- jun 14, 2008 • 12:12h
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En un artículo dedicado a criticar la jerga revolucionaria y el vocabulario del castrismo, aparece censurada la palabra “jodido”. ¿La quitó Ichikawa o la borró la redacción del Herald? Absolutamente de acuerdo en que “no se puede superar al castrismo en el ámbito de su propio vocabulario y su rutina”. Tampoco se puede superar la estupidez del puritanismo con puntos suspensivos.





Bien decididos escribamos una carta de protesta de intelectuales por la supresión de la palabra “jodido”. Qué aburridos estamos.
A mi tambien me parecio esa Jota, y su colita de puntos suspensivos, como una mutilacion parida por la mojigateria heredada.
Hasta en “Generacion Y” (Mi blog preferido) se trata de eliminar “palabras obscenas”, y les preguntaba si en vez de Culo, tendria que usar “Esfinter Anal”.
Imaginense el refran : “Quien quiera pescao, tiene que mojarse el culo”, traducido asi: “Quien desee ingerir pescados ha de humedecerse su esfinter anal”. Yuck !!!
Efectivamente, MUCHO se pudiera escribir sobre la jerga revolucionaria. El mal no ha sido solamente cuestión de comportamiento, degradación de valores, relativización del oportunismo y verdadero y serio trauma mental. El lenguaje lleva su “barranca abajo y sin freno” desde hace mucho tiempo. El léxico oficial como el oficioso como el popular degenerado como la invención de palabras y gestos. En los años 70 también existía la palabra “acere” (o “asere”, nunca he sabido si es con c o con s) pero muchos no nos permitíamos el lujo de nombrarla, mucho menos de hablar así, y conozco personas en Cuba que todavía no se entregan a ese desliz. Lo que en aquellos años fue “cheo” con toda su carga de mal gusto, hoy casi es un habla popular y algo que se da por sentado al haber nacido en Cuba, además de saber bailar (“salsa”, palabra todavía prohibido cuando yo salí PARA SIEMPRE en el 82), de ser santero o de comer siempre frijole-negro-con-picadillo. Un primo, recién escapado el año pasado vía zodiac-guantánamo-frontera mejicana, me llamó hace unos días desde Miami para “reportarme” cómo le iba la vida.
Por otra parte, noto una cierta tendencia a acentuar esas “omisiones” con puntos suspensivos o con prefijos desaparecidos (p.e. la RHC publicó un texto mío leído en las jornadas sobre HOMOsexualidad en Cuba, que tuvieron lugar en enero de este año en Madrid) y el “homo” desapareció ¿por acto de magia? Se me dijo verbalmente que había sido un error, pero ¿los errores son siempre casuales?