- mar 23, 2009 • 10:58h
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Me pongo las gafas del optimismo y le lanzo una mirada a la ciudad desvencijada donde vivo. Con esos cristales tornasolados de la esperanza, mi corazón bombea con más tranquilidad, sin sobresaltos. Gracias a ellos comprendo que no trepo catorce pisos debido a la ineficiencia estatal —incapaz de armar el ascensor después de cinco meses— más bien soy una ecologista redomada dispuesta a consumir sólo mi combustible humano. Con este nuevo vidrio con que lo miro todo, percibo que en mi plato se ausenta la carne, no por su altísimo precio en el mercado sino porque amo los animales y les evito el sufrimiento del sacrificio.
Carezco de una conexión a Internet en casa, pero los rosados lentes me esconden que este servicio sea exclusivo para funcionarios y extranjeros residentes. Quizás quieran protegerme de las “perversiones” de la red, me digo, tal y como lo haría el ridículo Cándido de Voltaire. Así he probado, por un brevísimo tiempo, ver palacios en lugar de derrumbes, líderes que nos llevan a la victoria cuando en realidad nos conducen al precipicio y hombres que se hipnotizan con mi cabellera, aunque yo sé que me siguen para vigilarme.
El problema comienza cuando me quito los espejuelos del candor y miro lo que me rodea, con los reales colores de la crisis. El dolor en las pantorrillas vuelve, como respuesta a las largas escaleras; comienzo a soñar con un bistec y un módem parpadeando se vuelve un deseo casi erótico. Lanzo las gafas del optimismo desde mi balcón, quizás hay alguien allá abajo que todavía prefiere usarlas, que aún quiera distorsionar la realidad con ellas.
Yoani Sánchez
La Habana





luis pérez, menuda verborrea, menos hablar y más hacer…, a que no tienes valor?, qué fácil es exigirle protagonismo a los demás…, la pregunta es…, tú qué harás?, seguro que esperas que otros den el pecho y si les sale bien ahí te montas en el tren…, muy cómodo, no?. y ese cuento de que si céspedes, martí y josé antonio estaban solos en el momento de su muerte, y qué querías?, que estuvieran con la familia?, estaban en una guerra!, además, qué tiene que ver eso?, no sé si te fijas pero ese fenómeno que te llama la atención ocurre en todo el mundo!!!, entérate, la gente va a su rollo!!!, no le interesan los demás!, en francia, eeuu, noruega, en TODO EL MUNDO, demasiado ha tardado en extenderse en cuba…, asúmelo, qué crees tú?, que si hubiera un cambio en cuba todos seríamos hermanitos y cada quién comería en la casa del otro?, no, las cosas no serán como antes!!!, sea buena o mala la situación, es un fenómeno global…, y para terminar, no quieras hacer de tu misma condición a todos los cubanos de ahora, tú no tendrás conciencia cívica, pero eso no quiere decir que los demás no la tengan…, vaya hombre!, ahora son tus padres, los orientales y el pueblo de cuba todo, los responsables de tu cobardía y del deterioro del país…, mejor deja el pesimismo y mira hacia adelante, que hay una realidad que ni céspedes, ni martí, ni josé antonio vendrán a arreglar, ten un poco de fé hombre, y saca el resentimiendo y el odio, déjalo afuera…, no culpes a inocentes…, cambia la perspectiva que te vendrá bien.
una pregunta y me voy…, eras cuadro sólido del partido y esas cosas?, porque tienes los mismo argumentos que ellos, la patria, los héroes, la conciencia cívica, y blablabla…la diferencia es que ellos dicen patria o muerte, y tú…, bueno…,dices lo mismo…, así que…, a repasar lo pensado y dicho amigo…, ahora sí me voy , ENJUTO MOJAMUTO
A Luis Pérez es al que las organizaciones públicas españoles deben pagar con el dinero de nuestros impuestos para traerle y sustituir a los reposicionistas de turno.
Directo al pecho Luis Pérez.
Saludos,
MI
Un amigo desde La Habana, me cuenta sobre la tristeza actual que reina en el ambiente:
¿Por qué estamos tristes?
Hay una nueva epidemia en la Habana. No hay medicamento alguno que creo, pueda curarla, pues el virus no ataca los órganos vitales, es algo más que eso, ataca el alma. Por tanto el medicamento ha de ser espiritual. Y esa droga, en esta Cuba no abunda.
El fin de semana apenas pedí el último en una terrible cola en una farmacia, escuché a una de las dependientes de mostrador decir: No voy a dar ningún dinero para la fiesta del sindicato porque no tengo nada que compartir en este lugar ni con nadie de los que trabajan aquí…….. Este comportamiento no es propio de ningún cubano. Recordé entonces que en mi centro de trabajo cuando se hacían los preparativos para la fiesta de fin de año, casi la gran mayoría se negó a participar aduciendo diferentes argumentos. Después comprobé que la tónica fue igual en muchos lugares. Y ver esto en un país con tradición de alegría es cuando menos, preocupante. Sería llamativo para un sociólogo, observar, que a un pueblo, al cual muchas veces se le ha tildado de inmaduro, por ser alegre sin motivación e inconsecuente con su situación, verlo ahora, experimentando una tristeza aparentemente sin causa.
