- ene 15, 2009 • 15:56h
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Cuando se habla de la Revolución cubana, la mayor parte del tiempo se habla de otra cosa que la Revolución cubana. Tanto sus amigos como sus enemigos, tanto sus nostálgicos como sus alérgicos, agitan con las sombras de Fidel y el Che muchos otros fantasmas. Son esos fantasmas escondidos bien lejos de los logros y fracasos de una revolución que iba a cambiar la historia y que sólo logró permanecer fuera de ella, los que le han dado a la isla su potencial de fascinación y preocupación. Son esos fantasmas, que poco o nada tienen que ver con el marxismo, el pueblo o su condición, los que animan y asustan también la izquierda latinoamericana desde hace cincuenta años.
Tuve acceso al núcleo de esta contradicción. Sobre mi cama de niño mis padres colgaron un retrato gigante del Che recibiendo de Fidel el fuego para encender un habano. A pesar de tenerlos día y noche velando por mi sueño y mi insomnio, me costaba sentir simpatía por estos dos gigantes. Los mismos que veneraban sus retratos me habían enseñado que la guerra era mala, que los dictadores eran siempre diabólicos y que los militares nos habían expulsado del país. Yo mismo los había visto entrar en mi casa entre ruidos y gritos, ostentando esa masculinidad exacerbada, esas risotadas de macho que animaban también a los dos señores de uniforme y barba de la foto. ¿Los militares desordenados y despeinados eran buenos, mientras que los afeitados y de pelo corto era malos? ¿La bondad y la maldad era entonces un asunto capilar?
No sabía aún que las principales diferencias ideológicas terminan y comienzan como problemas cosmetológicos. En mi inocencia de niño pensaba que los héroes de la foto eran militares, militares en combate, es decir enemigos. Todo en ellos transpiraba testosterona. Barba, juventud, metralleta, gritos, palabras altisonantes, lemas y discursos que duraban horas. Ni una sola de sus consignas parecía tener algo de piedad, de simpatía por el prójimo. Todas sus verdades irrefutables eran fáciles de refutar. Los aforismos de Fidel tenían la misma profundidad que cualquier convicción adolescente. Todo en la Revolución cubana que me presentaban de niño como un ejemplo a seguir estaba orientado hacia el récord, el músculo, la voluntad. No había mujeres en la primera línea de combate. Más aún, había un cierto desprecio por todo rol femenino que no fuera el de la madre eterna de muchos niños.
Ese desprecio por la mujer y su mundo, ese amor por la masculinidad en estado puro, fue lo primero que me alejó de la Revolución. Eran los años setenta, yo tenía cinco años, no sabía nada de Padilla ni de la dictadura del proletariado y, por supuesto, no podía predecir que la revolución del póster llegaría a cumplir cincuenta años. No tenía la menor idea de los horrores pasados ni del porvenir de esa revolución pero olía en su iconografía su principal defecto, que es al mismo tiempo su principal atractivo. El Che y Fidel, Fidel y el Che nos enseñaban a ser machos, justo cuando (en enero de 1959) ser machos había dejado de ser posible. Nos enseñaban que ser grande, fuerte y enarbolar una fálica metralleta no te convertía necesariamente en el malo de la película, o en un fascista desalmado, sino también en los guerreros santos que cantan los poetas y que alaban los intelectuales con gafas. Aquellos dos hombres barbados traían a colación la imagen de héroes más antiguos, casi mitológicos. Era el retorno de una épica en un mundo que, tras el nazismo y su mitología, ya había empezado a desacreditar toda espada wagneriana, toda voluntad como ser y representación.
En Fidel y el Che vive el macho su último salto al vacío. El macho latino, el macho astuto que se vuelve patriarca y ridículo, el macho joven y tonto que muere luego y se hace leyenda. Las dos encarnaciones del hombre: Fidel (el padre que reparte hijos por el mundo y que por el poder es capaz de todo), y el Che (hijo que reemplaza la responsabilidad por la rigidez, la verdadera valentía por la temeridad suicida). Ni Oliver Stone, ni Soderbergh, ni Benicio del Toro tienen nada que ver con el marxismo extremista que el Che defendía, ni con el triste basurero ideológico que el anciano Raúl Castro defiende. Lo que la izquierda —y parte de la derecha también— admira y ama en Cuba es el Macho. La imagen de su propia virilidad, que vive un bloqueo mucho peor que el que sufre la isla.
Quizás el auge del feminismo, el nuevo desconcierto del macho, la falta de mitos masculinos tolerables haya ayudado a perpetuar la Revolución tanto como el testarudo e inútil embargo norteamericano.
