Por casualidad me enteré que el poeta Ernesto Cardenal estaba en Cincinnati y que ayer, 8 de septiembre, ofrecía un recital de poesía, invitado por Xavier University, una pequeña institucion jesuita de gran prestigio académico, aunque no en el campo de la literatura.
Me apresuré para llegar a tiempo y observar la entrada de la fauna. Para mi sorpresa, el auditorio estaba repleto, un pequeño teatro de unas 600 butacas. Claro, la mayoría eran estudiantes que cumplían con algún requisito para obtener buenas notas. Un raudo Gallup mental (completamente subjetivo) me dice que el 90% de los presentes no tiene la menor idea de quién es el poeta.
Entra el Dr. David Knudsen, director del Departamento de Lenguas Romances de esta universidad y, tras agradecer su presencia a los asistentes procede a presentar al padre (¿compañero?, ¿ministro? ¿camarada?) Cardenal. Lee unas pequeñas cuartillas, copiadas de Wikipedia, y explica la estructura de la sesión. Cardenal leerá de su libro Cántico Cósmico, de 1989, el professor José María Montero leerá los poemas en inglés y la profesora Irene Hudson, organizadora del evento, traducirá los comentarios que haga Cardenal.
La última vez que vi a Ernesto Cardenal fue hace más de 30 años, cuando dio una lectura de poemas en la Plaza de la Catedral de La Habana (entonces aún sin restaurar, ruinosa y solariega). Al finalizar, un amigo ya difunto, Roberto Yanes, lo increpó con voz gangosa y desafiante: “¿Cómo reconcilia usted el catolicismo con el marxismo? ¿No es su contradicción una hipocresía moral?”. Por supuesto, Roberto fue amable y velozmente removido por dos eficientes companeros que para seguir con la rima del catolicismo le regalaron tres noches en la antigua villa de los Hermanos Maristas. Cuando aquello, por supuesto, no había prensa extranjera, ni Internet, ni camaritas clandestinas, y las desapariciones subitas no se reportaban. De todos modos, con perdón de Jorge Ulla y de Néstor Almendros, nadie escuchaba. Yo no tuve tiempo de hacer el menor gesto, Cardenal no pudo contestar la pregunta.
Hace 32 años, el poeta tenía el gris, largo, y llevaba una boina negra encajada hasta las cejas. Vestía blue jeans gastados, sandalias indígenas, una camiseta blanca y encima una cazadora beige. Hoy hizo su entrada con la misma boina negra encajada, sobre el pelo blanco, largo, vistiendo blue jeans gastados, sandalias indigenas, camiseta blanca y una cazadora beige. El clima era el mismo: un intenso calor. Sus pasos esta vez eran cortos, los de un anciano de 83 años. Entonces era la imagen de un poeta imponente, hoy parece un duendecillo de Solentiname.
Pero al leer sus poemas, el viejito se transformó y declamó con una voz vigorosa unos poemas dañados por el trabajo erosivo de la historia. Su devoción politica, evidente en la escritura urgente de muchos, ha sufrido demasiado con el paso del tiempo y de los vientos. Los menos politicos conservaban su fuerza. Pero la cadencia de su lectura fue impecable y cautivadora. En su voz los poemas sonaron más bellos de lo que son. Montero lee en impecable inglés, primero metódico y preciso, pero a medida que avanza la sesión se contagia con el poeta.
Termina la lectura y comienzan las preguntas. El primero en saltar es el Dr. Knudsen, que le pregunta: “¿Cómo concilia usted el cristianismo con el marxismo?” Me dan ganas de decirle que por eso mismo hace treinta años un amigo pagó con la prisión, pero a Dios gracias, esto es Estados Unidos y estamos en un recinto jesuita, ajeno a las fuerzas que desplazaron a los hermanos maristas. Cardenal contesta con un galimatías dialéctico que da más risa y pena que enardecimiento. Contestando a esta y a otro par de preguntas pseudo-políticas, cita repetidamente a Mao y a Teilhard de Chardin. Parece no enterarse (o no querer enterarse) de la evolucion de las ideologías y la ciencia (aunque repetidamente utiliza términos como globalizacion, big bang y revolucion pacifica). Se dice y se desdice patéticamente en una oratoria trespatinesca. No hay nada peor que pedir al poeta que se explique.
Yo quiero preguntar algo, pero me arrepiento. ¿Para qué? El poeta continúa criticando a Nixon, Somoza y Pinochet, pero no quiere mencionar a Castro, o a Ceacescu, y mucho menos hablar de Chavez. Sigue enarbolando con orgullo el “camarada” y “companero”. Sueña aún con la pesadilla desintegrada. Su discurso apenas preserva una tímida modernidad, ya muy démodé. No vale la pena. Nadie aquí entendería nada. A nadie aquí le importa mi amigo Yanes. Pero saludo al poeta. Soy un entusiasta de la poesía de Cardenal, sobre todo de la antología de Aloma. Cuando el castrismo y el sandinismo sean objetos de curiosidad arqueológica, su “Oración por Marylin Monroe” o su “Cuídate Claudia cuando estés conmigo…” todavía estremecerán la sensibilidad de los sensibles. Condeno su complicidad, pero acepto su humanidad y su contradicción caricaturesca. Hoy brindo por usted, Poeta, y por mi amigo Yanes.
Roberto Madrigal
Cincinnati





Muy bueno.
Muy bien. O muy mal. Muy bien por el texto de Madrigal. Muy mal por… por todo. Madrigal debería haber recordado “in situ” a su amigo Yanes. Pero también, para qué.
Muy buena reseña. ¡Gracias!
Coincido plenamente con Roberto. Sí, cuando nadie se acuerde de los Ortegas y Castros, la gente todavía leerá (en libros, pero más probable en una de’sas PowerPoint presentations), o escuchará versiones leídas por algún galán de Hollywood, o disfrutará vaya-Ud-a-saber-en-que-forma de la “Oración por Marilyn Monroe”, y de otros poemas de Cardenal.
Podría ser un buen epitafio para el poeta, pero una variación de aquel que sirve al espía de “Epitafio para un espía” me parece mejor, o al menos más abarcadora:
“NECESITABA CREER”.
Conozco los libros de Roberto Madrigal, muy buen texto. Es cierto que esos dos poemas son inolvidables, y añadiría esa bella antología Canto Cósmico, aunque de vez en cuando se le sale el ñángara al hablar de una galaxia, del amor, etc. Yo comprendo a Madrigal, la figura del vejete impone. Eso me pasó en múltiples ocasiones. Y la evocación de su amigo, de manera íntima, y ahora elevada a través de su escritura, me parece más hermosa, y quedará, como un poema de EC. Yo él se lo mandara por correo a la editorial, para que lo leyera.
Me pasó en múltiples ocasiones no con EC, con otros poetas añejos.
Los buenos poetas siempre son monstruos. Algunos se vuelven más monstruos de vez en cuando. Quizá deberíamos estar ahí los neófitos para recordarles también que son humanos.
Yo no. No me va el hermafroditismo poético-político. Me doy un trago por la memoria del pobre Yanes, y a Cardenal se lo vomito en las sandalias.
Espero que cuando el comediante Ortega lo meta a la carcel tenga suficiente tiempo para hacer poemas.
Por estos días EC ha sido enjuiciado, víctima de la venganza del matrimonio que gobierna Nicaragua .Más información en el blog de Sergio Ramírez http://www.elboomeran.com/blog/7/sergio-ramirez