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Releyendo a Saint-John Perse a propósito de una (mala) traducción de Lezama

  • Abr 09, 200917:53h
  • 14 comentarios

Leer a Saint-John Perse nos informa de una extraña forma de júbilo o exaltación poética provocada por la sola existencia del mundo. Desde su primer libro, Elogios (1911), hasta su Canto para un equinoccio (1975), Perse despliega una sostenida vocación por la alabanza que lo emparenta, como se ha hecho notar, con la antigua poesía sagrada, los himnos y las teogonías.

Elogios celebra una infancia tropical cuyo paisaje acaba siendo una imagen de plenitud: el mar, la tierra, las plantas… forman un recinto que incuba imágenes poderosas en una estrofa que recuerda a Píndaro, Rimbaud o Claudel. Se trata de una poesía escrita —como reza el título de su célebre elegía— “para celebrar la infancia”. Por esa infancia se le ha llamado “poeta antillano”, y el mote exótico ha corrido con suerte crítica, desde Valery Larbaud (que evoca “la sabiduría y la antigüedad americanas, la vieja sangre noble del Nuevo Mundo”) hasta Carpentier (que dice leer a Perse mientras navega por el Orinoco).

Es cierto que el paisaje antillano es el escenario del primer libro de Perse, pero la sabiduría de estos poemas no proviene, por supuesto, de ninguna “sangre noble” ni de una “presencia, latente o manifiesta, de las Antilias,” sino de un recurso retórico que Perse usa como ningún otro poeta: la saturación de nombres. Junto al elogio del mundo natural, a la infancia de la civilización, a la primera edad del hombre, hay también una profusión “numénica” como ajuste de cuentas, un adiós a la “fábula generosa” de la mirada inocente que se convierte en anuncio de partida definitiva: “todos los caminos del mundo comen en mi mano”. Octavio Paz lo hace notar con singular agudeza: “De Éloges a Anabase sólo había un paso. Perse lo dio sin nostalgia, decidido desde entonces a ser el Extranjero: no hay camino de retorno ni vuelta al país natal.”

Para Roger Caillois, de quien Lezama aprendió tanto, Perse es el “cronista de una civilización ideal que parece surgida de todas las grandes épocas de la historia (…) Sin pertenecer propiamente a ninguna de ellas, dicha civilización reúne sus perfecciones y la estabilidad de sus liturgias, para ofrecer al poeta una vasta extensión de inocencia y bienestar, de profusión y poderío, donde se proyectan indefinidamente sus predilecciones”.

La poesía de Perse —se ha dicho hasta el cansancio— resuelve el dilema entre Naturaleza e Historia recordándonos ese carácter mayúsculo que implica la fundación misma de lo histórico. Cada estación de su recorrido poético es, metafóricamente hablando, una isla que no pertenece a ningún archipiélago; al contrario, está cada vez más aislada, como la estación momentánea de un viaje hacia el exilio definitivo. Por eso la poesía de Perse, vuelvo a citar a Paz, “debe leerse como un ejercicio de intrepidez espiritual. Sus poemas no nos ofrecen un refugio contra la noche y el mal tiempo: son un campamento al aire libre. Nada de raíces: alas. Su tema es plural y simple: los tiempos, el tiempo. Historia sin personajes porque el único personaje real de la historia es un ser sin nombre y sin rostro, mitad carne y mitad sueño: el hombre que somos y no somos todos los hombres. Viaje sin carta de marear ni brújula porque las ciudades, los puertos, las islas, toda esa deslumbrante geografía, se desvanece apenas la tocamos.”

El sentido de la historia no es entonces más que un presente imaginado que se confunde con las luces de un paisaje primigenio. Los fastos de las viejas sagas se entreveran con los fenómenos físicos. La tormenta, el relámpago, el verano y el diluvio son parte de la misma gesta porque para Perse Historia y Naturaleza son dimensiones entrecruzadas de la Poesía. Y ese es, tal vez, el atractivo moral de su errancia: si uno contempla la historia desde el Paisaje, no cederá nunca al tremendismo; “los peores trastornos de la historia —recuerda Caillois— no son sino ritmos de estaciones en un más vasto ciclo de encadenamientos y renovaciones, y las Furias que atraviesan la escena, antorcha en alto, sólo iluminan un instante del muy largo tema en curso”.

II
A Perse acude Lezama, no sólo para incorporar todos estos prolegómenos de una doctrina de la Imago, sino también para conjurar el “peligro” de una poesía “caribeña” que acabe varada en la apología del mestizaje identitario, al estilo de Césaire y sus imitadores. La poética del Nuevo Mundo —demuestra Perse— también puede convertirse en saga bíblica, críptica alabanza a los orígenes de la Creación.

