- nov 23, 2008 • 13:22h
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Los críticos norteamericanos han empezado a hablar de “nueva nostalgia cubana” para referirse a un grupo de libros (Finding Mañana, de Mirta Ojito; Waiting for Snow in Havana, de Carlos Eire; Child of the Revolution, de Luis M. García; Fighting Castro. A Love Story, de Kay Abella; Telex from Cuba, la novela de Rachel Kushner, entre otros…) que reconstruyen una experiencia cubana desde el legado de la memoria y a veces, como en el caso del reciente Take me with you, de Carlos Frías, desde el choque entre esa memoria y la realidad revisitada.
El fenómeno (del que no hablan mucho los “medios cubanos”) tiene más o menos tres años, y obliga a repensar hasta qué punto eso que conocemos como “literatura cubana” ha empezado a ampliar sus límites para acoger, no sólo a una buena cantidad de libros escritos en inglés, sino también un tipo de experiencia que ya no encaja en el molde tradicional del desarraigo. Curiosamente, en la mayoría de estos libros la política no es un ruido de fondo, sino parte medular de la experiencia narrada.




No tiene usted razón, Guicho, con esos gritos, o no está gritando? Los escritores gallegos, que escriben en gallego, no pertenecen a la literatura española? Toda literatura nacional, según usted, se escribe en una sola lengua. Pero fíjese que no es así, porque hay muchos países, y Cuba es uno de ellos, su extensión miamense, en los que se hablan dos lenguas, español e inglés. Y en Perú, la literatura escrita en Quechua, es peruana? O tan solo la que se escribe en español? Y en Bélgica, y en Cánada, etc. La lengua no es lo único que define, sino muchas otras cosas, un espíritu nacional
What?!
¡Qué va! La literatura cubana no acoge ni coge ni recoge libros escritos en inglés, aunque los firme un tal García. Esa opción se cerró en 1902.
En realidad eso vale para cualquier nacionalidad inmigratoria, ni Charles Bukowski fue un literato alemán ni Junot Díaz un escritor dominicano.