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Viscontiano Solás

  • Sep 18, 200822:03h
  • 28 comentarios

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Lo conocí durante la preproducción y filmación de su película Cecilia. En plena secuencia del Vía Crucis, en la calle de Amargura, nos hablamos por primera vez. Recuerdo que dijo que estaba haciendo el Acorazado Potemkin cubano; lo gritó desde la grúa, mientras su tío Enrique cargaba la cruz. Enrique era extra o figurante de todas sus películas, un viejo delgado y elegante que sentía adoración por el sobrino artista. Enrique era mi vecino, y Humberto siempre que lo visitaba pasaba por mi casa a conversar con mi madre. Ya yo medio que me había fugado de la tutela materna.

Una mañana, Mario Crespo, uno de sus asistentes de dirección, me paró en plena plaza de la Catedral para preguntarme dónde había comprado el litro de leche. Yo vivía en Mercaderes 2, el solar de los escritores y artistas. “Por la libreta, a peso”, contesté, y nos echamos a reír. Esa misma mañana me fui a la playa, sola; regresé con una insolación. Frente a La Bodeguita del Medio, Imanol Arias me detuvo para invitarme a cenar junto al equipo de la filmación. Su mujer, la de aquella época, Socorro, una actriz de teatro, fue muy amable conmigo. Asistí a toda la filmación de Cecilia, a los caprichos del director (a los reales y a los inventados) y conocí a todos los que hicieron de esa película un emblema, más que una obra de arte, de la cinematografía cubana.

Humberto jamás ocultó su profunda admiración por el cineasta italiano Luchino Visconti. Incluso, en cierta ocasión, en una tarde matancera en la casa de Sergio Giral y de su pareja Armando, mientras veíamos por enésima vez Senso, con guión de Tennessee Williams, la actriz Daysi Granados se llevó las manos a la cabeza y dijo: “Acabo de darme cuenta de dónde sacó Humberto tal y tal efecto de la huída final de Cecilia, ¡si me lo hubiera recordado no sólo nos hubiéramos ahorrado tiempo, además me habría quitado numerosos tormentos de encima”. Para nadie constituye un secreto que Humberto Solás solía hacer sufrir a las actrices, con tal de sacar lo mejor de ellas. También a los actores: se cuenta que a Imanol Arias, en la escena de la Iglesia, lo hizo dar vueltas como un trompo y lo galleteó (abofeteó sonaría mejor, pero lo más literal es lo primero) para sacarle la furia y la locura desde lo más hondo. Nunca presencié un acto de ese tipo, pero no lo dudo; el mismo Humberto nunca lo negó en mi presencia, más bien se burlaba de sí mismo y de su fama de director perverso.

Solás tuvo la suerte de tener los mejores equipos y todo el apoyo del ICAIC en tiempos de Alfredo Guevara (nadie ignora que era su “niño lindo”). Pero entre las personas que no sólo lo sostuvieron con su trabajo, sino que además aprendieron mucho de él y contribuyeron a su maestría estuvieron Mario Crespo (a quien cité antes), Mayra Segura y muchos otros jóvenes realizadores de la época, como por ejemplo, Arturo Sotto. Antes Humberto había tenido un apoyo incomparable —una suerte de pareja artística, aunque también lo fueron en la vida durante años: el editor Nelson Rodríguez—, quien le dio muchas claves al cineasta, a través de su sólido conocimiento de la cinematografía y del montaje. El propio Solás era un hombre culto y mundano, en la medida en que se puede serlo en Cuba, y viajó mucho. Su sueño era retirarse a la India, y escribir allí una gran película.

La cinematografía cubana tenía dos cabezas, dos corrientes que de alguna manera obstruían la libertad de los demás —aunque libertad no había mucha, ya lo sabemos: Humberto Solás y Tomás Gutiérrez Alea. Estaban y están los que seguían incondicionalmente al primero, y no apreciaban la obra del segundo, y a la inversa. Pero entre los celos, que existían, ambos se respetaban cordialmente. Humberto Solás fue un artista más comprometido con el romanticismo de la época, quizá menos comprendido y más criticado por sus excesos. Titón fue más comprometido con la crítica, hasta donde quiso serlo y hasta donde pudo, y la intelectualidad habanera le seguía más cómodamente.

