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Ballet Nacional de Cuba: sesenta aniversario

  • Nov 23, 200819:58h
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Recién finalizó el 21 Festival Internacional de Ballet de La Habana, dedicado a festejar el 60 aniversario del Ballet Nacional de Cuba. Siempre comienza el 28 de octubre, que fue cuando se fundó la compañía, bajo el nombre de “Ballet Alicia Alonso” (BAA). Casualmente, ese mismo día nació el New York City Ballet de George Balanchine.

Por entonces, debido a problemas financieros, el Ballet Theatre de New York (hoy, American Ballet Theatre) había cerrado. Alicia Alonso era, como se sabe, la primera figura de esta compañía. Junto con ella —y con Fernando Alonso,  director general del BAA, más Alberto Alonso, director artístico y primer bailarín—, salieron del Ballet Theatre 20 bailarines (entre ellos, Igor Youskevitch, Royes Fernández, Melissa Hayden, Barbara Fallis, Paula Lloyd, Cynthia Riseley), un técnico de escena y los directores de orquesta Max Goberman, Ben Steinberg y Seymour Filkenstein. Los bailarines cubanos fueron 8 (entre ellos, Dulce Wohner), más el pianista Alberto Fernández y las vestuaristas Ernestina del Hoyo (la madre de Alicia) y Angelina Radillo.

En 1955, la compañía adoptó el nombre de Ballet de Cuba, pero en 1956 recesó, según la versión oficial, para “no plegarse a los deseos de la tiranía de Fulgencio Batista de convertirla en una entidad oficial, lo que de hecho suponía su conversión en un instrumento propagandista del régimen”. Alicia Alonso, ya lo hemos dicho, prefirió convertirse en ese mismo instrumento a partir de 1959 y hasta la fecha.

Su excepcionalidad como bailarina, inspiradora, motor y madre de todas las voluntades, más la decisiva y eminente labor fundacional del maestro Fernando Alonso (a quien no se le suele reconocer su mérito) y lo aportado coreográficamente (que es lo que otorga un valor distintivo, en el origen, a un movimiento “nacional” de ballet) por Alberto Alonso, desembocaron en una compañía que llegó a estar entre las mejores del mundo, y una llamada “escuela cubana de ballet” cuyos mejores talentos son hoy un rubro de exportación.

El “logro” propiamente artístico del BNC resulta inseparable del “más grande logro cultural de la Revolución” por el apoyo financiero y del Estado que hacía falta para convertir una institución de ballet clásico en Escuela nacional. Devenido “arte culto” de un régimen totalitario, la deriva del BNC ha sido perfectamente armónica con su tradición y origen. Pero luego del “período especial” y la crisis, el apoyo “económico” se ha convertido, cada vez más, en apoyo político.

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A propósito del aniversario, leí que alguien dijo que si Alicia Alonso no hubiese permanecido en Cuba luego de 1959, no habría existido el “ballet cubano”. No es cierto. Alicia, Fernando, Alberto Alonso y tantos otros fueron en principio el resultado de la Sociedad Pro-Arte Musical, y de su propio talento y vocación. El ballet cubano existía. Que el régimen totalitario, en razón de sus características, lo haya  definido como “escuela nacional” y haya hecho de Alicia Alonso el alfa y el omega de tal escuela, es sencillamente la mejor prueba de una cultura totalitaria, ilustrada por la última metáfora de Fidel Castro en la carta que fue leída por Abel Prieto en la apertura del Festival de Ballet: “Hoy el Ballet y otras muchas actividades del arte y la cultura se han masificado. Aquella fue como la mano de seda que despertó el genio dormido en el fondo del alma de nuestro pueblo”.

La verdad es que el “genio” estaba bien despierto, y no precisamente en el fondo. “La mano de seda” fue sí, la de un arte que puede ser instrumento idóneo para tales objetivos.

En cuanto a la “masificación”, quisiera recordar una anécdota. En los años 60, Castro asiste a una función de ballet en el García Lorca. El teatro repleto y el público entusiasta lo condujeron a plantearle a Alicia Alonso, al final de la representación, que un recinto así no era suficiente. Había que ir a bailar en los estadios de béisbol. Alonso le habría respondido que no era juicioso, ya que el ballet sólo podía ser apreciado en ese espacio tradicional. Así se ganó su Gran Teatro.

De parecida manera se ha “ganado” a su compañía. En la función inaugural del evento, sólo Alicia Alonso apareció en el escenario tras el desfile. Entre el público permanecieron sentadas figuras como Loipa Araújo, Aurora Bosch, Marta García, Lázaro Carreño, Adolfo Roval. Fernando Alonso ni siquiera estuvo sentado en lo que se denomina la “presidencia” del teatro. ¿Aniversario del BNC? Sólo existen Ella y su compañía, o sea, los bailarines actuales.

Peripecias diversas salpican siempre los festivales de ballet de La Habana. Esta vez, se fue la luz en el teatro en una función de El amor brujo, a cargo del Centro Coreográfico de Valencia. Los daneses presentes profirieron un “ooohhhh”… Cuando se restableció la corriente, los artistas que tuvieron que volver a empezar su baile. Recuerdo, años atrás, un pas de deux de El Corsario que tuvo que ser bailado sin música, al cesar la grabación —debido a “problemas técnicos”. Todo esto ha empañado una celebración concebida como apoteosis personal.

De la otra “joya” coreográfica de este último aniversario, el ballet sobre el Che del francés Michel Descombey, me han dicho que un cierto morbo lo distingue: entre pedazos del rostro del asesino que aparecen uno a uno en la proyección, se escucha el sonido de unos disparos casi reales.

Isis Wirth
Munich

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