Anotación al margen: otra figura masculina en boga, el otro estereotipo del héroe con metralleta nace curiosamente también de la política cubana y de su relación con Estados Unidos. Se trata de Tony Montana, el Caracortada de Al Pacino, que intenta ser exactamente el reverso de los barbudos, tan revolucionario y radical como ellos pero completamente dedicado a ganar dinero y consumir cocaína. No es nada raro que sea una creación del mismo Oliver Stone que se dejó fascinar por la figura del Comandante en Jefe.
Pero Tony Montana es de derecha. Es más que eso: es la derecha de caricatura. El poder, las armas, el fin que justifica los medios son sus principios, esos principios que a uno le explicaron que la izquierda debía detestar. Es lo que se supone que Oliver Stone también detesta —en teoría— pero que puede amar en pequeña dosis inofensiva en Fidel. Es lo que aman tantos miles de personas compran en cada camiseta con la imagen del Che, la imagen del último hombre antes de que la guerra tibia del feminismo lo transformara para siempre. Es lo que todos llorarán cuando muera el gran Macho, el patrón verdeolivo que no tenía miedo a nada.
Hoy comprendo lo que no comprendía de niño. La izquierda le da voz a los débiles, pero admite que estos débiles pidan lo que siempre piden los débiles: un hombre fuerte. No había contradicción en mis padres: los militares habían roto sus vidas, por eso esperaban que otros militares, barbudos y despeinados, los salvaran. El niño malquerido de Barinas, el discriminado aymara desterrado lejos de sus ancestros, el director de cine y ex veterano de Vietnam que sabe que los héroes mueren sin música triunfal… todos ellos y muchos más necesitan de los dioses humanos y de un báculo fálico para sostener su miedo. Enfrentar la propia vulnerabilidad, mirar a los ojos sin miedo a no saber muy bien, reconocer que no se tiene todo claro es privilegio de unos pocos. De niño pensaba que esos eran los revolucionarios. Hoy sé que, aunque son ellos los que hacen las revoluciones, nunca las llaman de esa manera.
Rafael Gumucio
Santiago de Chile-Nueva York
Ilustración: Lauzán.







Masculinidad en estado puro. El arte del toreo enseña a ser macho cuando ya no es posible serlo.
antes fui comunista… ahora soy consumista…
Anotación al margen: antes de convertirse en un “macho barbudo”, Fidel Castro fué en su juventud, -probablemente sin la ambición por ganar dinero y consumir cocaina- más revolucionario y radical que Tony Montana, en su búsqueda de exacerbar su ego e idolatría al poder. La barba llegó después, -en primer lugar por años en la guerra de guerrillas, y luego por la atracción que provocó en él, el parecido a grandes hombres de la Historia, desde Jesucristo a Karl Marx.
Si camufló su aspecto gansteril por el de revolucionario, ese fué su mérito y nuestro error.
De acuerdo con los comentarios. El Che es una figura más compleja, más hermafrodita. Es un personaje que tiene otro interés: el del tonto que se vuelve héroe, el de guerrero que no entiende nada de estrategia y que por eso mismo gana al final, en la batalla del mito. Me ha llevado a preguntarme si Alejandro el Magno, para quienes no lo conocieron, no fue un perfecto tarado. De Julio César o Napoleon tenemos sus escritos, los escritos del Che solo resforzan la lamentable imagen del dogmático de pocas luces que reemplaza su falta de habilidad política y conocimiento de los hombres por lemas, ordenes y caprichos voluntaristas.
Es excelente el artículo, con el enfoque machista, falocéntrico, necesario en un anàlisis de la revolución y sus iconos en éstos 50 años. Algo interesante es que no lo escribe un cubano, lo que define la magnitud del mito. Leyendo algunos comentarios el estudio de la erótica del poder, la erótica de la izquierda y sus símbolos tendrà un amplio territorio a explorar desde Latinoamérica a Europa en relación a la revolución cubana y sus hombres.
Fidel Castro para mi generación no resultó seductor, al contrario lo rechazàbamos, un hombre «siempre verde» de pies a cabeza, por él no pasaban las estaciones, brusco, agresivo, de discursos interminables resumiendo sacrificios, exigencias a gritos y con violencia. En las imàgenes siempre las poses heroicas, jamàs una imagen familiar, un gesto una mirada con ninguna de sus numerosas mujeres. La iconografía del Che sin embargo lo muestra en éste sentido màs familiar y dentro de una normalidad, del Che conocíamos a su familia y vimos algunas fotos con sus hijos, relajado y sonriendo en la intimidad.