Durante los primeros años mi amistad con Humberto Solás pasaba por su tío Enrique Solás, y por otras relaciones; años más tarde leyó mi poemario Todo para una sombra y me envió frases elogiosas, a partir de ahí me tuvo otra consideración.

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Durante un invierno parisino vivió varios meses muy cerca de mi casa, en el Marais. Nos veíamos cada noche, cenábamos juntos. En privado era muy crítico con el castrismo, aunque no se abría fácilmente con todo el mundo. Pero dentro de Cuba y para los “observadores extranjeros” mantuvo una posición elogiosa de la dictadura. Por esa razón discutimos en múltiples ocasiones, hasta que un día nos cansamos los dos y nunca más nos vimos. Recuerdo la primera vez que me dijo que haría un Festival del Cine Pobre. Le contesté: “¿Cómo puede el hombre que más dinero ha gastado en una película cubana hacer un Festival de Cine Pobre?” Su mirada se entristeció, pero enseguida recuperó el vigor y me respondió tajante: “Los tiempos cambian”. No me convenció.

La cinematografía de Humberto Solás no es una cinematografía desigual, como se ha dicho; aún su peor película posee el aliento y el sello de su estilo, el de un artista que vivió y bebió en el arte europeo, entre Luchino Visconti, Bernardo Bertolucci e Igmar Begman, a quienes conoció personalmente. Hizo de Daysi Granados nuestra Anna Magnani, y con Eslinda Núñez intentó moldear a una Silvana Mangano.

Una noche, mientras Telma, él y yo sacábamos a pasear a la perra por el Marais, nos confesó que estaba desencantado del arte y de todo, pero que jamás se rendiría. Le pregunté si era verdad que él había participado en el secuestro de Fangio, volvió a confesarme que era cierto, y me recordó que ya yo le había preguntado lo mismo unos cuantos años antes en La Habana. “¿No te apetecería quedarte a vivir en Francia?”, le preguntó un actor francés, amigo nuestro. “No —dijo—, tengo a mi familia, a mis sobrinos, a mi hermana, ellos dependen de mí”. “Lo que dicen muchos”, musité. De cualquier manera pudo vivir algún tiempo en Francia, apañado por las productoras que esperaban de él una película con Catherine Deneuve.

Leyó La nada cotidiana y me dijo que sería una excelente película, que le habría gustado llevarla al cine; por aquella época yo había recibido proposiciones de directores importantes que nunca concretizaron nada por culpa de las producciones. Humberto supo hacerme recomendaciones, y el guión que escribí a partir de mi novela debe mucho a sus consejos. Aunque no fue el mejor critico ni el más pertinaz director con sus propios guiones, sin embargo sabía juzgar los de los demás, y sus propuestas solían ser certeras y agudas.

Con Alba de Céspedes trabajé el guión de El siglo de las luces, mínimamente; mi trabajo consistió en leer y desalmidonar los diálogos, lo que apenas pude conseguir. A Humberto le fascinaba que se sintiera la literatura en las conversaciones cinematográficas.
No fue un enemigo, jamás criticó mis puntos de vista, no sólo cuando los proferí delante de él en el exilio, cuando hablábamos en Cuba de la situación política. Era un hombre que se resignaba, como tantos otros, e intentaba sacar tajada del sistema en el que creyó y del que nunca se arrepintió públicamente.

Pero en los últimos tiempos, al menos los que vivimos Ricardo y yo aquí en París, era un hombre triste, irónico a veces, rara vez divertido, un enamorado de la cultura europea, aunque un poco perdido en ella, porque como él mismo decía, los tiempos cambian. Y París iba demasiado rápido para su gusto.

