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Algo podría comenzar este martes*

  • nov 04, 200817:41h
  • 2 comentarios

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La calle no es la misma ni las vecinas —normalmente chachareando en las colas de los mercados— hablan hoy de los temas de siempre. Levantan las cejas y señalan hacia el Norte, mientras hacen vaticinios sobre quién saldrá electo en las urnas norteamericanas. No recuerdo haber vivido una algarabía así alrededor de las elecciones presidenciales cubanas de febrero pasado.
El zapatero de mi edificio ya tomó partido por un candidato y la viejita que vende flores tiene colgado en la blusa un sello de Obama. Nuestra aburrida trayectoria de dos presidentes en cincuenta años nos exacerba la curiosidad hacia las elecciones foráneas. También sabemos que la decisión de los votantes estadunidenses repercutirá aquí adentro y no tan metafóricamente como el aleteo de una mariposa en el Amazonas. Las remesas que permiten a miles de familias cubanas llegar a fin de mes vienen fundamentalmente de la otra orilla, donde habita una porción de esta Isla que los insultos de “gusanos”, “vendepatrias” y “mafiosos” no han logrado excluir de nuestros vínculos emocionales y familiares. El propio discurso político de nuestros gobernantes perdería eficacia sin colocar a los Estados Unidos en el papel del enemigo. Nunca como hoy el destino de Cuba ha estado tan aparentemente separado y, sin embargo, tan dependiente de lo que ocurra a noventa millas.
Así que todos estamos expectantes de quién saldrá ganador este martes 4 de noviembre. Los que tienen hijos que sólo pueden venir a visitarlos cada tres años, confían en que el candidato demócrata flexibilizará los viajes a la Isla. Otros apuestan a que la mano dura de los republicanos logrará forzar las aperturas que hemos esperado por décadas. Ante el pronóstico reservado que muestra el interior de nuestro país, hay quienes aseguran que el resultado de hoy pondrá en marcha o descarrilará —definitivamente— el carro de las reformas en Cuba.
Yo preferiría que lo empujáramos nosotros mismos, pero muy pocos quieren cambiar la labor de profeta por la ardua tarea de hacer que las cosas ocurran. Hasta la hora que escribo este post, el caprichoso vehículo de los cambios parece estar varado al borde de la calle. Tengo mis dudas de si lo acontecido este martes lo impulsará a moverse.

Yoani Sánchez
La Habana

*Este post ha sido publicado originalmente en el blog Generación Y. El gobierno cubano ha tomado medidas para dificultar el acceso a los internautas que intentan conectarse a Generación Y y otros blogs dentro de la isla. En un esfuerzo por difundir el trabajo de la bloguera Yoani Sánchez, PD reproduce textualmente sus entradas.

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2 respuestas
Comentarios

  • Rogelio dice:

    Esto de Obama es otro plazo más que nos damos los cubanos: a ver si otro nos resuelve la papeleta.
    Otros cuatro años más mirando para fuera y evitando (los cubanos somos en esencia evitadores) tomar el toro por los cuernos.
    Claro que Yoani es la que menos se merece esta descarga…

  • Anónimo dice:

    Más por suerte que por desgracia, Yoani, las dudas aquí son más que sabias que las esperanzas. Se basan en una experiencia acumulada a lo largo de medio siglo y diez inquilinos de la Casa Blanca, de todos los pelajes.

    En el hipotético de que un posible triunfo de Obama catalizara cambios perceptibles en la Isla, se reactivaría sin falta a corto plazo el ciclo fatal de nuestro ancestral complejo de inferioridad hacia el “Norte revuelto y brutal”. Con las consabidas consencuencias a mediano plazo…

    Pero incluso eso es una quimera. Lo seguro es que los efectos del “aleteo de mariposas” se apenas se hagan sentir en un ligero cambio de estilo de la retórica oficial. Si a tanto llega…

    Saludos,

    El Abicú