Warning: file_exists(): open_basedir restriction in effect. File(/home/penulti1/public_html/wp-content/uploads/2008/07/recuerdos-tania.thumbnail.jpg) is not within the allowed path(s): (/usr/home/penultimosdias.com/:/home/penultimosdias.com/:/usr/home/services/:/usr/share/php53/) in /usr/home/penultimosdias.com/web/wp-includes/post.php on line 5011
castrismo Cuba soviética Cubazuela Cultura DD HH deporte disidencia economía EE UU-Cuba En Cuba España-Cuba exilio historia y archivo Internet & ITC

PD

historia y archivo

PD en la red

De mis recuerdos

  • Jul 10, 200810:55h
  • 12 comentarios

recuerdos-tania.jpg

La foto fue tomada el 24 de febrero de 1952. Una parte del tercer grado de la Escuela Pública No. 126 “Ramón Rosaínz” ese día fuimos con la Señorita Carmita a llevarle tabacos a antiguos mambises residentes en uno de los Hogares del Veterano, situado en la esquina de Agustina y San Miguel, a una cuadra de la Calzada del 10 de Octubre.

Las doce alumnas seleccionadas pertenecíamos a la Asociación de Alumnos de la Fragua Martiana y por lo menos una vez al mes salíamos de excursión o participábamos en un acto patriótico o benéfico. En mi infancia, el 24 de febrero era feriado, al igual que los 28 de enero, 20 de mayo, 10 de octubre y 7 de diciembre. Recesos escolares teníamos tres: Semana del Niño (cada día a una fábrica distinta: la de galletas y confituras de La Estrella; la jabonería Sabatés; la embotelladora Canada Dry o la chocolatería La Española, en Infanta y Estévez, entre otras); Semana Santa y Navidad, que se extendía hasta el 6 de enero, Día de los Reyes Magos. Las Vacaciones comenzaban en el mes de junio, una vez terminado el curso escolar, y se reanudaban en el primer lunes de septiembre.

De las excursiones, las que más recuerdo fueron las realizadas a las Cuevas de Bellamar, en Matanzas, y al Valle Viñales y la Cueva de Santo Tomás, en Pinar del Río. Y de las vacaciones, los viajes a Sancti Spiritus, a visitar a nuestra familia materna. Siempre íbamos en La Flecha de Oro, una de las dos líneas de ómnibus interprovinciales más famosas (la otra era Santiago-Habana).

En la foto soy la tercera de izquierda a derecha, con trenzas y un chalequito azul, que mi madre me obligaba a ponerme. La que aparece a mi izquierda es Teresita García, mi mejor amiguita y a cuya casa iba a estudiar una vez por semana. Ella vivía en un apartamento en los altos de un bar que había en Cristina y Castillo, era la más bajita de aula y fue escogida para entregar los tabacos a los Veteranos.

En sexto grado tuvimos la suerte de volver a tener a la Dra. Carmen Córdoba, la Señorita Carmita. Como casi todos los docentes de mi época, luego de terminada la Escuela Normal de Maestros, la doctora Córdoba hizo la carrera de Pedagogía en la Universidad de La Habana. Con Margarita Córdoba, una hermana suya de más edad y bastante más recta, cursé el cuarto grado.

En enero, la tradición era desfilar vestidas de blanco frente a la estatua del Apóstol en el Parque Central; visitar la “casita” de Martí y entregar una canastilla a una madre de la barriada que hubiera dado a luz el 28. Una vez al año nos reuníamos con el Dr. Gonzalo de Quesada en la Fragua Martiana. También teníamos la responsabilidad de mantener avituallado el botiquín de la Cruz Roja y anualmente salir a la calle con una lata-alcancía, a recoger fondos para la Liga contra el Cáncer. Cada semana, una de nosotras debía ayudar a preparar el Acto Cívico de los viernes: poner y quitar la bandera y la tribuna, hacer de presentadora, leer composiones o recitar poesías. El momento cumbre era la entrega de los diplomas a las ganadoras de El Beso de la Patria (yo lo obtuve en quinto grado, de manos de la Señorita Adolfina).

Esas tareas eran voluntarias: quienes no querían, no participaban. Y no pasaba nada. Lo que realmente valía y se tenía en cuenta era el promedio, resultado de dividir las notas obtenidas en las diversas asignaturas: 90 a 100 puntos, Excelente; 80 a 89, Notable; 70 a 79 Aprovechado y 60 a 69, Aprobado. Quien no aprobaba tenía que repetir el grado. Había quienes durante los exámenes querían “fijarse” y “copiar”, pero para evitarlo las maestras nos separaban y redoblaban la vigilancia. Existía un gran respeto entre las alumnas y también de nosotras hacia las maestras y de éstas a nosotras. Tuve una inmensa suerte de haber nacido en 1942 y haber podido estudiar en una escuela pública con una excelente directora, la Dra. Modesta Ramírez, y un profesorado de primera. ¡Hasta Cusa, la conserje, era una mujer educada y cariñosa! Cuando una profesora faltaba, fuera por uno o varios días, era sustituida por una “suplente”, enviada por la Dirección municial de Educación.

