- feb 26, 2009 • 11:00h
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Rara es la sección de música de una gran librería o biblioteca de Estados Unidos, América Latina y España que entre sus anaqueles y referencias bibliográficas no conserve al menos uno de los tres libros fundamentales de Gilbert Chase (1906-1992): La música de los Estados Unidos de América; Una guía de la música de América Latina y La música de España.
Pero es en la Biblioteca Pública de Nueva York donde se concentra la mayor parte de sus documentos (1920 a 1992). Organizados y clasificados por secciones, cajas y carpetas, se pueden revisar notas, investigaciones realizadas para diversos libros, cartas, artículos, ensayos, discursos, clases, programas radiales, revistas con trabajos suyos o sobre él, manuscritos no identificados, recortes de prensa, entrevistas, invitaciones, fotos, reflexiones personales, poemas y un proyecto de ópera.
Muchos materiales están en español, e incluyen varios textos redactados para publicaciones de habla hispana. De su correspondencia, sobresale la mantenida con Manuel de Falla, Miguel de Unamuno, Alberto Ginastera y Federico Mompou. Además de inglés y español, Chase hablaba, escribía y traducía del francés, italiano y portugués, entre otros idiomas.
Entre tanta valiosa documentación, llama la atención el artículo “El Quijote moderno: Miguel de Unamuno” (1939) y el simposio La vida es un sueño, dedicado a Ortega y Gasset, Unamuno y Falla (1980). “Cuba, Music” se titula una de las cajas. Otra lleva el nombre de Aurelio de la Vega, prominente compositor cubano de música contemporánea nacido en Cuba en 1925 y actualmente residente en Estados Unidos.
Hasta su muerte, ocurrida en Carolina del Norte el 22 de febrero de 1992, Chase estuvo revisando y actualizando su obra cumbre, America’s Music, from the Pilgrims to the Present, también conocida como America’s Guide (en español, La música de los Estados Unidos de América).
Es lamentable que un cubano tan ilustre siga siendo un gran desconocido, así que me voy a tomar el trabajo de aportar algunos datos de su biografía. El padre de Gilbert Chase, oficial de la armada estadounidense que en el siglo XIX participara en la Guerra Hispanocubanoamericana, se enamoró en La Habana de quien poco después sería su esposa y madre de Gilbert, Edelmira Culmell Vaurigaud.
Edelmira, también conocida por María Teresa, era una de los nueves hijos que tuvo el Cónsul de Dinamarca en Cuba, Thorvald Culmell Christensen, personaje que jugaría un relevante rol en las negociaciones que pusieron fin al contencioso bélico entre España y Estados Unidos. Estaba casado con Anais Vaurigaud Bourdin, habanera de nacimiento y quien siempre residió en la Isla (el padre de Anais, Pierre Vaurigaud, oriundo de Matanzas, era hijo de azucareros franceses que se mudaron a Cuba después de la independencia de Haití; su madre, Anais Bourdin Flack, vino al mundo en Nueva Orleans, de padre francés y madre de origen alemán).
El matrimonio con su numerosa prole vivía cerca del Malecón. La más conocida resultaría la hija mayor, Rosa Culmell, cantante de profesión y madre de los tres hijos que tuvo de su casamiento con el compositor cubano-catalán Joquín Nin Castellanos: la escritora Anais Nin (1903-1977), el pianista y compositor Joaquín Nin-Culmell (1908-2004) y Thorvald Nin, el único de los tres hijos que nació en La Habana, en 1905, y que no se dedicaría a la música, sino a los negocios en Chihuahua, México.
No suele mencionarse, pero Gilbert Chase, cuyo segundo apellido era también Culmell, fue primo de ellos por línea materna. En una entrevista concedida a la Revista de la Residencia de Estudiantes de Madrid, Joaquín Nin-Culmell, al hablar sobre su madre, menciona a su primo: “Una mujer sola en la Barcelona de 1912, aunque enseñando canto, vivía con una economía muy ajustada, más si quería enviar a mi hermana (Anais Nin) a la primera escuela Montesori, recién inaugurada, y a mi hermano Thorvald a la escuela alemana, que era la mejor. La situación era muy dura y, como mi madre nunca tuvo dudas, nos embarcamos los cuatro rumbo a Nueva York, donde tenía una hermana casada con un capitán de la marina americana, cuyo hijo es Gilbert Chase, el que ha escrito tantos libros sobre la música española, muy buen musicólogo”.
