castrismo Cuba soviética Cubazuela Cultura DD HH deporte disidencia economía EE UU-Cuba En Cuba España-Cuba exilio historia y archivo Internet & ITC

PD

Cultura

PD en la red

Una secuela del 68

  • Jun 17, 200800:02h
  • 11 comentarios

Hay, como mínimo, un triángulo dibujado en el 68. Y, por los menos, unas tramas que basculan entre París, Praga o México cargadas con los asuntos de entonces: Guerra Fría, Revolución, revuelta estudiantil, descolonización, anarquismo, Tricontinental, muerte de Duchamp, amor libre, eslóganes…

Entre los orígenes del 68 suele colocarse a la Revolución cubana. A ese impacto redentor del 59 que, como intuye un personaje de Patrick McGrath, “convirtió a los escépticos en creyentes y a los creyentes en fanáticos”. Aquello fue como un bumerán con un viaje de ida esperanzador —proyecto político al margen de los bloques, melenas y collares, premonición del pop— y un retorno poco romántico: “Allá”, en la isla, 1968 fue el Año del Guerrillero Heroico (en homenaje al Che que había muerto unos meses antes del estallido francés, del póster de Feltrinelli con su rostro, de la invasión soviética a Praga, de las jornadas de San Francisco, de la matanza de Tlatelolco). Luto y sacrificio flotaban, pues, en la atmósfera insular. Lo esbozado como una revolución internacional (al menos tercermundista o latinoamericana) iba camino de “localizarse”. Lo que parecía un experimento original estaba en vías de sovietizarse. La diversidad del origen se encaminaba sin paliativos hacia la uniformidad.

En 1968 se rubricó el tránsito de la Revolución al Estado Socialista.

Ese año fue premiado Fuera del juego, el poemario de Heberto Padilla que dio lugar al “caso”.

A Cuba, 1968 le deparó además un hito cinematográfico: Memorias del subdesarrollo. La película de Tomás Gutiérrez Alea funcionó, en su momento, como un alegato estético cruzado por la teoría de la dependencia y el neorrealismo italiano; por Buñuel y la cultura de la pobreza. Fue una ilustración visual de la teoría marxista de la clase media y, al mismo tiempo, la epopeya de unos seres fuera de tiempo y de lugar. La tragedia, en fin, de unos sujetos que odian el pasado al que se les devuelve desde los dogmas revolucionarios, habitan en el limbo de un presente donde no tienen cabida y albergan la ilusión de formar parte de un futuro que ya no espera por ellos. Memorias… fue la adaptación de una novela y, de algún modo, la pulverización de esa novela; la fugaz victoria de la imagen visual sobre la escrita en una cultura saturada por la retórica de las palabras.

2
Basada en la novela homónima de Edmundo Desnoes, Memorias del subdesarrollo es la única película cubana que ha provocado secuelas. (No estoy del todo seguro que Cercanía, de Rolando Díaz, funcione como tal con respecto a Lejanía y 55 hermanos, de Jesús Díaz, aunque dejo aquí el apunte para otros intérpretes). El caso es que, además de Inconsolable Memories, de Stan Douglas (2005), contamos con que Miguel Coyula ha rodado la segunda parte escrita por el propio Desnoes —esta vez Memorias del desarrollo, sobre su vida en Nueva York— que ha regresado sobre su personaje, y sobre su propia historia, cuarenta años después.

¿Por qué el ritornello sobre esta película? Quizá la respuesta más simple estaría en su calificación como la película más emblemática del cine cubano, pero esta explicación no es demasiado convincente: esa certeza también podría haber provocado la reacción contraria y hacer que ningún creador se acercara al filme de Titón, presa de la “angustia de las influencias”.
Es necesario buscar otra respuesta.

Para un país en perpetua transición, atenazado por experimentos inconclusos o abandonados en nombre de un proyecto mayor casi mitológico, el personaje protagónico —el dubitativo Sergio— tiene rasgos adaptables a distintas épocas y situaciones. La tensión entre una pulsión social tan desmesurada y un asidero individual tan insignificante condena a todos los “Sergios” posibles a la experiencia agónica de tener que vivir en el alambre. Sea en los años sesenta del entusiasmo, en los setenta del estalinismo, en los 80 del éxodo del Mariel y de la relativa apertura posterior, en los noventa de la la caída del Imperio Comunista y la consiguiente aparición del dólar, e incluso en los años 2000 de la proliferación de una Cuba extraterritorial en Internet y la blogosfera.
“De cierta manera”, Memorias del subdesarrollo no tiene fecha de caducidad.

En la película original, Sergio es un arquitecto descastado por la Revolución cuya familia se ha marchado a Estados Unidos. Él prefiere quedarse como espectador, pues, a fin de cuentas, la revolución no sólo ha derrotado a Batista, plantado cara al imperialismo norteamericano, liderado la rebelión latinoamericana, etc, sino que en su caso particular, lo ha liberado de su insoportable e hipócrita familia de la clase media cubana. Sólo que Sergio no se integra, al menos no del todo, y empieza a deslizarse hacia su inevitable destrucción. Como un pequeño Sade tropical —minúsculo por su anonimato, ínfimo por el orden menor de sus transgresiones— que no tiene cabida ni en el Ancien Régime ni en la Revolución, a Sergio sólo le queda el horizonte de la Bastilla, el Exilio o la Guillotina.

