castrismo Cuba soviética Cubazuela Cultura DD HH deporte disidencia economía EE UU-Cuba En Cuba España-Cuba exilio historia y archivo Internet & ITC

PD

Cuba soviética

PD en la red

Sobre Alexander Solzhenitsin

  • ago 05, 200801:03h
  • 9 comentarios

solzhe.JPG

Hay pocos escritores del siglo XX que puedan presumir de haber descubierto un gran tema, uno de esos escasos puestos de avanzada que desde la literatura son capaces de arrojar luz sobre un periodo histórico, una estructura social, un sistema político, una ideología y varios recovecos de la condición humana. Alexander Solzhenitsin puede presumir de descubridor en todos esos campos; su tema se resume en unas siglas que, aunque tienen precedentes en la extensa literatura carcelaria rusa (Korolenko, Dostoievski), fueron capaces de colocar la realidad rusa en una nueva dimensión del horror. Toda la literatura sobre el Gulag es posterior a Solzhenitsin. El gran Varlam Shalamov es su contemporáneo, pero, como prueba la polémica que acabaron teniendo, Shalamov no podía dejar de ver el lager con los ojos de un literato. Los Relatos de la Kolimá no traicionan, por supuesto, una realidad espantosa. Pero su autor no es capaz de lidiar sólo con los “puñados de verdad”, necesita un estilo. Archipiélago Gulag es, pese a sus “defectos” literarios, un libro inaugural porque revela un secreto cuyo peso acaba imponiéndose (pese a las numerosas mezquindades) como evidencia histórica sobre décadas de costra propagandística.

Recuerdo claramente la tarde de adolescencia en la que terminé de leer Un día en la vida de Ivan Denísovich, en la edición cubana de la colección Cocuyo (Arte y Literatura, 1964?, ¿alguien recuerda al traductor?). Aquellas páginas me preocuparon. Porque, a decir verdad, hasta esa tarde yo había pensado que existía la posibilidad de que todo lo que se decía sobre el stalinismo fuese una estudiada y rencorosa campaña de propaganda enemiga. No me culpen: tenía apenas 16 años, vivía en La Habana y sólo había hecho un viaje pioneril a Bulgaria. Fue el sobrio relato del calvario de Ivan Denísovich lo que me hizo dudar, casi por primera vez. Aquello no podía ser falso. Se presentaba como novela, sí. Pero algo sostenía la rotunda verdad revelada en aquel libro, al margen de la etiqueta de ficción.

La única otra referencia a Solzhenitsin que podía encontrarse en las librerías habaneras de esa época formaba parte (aunque yo aún no lo sabía) de un itinerario de expiación ideológica por el pecado cometido a mediados de los sesenta. La espiral de la traición de Solzhenitsin (Arte y Literatura, 1979), del checo Thomas Rezac, dejaba, ya desde su portada (una maligna estilográfica enroscada como una serpiente) poco lugar a las dudas. Muchos años después me enteré de que Rezac era, en realidad, un agente de los servicios secretos checos que trabajaba para el KGB, y que su libro se lo habían dictado casi página por página. Los detalles de esa infamia los cuenta B. A. Ivanov, en un artículo de Novy Mir titulado “Sovershenno sekretno”, 1992, No. 4). Aquel libelo tuvo una tremenda influencia en una lejana isla del Caribe. Sobre todo, porque nunca se publicó en Cuba ni una página del Archipiélago Gulag, un libro que sólo hubiera podido publicar un Premio Nobel, y que aún así le acarreó a su autor numerosas consecuencias negativas para eso que llaman “carrera literaria”.

A Solzhenitsin le quedó, sin embargo, el consuelo de vivir lo bastante como para contemplar su victoria, que era indisoluble de la victoria de su verdad. Desde ese punto de vista, es el único escritor soviético que recupera con orgullo su condición de escritor ruso, un apelativo que arrastra nociones mucho más amplias que una mera denominación geográfica. No se trata sólo de su parentesco con la tradición eslavófila ni de su vínculo con el canon clásico de su lengua (y sobre todo, con Tólstoi). Se trata, también, de que Solzhenitsin vivió para ver a la Unión Soviética rebautizada como Rusia, recibir de nuevo la nacionalidad que le habían quitado las autoridades, leer la noticia de la muerte de Andrópov (que fue quien se ocupó personalmente de su “caso”) y recibir con una sonrisa el homenaje oficial de Vladimir Putin (también agente del KGB en aquellos años, por cierto). De todos esos desagravios, el más importante ocurrió en 1989, cuando se publicaron los primeros islotes del Archipiélago —también en Novy Mir, creo recordar. Hubo tiempo hasta de que los rusos volvieran a criticarlo por extremista.

