Siempre supe que lo de Carlos (Victoria) iba a suceder. Los demás me importan menos hasta llegar a Jesús Díaz, que me nunca me importó ni muerto ni vivo lo más mínimo. Esto lo vi confirmado cuando hace muy pocos meses, un amigo común nuestro (en Cuba) me dijo que había visto un libro de Desiderio Navarro dedicado a Carlos Victoria, y este amigo apuntaba o me preguntaba si no era Carlos el que decía que Desiderio Navarro era chivato. Mucho menos me importa DN, por supuesto. Lo de Carlos ME DUELE EXTRAORDINARIAMENTE.
No sé quién es José Antonio Évora. Mucho menos conozco a Josefa Consuegra Losada. No puedo ni se me ocurre juzgar los traumas ocasionados por la infancia de Carlos, pero, al igual que sus amigos de Camagüey, los conocemos bastante bien y en la medida en que esos traumas fueron parte de su adolescencia, juventud y vida, fueron también parte de las nuestras y siguen siéndolo aún después de muerto. Yo no estoy hablando de monsergas literarias de calidad ni de todo lo anecdótico político que ha pasado en la vida de Carlos y las de los demás, sumamente vinculadas unas a otras. Estoy hablando de amistad y de cariño a raz de tierra, independientemente de cualquier cosa que nos hiciéramos unos a otros. En ese grupo yo era considerado como el más raro; desde hace bastante tiempo, una vez fuera de Cuba y con carácter retroactivo, me fui dando cuenta que el más raro fue él.
Su medio hermana, Josefa Consuegra Losada (o la otra, que creo que vive en República Dominicana), creo que estaba vinculada de alguna manera con el ministerio y con la persona de Abel Prieto. Y creo que por esa razón es que Carlos vuelve a entrar en contacto con Abel Prieto, con quien había compartido universidad, al igual que con Rogelio Quintana (Madrid) y con otro amigo que está en Cuba. En una visita de Carlos a Madrid, y estando compartiendo él, yo, Rafael Zequeira y Víctor Batista una tarde, la conversación se tornó cínica y devino en el tema “mi hijo de puta preferido”; yo me mantuve sin ninguna aportación y no recuerdo cuáles fueron las de los demás, pero los demás le adjudicaron a Carlos que su “hijo de puta preferido” era Abel Prieto; Carlos quiso justificar esto diciendo que cuando le echaron de la universidad, él se había portado bien con él (al respecto Rogelio Q. me diría después que en todo caso eso habría sido con él en particular, pero que en su caso el actual ministro fue y le dijo “lo siento pero sabes que no te puedo saludar más”), momento en el que yo exploté en cólera porque quienes vivimos, padecimos y disfrutamos de todas las consecuencias posteriores fuimos el grupo de Camagüey y nunca supe de ningún vínculo o fleco de amistad entre Carlos y Abel.
No discutimos porque él no se enfrentaba a discutir, pero toda, absolutamente toda mi disconformidad con lo que estaba pasando en él o con el giro que él iba dándole a las cosas, nos llevó a mi enfrentamiento abierto con él y a su distanciamiento y, lo que es peor, a una sistemática manera de ignorarme.
Tomándonos un café en la cafetería de El Prado volvimos a tocar……….bueno, en fin, son cosas personales y este blog es bastante impersonal para hablar sobre temas que la gente no conoce.
Pero mi crítica manifestada a él viene desde que comenzó a publicar en Encuentro con el pretexto (sí o no) de enviar esos 100 dólares a otro amigo común en Camagüey, cosa de la que se encargaba Pío Serrano. Luego vinieron los espacios compartidos con Anabel Rodríguez y con Jesús Díaz, ¡incluso un homenaje dado en Miami a este personaje nefasto! Incluso después descubro un texto escrito por él sobre su encuentro (valga la palabrita) con Jesús Díaz, en una especie de imagen plástica que me hace suponer a Carlos –bajito– dando un saltico para abrazar a JD cuando le dieron ese premio que tuvo que poner en todas las solapas de los libros y del que nunca jamás de hablaba entre nosotros a no ser por allá por los años 60 para Nikitín y yo burlarnos de él y decir alguna vez “acuérdate…” ¡Incluso después otro texto en no sé dónde (Encuentro seguramente) defendiendo su amistad con Abel Prieto y la peligrosidad que había devenido de ella.
Lo que me extraña es lo mucho que han tardado. Wilfredo Cancio es sumamente ingenuo en esgrimir como “violación” lo de su manuscrito de últimas voluntades.
Estando boqueando, Abel Prieto quería llevárselo para Cuba para “curarle” el cáncer, de la misma forma que quería hacerlo su medio hermana. También querían enterrarlo allí. Y él no cedió. Al menos entonces, recuperó alguna dignidad perdida por el camino de esa cosa que llaman exilio.
Y por que los albaceas de estos escritores no demandan al editor, y al ministro por estas publicaciones? Si quieren guerra, dememosle guerra. No se queden con los brazos cruzados.
