
“Una sociedad de académicos que quiere ‘desdiabolizar’ a Napoléon I”, era uno de los titulares de la página que el periódico Corse-Matin dedicó al congreso de la Sociedad Napoleónica Internacional, que tuvo lugar recientemente en Ajaccio (la “cité impériale”), Córcega, luego de anteriores citas en Italia, Israel y Polonia. Fundada en 1995 por el canadiense Ben Weider, que la preside (“nos hemos asignado una misión: rendir justicia a Napoléon y hacer tabula rasa de mentiras y calumnias”), la sociedad está presente en 43 países, entre ellos Cuba, y no solamente por medio de esta servidora.
Weider es el gran abanderado de la tesis del envenenamiento crónico de Napoléon por arsénico, que ha podido demostrar desde 2005, con el análisis de los cabellos del emperador realizado por el toxicólogo Pascal Kintz, la mayor autoridad mundial en la materia. Pese a las evidencias, otra parte del orbe napoleónico la refuta con saña. El emperador continúa desencadenando pasiones encontradas, aun dentro de su propio campo. El historiador francés Jean DeFranceschi (nacido en Córcega) señalaba en su ponencia: “Hay que abrir la tumba de Napoléon” —con tal de zanjar definitivamente la cuestión del envenenamiento— porque existen ‘ultrabonapartistas’, que niegan a quien no sea francés el derecho a decir algo sobre Napoléon”. Olvidan las palabras de Adam Mickiewicz: “Napoléon no es de ustedes, franceses; él es italiano, ruso, polaco… él es el hombre del mundo”.
Pero entre quienes no son “ultrabonapartistas” franceses, hay también varios que están en contra de abrir la tumba “porque es Napoléon”. Sería un sacrilegio, una “divinidad” no puede ser sometida a ello. También en la mezquita de Omayyad en Damasco se niegan a entregar la cabeza de San Juan el Bautista para que sea radiografiada.
El asunto de la identidad de Napoléon ocupó buena parte del congreso, al tener lugar en la “patria” de este hombre sin patria, según dije en mi ponencia “El arquetipo de la isla en la configuración de la personalidad de Napoléon”. Una cuestión a responder todavía, es cuándo Napoléon deviene “francés”. No por haber nacido “francés” (un año antes de su nacimiento en 1769, Córcega se hace francesa, y no faltan las especulaciones de que se habría modificado su partida de nacimiento) debía serlo. Más bien, al contrario. Su “patriotismo” corso bastó para definirlo hasta que en 1793 fue obligado por sus coterráneos a escapar de la isla con su familia. No había otra posibilidad que ser sino “francés”. Preguntaba en mi trabajo: ¿de no haber sido Francia, debido a la circunstancia, cuál país se habría beneficiado de esta conversión?
El profesor Erez Levanon y el psiquiatra Eliezer Vitztum (ambos israelíes), en su ponencia “Napoléon y el trauma de la pérdida de identidad” (referido a esa abrupta huída de la isla, so pena de linchamiento), adujeron algo que se ha usado hasta ahora para ensalzar su “francesitud”. Escribió en su testamento: “Deseo que mis cenizas reposen en el borde del Sena, en medio de ese pueblo francés que he amado tanto”. En medio de ese pueblo francés: quiso precisarlo, y se delata. No habría necesidad de subrayarlo si se hubiese sentido parte de él.
Entonces, ¿era Napoléon “corso”?
Debo apuntar que esta identidad como parte de este pueblo bravo y aguerrido es bien compleja. El espíritu de la isla aún está escindido entre Bonaparte y Paoli, el “padre de la patria”, de quien Napoleón fue discípulo y luego enemigo: fueron los paolistas quienes lo obligaron a huir hacia Francia.
El general francés Michel Franceschi, nativo de la isla, acusa ese “bonapartismo” (comillas porque uso el término sin relación a su connotación política) corso. Su brillante ponencia, “Las masas de granito de la historiografía napoléonica”, desmiente los mitos de la leyenda negra de Napoléon, forjada por los ingleses. El “guerrero sediento de sangre”, el “conquistador insaciable”, el “déspota”, manipulación de la realidad a la que tuvo que hacer frente: la fatalidad de la guerra, herencia de la Revolución; el imperativo de seguridad resultante; el refundar Francia sobre las ruinas humeantes de la Revolución; la cruzada de las monarquías feudales de Europa. Como diría François Furet: “Bonaparte será quien pague el doble precio histórico de la Revolución: un estado fuerte y la guerra permanente”.
No puedo referirme a todas las ponencias. Pero no quisiera dejar de mencionar “La cuestión feudal en la Francia napoleónica”, del profesor norteamericano Rafe Blaufarb, centrada en el iluminador problema de la propiedad; y “El Oriente encuentra a Occidente: el choque entre Francia y la sociedad oriental durante la campaña de Egipto”, del distinguido Mordechai Gichon (Israel).
Naturalmente, Ajaccio es para nosotros un lugar de peregrinaje, pero Córcega es realmente una isla paradisíaca, aunque Napoléon no hubiese nacido allí —otra de las tesis.
Isis Wirth, F.I.N.S.
Munich
Foto: Monumento a Napoleón en Ajaccio.





Un arrebato bonito.
Napoleón es un mediterràneo, con todo lo que ello implica y significa, la zona geogràfica como patrimonio histórico y cultural.
Ademàs Isleño, como bien dices en el título de tu ponencia “El arquetipo de la isla en la configuración de la personalidad de Napoléon”. Sus afanes de conquistador fueron sobre todo hacia el norte, Prusia, Rusia,Austria una nueva romanización; todas las reformas que hizo en la educación, la administración, realizaciones en arquitectura y urbanismo. La idea de Europa, moderna es de Napoleón. De todas formas pienso que es muy posible lo envenenaron para asegurarse que desapareciera, ah! esos otros isleños…los ingleses.
Gracias Isis, me gustaría leer tu ponencia. Saludos.
No cabe duda, es corso. Napoleón no tenía la mentalidad francesa, y todo ese arrojo y ese afán conquistador sólo puede reverberar en el alma de un isleño. Pero, estoy de acuerdo, que a estas alturas ya es del mundo. Y por favor, que no abran la tumba, porque eso nos costará ernomemente a los contribuyentes franceses.
“Que Bonaparte, continuador de los éxitos de la República, sembrase por todas partes principios de independencia, que sus victorias ayudasen a la relajación de los vínculos entre los pueblos y los reyes, arrancasen estos pueblos al poder de las antiguas costumbres y de las viejas ideas; que, en este sentido, haya contribuido a la liberación social, no es mi intención discutirlo; pero que trabajara por propia voluntad y a sabiendas en pro de la liberación política y civil de las naciones; que estableciera el despotismo más estricto con la idea de conceder a Europa y en particular a Francia la Constitución más amplia; que no era sino un tribuno disfrazado de tirano, son suposiciones que no puedo aceptar bajo ningún concepto.”
Isis Wirth instruye y complace con cada crónica. Leo su blog cada día. Te suplico Isis que no nos abandones.
Gracias, Meprobamato, y gracias a tí, Maite. Ya te la envíe, verás como se abordan esos otros isleños.
En efecto, Lucarno, y no, no la abrirán.
Saludos a René.
Muchas gracias!, CS.
Hi, Isis,
It was wonderful to meet you in Corsica, and thank you very much for all that you did to make it a great success for me and for all other participants! I hope to see you at future congresses!
David Markham
VP, International Napoleonic Society