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Obama y el nuevo mesianismo

  • Jun 13, 200800:22h
  • 12 comentarios

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Debemos a G. K. Chesterton, ese gran acuñador de frases, una célebre —y a mi juicio, preocupante— definición de EE UU: “América es una nación con alma de Iglesia”. Aunque fue escrita por un hombre de fe, la frase no es precisamente un elogio: algo funciona mal en una nación demasiado convencida de su excepcionalidad, que gusta creer que Dios le habla directamente y que tiene una misión como pueblo elegido.

Hace poco, en otro artículo para este mismo blog, afirmé que Dios podría estar abandonando el centro de la política norteamericana. Lo escribí tras ver cómo los republicanos, aquellos que desde hace veinte años presumían del monopolio mesiánico, han acabado escogiendo a un candidato laico, más bien tibio a la hora de invocar al Altísimo. Pero los viejos hábitos mueren lentamente: según las estadísticas, el 88% de los norteamericanos cree que Dios les ama personalmente y un 20% de los mismos cree que esta Presencia les habla. Tales cifras ayudan a comprender por qué desde Joseph Smith hasta Yahweh ben Yahweh, pasando por Mary Baker Eddy o David Koresh, ninguna otra nación moderna ha tenido tantos profetas ni ha creado tantas religiones.

En Estados Unidos hay una Iglesia por cada 870 personas. Los domingos se llenan, así que no es de extrañar que en muchas comunidades el debate religioso pueda a menudo superponerse —cuando no sustituir— al debate político. A menudo los votantes han acudido a las urnas dando la espalda a sus intereses inmediatos por motivos religiosos y de principios. Declaraciones de fe y citas bíblicas han abundado en los discursos presidenciales y no hay dudas de que la religión fue hasta hace poco una de las grandes bazas electorales del Partido Republicano. El panorama, ahora, ya no es el mismo.

Pero hay una posibilidad en la que no había pensado: ¿y si Dios simplemente hubiera cambiado de partido y se hubiera unido a los que ahora piensan en votar por los demócratas?

El fenómeno Obama parece haber cambiado las cosas. Esa mezcla de metafísica y política que durante mucho tiempo se identificó con el discurso de un partido conservador ha comenzado a permear de manera preocupante la campaña del Partido Demócrata.

No caben dudas de que Barack Obama es un líder carismático. Pero, ¿hasta qué punto es bueno eso del carisma? Kate Zernike, en su artículo “The Charisma Mandate” (New York Times, 17.02.2008) escribe:

“Carisma, tal y como definió el sociólogo Max Weber, es uno de los tres tipos ideales de autoridad —siendo los otros el legal, como en la burocracia, o el tradicional, como en una tribu— y descansa en una forma de adoración del poder mágico y en el culto del héroe. Esa definición resulta, desde luego, poco adecuada para los tiempos modernos, como escribió uno de los muchos intérpretes de Weber, Arthur M. Schlesinger Jr., en The Politics of Hope. Su uso se convirtió en un sinónimo chic para heroico, para demagógico o incluso para popular (…) Por su propia definición, el líder carismático emerge en tiempos en que se teme una crisis nacional, y existe probablemente un vacío en las instituciones nacionales.”

En su artículo, Zernike usa como ejemplo de carisma a J. F. Kennedy, o más exactamente, a Kennedy tal y como era recordado por Schlesinger. Pero los cubanos pueden recordar a otros líderes, contemporáneos de Kennedy: muy mal les ha ido creyendo en ellos. Y los europeos, tres generaciones más tarde, aún arrastramos los destrozos que dejaron los últimos líderes carismáticos de Europa.

La increíble y veloz carrera del candidato Barack Obama a la presidencia de EE UU es uno de los fenómenos más interesantes del panorama político de las últimas décadas. Sea cual sea el resultado de estas elecciones, habrá que estudiarlas en las facultades de Ciencias Sociales (o de Marketing) del futuro. Me atrevo a afirmar que, en esos estudios, el elemento mesiánico ocuparía un espacio nada desdeñable.