Todo esto —más el ciclón que azotó el occidente cubano en 1946— confluye en su traducción de Pluies, publicada en el segundo número de la revista Orígenes y editada luego (Lluvias, La Habana, enero de 1961; por La Tertulia, una pequeña colección que dirigían José Mario y Fayad Jamis), con un denso prólogo que se incluirá en La cantidad hechizada: “Saint-John Perse, historiador de las lluvias”.

Pluies fue publicado por primera vez en Les Lettres Françaises (Nº 10, octubre de 1943), y es, sin duda uno de los mejores poemas de Perse, que ni siquiera la macarrónica traducción de Lezama consigue destrozar enteramente.

Vale la pena enlistar algunos de los errores encontrados al confrontar la traducción del cubano aparecida en Orígenes con el original. Me limito a varios de los incontestables y dejo a un lado muchos otros deslices o soluciones discutibles, como mantener el banyan del original (Ficus benghalensis, ese árbol de raíces aéreas que también tenemos en Cuba) como “árbol Banyan” en vez de optar por el castizo baniano, ficus o higuera de Bengala.

Donde dice:

Une éclosion d’ovules d’or dans la nuit fauve des vasières
(Una eclosión de óvulos de oro en la noche salvaje de las ciénagas)

Lezama traduce:

“Una eclosión de ondas de oro en la noche salvaje del limo tostado”

Donde dice:

Et mon lit fait, ô fraude! à la lisière d’un tel songe
(Y mi cama ya hecha [o tendida], oh fraude, en el lindero de ese sueño)

Lezama traduce:

“Y mi lecho elaborado, oh fraude, en los confines de ese sueño”

Donde dice:

Là où s’avive et croît et se prend à tourner la rose obscène du poème
(Allí donde se aviva y crece y vuelve a contornearse [desplegarse] la obscena rosa del poema)

Lezama traduce:

“Allí donde se aviva y crece y vuelve a caer la rosa obscena del poema.”

Donde dice:

La terre à fin d’usage, l’heure nouvelle dans ses langes, et mon coeur visité d’une étrange voyelle
(La tierra con fines de uso, la hora nueva en sus mantillas, y mi corazón visitado por una extraña vocal)

Lezama traduce:

“La tierra como una costumbre secreta, la hora nueva en sus pañales y mi corazón visitado por una extraña vocal”.

Y eso es apenas en la primera parte del poema. En las páginas que siguen veremos a Lezama traducir “la face des vivants” por “la casa de los vivos”, “élégies” por alegrías; eliminar la miel de lavez le sel de l’atticisme et le miel de l’euphuisme, convertir el “pressé” (apremiado, urgido, hostigado) de “l’homme encore des toutes parts pressé des idees nouvelles, qui cède…” en “el hombre aún prisionero de las ideas nuevas” o lidiar con un verso esencialmente paradójico (et mon poème, ô Pluies, qui ne fut pas écrit!; “y mi poema, oh lluvias, que no fue escrito”) colocándolo en un imposible futuro: “y mi poema, oh lluvias, que no será escrito”.

Frases mal traducidas por exceso de literalidad también hay varias: “Qué pesa el agua del cielo” por “qué empuja el agua del cielo al bajo imperio de la espesura” (que pèse l’eau du ciel au bas empire des taillis) o les pages les mieux nées como “las páginas mejor nacidas” en vez de “las páginas mejor concebidas”.

Más allá de todos los detalles puntuales —que hasta donde sé nadie se ha tomado el trabajo de confrontar, mientras, en cambio, comúnmente se celebra esta traducción como “obra maestra”— la evidencia del contraste es que Lezama no sabía suficiente francés e imaginó a Perse al mismo tiempo que lo traducía. En el fervor creado por un diluvio poético, creyó descifrar las imágenes más allá de los significados.

Este recurso es particularmente equívoco a la hora de leer a Perse, un poeta de la precisión, con un extensísimo vocabulario, pródigo en sustantivos bien escogidos para bautizar una cosmogonía. Tengo la impresión de que bajo el aguacero poético de Perse, Lezama avanza al buen tuntún, intuyendo una grandeza que su propio oficio no alcanza y resumiéndola para los inexpertos como “configuraciones del azar concurrente”.