Varios son los centros universitarios de Estados Unidos que mantienen viva la obra de Gilbert Chase. Entre ellos destaca la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans donde impartiera clases de 1961 a 1966. Para su Departamento de Música, el cubanoamericano “fue una figura prominente en el campo de la musicología y la etnomusicología. Junto con Robert Stevenson, es uno de los primeros investigadores radicados en Estados Unidos que han prestado una atención devota al estudio de la música de las Américas. Sus libros han sido decisivos para que el aprendizaje de la música de Estados Unidos y América Latina se hiciera en su propio contexto sociocultural”.
Además de impartir clases en Tulane, Chase fue profesor visitante en las Universidades de Oklahoma, Texas, Arizona, Columbia y Seattle. La Universidad de Yale lo ha incluido entre las mayores figuras de la música de Estados Unidos y la de la Florida le otorgó el doctorado en Letras en 1955. Entre otras instituciones, perteneció a la Society for American Music.
Gilbert Chase se educó en escuelas públicas y privadas de su segunda patria. Estudió piano con Max Drittler en Nueva York y teoría musical en París. En 1928, después de graduarse en la Universidad de Columbia, se traslado, gracias al apoyo de su prima Anais Nin y del esposo de ésta, Hugh Parker Guiler, a la capital francesa. Fue allí donde se inició como crítico musical. De esa época datan sus contactos con Manuel de Falla y otros compositores españoles.
En 1935, casado con Kathleen Barentzen y con tres hijos, regresa a Estados Unidos y se afinca en Nueva York. Pronto encuentra trabajo como editor asociado de la International Cyclopedia of Music y en la Baker’s Biographical Dictionary of Musicians.
Entre 1940 y 1943 alterna su labor como especialista en música de la Biblioteca del Congreso con la de editor del Handbook of Latin American Studies. Durante cuatro años (1943-47) presenta en la NBC la serie radiofónica Music of the World. Desde 1951 y hasta 1960 se desempeña como consejero de asuntos culturales en las Embajadas de Estados Unidos en Lima, Buenos Aires y Bruselas. Las designaciones diplomáticas las aprovecha al máximo, pues le van a permitir conocer de cerca a músicos y compositores de esos países y tendrá la posibilidad de presentarlos en Norteamérica.
Por internet se pueden comprar libros de Gilbert Chase en inglés o español y también algunos de los discos por él producidos, como Flamenco Music of Andalucia, de Folkways Records.
De todos los homenajes académicos a este autor, crítico, profesor y musicólogo, el más significativo es el Memorial de Lecturas Gilbert Chase, a partir de 2004 anualmente celebrado en Nueva Orleans por la Universidad de Tulane, donde estudiantes de musicología, etnomusicología, historia, comunicaciones, antropología, literatura y sociología discuten sus trabajos sobre música latinoamericana.
Cuba no sólo ha estado presente en carpetas repletas de apuntes de la Biblioteca Pública de Nueva York. Lo estuvo, y mucho, en la décadas de 1940-50, cuando con frecuencia Gilbert Chase viajaba a La Habana a impartir conferencias, coordinar proyectos culturales y, sobre todo, disfrutar de la vida musical de la ciudad que hoy lo ignora.
PD: Testimonio familiar
La escritora Gayle Nin Rosenkrantz, residente en San Francisco, California, y descendiente de los Culmell Vaurigaud, además de enviarme la foto que ilustra este post, escribió:
—Soy tía de Kitzia Nin Poniatowska, hermana de Charles Nin, los dos sobrinos-nietos de Anais Nin y residentes en México. Kitzia me mandó tu texto. Me alegra que hayas escrito sobre tío Gilbert, primo hermano de mi papá, Thorvald Nin Culmell. Quisiera mandarle una copia al hijo de Gilbert, Paul Chase, y a su hija, Aleka Chase. Aleka vive cerca, en San Francisco, y también es escritora.
—Thorvald, mi padre, se retiró de los negocios en México, en 1962. Murió en junio de 1991 en El Paso, Texas. Su viuda, mi madrastra, falleció en enero de 2002. Antolina Culmell, una tía de Gilbert Chase, se casó con el general del Ejército Libertador cubano Rafael de Cárdenas. Su hijo Charlie aparece en la foto, de 1920. El del centro es Gilbert; a la izquierda, Charlie y a la derecha mi padre.
—Mi abuela Rosa Culmell dejó un diario escrito por su abuelo (mi tatarabuelo) Pierre Vaurigaud. Está escrito en francés y hace unos años lo traduje al inglés para mi hermano y su hija, mis hijos y mis primos.
Tania Quintero
Lucerna
Fotos: Three Culmell cousins in New York 1920′s: Charlie de Cárdenas, Gilbert Chase and Thorvald Nin.
Gilbert Chase, circa 1970, en Chapel Hill.





