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Cómo escribir con estilo

  • pd
    Editor Jefe
  • Jul 26, 200817:39h
  • 9 comentarios

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Por Kurt Vonnegut

Los reporteros y los escritores técnicos están entrenados para revelar lo menos posible sobre sí mismos en sus escritos. Esto los convierte en tipos raros dentro del mundo de los escritores, dado que casi todos los demás desechos humanos manchados de tinta de ese mundo revelan mucho sobre sí mismos a los lectores. Llamamos a esas revelaciones, accidentales e intencionales, elementos de estilo.

Como lectores, estas revelaciones nos dicen qué clase de persona es aquella con la que estamos gastando nuestro tiempo. ¿El escritor parece ignorante o informado, estúpido o brillante, engañoso u honesto, carente de sentido del humor o juguetón? Todo eso…

¿Por qué debes examinar tu estilo con intención de mejorarlo? Hazlo como una muestra de respeto hacia tus lectores, no importa lo que estés escribiendo. Si garabateas tus pensamientos de cualquier manera, tus lectores sentirán que no les importas en absoluto. Te etiquetarán como un egomaníaco o un cabeza de chorlito —o peor aún, dejarán de leerte.

La peor revelación que puedes hacer sobre ti mismo es que no sabes qué es y qué no es interesante. ¿Acaso no te gustan o disgustan los autores sobre todo por lo que te muestran o por lo que te hacen pensar? ¿Has admirado alguna vez a un escritor cabeza hueca por su dominio del lenguaje? No.

Así que tu estilo debe comenzar con las ideas que hay en tu cabeza.

1. Escoge un tema que te interese

Encuentra un tema que te interese y que sientas y puedas comunicar a otros. Es una preocupación genuina y no los juegos con el idioma, lo que se convertirá en el elemento más convincente y seductor de tu estilo.

Dicho sea de paso, no te exijo que escribas una novela —aunque no lamentaré que escribas una, a condición de que te preocupe algo genuinamente. Una carta petitoria al alcalde sobre un socavón frente a tu casa o una carta de amor a la chica de la casa de al lado pueden ser suficientes.

2. Pero no divagues

No divagaré sobre esto.

3. Manténlo sencillo

En lo que respecta al uso del idioma: recuerda que los dos grandes maestros del idioma, William Shakespeare y James Joyce, escribieron frases que eran casi infantiles cuando sus personajes eran más profundos. “To be or not to be?” pregunta el Hamlet de Shakespeare. La palabra más larga tiene tres letras. Joyce, cuando estaba juguetón, podía juntar una frase tan intrincada y brillante como un collar de Cleopatra, pero mi frase favorita en su cuento “Eveline” es ésta: “She was tired.” En ese punto de la historia, esas tres palabras podrían romper el corazón del lector mejor que ninguna otra frase.

La simplicidad del lenguaje no sólo es algo respetable, sino tal vez incluso sagrado. La Biblia comienza con una frase que está a la altura de la capacidad para escribir de un niño de catorce años: “En el principio, Dios creó el cielo y la tierra.”

4. Atrévete a cortar

Puede ser que también tú seas capaz hacer collares para Cleopatra, por decirlo así. Pero tu elocuencia debe estar al servicio de tus ideas. Tu regla debe de ser esta: si una frase, no importa lo excelente que sea, no ilustra tu tema de alguna manera nueva y útil, bórrala.

5. Parécete a ti mismo

La forma de escribir que te resulta más natural es probablemente la que se hace eco del habla que escuchaste durante tu infancia. El inglés fue el tercer idioma de Conrad, y mucha de la sazón que se revela en su uso del inglés viene sin duda de su primer idioma, que era el polaco. Es ciertamente afortunado el escritor que ha crecido en Irlanda, ya que el inglés que allí se habla es divertido y musical. Yo crecí en Indianapolis, donde la forma de hablar más común suena como una sierra circular cortando una lamina de hojalata galvanizada, y donde se emplea un vocabulario tan carente de ornamentos como una llave inglesa.

En alguna de las remotas colinas de Appalachia, los niños crecen oyendo canciones y locuciones de la época de la reina Isabel. También muchos americanos crecen oyendo una lengua ajena al inglés, o un dialecto del inglés que la mayoría de ellos no puede comprender.

Todas esas variedades de la lengua son bellas, como las variedades de mariposas. No importa cuál sea vuestro primer idioma, debéis atesorarlo toda vuestra vida. Si sucede que no es el inglés estandar, y si se muestra a sí mismo cuando escribís el inglés estándar, el resultado será normalmente delicioso, como una hermosa muchacha que tuviese un ojo verde y otro azul.
Yo me doy cuenta de que creo más en mi propia escritura, y otros parecen creer también en ella, cuando sueno como alguien de Indianapolis, que es lo que soy. ¿Qué alternativa tengo?

La más vehementemente recomendada por los profesores ya os ha sido impuesta sin duda alguna: escribir como ingleses cultivados de hace un siglo o más.

6. Di lo que quieres decir

Solía sentirme exasperado con esos profesores, pero ya no. Comprendo ahora que todos esos antiguos ensayos e historias con los que debía comparar mi propia obra no eran magníficos por su antigüedad y lejanía, sino por decir precisamente lo que sus autores querían decir. Mis maestros querían que yo escribiera con precisión, seleccionando siempre las palabras más precisas, relacionando las palabras entre sí sin ambigüedades, rígidamente, como partes de una máquina. Los maestros no intentaban, a fin de cuentas, convertirme en un inglés. Tenían la esperanza de que pudiera ser comprensible —y en consecuencia comprendido. Y ahí acabó mi sueño de ser hacer con palabras lo que Pablo Picasso hacía con la pintura o lo que muchos ídolos del jazz hicieron con la música. Si rompía las reglas de puntuación, si hacía que las palabras significasen cualquier cosa que yo quisiera, y las ponía juntas a trompicones, simplemente no sería comprendido. Así que será mejor que también vosotros evitéis la escritura a lo Picasso o a lo jazz, si es que tenéis algo que contar y deseáis ser comprendidos.

