- abr 10, 2009 • 19:19h
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En el mismo corazón de los Alpes suizos, en Zermatt, localidad perteneciente al cantón franco-alemán de Valais o Wallis, un cubano construyó esta casa de tres plantas que pueden ver en la foto. Hoy es un resort de lujo, con la arquitectura típica de la zona, y lo único que la diferencia es el nombre: Chalet Turquino.
La hizo construir Jean Claude Abreu Bretteville (París, 1922-2006) editor, dandy, mecenas, coleccionista, millonario, publicista, melómano… Pero también más que todo eso junto: un hombre verdaderamente multifacético, capaz de tomarse en serio las más variadas aficiones, desde el jazz hasta la relojería, pasando por las carreras de Fórmula Uno, el psicoanálisis, el yoga y el cuidado de la naturaleza.
Tan ilustre personaje perteneció a una de las familias más conocidas de Santa Clara, en la que sobresalieron su tía Marta Abreu Arencibia y Rosalía, hermana de Marta, y abuela paterna de Jean Claude. Otra tía suya, Rosalía Sánchez Abreu, apodada Lilita Abreu, también tuvo méritos propios, opacados por sus romances con personalidades de la época —el más sonado con Saint-John Perse, seudónimo del poeta francés Alexis Léger, Premio Nobel de Literatura en 1960.
El padre de Jean Claude fue Pierre Sánchez Abreu (París ?-La Habana 1952), y su madre Simonne Marguerite Madeleine Anne Tchamitch-Bretteville, una francesa de origen armenio-judío, que murió a los 43 años en el campo de concentración de Ravensbruck, Alemania, el 9 de marzo de 1945, dos meses antes de terminar la Segunda Guerra Mundial. Sus padres tuvieron otro hijo, Jacques Philippe Abreu Bretteville (París, 1923-1990).
De su primer matrimonio con la aristócrata estadounidense Mary Sargent Ladd nacieron tres hijos: Natalie, Elise y Miguel, éste último propietario de una galería en Nueva York. En 1973, en segundas nupcias, casó con Georgiana Manley.
Jean Claude vivió un tiempo en Cuba, en los años 50, tras terminar estudios en la École des Roches y luego en Harvard, donde se especializó en ciencias. En La Habana de aquella época conocía a todo el mundo, desde Lezama Lima hasta Julio Lobo, que no dejaba de acudir a las fiestas que se daban en la espléndida mansión que Rosalía Abreu, abuela de Jean Claude, construyera en la barriada de Palatino, más conocida como la Finca de los Monos, porque en ella llegaron a habitar 360 especies exóticas de simios. En la antigua Quinta de Palatino hoy radica un centro de recreación.
Sus estancias habaneras las alterna Jean Claude con viajes a Europa e inesperados oficios: durante seis meses fue traductor simultáneo de la UNESCO en Ciudad México. En 1952 hereda grandes extensiones de tierra en las afueras de la capital y se vuelca en su mejoramiento y desarrollo. En esas labores se encuentra cuando en 1959 triunfan los barbudos. Poco después sus tierras son expropiadas y Jean Claude se marcha definitivamente de la patria de sus antepasados. Sin embargo, siempre se mantuvo en contacto con Cuba, y tras su muerte Monseñor Carlos Manuel de Céspedes celebró una misa habanera por “Juan Claudio” a la que acudió Eusebio Leal, que tanto debe a Jean Claude y su afán por sus raíces cubanas.
En 1960 se estableció en Zermatt, donde desde 1956 había comenzado a construir una residencia con vistas a una de las más emblemáticas montañas de los Alpes suizos, el pico Matterhorn o Cervin. Durante algún tiempo fue el alma del pueblo, al que invitó a pintores y músicos de todo el mundo. Los últimos años de su vida los pasó en sus propiedades parisinas, que albergaban una célebre y exquisita colección de arte.
Aunque fue alguien que siempre quiso quedar en el anonimato (en la célebre revista L’Oeil, que pagó durante muchos años, no apareció nunca su nombre), la fama y la obra de este cubano universal resucitan poco a poco. Hasta el 7 de junio, el Centro de Arte Contemporáneo Medinaceli, en Soria, España, acoge la primera exposición a él dedicada. La han preparado nueve jóvenes artistas de las dos orillas. El tipo de homenaje que Jean Claude Abreu se merece.
Tania Quintero
Lucerna






Una persona de mi familia conoció al Sr. Abreu durante muchos años y sólo habla maravillas de él y su familia. Yo he tenido oportunidad de visitar su casa en la rue Verneuil hace aproximadamente 10 años y me impactó su biblioteca (repleta de libros y música) y una habitación, que se conserva como era de origen, que me contaron había sido revestida (tanto sus muebles como sus paredes) con telas pintadas por estudiantes de la Sorbona, ¡una maravilla!.