Asistí al estreno de su primer teléfono celular, cuando empezaron a aparecer en esta ciudad. Aún no llevaban cámaras ni ningún aditamento de los últimos, eran los primeros modelos. “¿Se hará cine alguna vez con este aparatico?”, preguntó, más bien perplejo.
El cineasta del que se esperaba la mayor audacia en la gran pantalla terminó filmando en video películas de bajísimo presupuesto, baratas también en contenido. Pero yo sé que aquella historia de amor, entre dos hombres, que iba a transcurrir en la India, y de la que siempre me contaba un fragmento, jamás lo abandonó. Las obsesiones no abandonan jamás a los poetas, y él lo era.

Zoé Valdés
París

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Penúltimos días.

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28 respuestas
Comentarios

  • Y yo lo conocí cuando era muy joven, cuando él soñaba con hacer cualquier cosa con el nombre ICAIC, cuando Eslinda pensaba que era un riesgo que tendría que tomar algún día trabajar con Humberto. En aquellos cuandos en que sus preferencias artísticas las daba a conocer a todos y sus otras preferencias solo a quienes podrían ayudar en la carrera. En un lugar en que ser recto indicaba un suicidio artístico y ser honesto un suicidio político.

  • extraño fenòmeno el de los artistas en Cuba, que hacen su obra con el dinero del pueblo. ninguno tuvo jamas que ir con productores o mesìas para juntar dinero y hacer su arte.Y luego someterla a las reglas del mercado. Q jamòn eso que a. guevara (a costa del hambre de Cuba, diera dinero para un aborto cinematgrafico como cecilia) mamar la teta de la vaca, aplica igual para artistas, cantantes, etc. Admiro los que se fueron (olga Guillot yCelia Cruz) para hacer su obra y ponerla a consideraciòn del mercado. El cine de Solàs se me hace muy denso, intimista, para èl, muy pajero, pero pagado por el estado. Sòlo una pelìcula salvarìa de las llamas “La muerte de un bucròcrata”… federico wilkins p.d. algo raro paso con su muerte practicamente silenciada por el règimen.

  • Ileana Ciurla dice:

    Muy interesante todo lo referente a este director de cine, pero si su familia vivia en Cuba es logico que se le hacia mas dificil decidir dejar Cuba, independientemente de su ideologia. En todo caso, nunca habia visto una foto suya, era un tipo muy guapo.

  • lenguaechucho dice:

    Rositica, que baja y asquerosas son esas infamias. Mario Crespo es amigo y tiene muchos amigos homosexuales incluso de aquel grupo que se autodenominó Las Leandras. Mucha gente de la escuela de letras puede dar fe de cómo defendía a muchos homos y no homos de las insidias de Noemí Maderos y Tomás y otros. Luchó por sacar a Xiomara del Rosario de la fábrica de fósforos a dónde la habían mandado a trabajar. Defendió mucho a Cachita, la novia de Pepón a quien querian echar porque era religiosa. Me consta que M.Crespo no ha perjudicado nunca a nadie, pero es que además nunca tuvo tanto poder. ¿No será que tu eres una resentida a quien el nunca hizo caso?

  • ET dice:

    Cómo siempre genial Zoe. Me encanta pasar por tu blog antes de ponerme a trabajar. Me emociona y me da fuerzas.
    Ah y que cada palo aguante su vela…

  • cucurucho dice:

    Felicidades Zoé. Honrar honra dijo Martí. Qué lastima que usen tu espacio para difamar a personas que trabajan y han trabajado honestamente.
    Zoé no mereces que se escriba tanta porquería en tu blog. Haces un gran trabajo recordando a tus amigos que quedaron en Cuba ( cada quien tiene sus motivos) o que han salido del país.

  • Emil H dice:

    No sería justo echarle toda la culpa a Mario Crespo. También hubo otros gays muy destacados en la purga de ‘las leandras’ (grupo del que recuerdo a Tomasito Fernández, el de la BBteca Nacnal, que luego se ha vuelto oficialista). Junto a Mario Crespo se destacaron en las expulsiones de homosexuales de 1971 uno medio rubio de apellido Gorriti (luego trabajaría ecomo dtor. teatro), Carlos Paz (creo que de Camagüey) y Orlando Rojas, que sería poco después presidente de la FEU a nivel de escuela cuando Letras y Lenguas se dividieron.