Ahora que ha muerto, uno se da cuenta de que era un clásico vivo. Y también un autor muy poco leído en nuestra lengua. No recuerdo ninguna edición española disponible de Un día en la vida de Iván Denísovich (la última es de hace casi 10 años). Apenas el año pasado vió la luz en Tusquets el último tomo de Archipiélago Gulag. Su editora me confesó una vez que publicar a Solzhenitsin en España era un empresa muy poco rentable económicamente. Sólo se había vendido, regular, el primer tomo, y eso por culpa de Juan Benet y de Juan Pedro Quiñonero, en sus razones encontradas. Ojalá los lectores españoles no tengan que esperar otras tres décadas para poder leer los fragmentos autobiográficos de Ugodilo zernyshko promezh dvukh zhernovov, tal vez el libro más importante de memorias que haya publicado cualquier autor ruso en los últimos veinte años.

Ernesto Hernández Busto
Barcelona

Foto: France Presse-Getty Images.

9 respuestas
Comentarios

  • Woland dice:

    Es terrible… Mientras tanto, la banalidad invade todos los estantes. :-( Y sí, paco, TV2 todavía nos dispara al hígado y sin anestesia ese bodrio infame de Oliver Stone.

    Hombre, Ernesto, la idea imperial rusa no desapareció nunca, mucho menos con los comunistas – si te oyen los checos, húngaros, estones, letones, lituanos, afganos… Lo que ahora vuelve a serlo de forma desembozada.

  • Ernesto.

    Putin es un niño comparado con Solzhenitsyn. Cuando Putin entró en la KGB hacía una década que el escritor había sido expulsado de la URSS con premio Nobel incluido. Putin no participó en el caso que además no era su especialidad. Putin entra en la KGB en la era Gorbachov, me imagino que habrá hecho méritos rápidamente cuando luego lo nombran director del FSB, la organización de seguridad que sustituyó a la KGB.

    En cuanto a las aspiraciones imperiales de Rusia datan de tiempos inmemoriales pero sobre todo después de su liberación del poder del La Horada de Oro inició un ascenso que convitió al Imperio Ruso en el más extenso y poderoso de la tierra contra el que no pudieron ni Napoleón, ni Hitler y lo siguen siendo a pesar del bache postsoviético.

  • Angel Duarte dice:

    Espléndido post.

  • Karamchand dice:

    Lástima que no estén disponibles para bajarlo de la red los libros esos, como otro material digital, correría como polvora aquí dentro de Cuba. Si alguien conoce donde, por favor, pongan enlaces o algo así para diseminarlo aquí.

  • paco dice:

    En una edición pirata que circula por internet -creo que la obtuve en el emule- aparece un excelente prólogo escrito por Raúl del Pozo. A él tampoco le han perdonado su crítica a la izquierda dogmática y ciega. Solzhenitsin es un símbolo mundial de cómo funciona el comunismo… y en lugar de homenajearlo con algún documental en televisión, ayer la 2 de Televisión Española emitió el publirreportaje “Comandante” de Oliver Stone sobre el Coma-andate. Un coñazo propagandístico.

    Saludos desde el caribe granadino
    Paco

  • pd dice:

    Muchas gracias por su precisión geopolítica, Liborio, pero créame que estaba al tanto. Lo que quiero decir es que la idea imperial soviética regresó con el “renacimiento” de la República rusa. Tal vez no lo escribí bien.
    Sobre Putin y Solzhenitsin, debo desmentir su cronología: sí que el primero estuvo personalmente implicado en el caso. Aunque decir “que lideró la campaña de persecución contra el novelista disidente”, como hace El País, me parece un tanto exagerado.
    http://www.elpais.com/articulo/cultura/Putin/muerte/Solzhenitsin/pesada/perdida/toda/Rusia/elpepucul/20080804elpepucul_9/Tes

  • Una precisión geográfico-política. La Unión Soviética no se convirtió en Rusia. Rusía era una de las 15 repúblicas que constituían la URSS. Se llamaba República Socialista Soviética Federada de Rusia. Esa es la que es hoy República de Rusia.

    Por otro lado la actuación de Putin en la KGB fue muy posterior a “por aquellos años”

  • Ric dice:

    Qué broma cruel: un homenaje de Putin, pichón dirigiente de la KGB, comprometido hasta los tuétanos con los abusos de los años 80 y proponente de un regreso a los tiempos del terror.

  • Sinfrotaciónaparente dice:

    Hoy puse en el buscador de la Fnac de España su nombre, y me salieron no sé cuántos libros veraniegos con la palabra “sol”. Una vergüenza que esto suceda en España. Gracias por su artículo.