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Rusia regresa

  • ene 13, 200914:33h
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Son altos, caminan con paso lento y miran con detenimiento las edificaciones de la parte vieja de La Habana. Es un grupo de cinco turistas rusos, tres hombres y dos mujeres jóvenes que visten a la moda. Son rubios y de ojos claros. Cualquiera los confundiría con unos americanos despistados y aburridos.

Cerca de la Plaza de Armas, en un precario inglés le preguntan a un mulato de calvicie incipiente y con una guitarra en la mano, dónde se puede comer algo ligero. “Fast food“, dice la chica rusa. “Ah, no, aquí no hay McDonald, lo más parecido es un Ditú, que vende pollo frito, a dos cuadras de aquí”, responde en ruso el mulato ante el asombro de los turistas que indagan dónde lo aprendió. “Estudié en la escuela de payasos de Oleg Popov, en Moscú, en los años 70″. “Ah, usted es payaso”, indaga otro ruso con una camiseta del Chelsea. “Sí, un payaso que ahora canta para vivir”, contesta y con su guitarra empieza a cantar Noches de Moscú.

El expayaso les logra sacar del bolsillo 10 pesos cubanos convertibles por la canción. Se llama Manuel, tiene 53 años y hace quince que se dedica a “hacer sopa”, como llaman en la isla a quienes cantan mientras los turistas comen en cafeterías y restaurantes ubicados en las calles empedradas de La Habana Vieja. “Con estos bolos he tenido suerte, por lo general son algo tacaños y no les gustan las viejas canciones rusas ni que les llamen tovarich“, señala Ortiz que confirma que estudió en la antigua URSS.

Con la nueva ola de turistas rusos, ese amplio y surtido mercado informal compuesto por jineteras, guías particulares, músicos, vendedores de tabaco y ron, choferes y casas de alquiler ha comenzado a desempolvar viejos manuales de enseñanza del idioma ruso para poder establecer un diálogo elemental.

Joel, 32 años, algo pasado de peso, con pinta de intelectual, suele ganarse la vida como cicerone o guía privado. Nadie mejor para hacernos un perfil de los turistas rusos actuales. “Les sigue gustando el ron y el tabaco igual los antiguos soviéticos, buscan chicas mestizas, jóvenes y bisexuales para sus orgías, y al contrario del europeo occidental medio, no les gusta la música tradicional cubana, sino grupos como Orishas y la salsa de Isaac Delgado. No son espléndidos como los cubanoamericanos o los canadienses, pero a veces dejan buenas propinas”, dice el cicerone mientras fuma un cigarrillo mentolado y mira para ambos lados a la caza de algún turista.

Un funcionario de la cadena hotelera Gran Caribe calcula que cerca de 10 mil turistas procedentes de Rusia visitaron Cuba en 2008. Pero la nueva invasión rusa no se limita al turismo. Por las calles de la Habana circulan ómnibus de la marca rusa MAZ en las líneas PC, P9, P6 y P10 de la empresa Metrobús, que ha trazado un diseño de rutas por las vías principales de la ciudad con ómnibus articulados de gran capacidad y han logrado aliviar la crítica situación del transporte en la capital.

Además del transporte, el gobierno cubano estudia la posibilidad de establecer empresas mixtas con Rusia en el sector petroquímico y de biotecnología. Donde hay un gran mutismo es en la esfera militar. Se sabe que las FAR están equipadas con tecnología soviética desfasada, y que si sigue activa es por puro milagro, gracias a las numerosas adaptaciones de empresas militares cubanas. Pero al respecto nada trascendió durante la visita del mandatario ruso Dmitri Medvédev, en noviembre de 2008. Lo que sí se sabe es que se está renovando la aviación civil, con aeronaves rusas más modernas, modelos IL-96 y TU-204.

El nuevo proceso trae también su cuota de simbolismo religioso. No pocos se sorprendieron cuando en el casco histórico de La Habana se abrió una iglesia ortodoxa rusa, una fe con escasos seguidores en el país.

La política exterior de Raúl Castro busca rescatar a su viejo aliado y colocarlo en la fila de los donantes de crédito (junto con Venezuela y China) para reflotar la precaria economía nacional. La respuesta rusa a este reclamo parece ser positiva. Según analistas, Cuba tiene una deuda financiera con la extinta URSS ascendente a 20 mil 800 millones de rublos. Ni Putin ni Medvédev son tontos. Saben que la capacidad de pago de la Isla a sus productos es nula. Cuba no es un buen mercado. Por tanto, las razones de este nuevo acercamiento son de corte geopolítico: Rusia busca recuperar su liderazgo entre los países con capacidad de decisión y su presencia en Latinoamérica ya demostró ser una buena manera de presionar a EE UU.

Está por ver si al gobierno de Castro II le interesa más dialogar con el nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, o convertirse en una pieza de ajedrez de la política exterior rusa. Hace 47 años, cuando la crisis de los misiles, el matrimonio con la Unión Soviética casi provoca la tercera Guerra Mundial. El intercambio petrolero tuvo su contraparte en el permiso de establecer en nuestro suelo instalaciones militares, como la Base Lourdes de espionaje electrónico.

Raúl Castro y su equipo tienen ahora dos opciones. O apuestan por Obama y su renovada visión del mundo o secundan las nuevas pretensiones geopolíticas del antiguo imperio de los zares. Por lo pronto, el coqueteo político con Moscú genera más dudas que esperanzas.

Iván García Quintero
La Habana

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