Siempre supe que lo de Carlos (Victoria) iba a suceder. Los demás me importan menos hasta llegar a Jesús Díaz, que me nunca me importó ni muerto ni vivo lo más mínimo. Esto lo vi confirmado cuando hace muy pocos meses, un amigo común nuestro (en Cuba) me dijo que había visto un libro de Desiderio Navarro dedicado a Carlos Victoria, y este amigo apuntaba o me preguntaba si no era Carlos el que decía que Desiderio Navarro era chivato. Mucho menos me importa DN, por supuesto. Lo de Carlos ME DUELE EXTRAORDINARIAMENTE.
No sé quién es José Antonio Évora. Mucho menos conozco a Josefa Consuegra Losada. No puedo ni se me ocurre juzgar los traumas ocasionados por la infancia de Carlos, pero, al igual que sus amigos de Camagüey, los conocemos bastante bien y en la medida en que esos traumas fueron parte de su adolescencia, juventud y vida, fueron también parte de las nuestras y siguen siéndolo aún después de muerto. Yo no estoy hablando de monsergas literarias de calidad ni de todo lo anecdótico político que ha pasado en la vida de Carlos y las de los demás, sumamente vinculadas unas a otras. Estoy hablando de amistad y de cariño a raz de tierra, independientemente de cualquier cosa que nos hiciéramos unos a otros. En ese grupo yo era considerado como el más raro; desde hace bastante tiempo, una vez fuera de Cuba y con carácter retroactivo, me fui dando cuenta que el más raro fue él.
Su medio hermana, Josefa Consuegra Losada (o la otra, que creo que vive en República Dominicana), creo que estaba vinculada de alguna manera con el ministerio y con la persona de Abel Prieto. Y creo que por esa razón es que Carlos vuelve a entrar en contacto con Abel Prieto, con quien había compartido universidad, al igual que con Rogelio Quintana (Madrid) y con otro amigo que está en Cuba. En una visita de Carlos a Madrid, y estando compartiendo él, yo, Rafael Zequeira y Víctor Batista una tarde, la conversación se tornó cínica y devino en el tema “mi hijo de puta preferido”; yo me mantuve sin ninguna aportación y no recuerdo cuáles fueron las de los demás, pero los demás le adjudicaron a Carlos que su “hijo de puta preferido” era Abel Prieto; Carlos quiso justificar esto diciendo que cuando le echaron de la universidad, él se había portado bien con él (al respecto Rogelio Q. me diría después que en todo caso eso habría sido con él en particular, pero que en su caso el actual ministro fue y le dijo “lo siento pero sabes que no te puedo saludar más”), momento en el que yo exploté en cólera porque quienes vivimos, padecimos y disfrutamos de todas las consecuencias posteriores fuimos el grupo de Camagüey y nunca supe de ningún vínculo o fleco de amistad entre Carlos y Abel.
No discutimos porque él no se enfrentaba a discutir, pero toda, absolutamente toda mi disconformidad con lo que estaba pasando en él o con el giro que él iba dándole a las cosas, nos llevó a mi enfrentamiento abierto con él y a su distanciamiento y, lo que es peor, a una sistemática manera de ignorarme.
Tomándonos un café en la cafetería de El Prado volvimos a tocar……….bueno, en fin, son cosas personales y este blog es bastante impersonal para hablar sobre temas que la gente no conoce.
Pero mi crítica manifestada a él viene desde que comenzó a publicar en Encuentro con el pretexto (sí o no) de enviar esos 100 dólares a otro amigo común en Camagüey, cosa de la que se encargaba Pío Serrano. Luego vinieron los espacios compartidos con Anabel Rodríguez y con Jesús Díaz, ¡incluso un homenaje dado en Miami a este personaje nefasto! Incluso después descubro un texto escrito por él sobre su encuentro (valga la palabrita) con Jesús Díaz, en una especie de imagen plástica que me hace suponer a Carlos –bajito– dando un saltico para abrazar a JD cuando le dieron ese premio que tuvo que poner en todas las solapas de los libros y del que nunca jamás de hablaba entre nosotros a no ser por allá por los años 60 para Nikitín y yo burlarnos de él y decir alguna vez “acuérdate…” ¡Incluso después otro texto en no sé dónde (Encuentro seguramente) defendiendo su amistad con Abel Prieto y la peligrosidad que había devenido de ella.
Lo que me extraña es lo mucho que han tardado. Wilfredo Cancio es sumamente ingenuo en esgrimir como “violación” lo de su manuscrito de últimas voluntades.
Estando boqueando, Abel Prieto quería llevárselo para Cuba para “curarle” el cáncer, de la misma forma que quería hacerlo su medio hermana. También querían enterrarlo allí. Y él no cedió. Al menos entonces, recuperó alguna dignidad perdida por el camino de esa cosa que llaman exilio.
Y por que los albaceas de estos escritores no demandan al editor, y al ministro por estas publicaciones? Si quieren guerra, dememosle guerra. No se queden con los brazos cruzados.