Pero no es así. Si hay causa. Y necesariamente esto me remonta a una frase, para mi inmortal, que pronunció una vez ese cineasta, ya clásico, que se nombró Tomas Gutiérrez Alea, la frase en cuestión es esta: Todo el mundo repite como un cliché: el cubano se burla de sus problemas, por eso sobrevive. Y es cierto, el cubano lo hace, pero esto encierra un gran peligro, porque cuando te burlas del conflicto es cierto que lo minimizas, pero lo postergas y después el problema permanece sin resolver. Fin de la cita. Y aquí radica para mí, la causa esencial de la tristeza actual. Hemos postergado la solución del problema.
Postergar la solución de un conflicto, no solo no lo resuelve, sino que lo acrecienta, pues el problema lejos de desaparecer se acumula con las consecuencias de aquel problema original, que ahora nos parece pequeño cuando lo comparamos con el que tenemos actualmente en las manos.
Cuando en 1968 se les confiscó los bares y cantinas que pululaban en cada esquina de la Habana, a sus legítimos propietarios, aduciendo, como dijese en una ocasión la Momia en Jefe, que solo servían para que los vagos se emborracharan desde temprano, y posteriormente se entregaron estos locales para que sirvieran de vivienda a los primeros emigrantes de las provincias orientales que después vinieron en oleadas, se sembraba así el germen de la destrucción de la capital cubana. Hoy vemos magnificados los resultados. Pero en aquel entonces ¿Qué dijimos? Nada. Solo repetíamos: Bueno… con tal de alguien resuelva su problema…los pobres….
Cuando la ola antirreligiosa de los 60, cuando la frase La religión es el opio de los pueblos estaba en el cenit y la Comisión de Estacas esperaba a la salida de misa en las iglesias para golpear a los jóvenes católicos, ¿Qué decíamos? : Hay que acabar con la superstición que nos ata al pasado
Cuando se nos criticó desde el exterior por los excesos de las ejecuciones en 1959 ¿Qué fue lo que gritamos en el parque frente al Palacio Presidencial?: ¡Paredón! ¡Paredón!
En fin, en todo momento, incluso en la actualidad, cuando muchos de los que golpearon a sus conciudadanos en 1980 cuando la ola represiva de la crisis del Mariel hoy residen en Miami y España, solo hemos hecho una cosa: postergar la solución del problema, eludirlo y el drama ha crecido.
Hay infinidad de argumentos para rebatir este artículo: Que si la dictadura tiene el mecanismo represivo más eficaz de los últimos 50 años a nivel mundial, es cierto. Que si nos han dividido, también es cierto. Que si no es fácil dar el primer paso y que te dejen solo, también es cierto.
Y me pregunto: ¿Qué tenían de distinto los cubanos de antaño? ¿A caso cuando Carlos Manuel de Céspedes caía por un barranco en San Lorenzo no estaba solo y traicionado?, ¿Acaso cuando José Martí se desplomaba de su corcel en Dos Ríos no estaba solo, incomprendido y frustrado? ¿Acaso cuando José Antonio Echeverría caía acribillado el 13 de Marzo en la calle Jovellar no estaba solo?. Entonces me pregunto nuevamente ¿Qué tenían esos cubanos que no abunda hoy?. Y la respuesta es amarga: Aquellos cubanos tenían valores, base cívica, no tenían doble moral.
Cuando hace unos días, mientras esperaba un ómnibus con todo lo que esto implica de tardanza e irritación escuché a un joven de no mas de 18 años decir la siguiente frase, entendí que estamos muy cerca del punto de no retorno, la frase en cuestión fue: Por este pueblo no vale la pena morir. Solo supe mirarlo y bajar la cabeza.
Pero aun me aferro a la idea de que como dijese Fito Páez ¿Quién dijo que todo esta perdido?. Soy de la opinión de aunque hayamos postergado la solución del problema y estemos tristes, por lo pronto encontramos una de las causas del conflicto: Nuestros padres nos legaron el drama, pero no somos inocentes. Creo que también identificamos al culpable: El sistema que nos impusieron. Y sabemos donde está la solución: En nosotros mismos.
Porque el día que acabemos de darnos cuenta que nadie va a venir a resolvernos el drama cotidiano de las mil preguntas diarias, que solo a nosotros nos es dado armar el rompecabezas de nuestros valores disgregados pero existentes, entonces, solo entonces desterraremos la tristeza y veremos caminar por las Grandes Alamedas al Hombre Viejo que la Historia Nunca Absolverá.
Inclusive a quien escribe estos amargos párrafos.
Algún día me encantaría poder invitar a Yoani con un bistec de casi una libra de la mejor carne del mundo. No hace falta decir de donde, de qué pais viene la mejor carne del mundo. El mismo país que produce vinos tintos excelentes para acompañar el bistec, porque ya no puedo decir que son los mejores vinos del mundo. Mis amigos franceces, italianos, españoles y chilenos podrían ofenderse.
Ya llegará el día; espero paciente.
Bueeeno, de hecho Yoani tiene el pelo muy lindo, ¿eh?
Y debieran haberla visto cuando tenía 22, era una chica Klimt.