Las asignaturas que dí en Primaria fueron: Aritmética, Lenguaje, Ortografía, Composición, Caligrafía (método Palmer), Historia, Geografía, Música, Dibujo, Trabajo Manual (costura, bordado, artesanía) y Educación Física. En sexto grado se incorporó Economía Doméstica, impartida por una “hogarista”, como se denominaba a las graduadas de la Escuela del Hogar (a las provenientes de la Escuela Normal se les decía “normalistas”).

Las clases de Trabajo Manual también estaban a cargo de las “hogaristas” —el 7mo. y 8vo. grados los hice en la Escuela Superior Anexa a la Normal y allí las “hogaristas” nos dieron clases de Cocina; en ese nivel por primera vez dimos clases de Geometría, Álgebra, Física, Química e Inglés, aunque éste ya lo dominaba porque a partir del cuarto grado mi padre me autorizó a matricular en la Escuela Pública Nocturna de Inglés, que de lunes a viernes, a partir de las 6 de la tarde y las 9 de la noche funcionaba en la “Ramón Rosaínz”.

Las clases de Música las recibíamos en un aula ubicada en los altos de la escuela, no había pupitres, sino un gran piano. Lucila Peñalver se llamaba nuestra profesora, diplomada del Conservatorio Municipal. Dos veces por semana subíamos a la azotea, para la Educación Física con la Señorita Amelia. Era obligatorio darlas con el vestuario adecuado: pulóver blanco, saya azul abotonada delante, short del mismo color azul, tenis azules y medias blancas. Cada cierto íbamos a correr al Parque Martí o practicar voleibol en un terreno deportivo de la cervecería Polar, en Puentes Grandes, Marianao.

Nuestra escuela llevaba el nombre de un prestigioso educador cubano, Ramón Rosaínz. Se encontraba en Monte y Pila, Cerro, en medio de dos populares barrios habaneros, Atarés y El Pilar, con predominio de familias humildes y trabajadoras, blancas, negras o mestizas. En la calle Pila, situada frente a la escuela, había hileras de modestas viviendas, todas iguales, donde las “mujeres de la vida” se dedicaban a saciar los apetitos sexuales de hombres pertenecientes a las clases bajas y marginales.

Más de una de mis compañeras de clase fueron hijas, hermanas, sobrinas, primas, de estas prostitutas, pero jamás nadie en el aula o la escuela las menospreció o les echó en cara ese parentesco. Su pobreza y su origen no impidió que algunas fueran excelentes alumnas y continuaran estudios superiores.

Han transcurrido 56 años desde esa foto y todavía hoy me pregunto por qué Fidel Castro y sus barbudos, con Armando Hart al frente, desmontaron el sistema nacional de enseñanza, público, gratuito y laico. Sí, es cierto, había separación por sexos: a una sesión asistían los varones y a otra las hembras. El sexismo fácilmente se hubiera eliminado, sin tener que desbaratar un sistema de calidad y resultados, forjado por educadores de la talla de María Luisa Dolz, Enrique José Varona, Alfredo M. Aguayo, Aurelio Baldor y José Manuel Valdés Rodríguez, entre otros.

Tania Quintero
Lucerna

Publicado en
12 respuestas
Comentarios

  • anonimo dice:

    Al fin se de ti, una amiga que fue la mejor amiga en la Sierra Mastra donde pasamos el curso de
    Mastras Voluntarias. Te acuedas, por mi conocistes a Himely.

    Hay Tania Qintero y tus cuentos de la Construccion eres espcial.

  • Adriana dice:

    ¡Qué crónica más linda! Me parece estar oyendo a mi mamá. Yo nací en el 79, cuando ya todos esos lugares estaban destruídos y la barbarie era cosa común. Qué pena me da con la gente que vivió ese tiempo y con los muchachos de ahora, que no se pueden imaginar que alguna vez las cosas en Cuba fueron diferentes. También, aunque esté feo decirlo, me da pena conmigo misma. Me hubiera gustado mucho tener esas oportunidades, vivir en una época más civilizada. ¿Por qué el mundo se puso tan malo para nosotros?
    No es justo.

  • CS dice:

    Guicho, no te veo como mala gente, al contrario me encantan sus occurencias, solamente que la Senora Tania es unica y hay que embullarla a sacar un libro de anecdotas. Saludos.

  • Güicho dice:

    CS,
    mi pobre comentario era reflexivo-melancólico, no me lo criminalices, chico.
    Pero dejémoslo a un lado, que lo interesante aquí es la increíble memoria de TQ. A no ser que haya conservado un diario de aquellos años.

  • Ric dice:

    Tania, me encantó tu tierna, precisa y sentida remembranza de aquellos tiempos escolares pre-robolucionarios. Es cierto todo lo que dices, pues yo recuerdo esas épocas (diez años después era más o menos igual) con mucha precisión, a diferencia de otras más recientes que piadosamente he borrado. Yo estaba en una escuela pública y mi director, el Sr. Tandrón, era también un mulato alto, muy digno, de cuello y corbata, muy respetado (y querido) por todos los maestros. Obtuve el Beso de la Patria de mi grado en segundo, tercero, cuarto y quinto, pero a partir de ahí (y no es coincidencia que ese fuera uno de los primeros años del desastre nacional) igual que al país, las cosas me fueron de mal en peor. Pero para mi todos esos años de infancia hasta ese punto más o menos fueron un mundo maravilloso. Gracias por recordarlos, y les aseguro a quienes quizás tomaron tu escrito con un poco de cinismo (“¡qué fantasía!”) que tanto desde el punto de vista factual como espiritual lo que dices era la pura verdad. Para los niños era un mundo feliz y sin presiones.