Ernesto Hernández Busto
Barcelona

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14 respuestas
Comentarios

  • chema dice:

    El francés de Lezama era más bien libresco, y eso se lo hizo notar Sartre cuando le visitó en Cuba. Yo creo que Lezama más bien rescribe el poema de Perse a su gusto. Quizás “baniano” es una palabra que a Lezama le sonaba bastante mal, de hecho no resulta muy poética al oído. Ficus o higuera de Bengala resulta muy largo para el ritmo del poema.
    Pero estoy de acuerdo, la traducción de Lezama resulta macarrónica, no menos que la traducción que hizo Piñera de “Un amour de Swann”

  • Hola Ernesto !
    Descubro este excelente post tardiamente. Creo que sabes que he estudiado durante largos años la obra de Perse y tus conclusiones sobre la traduccion de Lezama de “Pluies” me parecen certeras. Jean-Claude Abreu, gran amigo de Lezama y sobrino de” l’Etrangère” de Perse me dijo un dia: “Lezama traduisait à coup de dicctionnaire.”
    Creo que la labor de Lezama con Perse no es otra cosa que una transposicion poetica. Lilita Abreu decia :
    “Les poèmes de St. J. Perse sont très clairs à qui sait s’identifier à eux, à qui connaît quelques réalités sous-jacentes.”
    He leido muchas traducciones al castellano de la obra de Perse y ninguna me ha convencido enteramente, incluso las de Jorge Zalamea que gozan de gran prestigio dentro del mundo de la traduccion. Es dificil tradudir “mot à mot”, mas aun Saint-John Perse cuya poetica es una de las mas complejas que se conocen. También es necesario un conocimiento muy profundo de la lengua francesa y de sus raices.
    Un placer leer este tipo de post.
    Saludos

  • Teresa de Calcuta dice:

    Muy interesante, Ernesto. Siempre he tenido la versión (más que traducción) de Lezama, como una obra maestra. Que a momentos, por cierto, mejora el original de SJP. Los releeré a esta luz que arrojas.

  • cuca lenmpedusi dice:

    Tendría que ser de Reagan cuando era más joven porque en sus tiempos de presidente parecía “un higo de la esquina del cajón”. No va a querer visitarme nadie.
    Y volviendo al tema, coincido con CS en que se trata de una “versión” en que Lezama se permite algunas libertades, bastante voluntariosas en algunos casos, pero de eso a calificarla de “mala traducción” me parece que hay una gran distancia. La disfruté mucho en mi juventud y aún la releo con gusto. En cuanto a la supuesta desmitificación de Lezama, que comienza a escucharse por todos lados (como se escuchaba hace unos años con Martí), aprecio una creciente tendencia a juzgar a Lezama partiendo de suposiciones que nunca estuvieron en los presupuestos ni finalidades del poeta. Recuerdo haber leído que Lezama consideraba el acto de traducir como “la transcripción de una relación emocional con el texto original” lo cual descarta en principio un compromiso de fidelidad.

  • pd dice:

    Otra conexión, esta sí que seria, es que Perse (que en realidad se llamaba Alexis) tuvo una amante cubana: Lilita Abreu. Gallimard ha editado la correspondencia.

  • Duquesa de Abrantes dice:

    Qué bueno que te cultives (dale gracias a Ernesto), Cuca, como que pongas un cuadro de Reagan en tu casa.
    Lezama iba a Bauta con mucha frecuencia, Gaztelu era el cura de la iglesia.

  • alejandro freijanes dice:

    Nace José María Andrés Fernando Lezama Lima, el 19 de diciembre en el campamento militar de Columbia, La Habana

    y un sobrino de Perse tuvo un hotel en La Habana, el Saint-John

  • CS dice:

    Yo soy el primero en admitir que hay que desmitificar a JLL, al menos para disminuir la proliferacion de sus imitadores, pero se puede decir que estamos hablando de errores, propiamente dichos? Es una reescritura de Perse en el estilo de Lezama, algo asi como lo que hicieron Pound con la poesia china o Pope con la griega.

  • cuca lenmpedusi dice:

    ¿Era cubano? Sí, ¿y de donde? No me digan que de Bauta.
    Ya en serio. Lezama hace una traducción un poco “chota”, como muchas digresiones suyas, carne para academicos Lezameros, que se devanan los sesos buscándole explicaciones lógicas o racionales, cuando sólo pueden explicaras al calor de la “jodedera criolla”. De todos modos es una “versión” divertida y el prólogo es exquisito.
    Con esto de entrar acá me estoy cultivando y dentro de poco pongo un cuadro de Reagan en mi casa.

  • Paquita dice:

    Muy bueno, muy bueno, siguele metiendo…

  • alejandro freijanes dice:

    lezama era cubano

  • Cuban_American dice:

    Que C…. tiene esto que ver con cuba