- ene 23, 2009 • 08:15h
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¿Despegó? ¿Logró el piloto elevar a América y al resto del mundo que lo miraba, hasta un lugar mejor con la sola fuerza de sus motores retóricos? No, no exactamente. Tal vez había hielo en las alas de la prosa de Obama, y no sólo el recién depositado por el cortante frío de enero. El frío era ante todo una cuestión de estado de ánimo; el suyo y el del país, en un momento de crisis sin paralelos. Así que no endulzó la cosa; pocas palmaditas o canciones de cuna. Lo que hubo a cambio fue una gran seriedad en el tono y la sustancia; la integridad que sale de contar las cosas tal y como son; el sentimiento de que el momento era demasiado duro para canciones baratas. Hasta la forma de declamar era urgente, decididamente poco juguetona. Las palabras aparecieron con rapidez, amenazando con echar a correr, en vez de deslizarse con gracia; su cadencia coincidió con un lenguaje corporal frío, como el que le vi hace un año en Iowa y de nuevo en San Antonio, justo antes del Super Martes. Obama disfrutando con su propio poder magnético. Este no era, lo había decidido, una ocasión para pasteleos verbales. Podría haber unos cuantos Sospechosos Habituales sobre la capa glacial de los escalones del Capitolio —John Cusack, Sean Combs, también conocido como Puff Daddy— pero esa mañana en concreto la cosa no tenía nada que ver con la industria del espectáculo. “Es hora” —dijo Obama, citando las Escrituras a la manera de los apóstoles— de “dejar a un lado las cosas infantiles.”
La persona a la que escuchaban no era, después de todo, un orador. Era, lo saben, en última instancia y en momentos de apuro, un líder.
Ni siquiera había que asombrarse demasiado ante la forma feliz en que siglos de odio y opresión raciales, la profunda mancha de la fundación de América, fue enjugada por fin. Con una frase simple, limpia y breve, el quadragésimo cuarto presidente permitió finalmente que el tercer presidente, el propietario de esclavos Thomas Jefferson, que inició la rebelión de este país con la propuesta de que todos los hombres han sido creado iguales, dejara de retorcerse en su tumba de Monticello. Ahora, dijo Obama, la piedad por fin se ha hecho real. Aunque Obama se refirió (sin citar específicamente a Martin Luther King) al sueño que fue trazado ante América años atrás sobre los escalones del Lincoln Memorial, y que ahora se ha hecho realidad, el grueso de esa tarea quedó para un veterano combatiente de los derechos civiles de aquella vieja generación, el reverendo Joseph Lowery, que pulsó las teclas del corazón con sus fabulosos y políticamente incorrectos versos: “if you’re black, don’t give it back… if you’re yeller, just be meller…” Para Obama, ya era una realidad. Esa era ya una maravilla suficiente. Vale, ahora ya podemos dejar eso a un lado y comenzar con los problemas reales, porque si nos limitamos a darle vueltas y a sentirnos bien, el país y el mundo simplemente se irán al infierno. Era como si nos hablase no desde el podio, sino desde la oficina, mirando desde su despacho desde detrás de una pila de papeles y un montón de problemas, interrumpiendo la inmensa tarea de dar a América sus órdenes ejecutivas, para decir: “Estamos en esto juntos. No esperéis milagros. La vida ha cambiado. Acostumbraos a ello. El mundo ha cambiado. Podemos convivir con ello.” Sus mismas palabras son simultáneamente intimidantes y estremecedoras, ante el peso completo de su significado: “ha llegado el momento de rehacer América”.
Nada podría ser más lejano que el vacío rayo de sol de ese lugar común, “amanece en América,” con que Reagan inauguró esa carrera por el botín que ha concluido con un salto mortal. Obama se salió del camino para dar una pequeña bendición al mercado libre, porque nunca ha dudado que la de Adam Smith seguía siendo una gran fuerza a favor de la noción de felicidad. Pero la templó con recordatorios de la necesidad de una correspondencia, una interdependencia. Y lo salpimentó con Franklin en estado puro cuando dejó a un lado el tedioso, inacabable debate, sobre el tamaño del gobierno insistiendo que el auténtico problema no es si el gobierno es demasiado pequeño o demasiado pequeño sino si trabaja. Aparecieron recuerdos de la revulsión ante la incompetencia posterior al Katrina. Pero Obama sabe que los americanos más allá del espectro de las culturas e idolologías les gusta la decencia común y aquello que funciona. Y él, evidentemente intentará que ambas cosas lleguen al mismo tiempo. Los programas que trabajen serán mantenidos, aquellos que no serán desmontados. ¿Quién podría discutir eso? Así los detalles cálidos fueron escasos. Algunos de los pasajes más poderosos fueron aquellos que en que pintaba la desolación americana. “Casas cerradas,” gente sin empleo, con South Chicago en su memoria. Pero si a veces tuvo problemas para elevar a su audiencia, nunca la deprimió; cada gris realidad era seguida por una verdad igualmente estimulante. Sí, las cosas han cambiado, concedió, pero algunas cosas, las importantes no lo han hecho. La economía de alguna manera no ha funcionado, pero América sigue siendo la misma nación de gente que trabaja duro, inventa ingeniosamente, produce los servicios que la nación y el mundo necesita. Esa no es una nación deshecha, es cierto que la verdadera América en la adversidad invoca la fuerza y resolución de reinventarse a sí misma. Y podéis creerlo.