  • CS dice:

    Guicho, no quiero ser puritano, pero la senora Tania nos regala una cronica preciosa sobre el sistema escolar para las ninas de la Cuba pre-castrista y tu vienes con esos chistes de mal gusto.
    Vuelvo a decir no soy ningun puritano, haz todos los chistes que quieres, me encantan, pero no despues de una cronica escrita por la Senora Tania.

  • Emilio García Montiel dice:

    Hola Tania. Gracias por el post. Yo estudie en Ramon Rosaínz pero de 1967 a 1971 (prescolar a tercer grado).

    No se las causas, pero para incribirse en la Ramón Rosaínz en el 67 tenías que tener algun familiar que ya estuviera estudiando en la escuela. Yo no lo tenia, pero una amiga de mi mamá me hizo pasar por primo de su hijo.

    (De cuarto a sexto fue en la Oscar Rodríguez, que estaba a solo unos metros de la Ramón Rosaínz (en direccion hacia la calle Castillo y al lado de una ferretería) y que no se si sería escuela antes de 1959.

    Dudo que para esa epoca aún continuaran en Ramon Rosainz algunas de las maestras y empleadas que mencionas. A la que si recuerdo es a Cora Benedict, excelente maestra y orgullosa alumna de Elena Fernández de Guevara, la autora de un Libro de Quinto de Lectura, de 1940, que siempre me ha parecido excelente y que fue mi “libro de cabecera” durante mi primera infancia.

    (Por cierto, ya que mencionas el método Palmer: pienso que tal vez -pues debería ser el método que ellos mismos aprendieron- al enseñarnos caligrafía, muchos de los maestros formados antes de 1959 en realidad enseñaban a escribir en Palmer , pero ya sin el cuaderno y sin el nombre del método. Yo lo aprendì gracias a mis padres y a mis abuelos que me enseñaron a identificarlo a partir del cuaderno Palmer por el que había estudiado toda la familia, pero no puedo recordar si en la escuela se mencionara alguna vez, creo que no)

    Gracias de nuevo

    Emilio García Montiel

  • maite dice:

    Gracias Tania, nací en el 1963, ya no había en mi época fotos de grupo, entré al colegio en 1968, el año fatal de la ofensiva revolucionaria, y me imagno que ni lo fotógrafos independientes quedaron en pie.
    Sí quiero recordar a mis maestras, fui a la escuela Hermanas Giralt en 17 y L en el Vedado, de pre-escolar a sexto grado, Rosa, una mulata elegantísima, mayor, con una dicción perfecta, fue quién me enseñó a leer. Iba vestida con medias finas y zapatos de tacon cada día, maestra de la normal, Elba, Gladys, Rebeca, todas maestras de la normal…en tercer grado no tenía faltas de ortografía. Eran excelentes, cada día redacción, los profesores, no gritaban, si hacías algo indebido líneas, copiar un texto, castigo y llamada a los padres.

  • Woland dice:

    Gracias por los recuerdos, Tania…

    Evidentemente, el now Agonizante en Jefe TENÍA que destrozar aquello – y sustituirlo por el sistema Castro BrainWash que tan buenos resultados le ha dado… al módico precio de un país.

  • Güicho dice:

    Tania, la memoria -cuando se conserva de la manera en que tú lo haces- es la mayor riqueza del individuo. Obviamente es efímera, por eso hay que compartirla mientras estemos aquí. Gracias.

    Y hablando de otra cosa: esas falditas estaban de ampanga, chica. Ahora que lo pienso, el prêt-à-porter escolar del Castrismo tuvo su lado sexy. Ahora recuerdo aquellas sayas de pliegues azules con una banda blanca abajo. Se levantaban tan fácil.

  • Ernesto G. dice:

    Tania, lo interesante sobre lo que dices de la separacion de los alumnos por sexo es que eso es algo que se esta explorando aqui en los Estados Unidos ahora porque los resultados en los examenes estatales han demostrado que los alumnos en este tipo de programa salen muy bien. Hay ciertas ventajas en la separacion de los alumnos por sexo. En mi escuela hicimos un experimento con eso y los resultados demostraron que esta separacion ayuda.

    Gracias por compartir esta bella historia con los lectores de PD.

  • Liborio Liberto dice:

    Tania, celebro tu ingenuidad, en especial después de haber sido víctima varias veces del DOR: fidel desmontó el sistema educativo, al igual que hizo con todo lo que le interesó, ya que siempre tuvo claro, por sus estudios sobre Dictadores y control total de las masas, que debía inventarse instituciones totalmente funcionales a su objetivo: Reinar en Cuba por el resto de su vida.