El primer recurso del mesianismo consiste en separar al político del resto del escenario, y en hacernos creer que se trata de alguien no ordinario. De ahí al Iluminado, al ungido por Dios, sólo hay un paso. Y muchos seguidores de Obama han decidido darlo. El gurú de la autoayuda, Deepak Chopra, se ha referido a la candidatura de Obama como “una trasformación total de la conciencia americana”. La novelista Toni Morrison, la misma que bautizó a Bill Clinton como “el primer presidente negro de América”, habla ahora de Obama refiriéndose a su “imaginación creativa, que unida a su brillantez equivale a sabiduría.” Jesse Jackson, que después de todo es un pastor religioso, juzgó la victoria de Obama en las primarias de su partido en estos términos: “Lo que Barack Obama ha conseguido es la cosa más extraordinaria que nunca ha sucedido en los 232 años de historia de nuestra nación… El caso es tan extraordinario que debería añadirse un nuevo capítulo a la Biblia para recoger su significación.”

Como dijo algún comentarista, ¿por qué sólo un capítulo? ¿por que detenernos ahí? ¿Por qué no un nuevo Nuevo Testamento?

Durante la campaña de Obama se han visto muchas cosas preocupantes de este estilo, incluso en la prensa. No se trata sólo de fotos rebuscadas como ésta. O de imágenes endiosadoras, a medio camino entre la estética totalitaria y las revistas de los Testigos de Jehová:

obama_noland_poster.jpg

Es también un asunto de discurso. El tono del predicador ha marcado todo el discurso político de Obama y a la mayoría de sus seguidores no les cuesta trabajo aceptar que el candidato demócrata posee algún tipo de mística o magnetismo. Los votantes, todos los votantes, deben creer que su candidato es distinto al resto de los mortales… pero es más preocupante cuando los creadores de una campaña llegan a creérsela.

David Mendell en su Obama: From Promise to Power recoge algunos ejemplos de esa devoción; son más bien simpáticos pero sumados a otros síntomas podrían llegar a ser inquietantes:

“Mientras la campaña oficial de Obama se estancaba bajo la dirección de un manager periclitado, Bettylu Stalzman trabajaba detrás del escenario. Montaba recogidas de fondos y actuaba como intermediaria frente a Axelrod (el futuro director de la campana de Obama) a partir de la creencia de que tenía entre sus manos a una estrella en ciernes en la persona de Obama. “Estoy seguro de que empleó la palabra mágico,” dice Axeldrod con una sonrisa. [página 183.]

El asunto tiene precedentes:

“En Chicago, Obama aparecía en la lista de la docena escasa de políticos que tenía ALGO tenía.” Debajo de una foto muy favorable de un sonriente y confiado Obama, el Chicago Sun-Times proclamaba, admirado: “El primer presidente afroamericano de la Harvard Law Review tiene la sonrisa de una estrella de cine y mucho más que un aire místico. Nos gusta decir su nombre. Estamos considerando usarlo como un mantra.” [página 218].

Si siguen con dudas, miren esto:

“Los cantos de “O-ba-ma” O-ba-ma, O-ba-ma” llenaron el Hyde Park Demócrata. Obama logró tal devoción por parte de las masas que incluso él y sus ayudantes se sintieron abrumados. ‘Por un momento, pensé que Barack se iba a levantar y dirigirse a la gente diciendo ‘Hijos, hijos, he venido a salvaros,’ bromeó su chofer y guardaespaldas, Mike Signator. ‘Era increíble’.” [p. 297]

Por supuesto, el propio Obama ha jugado con estos “efectos especiales” para conseguir un éxito arrollador: “Somos aquellos que estabas esperando. Somos el cambio que buscamos” —dijo en su célebre discurso del Supermartes. Un postulado semejante, no hay que olvidarlo, fue el que convirtió a Fidel Castro en ídolo popular de multitudes en sus célebres Declaraciones de La Habana.

