- dic 07, 2008 • 15:35h
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Caminábamos por Galiano ayer, Jaad y yo, buscando un lugar para tomarnos una malta y hablar un poquitico antes de separarnos, cada uno a su respectivo lugar. La ciudad era el colmo de la decadencia, el lugarcito ni siquiera apareció y el espíritu del Festival de Cine, gente en la calle, movimiento nocturno, en general vida citadina, era nulo.
Cuando llegué al Vedado había gente en las colas de los cines, pero eran moderadas, y para ser sábado nocturno, en general, escasa.
Mientras veíamos los que detrás de los cristales ocupaban los Rápidos decadentes, Jaad me decía que le parecía estar mirando una prisión, personas encarceladas por su propia voluntad en sus míseras vidas. Ernesto me pide que le escriba un post al Festival, sobre el supuesto ambiente supuestamente festivalero, pero las ganas de hacerlo son tan escasas como la vida en la Habana.
Como la gente en los cines. La gente permanece como la ciudad que habita: estancada, inamovible. Como si se quedara sin aliento.
La calidad de las películas que se presentan cada año desmejora, eso es ya habitual. Cada año hay menos cosas interesantes que poder disfrutar en cuanto a contemporaneidad y en cuanto a todo. Los tantos festivales independientes que existen acá nos son por completo ajenos y desconocidos, porque como siempre la información queda atrás.
Lo nuevo, lo último, lo más novedoso se retrasa hasta el espanto, falta la chispa global del ritmo alucinante del mundo allá afuera. De un mundo despierto.
La ciudad es como un cangrejo anidado metros y metros de arena que se demora mucho en salir a la superficie y prefiere entonces no hacerlo, la oscuridad de la cueva allá abajo le resulta más confortable. Algo no puede pasarse por alto a los que salen de sus nidos y asoman las antenas: los policías se multiplican y las calles se vacían. Horror mudo. Estado de sitio. Sombras ennegrecidas.
Los operativos en las calles son tan evidentes que ayer en la noche llegué a pensar que habían más de ellos que de nosotros, ciudadanos normalmente adormilados.
La ciudad es lenta. Se encangreja o se encaracola en sí misma. Se hace odiosa. Y la nube de hastío crece y la cubre. No participamos de un Festival, de ninguna fiesta de la imagen, ni de una alegre ciudad llena de luces navideñas; somos parte testimonial de un desmoronamiento inevitable de todas las cosas en un tiempo adagio o de marcha fúnebre. El desánimo traducido en cada rostro cansado, demasiado tranquilo.
Puede decirse que los aires son infelices en este “invierno” inventado de frentes fríos casuales. Puede decirse que la Habana es más un cementerio que una cárcel.
La tristeza del que llega después de un tiempo —como Jaad— y la descubre descendiente y vertiginosa en cámara lenta es incomparable a mi propia tristeza, más empañada cada día.
Hay algo paralizado y mustio que no permite la menor reacción, la mínima sacudida, el sobresalto característico de los vivos.
Lia Villares
La Habana







Apoyo totalmente lo escrito por Lía, y la visión de cada cosa depende de quién la mire. Esperemos que el Festival de Cine no se convierta, con el paso del tiempo, en un recuerdo muy distante, en polvo, en realismo socialista (?).
Lo que nos pasa a los cubanos que dejamos la Islilita es que somos demasiado existencialistas y, por extensión, en exceso nostálgicos.
Las preguntas de si debimos o no quedarnos en Cuba me parece que al menos una vez a la semana la tenemos en la mente, y también el sueno (al menos a mí me ha sucedido) de que estás nuevamente en Cuba y no puedes salir. Una pesadilla.
Tal parece que alguien inteligente y conocedor de la cultural oriental, en el 59 dijo esa maldición china sumamente suspicaz: OJALA TENGAS UNA VIDA INTERESANTE.
De VIDA, por inercia. De INTERESANTE, nada.
De SUFRIMIENTO, todo.
Nada, que Cuba se ha convertido en un país tan deprimente como Escocia, gris, fría, enigmática. Amén de todas las distancias. Precisamente por lo que he leído más arriba, entre otros asuntillos más capciosos, es que en Cuba se está como está: es imposible que alguien opine diferente. Ahí es cuando comienzan las agresiones. Peor cuando opinas diferente y tienes la razón en todo lo que dices.
Hemos perdido el sentido de la coherencia. Si alguna vez nos han permitido ser coherentes en Cuba.
Lo que le pasa a Ronja nos pasa a muchos, yo también decidí emigrar cuando tuve la oportunidad y una y mil veces me he llegado a reprochar el no haber hecho nada por Cubita.
Ojala la vida me de una oportunidad de hacer algo por “ella”.
Así, tal como se siente Lía, me sentía yo a los 23 años. Por eso me fui de Cuba a esa mismitica edad: me negaba a vivir en una ciudad muerta, en un país muerto, en un lugar donde te sancionan por vivir. Mi vida ha sido exitosa y soy feliz, sobretodo porque me he realizado profesionalmente y tengo la libertad de decir lo que no me gusta, cuando no me gusta acá, en el mundo de afuera.
Pero constantemente me cuestiono, después de casi cinco años exiliada… sin poder ver a mi familia que vive en esa ciudad de sombras que se llama Habana… ¿Hubiera sido mejor que me quedara? ¿Hubiera sido mejor luchar, contra ese desgobierno de marras, al menos escribiendo un blog? ¿Fui cobarde porque huí y ahora doy mis opiniones en la distancia?
….¿Qué creer tú, Lía? ¿Qué harías si tuvieras la oportunidad de dejar esa ciudad muerta, pero enigmática? ¿Tomarías la decisión de dejar de luchar desde adentro?
Hay gente en la Habana con otras versiones, hay gente que aún se divierte caballeros, tambien cuentan los estados de ánimo. Y ya salio la policía a repartir palos para quien no habla como a ella le gusta… Uffffffffffff que pesadez por dios…. este blog se esta poniendo del carajo.
Lía es una joven cubana muy enfadada con la realidad que le dejaron sus padres. Tiene toda la razón.
Los jóvenes como ella existen en todos los países del mundo. Son importantísimos, porque son el combustible que hace que el mundo avance.
Ya le tocará a su generación gobernar Cuba. Es inevitable porque las generaciones anteriores tienen que desaparecer.
Cuando la generación de Lía gobierne Cuba, estoy seguro de que lograran hacer un país mil veces más libre y próspero que el actual.
La que esta percudida es la HABANA.
Yo me acabo de mirar toda la programación, y la verdad es que hay poca cosa que valga la pena.
El único empercudido es usted Juan Marzán. Lía tiene todo el derecho a dar su versión, la que ella vive, de ese festival, en el que trabajé y donde hay mucha mierda que pasa como la última coca-cola del desierto. Es cierto, los festivales, ya desde hace años, han bajado su calidad mortalmente… el que está perdido es usted.
Estás empercudida Lia…¡Despierta que hay buenas peliculas que ver en este FEstival!
Es que no sabes que se proyectan estrenos de -España, Canada. Noruega, Italia y Francia?
Pero oye, ¿tu eres cinefila o estás perdida?
Ya sabemos que hay un régimen decadente, pero dejame al menos disfrutar el buen cine.