.

  • Reinerio Ramirez Pereira

    Excelente articulo , con todas las ies sobre los puntos .

    Berna – Suiza .

  • Santiago Méndez

    Eso, que se imponga el bloqueo de verdad. Que mueran de hambre en Cuba. Que nadie pueda entrar o salir de La Habana. Que la 8 flota arrase de punta a punta la isla para así, por fin, puedan regresar estos ingeniosos y valientes intelectuales que colman nuestro valeroso exilio.

    Este señor, en definitivas, ni conoce Cuba (se lo llevaron con 11 años) ni tiene ni la menor idea de lo que le conviene a los cubanos.

  • pd

    Chago, nadie ha dicho nada de Octava Flota, no manipules. Y si al señor se lo llevaron con 11 años, ¿no tiene derecho a dar una opinión?
    Veo que la intolerancia también habita entre los “libertarios”.

  • pd

    Señor Sanfield, ¿Por qué dice que Waiting for Snow in Havana es un libro racista? A mí me parece uno de los pocos libros imprescindibles sobre cuba que se han escrito en inglés.
    Aún no me acostumbro a la ligereza con la que se emiten ciertas opiniones. Así que un libro racista ganó el National Book Award… Denúncielo, hombre…

    Lo de la policía habanera: no sé si los porcientos de composición racial son los que se mencionan en la carta, pero es cierto que son en su mayoría orientales, y que los han buscado de Oriente para fomentar la segregación.

    Todo lo demás que se dice en la carta -y la propuesta que ella implica- me parece una reflexión más que necesaria.

  • CLAUDIO

    Este Carlos Eire, no es cubano…., es de la isla de Creta.

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