El culto a Obama tiene que ver con su insistencia con un discurso basado en la esperanza y en la creencia. “Hope” (esperanza) y el verbo “to believe” (creer) son claves fundamentales de su vocabulario político. En todo caso, unas de las más repetidas. Conduce finalmente a la idea de que el candidato no está “en el mismo plano” que el resto de los políticos norteamericanos. No es exactamente la religión que ha permeado el discurso republicano, sino un tipo de religiosidad que colinda con el mesianismo. Muchos analistas —y caricaturistas norteamericanos— están comenzando a sentirse preocupados, desde American Thinker a Slate. Pero lo mejor que he leído al respecto es un artículo de Michael Knox en National Review titulado “Obama’s Messianic Politics”, de donde entresaco el siguiente fragmento:

“La habilidad de Obama para explotar esa veta muestra una destreza política fuera de lo común. Pero al revisar la política de la redención se ve que es menos bíblico y que se centra mucho más que sus predecesores en un tipo particular de magia shamánica (la propia). El Obama de principios del mileno es más New Age que Nuevo Testamento, más propia de un concierto de rock que de la “Roca sobre la que construiras un templo para las edades.”
La dificultad frente a esa versión de la redención en la que el candidato se presenta como un Dios de la Primavera, es que tiene eco sobre todo en un grupo relativamente pequeño de votantes —demócratas prósperos, universitarios, que suelen tener menos fe que sus más pobres y menos educados correligionarios en la figura del sanador redentor tradicional en Occidente (Jesús), o eso al menos sugieren las estadísticas de asistencia a la Iglesia. En un estado azul [que vota demócrata] como Connecticut, los ingresos y la asistencia a la Iglesia sostienen una correlación inversa; en territorio demócrata, son los más pobres los que probablemente sean más convencionalmente piadosos. Esos no andan en busca de un mesías, ya han encontrado uno en la Iglesia.
Por el contrario, los ricos sin Iglesia, las élites demócratas, ansían el nirvana secular que Obama les trae. La Obama-manía es la expresión política del mismo impulso que subyace en un movimiento más amplio, entre los ricos educados, hacia una espiritualidad postcristiana, evidente en fetiches como el yoga, el feng-shui, el budismo para banqueros y el sufismo para tenistas —la mania del lo pequeño es hermoso y lo verde es bueno.”

La cita es larga pero, dentro de su partidismo, abrumadoramente clara.

¿Conseguirá imponerse Obama en noviembre con un discurso inspirado en la mejora de las almas y el carisma del líder? Junto a la pregunta, cada vez más secundaria, de si aceptarán los norteamericanos a un presidente negro, parece haber surgido una nueva cuestión: ¿están los Estados Unidos dispuestos a votar por una forma más o menos alternativa de espiritualidad?

Juan Carlos Castillón
Barcelona

12 respuestas
Comentarios

  • el mesiamismo es un instrumento material y comunicativo

  • Isis dice:

    Sé que estoy tarde para comentar, pero de todos modos quisiera decir: excelente y brillante artículo!
    Gracias, Juan Carlos.

  • maite dice:

    Son los nuevos “mesías” de las nuevas tecnologías, porque en el marketing político de Obama la web ha jugado un papel fundamental. Muy bueno el anàlisis iconogràfico de las imàgenes, con la aureola como por casualidad, todo eso son mensajes subliminales a un electorado sobre todo el latino que es muy católico.El pueblo americano es muy religioso y también muy pragmàtico, hay un sector de la gente que ha vivido con mucha frustración la administración de Bush, y eso es lo que ha aprovechado Obama en su discurso.

  • Woland dice:

    Un análisis profusamente documentado, con su cita de Chesterton y todo, obviamente muy meditado.