  • Buena Vista East Online dice:

    Solás para solaz de locas solas. Sólo nuestra crueldad visceral y atávica en lugar de homenaje. Ménage a trois de los tres hemisferios de nuestras Martian Heads. Sentido texto.

  • rva dice:

    que bajo es cuestionar la hombria de un hombre sin pruebas. que bajo!

  • Wendy Ponce dice:

    Pero si que se hizo el Festival de cine pobre, en Gibara, un pueblo costero de la ciudad de Holguin, y ya va por la quinta edicion………

  • ROSITICA dice:

    Bueno, Chano, el gay mato a su antiguo verdugo
    hay dos versiones y una es que lo secuestro y que religiosamente lo torturaba todos los dias con un espectaculo de travestismo donde el gay Doblaba el PONICHINELA de la Montiel y otros numeritos de vaudeville y, la otra que llego al trabajo y le disparo. Yo, no se la version verdadera pero las dos me parecen tragicas. SALUDOS.

  • Fray Franelo dice:

    Suscribo lo que dice Conchi 100 %, pero quiero matizarlo. Esto no constituye para nada una descalificación del trabajo de Zoé, a quien admiro y respeto. Zoé conoció al ‘otro’ Mario Crespo, que también existía. Aunque yo no tenía trato directo con MC (estaba en otra especialidad), sí recuerdo que cuando en una ocasión me vio en la cola-perrera de la Cinemateca (cuando lo de la galsnost, creo), salió a buscarme y muy amablemente me coló en el cine…. Era el tipo ‘buena gente’, pero hasta ahí….. Fue muy activo en las purgas que se inauguraron en 1971 con la expulsión de Carlos Victoria, un ser bueno que nunca hubiera dicho nada al respecto. Yo creo sin embargo que esas cosas deben saberse.

  • Paty dice:

    Solo puedo decir que Solas no solo fue un hombre que escogia muy bien sus actrices, paises donde filmar, atrayentes tramas epicas etc etcc sino que tambien supo elegir muy bien y la perefeccion los escenografos de sus peliculas, sus directores de arte, sus fotografos, sus vestuaristas y sus locaciones inolvidables. Fue sin dudas lo que se puede decir un buen director que se rodeaba en el mejor equipo..

  • Luis Gonzalez dice:

    Para que lo sepan todos, Mario Crespo vive en ¡Venezuela! y allì está ¡casado!
    No me pregunten con quien…

  • Chano dice:

    Rositica, se mas precisa mi’ja. dinos quienes son los senores, cuando ocurrio el chisme, y en que termino la historia. Hay tantas cosas tragicas!

  • ROSITICA dice:

    HAY, UNA HISTORIA MUY INTERESANTE QUE SUCEDIO EN MIAMI DESPUES DEL MARIEL .
    Un hombre gay en sus 30’s largos, empezo a trabajar en un club GAY en Miami despues de varios mases trabajando en el club descubre que el dueño, habia sido un terrible teniente y su, tormentador en el UMAP. El final fue TRAGICO.
    A lo mejor, Mario Crespo dirige algo en el EXILIO por la igualda de los GAYS.

  • Güicho dice:

    Gran homenaje. Bastante inmerecido, desde luego, pero eso no importa cuando es algo personal.

    Solás fue como una pizzería tropical. Una opción, si no puedes visitar los ristoranti en la Lombardía o en Campania. Mas resulta que, a diferencia de la gastronomía, en el cine no hay que viajar para conocer. Nunca digerí las pizzas humbertinas.

  • Ric dice:

    I just love the hypocrisy of communists: hacer “cine pobre” en Cuba… mientras se pasan largas temporadas de visita en París, Nueva York, Madrid o Miami. Eso es lo que hacía este señor. Perdón, pero a los muertos, por morirse, no hay por qué librarlos de responsabilidades.

  • Isis Wirth dice:

    Justo, intenso, preciso, único, este texto.