Esta historia es verdadera y Tania Quintero la ha escrito lo mejor posible. Fui amigo de Jean-Claude hasta su muerte y en ocasiones trabajé como su secretario, leyendole libros, correspondencia, etc ya que los ultimos 15 años de su vida, debido a un glaucoma, este se habia quedado casi ciego. Cierto que en los datos de Tania hay algunas inexactitudes que pueden corregirse:
1- Jean-Claude no solo tenia un hermano (Jacques) también una hermana: Juliette, que aun vive en Canada. El padre de Jean-Claude, se caso en segundas nupcias con Maria Almagro con la que tuvo otro hijo (medio hermano de J-C), Pedro Nolasco, ya fallecido y cuya viuda e hijos viven en Ginebra.
2- En La Habana de los años 50, Jean-Claude no vivia en la Quinta Palatino, si no en un penthouse en la calle Cuba donde atesoraba, principalmente, una gran coleccion de artistas plasticos cubanos; era alli donde se concentraba la intelectualidad cubana de aquellos años.
3- Jean-Claude nunca se establecio en Zermatt, cierto es que poseia un chalet en el que pasaba una parte de sus vacaciones.
4- En los ultimos años de su vida Jean-Claude poseia poco, su piso de la rue Verneuil, algunas obras de arte y pocas propiedades. Todo habia sido vendido al cabo de los ultimos 30 años.
Hola RIC me gustaria saber si aun vive esta amiga suya o si tienes mas datos de JCA. Estoy haciendo una investigación mas exhaustiva sobre la vida de este mecenas del arte y me gustaría poder conseguir mas material, fotografias, anecdotas , etc. de su vida. Por favor si es que puedes ayudarme con algunos datos, dame un email donde pueda contactarte y presentarme.
Saludos y muchas gracias de antemano por la ayuda que me puedas dar.
Bueno , a algún botón le dí mal que no subió el comentario aquí le va de nuevo.
Le decía que me parece una excelente crónica. Sólo quería que conociera un dato importante. La exposición “Homenaje a Jean Claude Abreu” que se encuentra en estos momentos en en el Centro DEARTE de Medinacelli ha sido comisariada por la Galería “Luz & Suárez del Villar” de Madrid, especializada en arte contemporáneo cubano, a partir de un proyecto presentado por el artista plástico y también participante en la muestra Maykel Linares. Dicha exposición ha sido posible también gracias a la colaboración y asesoramiento incondicional de Dermis Pérez León curadora y crítica de arte, cubana también.
Señor Orioles: En nuestra investigación previa a la exposición pudimos encontrar innumerables datos casi todos expuestos aquí también por la Sra. Tania con lo cual nos consta que son verídicos.
Sra. Tania nuestras felicitaciones y otro dato a aportar, Jean Claude está también emparentado con la cantante Alaska, pues su abuelo materno creo era hijo de una de la otra hermana de marta Abreu y Rosalía.
Esta ilustre familia cubana esta llena de esos “locos” maravillosos que tanto abundan en nuestra historia y que debemos dar a conocer.
Le rogaría se pusiera en contacto con nosotros para intercambiar información. Saludos
Raymaluz González
Directora
Galería de Arte “Luz y Suárez del Villar”
Gracias, Ric, por los datos que aportas. Y al señor Pedro Orioles, si yo fuera capaz de inventar todo eso, me podría dedicar a la literatura o a escribir guiones de cine. Jean Claude o Juan Claudio Abreu, como prefiera llamarlo, existió, como también existe ese chalet. Antes de decir eso, tómese el trabajo de abrir los links.
Una historia inventada de pies a cabeza. Verguenza debería darle, Sra. Quintero!
Excelente crónica, Tania. Yo tenía una amiga muy querida en La Habana que, a su vez, había sido muy cercana a Jean Claude durante los 40 y 50. A veces se escribían y sabían uno del otro además por amistades comunes fuera de Cuba. Aparentemente, la primera esposa de JCA se encargó de derrochar su fortuna, y ya para finales de los 70 no era el hombre rico que había sido. De su estancia en Cuba quedaron, entre otras cosas, numerosos cuadros de pintura académica y moderna que se encuentran en estos momentos en las salas de arte del Museo Nacional. Detrás de esos cuadros (que fueron donados por él antes de irse o apropiados por el gobierno sin pedirle permiso, no lo sé), todos tienen por detrás su nombre, Jean-Claude Abreu, escrito con óleo y pincel.
Javier de Castromori fue un gran amigo suyo, hasta su muerte.