Penúltimos Días

Punk geriátrico, música de elevadores

Septiembre 1, 2008 · 9 Comentarios

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La noche del concierto de Pablito Milanés en la Tribuna Antimperialista, una amiga mía se encontraba por casualidad en el público –una joven universitaria norteamericana, de visita en Cuba. Cuando le escribí diciéndole que habían arrestado a Gorki y golpeado a Yoani Sánchez, no podía creerlo: “Pero si yo estaba allí, en ese mismo concierto. ¡No puede ser! No me enteré de nada, no supe que estaba pasando lo que me cuentas. Llegué justo a tiempo para Yolanda…”
Y, cómo iba a enterarse, ¡si la música de Pablito le impedía escuchar la paliza!
Los firmantes de una carta abierta que circuló en las horas previas al concierto, esperaban que el cantautor hiciera una pausa y desde la tarima, delante de los banderones negros, denunciara a la policía y demandara la liberación de Gorki. Pero en vez de eso, ¡ay!, Pablito cantó aún más alto. Mi amiga y sus compañeras de college estaban maravilladas, y ausentes de lo que ocurría a su alrededor, pues tal es el efecto del sonsonete que ha ensordecido a todo un continente, del río Bravo a la Patagonia, y taponado las orejas de millones de fanáticos que jamás escucharon las quejas de los cubanos.
La música de Pablo es música de elevadores: si sentimos miedo, si nos asalta el temor de que “aquello” vaya a caerse, su musiquilla sirve para hacernos olvidar, y para hacernos pensar que estamos seguros. (Si “resistimos”, quizás hasta lleguemos a ser felices en el elevador). La Nueva Trova nos comunica un falso sentido de solidaridad: metidos entre cuatro paredes, sin saber cuánto tiempo tendremos que mirarnos las caras, la espera se vuelve tolerable escuchando a Pablo, el Perry Como de los encierros prolongados.
¿Tendría música indirecta la celda de Gorki? ¿Le tocarían el instrumental de Yolanda por altoparlantes? No deja de ser simbólico que entre el público asistente al concierto de la Tribuna Antimperialista se encontrara una mujer llamada Yoani, la antítesis de Yolanda, y que entre una y otra se abra el abismo generacional que separa “las maravillas del mundo” de “los desmaravilladores”, según reza una célebre estrofa de Mario Benedetti. A ese maravillismo –superado en la literatura pero todavía vigente en el campo de la política– pertenece la patriotería platónica de Yolanda, que Yoani, la desmaravilladora, ha venido a denunciar.
Arrullados por la música de Pablito Milanés y de Polito Ibañez, de Kelvis Ochoa y de Santiago Feliú, cubanos, norteamericanos, argentinos y bolivianos, unidos en la Plaza, se deslizaron por ese estado de falsa conciencia que Pink Floyd llamó “confortable estupefacción”. Alguien se ha preguntado, a propósito de los destinatarios de la carta, si no serían éstos los nuevos rostros del castrismo –o si no habrían sido siempre los cantautores la cara oculta de la dictadura–, y si la exigencia de libertad para Gorki Águila no debió estar dirigida a Raúl Castro, que es, en definitiva, el único responsable de lo que estaba pasando. Pero se olvida que los rumberos peripatéticos representan, en los escenarios del mundo, la posibilidad de un romántico encuentro de las dos orillas, y que esos flautistas de Hamelin son los embajadores del “humanismo” castrista.
Tanto por la etimología del vocablo (“un mierda”) como por las connotaciones históricas del fenómeno, el castrismo es puro punk: un anacronismo que debió haber colgado la guitarra la noche que The Ramones tocaron Havana Affair en el CBGB. “Porno para Ricardo” hace una parodia cederista y pioneril del punk, ese género difunto que apesta precisamente por obsoleto. Pero no es hasta que imaginamos a Johnny Rotten desafiando a Fidel Castro a un duelo con pistolitas de sexo, que comprendemos por fin todo exquisitamente contrarrevolucionario del combate desigual entre un rockero llamado Gorki y las huestes de un comunismo monárquico, mierdero y mojigato.

Néstor Díaz de Villegas
Los Angeles

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9 Comentarios ↓

  • Raskolnikov

    Bravo, señor Néstor Díaz de Villegas

  • Zoé Valdés

    Excelente, comme d’hab.

  • Al Godar

    Es comprensibe la desilusión que nos produce el silencio público de Pablito. Cuando firmamos la carta esperábamos más de él.
    Reconozco el deber y el derecho de los artistas a militar por sus ideas.
    Reconozco el derecho de los que tienen miedo a ocultar sus ideas cuando peligra su seguridad.
    Reconozco el derecho de los consumidores de arte a desvincular o no la obra cultural del contexto en que fue producida.
    Saludos,
    Al Godar

  • Bloody Mary

    No se trata de qué derechos tú reconoces, sino de qué derechos ajenos violas con tus copiosos reconocimientos. Además: NO, de ninguna manera, Pablito no tiene derecho a nada, y en una Cuba libre deberá responder ante los tribunales, por colaboracionista!!

  • CS

    Nestor nunca nos falla.

  • Amadeus

    Godar Me parece muy bien reconocer a los que “tienen miedo a ocultar sus ideas cuando peligra su seguridad”, pero eso no va con Pablo Milanés. Precisamente porque en los últimos tiempos le ha dado por coquetear con la libertad de expresión, haciendo declaraciones tibias, la gente exige de él más compromiso, siendo una figura pública que mucho pudiera ayudar. De lo contario que se calle por pudor.

    Da la impresión que con eso de los reconocimientos suyos, da igual chicha que limoná. Bueno, en eso anda Pablo. ;-)

  • Al Godar

    Ya había oido eso antes en los circulos de estudio cuando nos decian “los gusanos no tenian ningún derecho. Todos los derechos para los revolucionarios”.
    No Bloody, eso no es democracia. Eso es perpetuar la injusticia.
    Todos tenemos los mismos derechos sin importar lo que pensamos y a quien apoyamos o no.
    Saludos,
    Al Godar

  • Bloody Mary

    “Todos tenemos los mismos derechos sin importar lo que pensamos y a quien apoyamos o no.”

    ¡Dios nos coja confesados! Yo no quiero vivir en esa democracia…

  • Varela Blog

    No esta comico, pero esta buenisimo. Mientras mas leo a Nestor menos quiero al Herald.

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