    No obstante (y me estoy cansando del papel de abogado del Diablo…), hay que señalar un par de cosas que me parecen erróneas, cuando no burdas tergiversaciones. Para empezar, esas asociaciones Obama-Castro (u Obama-¡Hitler!, ver comentario 3) son, para decirlo suavemente, golpes bajos. (En mi barrio dirían más bien: “¡Mariconá con el mulato…!”) J.C.C. es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que la situación histórica de Cuba en 1958 tiene tanto que ver con la de los Estados Unidos del 2008 como un pistolita de juguete con una bomba atómica. (Hay comparaciones mejores, pero).

    Otra cosa: claro que el artículo se centra en un aspecto de la personalidad / imagen / campaña / … de Obama. Válido. Pero no hay que olvidar que estamos hablando de los Estados Unidos. El presidente podrá ser muy poderoso, y tener su Air Force One y su maletica con claves nucleares y tal – pero hay un sistema de contrapesos muy bien engrasado en más de DOS SIGLOS de funcionamiento que es capaz de frenar cualquier (posible) desviación. Pretender que los EE.UU. se transformarán en una república santo-bobo-bananera el año que viene, porque el reverendo … Jackson eructe otra de sus declaraciones, me parece gratuito. Por no decir insultante.

    Por cierto, se ve que Chesterton también escribió que “idolatry is committed, not merely by setting up false gods, but also by setting up false devils”. Otra frase ingeniosa.

  • Excelente análisis. Pero nada en la historia de Estados Unidos autoriza a establecer divisorias entre republicanos y demócratas en cuanto a la fe. El mesianismo, fuerte en las sectas evangélicas, no tiene tradición política en ese país.

    El Abicú

  • misha dice:

    Muy buen artículo.
    Muy documentado. Y con gran lógica.

  • Saúl Sanfiel dice:

    Magnífico. Hay mucho idiota, aquí, naíf, en los EE.UU., pero la mayoría, entre los que me cuento, nos defecamos en esa cretinada. Yo, por ejemplo, lo encuentro ridículo en esa poses teatrales. No olvidarse que Hitler estudiaba igual frente al espejo. Pero eran otros tiempos. Obama es un demagogo, superficial, sin experiencia, mulato, sin antecedente de negritud norteamericana. No saldrá. Todo eso es discurso para idiotas, adolescentes y vainas. Ganaremos republicano. Este país rechaza a Obama y la os omabistas. Y no es por su negrura. Sino es precisamente por esa aura, que entre cubanos, bien podríamos llamar tiñosa. Recuerden. Obama no ganará. A la hora de los mameyes la gente votará por John McCain. La diferencia de puntos en la votación va a ser abrumadora. Me la juego al canelo.

  • Henry Gomez dice:

    Es verdad que EE.UU. es un país religioso en comparación con otros. Pero creo que tenemos que separar el tema religioso de la imagen mesiánica que le sigue a Obama. O sea la religiosidad del país no tiene que ver con la carisma de Obama y la manera que algunos lo alaban. Lo ultimo es una manifestación de una obra de mercadeo muy bien hecha.

    Hay que acordarse de algo importante. La gran mayoría de los votantes no han empezado a pensar sobre la elección en noviembre. En la primaria Obama a recibido 17 millones de votos. Se supone que en noviembre que van a votar mas de cien millones de Americanos. Obviamente hay muchos que van a votar por Obama pero no todos son los discípulos del Mesías. Muchos votaran por el porque simplemente son Demócratas o porque odian al Presidente actual.

    En este país los que salen a votar en bloque y números masivos son los mayores de edad. Los jóvenes (que en estos días) hacen mucho ruido en las campañas y que hacen videos en youtube (y en otras generaciones protestaban la guerra de Vietnam) nunca salen a votar con los mismos números que los ancianos. Son precisamente esos ancianos los que mas religiosos son y no creo que ellos piensan que Obama es el gran redentor. Los jóvenes que apoyan Obama tienden ser los que no creen en dios, prefiriendo creer en un hombre.

  • Ric dice:

    JC siempre brillante. Extraño sus recomendaciones librescas.