  • Woland dice:

    Gracias, por la información, Conchi – es bueno que estas cosas no se olviden…

    He recordado ahora haber leído que en las SS había una buena cantidad de descendientes de… judíos. Obviamente, el Sr. Crespo (bah: ese jeputa) milita en el mismo partido. La Internacional Jepútica, podríamos llamarla.

  • Conchi dice:

    Mario Crespo no fue cómplice de las purgas de 1971 contra los homosexuales en la Escuela de Letras / Lenguas. Fue el primer responsable. Y no exagero: dije el responsable número uno por la UJC. Incluso hubo un profesor que integraba la comisión de depuración y quiso salvar a algunos pero no pudo con la intransigencia de Mario Crespo. El profe me lo contó casi llorando. Mario Crespo no tiene ni siquiera el pretexto de la Ofensiva que vino después del Congreso Edu & Cult del 71, a raíz del caso Padilla, y que exacerbó la homofobia y la hijeputez. Las purgas que él dirigió fueron en meses anteriores. La cogió con un grupo de unos veinte gays conocidos como Las Leandras porque eran bastante fuertes, pero unos infelices muchachos. Uno de ellos, compañero mío desde el Pre, terminó suicidándose. Lo más triste de todo es que Mario Crespo y otros dos homófobos muy destacados en esas purgas eran gays ellos mismos. Qué horror de homosexuales homófobos.

  • Woland dice:

    ¡Hostia! ¡No me había enterado de la muerte de Rick Wright!!

    Quizás se puedan dedicar a Solás unas líneas del “Us and Them”:

    “Us, and them
    And after all we’re only ordinary men.
    Me, and you.
    God only knows it’s noz what we would choose to do.
    (…)
    Black and blue
    And who knows which is which and who is who.
    Up and down.
    But in the end it’s only round and round.
    (…)
    Down and out
    It can’t be helped but there’s a lot of it about.
    With, without.
    And who’ll deny it’s what the fighting’s all about?
    Out of the way, it’s a busy day
    I’ve got things on my mind.
    For the want of the price of tea and a slice
    The old man died.”

  • bustrófedon dice:

    Nunca fui aficionado de su obra (militaba más bien en el bando de los que gustaban de Titón), pero aún así: muy bello texto, Zoé. Felicidades y gracias.

    A propósito, recuerdo que hace menos de una década, el Festival de Cine Pobre (que se iba a llevar a cabo en una de las provincias del oriente de la isla) tuvo que ser suspendido… ¡por falta de recursos! Ah, la justicia poética.

    En paz descanse Solás.

  • Ric dice:

    Rositica, no te equivocas: Mario Crespo es (o era, no sé) un absoluto horror.

  • Ric dice:

    ¿Daisy Granados… Anna Magnani? Bueno…

    Humberto era inteligente e imaginativo, pero de una incultura pasmosa (inclusive sus conocimientos de historia estaban muy mal digeridos) y sumamente autoindulgente en su arte. Y perdón, a años luz de la profundidad intelectual (y ornamental) de Visconti… Tenía el complejo de culpa de que le debía todo a la Revolución, y esto contribuyó a que su oficio (y en parte su personalidad) no evolucionara más allá sus primeros chispazos juveniles. Nunca tuvo el peso intelectual para darle carga a una película entera. Por eso los tres cuentos de “Lucía” y sus documentales funcionan relativamente bien, mientras que Cecilia y El siglo son tan, tan deficientes.

  • ROSITICA dice:

    Yo trabaje con Humberto en CANTATA DE CHiLE y me impresionó su esfuerzo y su preocupacion por el bienestar de los caballos durante la filmacíon. Para mí, su mejor pelicula fue “UN DIA DE NOVIEMBRE”. Trabaje con Mario Crespo en PABLO, y me parecio un homofóbico, a pesar de su homosexualidad, por comentarios que hacía acerca de los extras gays y cómo terminó por eliminarlos a todos.

  • LOCADELBLOG dice:

    Gracias por acercarnos a Solás…, estoy cansada de solo leer de ciclones, gente triste y desesperanzada