Tania, te mereces un homenaje. Academica de Historia. Gente como tu, viva y coleando, las necesitamos, para reconstruir nuestra genealogia nacional. Congratulaciones por tu trabajo.
Tellechea, gracias por ese dato. Entonces esa tía-abuela de Anaís Nin era de origen catalán, porque los Nin son de Catalunya. Yo pensaba que los Martí también tenían raíces catalanas, pero he leído que su origen es valenciano.
Joaquín Nin, abuelo paterno de Anaís, fue pedagogo y en la Biblioteca Nacional, en La Habana, vi libros de su autoría. Como ven, sobre esta familia hay un mundo por investigar en Cuba, Dinamarca, España, Estados Unidos, Francia, México… Kitzia Nin, con la primera con quien entré en contacto, por línea materna está emparentada con la escritora mexicana Elena Poniatowska, cuyo árbol genealógico hay que buscarlo en Polonia y otras naciones europeas.
Uno de los detalles que más me llama la atención de los Nin-Culmell-Vaurigaud-Chase es que entre ellos siempre encontrarás que por lo menos uno de sus integrantes se dedicó y destacó en la diplomacia, la música, la literatura, el mundo intelectual o empresarial y todos -o casi todos- de alguna manera estuvieron vinculados a luchas independentistas en sus países. Varios, además, pertenecieron y aún pertenecen a la aristocracia. Este trabajo sobre Gilbert Chase lo escribí ya en Suiza y lo hice buscando los datos en internet, pero las dos investigaciones que considero más importantes fueron realizadas en La Habana. La primera en 1976-77, sobre los alemanes antifascistas que vivieron en Cuba, puede localizarse en la revista Bohemia de esa época. La otra es de 1992-93, acerca de las estancias cubanas del director austríaco Erich Kleiber y su familia. En Bohemia publiqué cuatro páginas, pero el resultado de un año de trabajo en el Instituto de Historia, la Biblioteca Nacional y el Museo de la Música quedó plasmado en el guión para un documental que presenté a la dirección del ICRT y nunca me dieron respuesta. Ese guión lo tengo conmigo, hace un tiempo lo pasé a word, no sé si interese leerlo en PD. Tal vez resulte más interesante el testimonio Brasil en mi vida, el cual por su extensión acabo de dividirlo en cinco partes, para su posible publicación en mi blog y también en el de mi hijo. En ese testimonio brasileiro faltan vivencias: éstas se pueden leer en algunas páginas de un intento de libro que comencé escribir en La Habana en diciembre de 2002, todavía inédito e inconcluso. T.Q.
Esto se lee como una novela!
Tania, tienes que seguir rescatando la historia!
Otra vez tengo que darte las gracias Senyora Tania, eres maravillosa.
En lugar de “memorial de lecturas”(!), yo mas bien lo describiria como “Conferencia conmemorativa”.
Tania, qué interesante! Excelente artículo.
Del Anais.Nin.Com Forum (31/7/06):
Anais Nin’s Cuban great-aunt, Micaela Nín de Mendive, was married to José Martí’s teacher and spiritual father, Rafael de Mendive. Micaela was rumored to be in love with her husband’s young protégé, who was then in his teens. Martí, though attracted to her, apparently did not allow the relation to proceed beyond a not-so-innocent flirtation, though in notes from that time he confides that the allure of “those burning red lips” nearly caused him to “dishonor himself.” While still in his teens Martí wrote (and continually reworked) a play entitled “Adúltera,” in which the protagonist does yield. Before Martí was exiled from Cuba, he gave his adolescent diary to Micaela for safekeeping (to whom else could he confide it?). Her husband apparently found it and on the basis of it did not speak again to his great disciple, not even when the two lived in exile in New York. When Mendive died in 1886, Martí eulogized him in a heartfelt tribute. When Micaela herself died she asked to be buried with Martí’s diary.
No sabía que Carpentier lo tenía por “norteamericano”. El nombre de Gilbert Chase lo descubrí cuando en los años 70 por vez primera hojée colecciones del periódico Hoy en el Instituto de Historia, situado en el antiguo Palacio de Aldama. Recuerdo que lo anoté porque, al menos en Hoy, destacaban su origen cubano. Cuando en los 90 estuve investigando sobre las estancias cubanas del director austríaco Erich Kleiber y su familia, en la sección de música de la Biblioteca Nacional saqué sus libros. Ya llegará el día en que podamos rendir el homenaje que merecen personalidades como este cubanoamericano, tan erudito y universal. T.Q.
Soy un gran admirador de la obra de Chase. Lo curioso es que alguien como Carpentier, que sabía perfectamente que Chase había nacido en La Habana, se refiere a él como “norteamericano” varias veces. Con tal de que no le hiciera competencia…