¿Era eso lo que había pedido oír ese océano de pueblo en la colina del Potomac, ese ejercicio de amor responsable? No hubo grandes rugidos de alegría o entusiasmo a lo largo del Mall. El cello de Yo-Yo Ma, interpretando variantes del himno religioso shaker “Simple Gifts,” desencadenó un latido aún más profundo. Pero a toda la gente con la que hablé después en el metro —corriendo hacia puertas desconocidas para recuperar la sensación perdida de sus extremidades— le gustó. Esa fue la palabra que usaron una y otra vez. Estaban asombrados, creo yo, ante la extraña sensación de que ese hombre de cuarenta y siete años había hecho suya, de alguna manera, toda la experiencia americana, llegando hasta los padres fundadores hasta tal punto que se había vuelto inseparable de su historia. La frase más sorprendente de todo el discurso fue cuando Obama habló de probar “la amarga bazofia” de la esclavitud, la guerra civil y la segregación como si saliese de su estómago una y otra vez en un sucio reflujo. Pero lo que también gustó a la masa fue su capacidad en este día completamente invernal para invocar Valley Forge y el Cruce del [río] Delaware; para citar al más blanco de los padres, aquel de conciencia culpable que liberó sus esclavos en su lecho de muerte y el mismo que ya había dicho que el espíritu de la virtud y el honor arrastrarían la causa a través de cualquier tribulación. Cuando Obama invocó a Washington en Washington, no estaba haciendo una concesión a la historia. Era como si el duro, taciturno y apocado general le hubiera hablado para decirle que dejase a un lado la miel retórica y alimentase a su pueblo con fortaleza patriótica, para llegar al fondo y resurgir con más fuerza. Y eso ha hecho; y es por eso que, incluso si los conocedores de las finuras verbales se quejan, la gente del metro tenía razón al sentirse a la vez confortada e inspirada. La persona que habían escuchado no era, después de todo, un orador. Era, lo saben, en última instancia y en momentos de apuro, un líder.
Publicado originalmente en The Daily Beast.
Traducción exprés de Juan Carlos Castillón.





Muy bueno, gracias Juan Carlos Castillón por la traducción, lo mejor que he leído, un líder pragmàtico. Y totalmente de acuerdo, su discurso fue una agenda de trabajo en gran medida, y hay que analizar la ceremonia en su conjunto, las voces de todos los que hablaron, porque en ello està también la concepción de Obama de gobierno, de implicación de todos en el trabajo para salir adelante.
Obama supo ser concreto y no robarse la escena con un discurso de estrella arrancando làgrimas y emociones, manipulando viejas heridas, habló responsablemente y dió a otros la palabra y la implicación, un líder de nuevo tipo, un hombre que desde el comienzo a estado agradecido a su equipo y que sabe que el gobierno es tarea de todos, la verdadera democracia, saber decir y saber escuchar.
Les deseo éxitos y suerte a Obama y su equipo.
Un lector que se llama Pedro A. dejó ésta joya del trabajo político de Obama en cooperación con un senador republicano antes de su decisión a presentarse a las elecciones, una lección de democracia y de transparencia:
“Y patrocinó junto con un senador republicano el “Coburn–Obama Transparency Act” que hizo posible la siguiente joya de la democracia:
http://www.usaspending.gov/ ”
Blog El Mundo por Dentro
http://foros.elmundo.es/foros/viewtopic.php?p=700881#700881
El enlace especialmente lo dedico a Annabelle Rodríguez García y a la Revista Encuentro, una lección de trabajo serio, democràtico y transparente, y por supuesto al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que admira tanto a Obama para que vaya tomando nota y comience a “restaurar y rehacer” sus políticas de financiamiento con seriedad y pragmatismo sobre todo cuando se trata del dinero PÚBLICO de los españoles. Y ademàs que gobernar es generar oportunidades y establecer la libertad y la justicia para todos y esto se puede hacer en cooperación con la oposición, las políticas en beneficio de los ciudadanos no tienen por qué enfrentar y recrear luchas de partido ni luchas por el poder.