Comienza otra temporada del Ballet Nacional en la sala García Lorca del Gran Teatro de la Habana. Los amantes de esa manifestación artística hacen largas colas y se agolpan en la taquilla del teatro para tratar de conseguir una entrada, pero al descubrir que se trata poco menos que de una misión imposible terminan acudiendo a los revendedores, que apostados estratégicamente en los alrededores hacen dinero fácil y rápido.
Mucho se ha hablado y escrito en la prensa cubana acerca de la reventa de entradas, pero al final no ha surtido ningún efecto. La razón por la cual esta situación no se acaba es que las personas que deben velar porque esto no suceda están implicadas en este trapicheo.
Hay otra —y ya no tan nueva— dirección en el Gran Teatro, conformada con viejos malos conocidos, que trabajan, no para eliminar la reventa, sino para acabar con la competencia y afianzarse en este lucrativo negocio.
Cuando el actual director, Leonardo Tur, era subdirector y Florita Fregio productora, tenían menos acceso a las entradas; el primero dependía de la segunda y ésta de los revendedores. Ahora con el poder de disponer sobre las filas de invitados, palcos y la posibilidad de emitir las invitaciones, han prescindido de aquellos tristes revendedores de aciaga memoria y tienen un nuevo sistema organizado para este negocio: Dirección/ Administración/ Jefa de Sala/ Taquilleras.
Aclaremos que en la sala Lorca y en el Gran Teatro la reventa de entradas es la fuente más segura de obtener un ingreso extra en divisas —el único para algunos trabajadores. Con tal de resolver y luego vender un asiento, algunos aceptan maltratos y humillaciones. En una función hay quien logra un mínimo 5 CUC pero los de más arriba pueden irse hasta con 200. El delito es difícil de probar, porque en la caja de la taquilla no falta dinero y son las invitaciones, que deben ser distribuidas de forma gratuita, las que en realidad se venden en moneda libremente convertible.
Con la nueva dirección el deterioro moral, de principios, de valores y de prestigio se agudiza. Leonardo Tur antes de convertirse en director ya gozaba de una reputación dudosa (abuso de poder, desvío de recursos, utilización de medios del Estado, etc.) Los que lo conocemos desde hace casi 20 años no comprendemos esta carrera que lo ha hecho pasar de gigoló a director de una prestigiosa institución cultural. ¿Cómo se elige a un director con tan escasa cultura, sin métodos de dirección y cuyo único móvil es acumular ganancias materiales? ¿Cómo se elige para semejante cargo a un judas del arte, que ha desarrollado una mafia que incluye al Sindicato y hasta el Partido? Para colmo, tiene el apoyo de un abogado “luchador”, buscador de una paga extra, conocedor más o menos de las leyes, que limpia todo lo mal hecho, y le imprime carácter legal a sus acciones, con resoluciones y medidas disciplinarias.
A falta de un contador como tienen todos los capos, un viejo conocido es designado jefe de Recursos Humanos. Antonio Santivieri —después de muchos traspiés en esta área— vuelve a formar parte de su equipo. Si se hiciera una investigación, saldrían a la luz la cantidad sorprendente de violaciones que allí se cometen. Los manejos con la plantilla del centro son alarmantes.
¿Dónde están los funcionarios que deben encargarse de revisar y cuidar estas aéreas? ¿Cómo es posible que a nadie le llame la atención la cantidad de trabajadores que han causado baja en los últimos 24 meses? ¿Nadie se ha cuestionado los motivos y las circunstancias por las cuales se han tenido que marchar? ¿Existe algún mecanismo legal que verifique la justeza de las medidas que se aplican en el Gran Teatro?
Retomemos el asunto que nos ocupa: la reventa de entradas y echemos una mirada a los militantes del Partido del Teatro. Fátima, jefa de sala es un elemento clave en ese negocio, incondicional de Tur. Ramón Calero quien fue administrador-marioneta de Tur, a pesar de su escaso intelecto, demostró una total incapacidad para tal puesto, el cual dejó con la socorrida excusa de estar enfermo y pasó al más cómodo y oportuno de taquillero. Paco Urbay, administrador de la orquesta, con un amplio historial de estados de embriaguez, se ocupa de alquilar el salón de la orquesta a extranjeros y de pelear con sus músicos. Miguel, el responsable de la cafetería, antes subdirector económico, está comprometido con Tur, ya que vende con multas sus productos e introduce otros adquiridos a menor costo para revender. ¿De qué son ejemplo estos militantes del partido?