Ni en sus fotografías sobre Cuba, ni en su aproximación a Memorias…, Stan Douglas se ha permitido caer en esos estereotipos que rondan las pintorescas creaciones sobre Cuba de tantos artistas de Occidente. De ahí, seguramente, la buena acogida que le han dado a Inconsolable Memories dos perspicaces críticos cubanos. Desde la isla, Dayamick Cisneros la considera “subversiva”, “aguda”, “refinada”, capaz de estar a la altura de la pieza original de Gutiérrez Alea y de conseguir modificarla sin traicionarla. Desde el exilio, Carlos Espinosa es también elogioso, a la vez que llama la atención sobre la inteligente inclusión del espectador en la trama y nos alerta sobre el hecho de que la pieza de Douglas no debe ser vista, en ningún caso, como un remake de la película original.

Ahí tenemos al artista de Vancouver, nacido en 1960, que ya ha lidiado con Proust y Orson Welles, con Herman Melville y Karl Marx, capaz de arriesgarse en 2005 con Memorias del subdesarrollo, considerada por muchos como la pieza más importante de la cinematografía cubana.

—Esta revolución está hecha contra gente como usted.

He aquí la frase de un policía a Sergio. Una frase trágica de la era romántica. Una frase incluso lógica en medio de la lucha de clases entablada por la Revolución en sus comienzos. ¿Sartre hablando en voz de la autoridad policial? Probablemente; baste recordar las reiteradas idas y vueltas del protagonista sobre el lugar del intelectual en la sociedad y las prioridades de su compromiso ideológico.

En Inconsolable Memories, esta frase es repetida, por otro policía, al protagonista de Stan Douglas. También llamado Sergio; también arquitecto. Pero, a diferencia de “aquel” Sergio primigenio, el Sergio de Douglas es negro, de extracción humilde, con todas sus posibilidades de progresión social no ya en un pasado burgués sino en el futuro socialista. La misma frase, en un contexto distinto, en una época distinta, y contra una clase distinta, genera una disonancia considerable. Una turbación que crece en la medida en que nos internamos en una pieza tridimensional —un cine hecho para una sala de exposiciones, nunca para una sala cinematográfica— en la que prácticamente se nos conmina a participar.

La trama de Douglas sitúa la detención del joven arquitecto alrededor de 1979. De modo que Sergio es un pre-Marielito que en poco tiempo pasará a ser calificado como “escoria” en la primavera de 1980. Por esas fechas fueron expulsados de Cuba unos 125.000 cubanos. Mas las causas del éxodo del Mariel (nombre del puerto al oeste de La Habana por el que se abrió, finalmente, la vía de fuga) no se limitan sin embargo a ese hecho concreto. Fueron mucho más diversas y enquistadas en el complejo entramado de la Guerra Fría, extendida por esas fechas desde la revolución islamista iraní hasta la revolución sandinista en Nicaragua, desde la deriva estalinista del proyecto cubano hasta la miopía política del presidente Carter, desde la eclosión de una marginalidad no resuelta por el Estado cubano hasta la pericia estratégica de Fidel Castro para abrir una válvula de escape a su régimen.

Esas tensiones agobian al protagonista de Inconsolables Memories. Un personaje que podemos localizar en la generación Mariel: muy vapuleada, muy radical, muy extremista y muy creativa. Es fácil imaginar al Sergio de Douglas como compañero de aventuras de Reinaldo Arenas, Carlos Victoria, Guillermo Rosales, Alfredo Triff, Ricardo Eddy Martínez, Carlos Alfonzo, Juan Boza, René Ariza, los hermanos Abreu, Esteban Luis Cárdenas…

Un tipo, como ellos, fuera de lugar. Sin el halo clásico de los maestros que habían hecho carrera antes de la Revolución —Alejo Carpentier, Virgilio Piñera, José Lezama Lima—, y sin el glamour posmoderno de la generación posterior de los años ochenta. Un outsider, como ellos, entre un gobierno comunista que los echó del país como escorias porque no encajaban en su futuro perfecto y un exilio tradicional que no podía asimilarlos del todo porque no encajaban en las fantasías de su pasado perfecto.

Una vez enfocado ese no-lugar entre dos mundos, dos épocas, dos políticas, dos generaciones, me viene a la cabeza una idea no del todo objetiva: si bien el protagonista ideal de Inconsolables Memories debe ser alguien de la generación del Mariel, el espectador ideal de esta obra tal vez lo encontremos en la generación posterior, la del boom demográfico de los años sesenta, aquellos que fueron programados para convertirse en el Hombre Nuevo de la Revolución. Un sujeto que está a tiempo, todavía, de rebajar el perfil detonante de esas retóricas que insisten en estratificarnos en nombre del Pueblo, la Causa, la Patria, la Democracia, el Futuro Perfecto. Alguien que aún puede concebir un proyecto individual y notificar que no hay memoria que sea consolable. Que el único porvenir que merece alguna esperanza es aquel que, como el propio pasado propuesto por Stan Douglas, coloca ante nosotros, con toda crudeza, un futuro imperfecto.

