Resulta pasmosa la capacidad de autoconvencimiento -hay que ser generosos con las intenciones de los demás- de quienes sostienen que la hipótesis -que habrá que ver- de una incipiente sociedad de consumo conduciría a la democracia. Cierto, si a uno le dan a elegir en todos los campos, acaba exigiendo escoger a sus representantes en el diseño de las políticas generales. Esto era así hasta que llegó Deng Xiaoping y mandó parar.
Si se confirmase este escenario, me temo que a los inversores españoles les importaría un rábano y atenderían, únicamente, a la cuenta de negocios. Que, por otra parte, es lo suyo. Lo que no deberían, porque tampoco lo necesitan, hacer es intentar colar gato por liebre.
Un abrazo
adm
Resulta pasmosa la capacidad de autoconvencimiento -hay que ser generosos con las intenciones de los demás- de quienes sostienen que la hipótesis -que habrá que ver- de una incipiente sociedad de consumo conduciría a la democracia. Cierto, si a uno le dan a elegir en todos los campos, acaba exigiendo escoger a sus representantes en el diseño de las políticas generales. Esto era así hasta que llegó Deng Xiaoping y mandó parar.
Si se confirmase este escenario, me temo que a los inversores españoles les importaría un rábano y atenderían, únicamente, a la cuenta de negocios. Que, por otra parte, es lo suyo. Lo que no deberían, porque tampoco lo necesitan, hacer es intentar colar gato por liebre.
Un abrazo
adm