Con su “novedosa” estructura económica, Tur tiene contratada a una contadora que viene dos veces a la semana a trabajar y cobra el salario de un mes (me atrevería a afirmar que tal vez algo más) como hizo en otro momento con Armando González, que cobraba un salario por hacer la nómina una vez al mes, o el ingeniero Ricardo, que supuestamente reparaba equipos y que muchas veces solo visitaba el teatro el día del cobro. Para lograr su objetivo siempre tiene una justificación, una atenuante, pero si se profundiza, aflorarán los motivos reales que lo mueven a actuar.
Desafortunadamente cuando ha tenido lugar alguna verificación o investigación, toda esta claque canallesca se apoya en el criterio de los militantes del Partido o miembros del Sindicato que no gozan de ningún prestigio o representatividad.
¿Es justo que en nombre de la dura situación económica inspectores y funcionarios sean comprados por un poco de gasolina, un saco de cemento, unas libras de arroz?
Tiene que existir justicia y vergüenza suficientes para poner fin a tantos desmanes, para que no siga enlodándose el nombre de una institución y sus trabajadores, sólo porque un despreciable tipejo detenta un poder ilimitado que le permite hacer y deshacer a su antojo.
Que se ponga freno a este mecanismo diabólico de reducir el ARTE de nuestras compañías y este importante foro cultural a un negocio de reventa de entradas para aumentar los ingresos de unos pocos. Que el ARTE sea algo más que una fuente de ganancias de un grupo de individuos parásitos que ni lo entienden ni lo hacen, sólo lo desprestigian.
Nuestro hombre en La Habana






Que clase de bochorno, que pena, pero así es, en Cuba todo se deteriora, y gente como ese director son los que campean por su respeto y no les pasa nada.
Estás acusaciones tan graves deberían de tener un padre conocido.
No me parece de buen estilo emplear anónimos para enlodar reputaciones de personas a las que se les priva de todo derecho de defensa.
Si en Cuba existiese un estado de derecho estas cosas no sucederían.
¿Y quién le dice a usted que están privados del derecho de réplica? Si cualquiera de los mencionados quiere responder, puede hacerlo en este mismo espacio.
no hay reputaciones enlodadas sino gente muy baja que usa el poder para obtener ganancias tan sucias como sus propios métodos, si puede y tiene corazón que se defiendan los presuntos implicados…..
Estoy de acuerdo con Gabriel. Es verdad que tales acusaciones no debieran hacerse desde el anonimato y sin aportar pruebas contundantes. Igual que el otro dia, un personaje que desde el seudonimato se dedicó a sacar los trapos sucios del padre de otro. Esta bien sacar noticias noticiosas, pero hay que ser mas cuidadoso con este tipo de acusaciones difamatorias.
Perdón sigo. Este comportamiento es mas tipico de una dictadura. No entiendo que PD se preste a este jueguito de gente acusandose mutuamente. Maxime cuando en el contexto descrito el que este libre de pecado que tire la primera piedra. Sera que a nuestro hombre en La Habana no le salpicaron las ganancias?
Titi en una democracia las personas son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Y aqui se ha juzgado y condenado sin evidencia ni pruebas, en la plaza publica y con el juez encapuchado.
Pero como nada puede permanecer oculto, ya es sabido que “nuestro hombre en La Habana” no es mas que una mujer vestida de hombre, recentida por haber sido deshonsosamente botada del teatro por formar parte de todas estas arbitrariedades que ahora dice denunciar.
Ustedes nada mas seleccionan lo que desagretidan a Cuba, por eso nadie los quiere ya que tienen que difamar de los demas con bailarines y agente en la habana que dicen mucha mentira para cobrar el dinero del lodo.
En la Habana el teatro es casi de gratis Mentirosos1!!!!!
Yo pienso que no vale la pena discutir, la prensa esta para eso, que un periodista investigue y logre se publique claro si es verdad o mentira en los organos de prensa del país, los oficiales
En que pais tu vives decirme a mi que el teatro es casi gratis,las cosas que se hacian para salir de jira parecian sacada de un cuento de kafka y
eso lo sabia todo el mundo y nadie protestaba
una senora llamada Evelia preparaba el vetuario y nunca la sacaban en su lugar iba otro que no tenia nada que ver con el ballet,hasta que un dia dijimos ella sale en esta jira o se jode esto y salio en la jira y le dijimos compra lo que te haga falta que esto no se repite,si la gente supiera como son las cosas no hablarian tanta M.