- oct 17, 2008 • 10:24h
- 7 comentarios
Aunque la persecución se ha anunciado contra los que desvíen recursos, especulen con los precios o hurten alimentos, el mercado oficial también ha colapsado por estos días. En un breve recorrido por las cafeterías estatales de mi barrio, pude comprobar la reducción de las ofertas. Un restaurante en pesos convertibles y especializado en pescado no vende ya pizzas de camarones ni arroz a la marinera. ¿Por qué? Porque en esta Isla nada puede escapar a la presencia del trapicheo informal, a los brazos que en la sombra de la ilegalidad sostienen hasta lo que parecía ciento por ciento estatal.
Para mantener las ventas en las cafeterías y restaurantes, evidentemente se necesitaban los suministros del mercado negro. Una buena parte de lo que se vendía bajo la máscara de ser asignado de forma oficial, en realidad había sido comprada por los propios empleados a vendedores informales. Con los recursos que las empresas distribuidoras de alimentos colocan en los centros públicos no se podría mantener una oferta constante. Los camareros y administradores de esos sitios trabajaban allí fundamentalmente por la ganancia extra-salarial que dejaba la venta de estos productos ilegales. Al no poder obtener estos dividendos, han perdido el interés de tener la tablilla de anuncios llena y los clientes lo notan.
Por la obsesión de cazar al ratón, el gato ha visto atrapada su propia cola en la trampa. Esa peluda prolongación de ilegalidad y corrupción que, al cortársela, lo desangra en poco tiempo.
Yoani Sánchez
La Habana
*Este post ha sido publicado originalmente en el blog Generación Y. El gobierno cubano ha tomado medidas para dificultar el acceso a los internautas que intentan conectarse a Generación Y y otros blogs dentro de la isla. En un esfuerzo por difundir el trabajo de la bloguera Yoani Sánchez, PD reproduce textualmente sus entradas.





Caballeros: en el blog de ella este mismo post ha merecido 785 comentarios. Sus posts se comentan muchísimo,, pero tiene más sentido hacerlo alli y no aqui.
Se me ocurre que similares c’ronicas pero de la vida diaria del exilio no suscitan el mismo tipo de valoracion. En mi opinión, en ese sentido, las tempranas crónicas del Yoyo sobre la vida en Europa eran estupendas. Pero la vida en el exilio no vende ni tiene interés para los poderes mediáticos en busca de exoticismo socialista.
Me encantan los posts de Yoani. Soy un gran admirador de ella. Es una cubana que desde La Habana pone un blog con su cara y todos sus datos… y dice lo que piensa.
Con cien como ella habría acabado la dictadura hace tiempo.
El que no pueda decir nada nuevo no es culpa suya. Con variaciones, sigue sucediendo lo mismo.
Á mi me sigue siendo prefabricada y poco original, prefiero los mails de mis amigos en cuba, son mas autenticos y ademas de llorar ríen. No dice nada nuevo, nunca
De acuerdo con Woland.
Es cierto, David. Me pasa lo mismo. ¿Por qué no comentamos nada de estas crónicas? No sé, creo que en buen aparte es porque terminas de leerlas y dices “así mismo es”. ¿Qué más puedes añadir?
Algún día (cercano) las crónicas de Yoani servirán para estudiar en detalle estos penúltimos días…
Me resulta curioso que nadie comente las entradas (posts) de Yoani Sánchez. Verdaderamente yo comencé recelando de ella, en el sentido de que me parecía “demasiado posible” y que todo el subidón mediático de Yoani me parecía inmediato y fácil, como pre-fabricado. Pero luego, amigos de dentro me han explicado ciertas cosas que creo posible, de la misma forma que en cada época vivida se han “inventado” trucos en el buen sentido, mantener cierto equilibrio ético en la vida. Creo que últimamente ha sido atacada desde los órganos (de puntería, título nefasto de aquel Paca Garza La Activa, apodo que tenía en Camagüey cuando era “compromiso” de Manolito Martínez en los early 60s y yo casi no había nacido) de la disidencia por ser algo así como no suficientemente desidente. Desgraciadamente la parte dañada en nosotros por los años de Revolución no se limitan sólo a la perversión del lenguaje.
En mi opinión –que no interesa a nadie– con sólo narrar lo que ve llega mucho más lejos que cualquier arenga enfebrecida. Hay un tono, “un tono”, con el que puedo conjugar mi resabio y mi inconformidad, y creo que es una persona inteligente (ojo: no lista, éso es otra cosa).