Iván de la Nuez
Barcelona

*Fragmento y versión del ensayo “Our (Imperfect) Man in Havana” (inédito en español), publicado en el catálogo de la exposición retrospectiva de Stan Douglas, Past Imperfect, que tuvo lugar simultáneamente en el Kunstverein y la Staatsgalerie de Stuttgart.

PD ha escogido las ilustraciones y el video del post. Los fotogramas de la película son de David Zwirner.

Publicado en
Tags
11 respuestas
Comentarios

  • Ante dice:

    Vete a la porra, Nuez, dándotelas de culto con artículos de Wikipedia. Y encima cantando ditirambos a la dictadura de borrachos e incapaces que malgobiernan Cuba. Pero en fin, ustedes viven en una isla prisión. No les darán libertad, pero al menos les dan viajecitos al extranjero y hasta les ragalan un título de Doctor. No es raro en Cuba, que vuelve a ser la isla e Generales y Doctores. jajaja!!!!

  • CS dice:

    Lo unico que me molesta del articulo-en todo lo demas excelente-es cuando leo del entusiasmo de los anos 60. Fue en esos anos que llenaron el estadio con opositores, cuando crearon los pueblos cautivos, y los UMAP, y ejucutaron a miles, y sacaron los tanques contra las amas de casa camagueyanas. No creo que se debe seguir hablando de esos actos criminales como resultados del entusiasmo. No quiero ofender con estas palabras, entiendo que todo el mundo tiene su pasado particular y el infierno de algunos fue la esperanza de otros pero siento que tenia que hacer este comentario.

  • Sopo dice:

    Ivan, mi comentario era en referencia al de Veronica, que le gustaria ver la segunda parte y conseguirla en Moscu. Por eso dije que todavia no estaba en la calle.

    Ahora, no se si Coyula ya termino de “rodar” toda la pelicula. Tendria que preguntarle. Tengo la impresion, por lo ultimo que he sabido, que esta en el proceso de editarla.

  • Ivis dice:

    Muy buen ensayo. Es maravilloso que le abran a uno los ojos de este modo. Un saludo.

  • Iván dice:

    Gracias a tod@s por los comentarios. Sopo, sólo digo que Coyula ha “rodado” la segunda parte, porque es lo que he podido saber por entrevistas leídas, además de ver el teaser del que hablas. Por tu comentario, ¿puedo entender que no se ha terminado ni siquiera la fase de rodaje?
    Gracias

  • Angel Duarte dice:

    Acojonante, con perdón.

  • Sopo dice:

    Para aclarar. La pelicula de Coyula no ha salido todavia. Esta en proceso, y no terminara hasta por lo menos un anio. Coyula solo ha publicado en youtube.com un “teaser” y algunos fragmentos. Eso es todo.

  • Isis dice:

    Excelente, Iván.

  • Anónimo dice:

    Esa “normalidad”, en términos cubanos, ni ha existido -salvo pequeñas lagunas-, ni existe ni aparece nada interesante que permita esperarla a corto plazo. Los que la hemos alcanzado, ha sido como franceses, españoles, canadienses o americanos. Si un día ese Estado de Derecho llega a Cuba, será para que esa generación gestione su jubilación y el asilo (de ancianos). Ser un individuo tiene también su mérito y no es poco el aprendizaje y el reto que representa.

  • maite dice:

    La generación de los 60, la nuestra, esa que fue «programada» para un proyecto «social» y sin «proyecto individual», ha tenido que aprender el mundo, el real, en el exilio, ha tenido que aprender a funcionar, a ser por fin mayores, responsables y pagar impuestos.
    La Libertad para nuestra generación, al menos para mí, ha sido tratar de mantener un camino alejado de todas «esas definiciones,» a un lado y a otro, que siempre han tratado de privarnos de la Libertad y de vivir nuestra individualidad en situación y exigencia siempre de «definiciones,» de dogmatismos, de generalizaciones anuladoras, lo que no quiere decir que no se defienda en voz alta, la Libertad como única posibilidad de funcionar y como exigencia de respeto. Nos vendieron la teoría del mundo perfecto con los dogmas, somos el fin del fracaso de occidente, dos mil años de idealismo y de invención de «la perfección.»
    El futuro posible para los cubanos es un Estado de derecho, donde todos los cubanos sean iguales ante la ley, y donde esas leyes los protejan, ese sería el único consuelo, la normalidad.

  • veronica dice:

    He vuelto a ver hace poco “Memorias del subdesarrollo”, me la ha traido una amiga cubana que vive en Paris, y me ha vuelto a impresionar la calidad de la pelicula. Me gustaria mucho ver la segunda parte, pero me imagino que aqui en Moscu sea imposible conseguirla. Aqui ponen mucho cine comercial, y casi nada de cine intelectual.