- feb 25, 2009 • 10:59h
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Bordeo mi edificio, evitando pasar por debajo de los balcones, pues los niños lanzan preservativos llenos de orine para matar el aburrimiento. Un hombre con su hija lleva una bolsa que gotea una mezcla de grasa, agua y sangre. Vienen de la carnicería, donde la larga cola anuncia que algún producto racionado llegó en la mañana. Los dos suben felices las escaleras llevando el trofeo cárnico. Es probable que la madre ya esté cortando las cebollas, mientras suspira aliviada de que la proteína reaparezca, después de varios días de ausencia.
Voy detrás de ellos y alcanzo a oír como la niña pregunta: “Papi, ¿cuántos pollos tú te has comido en la vida?”. Percibo la cara desconcertada del padre, que ha llegado al piso seis sudando por todos los poros. Su respuesta es un tanto brusca: “¿Cómo voy a saber eso? Yo no saco cuentas con la comida.” Pero la niña insiste. Evidentemente está aprendiendo a multiplicar y dividir, de ahí que quiera desmontar el mundo y explicarlo —totalmente— con puros números. “Papi, si tú tienes 53 años y cada mes recibes una libra de pollo por la carnicería, sólo tienes que saber cuántos meses has vivido. Cuando tengas ese número lo divides entre cuatro libras, que es más o menos lo que pesa un pollo normal”.
Me descubro siguiendo la fórmula matemática desarrollada por la chica y calculo que he devorado unos 99 pollos en estos 33 años. El hombre interrumpe mi cuenta y le dice “Mi’ja, cuando yo nací los pollos no eran por la libreta”. Caigo en cuenta de que yo sí crecí con el grillete del racionamiento ajustado a ambos tobillos, pero gracias al mercado negro, el desvío de recursos, las tiendas en pesos convertibles, el canje de ropa por comida y un montón de caminos paralelos, no sé la suma exacta de lo que he digerido. Apuro el paso y escucho la frase recelosa de la pequeña Pitágoras: “Ay Papi, tú me quieres hacer creer que antes, en las carnicerías, te vendían todo el pollo que quisieras…”.
Yoani Sánchez
La Habana






Roberto,el pan con timba(pan con guayaba)y el picadillo de carnes de rés,eran comidas de la extrema pobreza,pero al menos ese pobre ingería proteínas,carbihidrátos y vitaminas.
En las distintas sociedades por las que he pasado en mi vida andariega carvajaleña he observado personas con disposición de trabajo y superación constante,ese se come el bisteck de pechuga,he visto al que no le gusta esforsarse,solo hacer alguito de manera infromal para resolver el sustento del dia, a ese le toca el muslo,he observado tambien al que no le gusta hacer nada por la vagancia que se desplaza en las venas y tiende la mano para que el estado le dé…..a ese le toca las alas,pescuezo y lo que resta del ave.
Se trata de la capacidad de decidir,no de imposición
todo es segun el cristal con q se mira, hubo un tiempo, q habia pollo en doquier, lo mismo en cuatro caminos vivo o muerto , q en cualquier restaurat, pero como …… todo …..lo de cuba …cuando la cojen con algo es , una seguirilla , q aburre, …..pero de todos modos, yoani , bueno tu escrito, porque son los ninos q con su inocencia , nos ponen en apuro , no creen?
Si, el arroz con pollo los domingos, pero tambien pollo frito con mojo, pollo asado en cazuela, o fricase de pollo entre semana. Y claro, la carne de res se servia mas a menudo–carne con papas, ropa vieja, vaca frita, bistec, filete, picadillo, rabo encendido, carne asada, boliche, ternera aceitunada, etc.
Roberto, Si, Oriental de Santiago y Rositica, están claritos todos.
Muy ciertos sus comentarios.
Arroz con salchichas Catedral, y pollo los domingos, en toda Cubita la Bella.
Vivi el capitalismo y pobre, y habia veces que de vez de arroz con pollo teniamos que hacer arroz con sallchichas de la marca Escudo , costaba 10 centavos, o pasta que incluyendo hasta el queso para todo la familia no pasaba del peso. un guanajo (pavo) en la plaza de 4 caminos costaba 10 pesos pero recuerdo que eso era casi el alquiler del apt en que viviamos que era de 25 pesos.
Yo compro y me como, ahora, todos los pollos que me da la gana, porque afortunadamente salí de allí. Y no, no soy rico.
El pollo, en mi infancia, (antes de que llegara el desastre) en casa lo comíamos los domingos en el “arroz con pollo”. El resto de la semana se comía carne de res que era más común y se avenía mas a todos los bolsillos, que de la res no todo es filete. Y los pollos, efectivamente, no se vendían en las carnicerías. Por lo regular se compraban vivos pero ya luego se empezaron a poder comprar muertos y desplumados.
pan con timba a 2 centavos, decia mi abuela
Yo recuerdo en las historias infantiles que la Harina con picadillo era comida de pobres…y el pan con guayaba..alguien me lo corobora y/o desmiente?
Momentico…en La Habana se compraban los pollos (vivitos y coleando first, y desplumados moments later) en la polleria, no en la carniceria.
Querido Misha,
Entonces como no todo el mundo puede comprar pollo lo más justo es que nadie pueda comprarlo.
Eso se llama “reparto equitativo de la injusticia.”
Siguiendo ese razonamiento, como es injustísimo que exista gente ciega que no es capaz de ver, alcanzaríamos más justicia arrancándole los ojos a todo el mundo.
Pues no, querido Misha, el “reparto equitativo de la injusticia” no conduce a más justicia, sino a muchísima más injusticia.
Ay, Misha. Me has recordado a mi padre, cuando yo era niño y me daba aquel sermón contra el capitalismo y la sociedad de consumo.
Excelente post y demoledor.
“Ay Papi, tú me quieres hacer creer que antes, en las carnicerías, te vendían todo el pollo que quisieras…”.
Vendían todo el pollo que quisieras , es verdad, pero no todo el pollo que querías era el que se podía comprar.
También esto verdad.
Una cosa era querer y otra era poder.
Un momento: con esto no quiero decir que no se podía comprar pero tampoco era un “warandol de a peso”, comprar pollos en las carnicerías.
muy buen post.