La cultura machista cubana y latinoamericana se ha realizado con Fidel Castro, como dice Gumucio. La superficialidad latina, la debilidad por la imagen, los complejos latinoamericanos frente al hombre alto, fuerte, de origen europeo y en el colmo del éxtasis con «perfil griego», haciendo un guiño al archipiélago mediterràneo o en la otra versión màs en la estética de «la pasión» con los pàrpados entornados como en las imagen de un sagrado corazón, sus imàgenes y proyecciones siempre han sido màs irreales, entre religiosas y míticas.
Su pasión culinaria que habría contribuído a humanizarlo ha sido mantenida casi en secreto, una imagen poco masculina para los isleños la imagen de un hombre entre cazuelas y, ademàs, con los rigores alimenticios exigidos por él éstos 50 años con la libreta de abastecimientos, habría sido de un cinismo contraproducente que habría dañado seriamente su imagen, entonces el comandante ha cocinado en la intimidad para disfrute de sus amigos, tan machos como él y que comparten el iconostacio de la izquierda latinoamericana, europea o americana García Màrquez, Oliver Stone…
He escuchado a cubanos y latinoamericanos, decir que Fidel es un hombre guapo, muy inteligente, excepcional, màs de una vez he escuchado éstos adjetivos de devoción, admirando y, a la vez en el narcisismo, reflejàndose ellos mismos como en un espejo para celebrar la figura del mujeriego, el castigador, sin mujer porque potencialmente todas son suyas, el guapo de la «guapería» del peso y tamaño de los atributos viriles, convirtiéndolo así en un animal mitológico, -casi caricaturesco- dotado de una «energía única», un superhéroe «incansablemente enfrentado» a los americanos, cuya mayor proeza y victoria de guerra ha sido la destrucción material de la economía y la estructuración del mito revolucionario para la izquierda en la Isla de Cuba.
Qué pesadilla !!!
Estoy tan cansado de oir este disco rayado de que si no hubiera sido por el embargo, Castro no habria durado tanto tiempo, el PRI domino Mexico por 75 anyos y ho hubo ningun embargo contra los aztecas.
Cuando a un pueblo le falta el sentido comun lo mas facil es manipularlo. Voy a dar un ejemplo: la carrera armentista entre Chile y Peru, en los dos paises todos-sean cual sean sus creencias politicas-derechistas, izquierdistas, centristas, marxistas, catolicos, indigenistas,lo que sea- defienden su derecho a seguir aumentando sus gastos belicos, y por que? Por que sus pueblos imbeciles tragan esa mierda. Por que es que la tragan? Por su nacionalismo tercermundista. Hay una excusa autentica para ese despilfaro de plata? Carajo, al menos si estuvieron serios en eso de ir a la guerra, habria una razon, razonamiento de cretinos, de imbeciles, de comemierdas con harina de maiz por cerebro, pero razon al fin y al cabo.
En efecto, Enrisco, había un error. Hice unos cambios de edición en las últimas frases y me quedó colgando un contrasentido. Ya lo corregí. muchas gracias.
Muy buen texto aunque tengo una duda. al final, cuando dice “Enfrentar la propia vulnerabilidad, mirar a los ojos sin miedo a no saber muy bien, reconocer que no se tiene todo claro es privilegio de unos pocos. De niño pensaba que esos eran los revolucionarios. Hoy sé que, aunque son ellos los que hacen las revoluciones, nunca las llaman de otra manera.” me parece que tendria sentido si dijese “nunca las llaman de esa manera.” de lo contrario el autor contradice todo lo que dijo anteriormente.
Tampoco Fidel, o al menos no siempre, fue tan valiente-macho. Alguien recuerda cuando el juez Baltazar Garzón solicitó la extradición de Pinochet por crímenes contra ciudadanos españoles. En aquel entonces, 1998, a Fidel Castro le asustó la noticia, al punto de hablar por TV sobre el asunto. Se le veía asustado, casi con la misma mirada de ojos desorbitados que tenía cuando salío en unos de sus video post operatorios. Habló de que con él no iba a ser igual la cosa y creo que hasta balbuceó algo de morir peleando con el pueblo de por medio, claro. Unos años después Garzón endeclaraciones a un diario dominicano dijo que él no sabía si Castro se había asustado por lo de Pinochet o no, pero el hecho fue tras una reunión que Fidel Castro había tenido en España, se había marchado antes de lo programado. Acto seguido el comandante, sabiendose seguro en su condición de jefe de estado (todo con minúsculas)en activo, condición que Garzón ya había reconocido, por cierto, emitió una declaración oficial guapetona:(http://web.archive.org/web/20011107123033/www.cuba.cu/gobierno/discursos/2001/esp/f280401e.html)
La valentía a prueba de balas, inoxidable, impermeable, en estéreo y de siete candados de Fidel Castro es otro, en mi opinión, de los tabúes que gravitan sobre su figura. Es fácil darselas de guapetón, señores, cuando se tiene un ejercito cubriéndote las espaldas.
buen mal texto
es un muy mal escrito aunque encierre por momentos la verdad y aunque arremeta contra esos dos monstruos.