A los lectores les gusta que nuestras páginas se parezcan a algo que ya han visto con anterioridad. ¿Por qué? Debido a que ellos ya tienen que realizar su propio trabajo, y necesitan toda la ayuda que les podamos dar.

7. Compadécete de los lectores

Tienen que identificar miles de marcas en el papel, y entenderlas inmediatamente. Tienen que leer, un arte tan difícil que mucha gente no lo domina incluso después de haberlo estudiado durante la primaria y secundaria —durante doce largos años.

Así pues, esta discusión debe acabar por reconocer que nuestras opciones estilísticas no son ni numerosas ni glamorosas, dado que nuestros lectores son probablemente artistas imperfectos. Nuestra audiencia reclama a su vez que seamos lectores capaces de simpatía y paciencia, siempre dispuestos a simplificar y clarificar —justo allí donde preferiríamos volar alto sobre la masa, cantando como ruiseñores.

Esas son las malas noticias. La buena es que los americanos estamos gobernados por una Constitución especial, que nos permite escribir lo que queramos sin miedo a ser castigados. Así el aspecto más significativo de nuestras vidas, lo que escogemos a la hora de escribir, es prácticamente ilimitado.

8. Para un consejo más concreto

Para discutir el estilo literario de una forma más amplia, en el sentido más técnico, os recomiendo The Elements of Style, de William Strunk, Jr. y E. B. White. E.B. White es, desde luego, uno de los más admirables estilistas que este país ha producido hasta hoy.

También os daréis cuenta de que nadie se preocuparía de lo bien o mal que Mr. White se expresa si no tuviera cosas encantadoras que decir.

En resumen:

1. Escoge un tema que te interese

2. Pero no divagues

3. Manténlo sencillo

4. Atrévete a cortar

5. Parécete a ti mismo

6. Di lo que quieres decir

7. Compadécete de los lectores

Traducción: Juan Carlos Castillón.

Aquí, el artículo original en inglés.

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9 respuestas
Comentarios

  • Nacho Bermúdez dice:

    Garcia Marquez no escribía diálogos, James Joyces y Borges incomprensibles, la mayoría rompe todas las reglas de los talleristas posmo

  • Liliana :) dice:

    Me encanto tu articulo :).
    Nada mas que decir.

  • laura dice:

    super interesante y ayudativo (por aquello de hacer buen uso del lenguaje) jjajaja no te creas, me sirvio bastante, gracias!!

  • César Reynel Aguilera dice:

    El tema da para una larga tertulia. Los consejos de Vonnegut son muy buenos si se toman con cierta cautela. Generalizados suenan a credo de cocinero en un restaurante de comida rápida. No creo que exista un sólo tipo de lector, como tampoco creo que exista un tono, o una forma de escribir, que se adapte universalmente a todas las historias que se quieren contar. Macondo sonaría falso en la prosa pragmática de Kurt, de la misma forma que Desayuno para campeones sería intragable si estuviera escrito como un rumor de follaje para dormir francesas. La tendencia postmoderna y populista, amparada por la tiranía del relativismo, es la escritura a prueba de bobos. Ese manual de estilo está condenado a triunfar porque se nutre, y es defendido a capa y espada, por unas Universidades que se comportan cada vez más como sucursales del sistema penitenciario -encargadas de la prevención-, y por unas editoriales que se sienten muy cómodas, y protegidas, con la esquizofrénica costumbre de venderse a los gobiernos como defensoras de la cultura, y a los escritores como negocios…

  • maite dice:

    Buenos consejos de muy agradable lectura, gracias Juan Carlos Castillón.

  • juan carlos castillon dice:

    Creo, como Ric, que este escrito también tiene uso para nosotros los hispanoparlantes… y desde luego para los escritores en español. Tambien nosotros tenemos perdidos en junglas y montañas a gente que habla como en los romanceros viejos… o eso decía Carpentier en LOS PASOS PERDIDOS…
    Y lo de los acentos locales, teniendo en cuenta la riqueza de acentos y usos verbales que existen en Hispanoamerica, parece como pensado tambien para un español que no siempre es el castellano de España, sino que está lleno de variantes que probablemente conoceis mejor que yo… el vos salvadoreño no significa lo mismo que el bonaerense, las lenguas de los inmigrantes (o de los esclavos) de distintos lugares han marcado el habla popular de bonaerenses, llena de italianismos, y habaneros, llena de africanismos (¿os refiero a Ortiz?)… y como en Estados Unidos también hay en nuestra lengua maestros que creen que el español puede hablarse de cualquier manera pero hay que escribirlo como un castellano educado del Siglo XIX… lo que es cuando menos discutible.
    Vonnegut en realidad está claramente escribiendo, para los norteamericanos pero creo que hay unos cuantos buenos consejos en este escrito y ahora voy a seguir el segundo de los mismos y voy a dejar de divagar…

  • Ric dice:

    No, Güicho, creo que todo esto se aplica a cualquier lengua en la que escribas.

  • Güicho dice:

    Really good… for waspies.

  • Ernesto G. dice:

    Brilliant. Thanks!