Este es un chileno que entrana en su pura esencia la hipocrecia total, este es de los que grita por la izquierda en Chile a la que critica y que votaria por una presidenta como Bachelet, verdadera lacra politica, que nunca se ha pronunciado por criticar que Cuba es una dictadura.
Su “The Clinic” es un diario sucio lleno de subterfugios para dar a entender cualquier cosa como las canciones de Silvio Rodriguez, ambiguas. Y su viejo programa “Plan Z” es el mejor espejo de una generacion en Chile con un comportamiento “mou” y depresivo del que los cubanos no debemos ser eco.
Nunca entendi como este vino a ser colaborador de este blog, sera el paso de Bustos por Chile.
Este Gumucio es inteligente. Casi parece argentino. Pero se equivoca con Güevera. El cerdo rosarino no era un macho. Demasiado histérico, cruel y pendejo al ruido. Dicho en otras palabras: un jevín agazapado.
Espero que la amiga AHR no haya tenido un orgasmo cuando escribia este comentario sobre el Che. Por favor cuanta palabreria cursi para describir al asesino en serie de la revolucion, homofobo y jefe de la Cabaña.
“El revolucionario debe ser como una maquina fria de matar”. Che.
“Fusilamos si, y seguiremos fusilando mientras sea necesario”
Che.
Y esto es lo que se supone que pueda llegar a seducir a las mujeres?
Parece que la gente ve lo que quiere ver. La foto de Korda muestra a un asesino aburrido, mirando con desdén y desprecio a un pueblo. De http://www.pix.dk/korda2.htm : “Fidel Castro held one of his endless speeches and Korda was shooting away, when Che Guevara suddenly appeared on the stage. Korda pointed his Leica at Che and managed to make two shots of him, before Che turned around and disappeared.”. ¿Soñador?
Es lesbiano.
Los que quieran ver a Gumucio en acción, había un video muy bueno de un famoso programa chileno, Plan Z, donde hizo papeles estelares.
Entre ellos, el de un chico hetero que le toca compartir piso con otro amigo gay. Aquí.
Excelente texto. A esto se reduce la percepción de los “hombres fuertes”: Los militares desordenados y despeinados eran buenos, mientras que los afeitados y de pelo corto eran malos. La bondad y la maldad era entonces un asunto capilar.
?El autor es gay? Nada contra ellos, pero es un dato importante para validar su punto de vista.
Rafael, increible tus comentarios! Muy bien escritos y realmente tienes toda la razon. En realidad por eso ha logrado sobrevivir el mito de la Revolucion no solamente dentro de Cuba sino fuera tambien y porque la gente tan ignorantamente admira dicha Revolucion. Es una lastima que el mundo todavia no ha progresado a ver mas alla del mero masculinismo
Me ha gustado mucho el escrito aunque como mujer espectadora de espectaculos machistas no esté de acuerdo. No estoy de acuerdo en que el Che simbolice el mismo machismo que Fidel C. El Che se me antoja como un personaje mas femenino, que temperaba a los machos. Che el asmático. Che el que no disfrutaba del sexo. Che el insomniaco. Che el flaquito. Creo que al contrario, su figura sigue siendo vigente para tanta gente porque representa esa “otra” masculinidad que es amable, dulce con las mujeres, que se lanza a cuidar de los leprosos y de las leprosas (pues esa es la narrativa que se conoce – no la de los fusilamientos que resulta chocante y “out of character”). El Che no se representa como áspero ni fálico ni eructon ni mal hablado. El representaba ese otro hombre suave, dulce y delgadito, que sabe hablar de sentimientos, y al que las mujeres quieren cuidar y acariciar, cuya mirada es calida y cuya sexualidad no asusta (al contrario de la de los machos falienormes). Es el hombre escurridizo, que viene y se va, y aun asi no deja mal sabor de boca ni dolor en los genitales. Yo no lo veo como el tipico marimacho latinoamericano. Creo que su appeal y su sex appeal, radica en esa dulzura soñadora que Korda en su foto supo transmitir y que supone otro tipo de masculinidad (misteriosa, complice, de voz baja y media luz, poco legible) que es mas atractiva para las mujeres que para los hombres. (Fidel ha sido un gran seductor de hombres; el Che es un gran seductor de mujeres; Fidel es el hombre que se queda, y el Che el que se va).