- abr 24, 2008 • 19:36h
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Carlos Alberto García (La Habana, 1959), pintor cubano residente en México, inaugura hoy la exposición “La persistencia de la forma” en el Museo de Arte de Querétaro, uno de los más bellos claustros barrocos de América.
La muestra recoge varias décadas de trabajo en pintura, dentro de un lenguaje abstracto con fuerte tradición y sólidos antecedentes en la historia la pintura cubana, pero también de grandes contratiempos y azarosas fracturas.
Cuarenta años después de la primera acuarela abstracta de Kandinsky, surge en Cuba un movimiento de arte abstracto directamente relacionado con las tendencias no figurativas de postguerra, que encabezaban, en Estados Unidos, artistas como Franz Kline, Jackson Pollock o Robert Motherwell, de claro matiz expresionista y en Europa, abstraccionistas “líricos” o “tachistas” como Georges Mathieu, Hans Hartung y Jean Paul Riopelle, entre otros.
El grupo de Los Once, que exhibe por primera vez en 1953, agrupó a artistas que habían decidido abandonar la representación figurativa como respuesta al anquilosamiento al que envejecidas y complacientes “vanguardias”, repetidas desde 1927, habían llevado al arte nacional. En 1954, los artistas de Los Once declinan participar en la conservadora Bienal Hispano Americana y organizan su antológica “antibienal” en el Lyceum, manifestando, con un arte “neutral” como el abstracto, su negativa a cooperar tácitamente con el gobierno de Batista.
Paradójicamente, al triunfar la revolución de 1959, el nuevo poder establecerá “reglas de juego” que excluyen la abstracción como lenguaje válido y los pintores abstractos cubanos se marchan al extranjero o se “adaptan”, cambiando su expresión hacia otros estilos más potables como el pop art, la nueva figuración o una suerte de “nuevo realismo socialista”, cundido de guajiros y mambises florales, bucólico y patriótico, impulsado desde el nuevo templo de la Escuela Nacional de Arte. Contra todo pronóstico, las escuelas de arte produjeron algunos pintores informales, aunque la presencia de la abstracción ortodoxa en los años setenta es casi nula. El diseño se tragó a los geómetras, a los concretos, también pioneros en el cincuentipico y también desmembrados. Pero desde el leñazo, los buenos pintores abstractos siempre fueron escasos.
En 1974, García, nacido en 1959, ingresa en la Academia de San Alejandro, la centenaria escuela que provee artistas visuales desde 1818. En esa época, en pleno tiempo gris (la grisura que desbordó con creces un quinquenio), sobrevivía, languidecía, resistía en Cuba (en la capital, podría decirse) una pequeña y triste guerrilla abstracta, atrincherada en el utilitario rubro de la “decoración” de establecimientos comerciales, básicamente pizzerías y restaurantes, de quien se recuerda a Carlos Trillo (materista memorable por su frecuente uso de materiales “alternativos” como la arena y el chapapote), a Arturo Buergo y a otros artistas menos conocidos. Fuera de la patitiesura del Museo Nacional (que vagamente “atesoraba” obras de los abstractos de los cincuentas que permanecieron en el país, fieles al nuevo régimen) y de la abstracción vista en papel (viejos números de la revista ArtNews o el seminal N.Y. The New Art Scene de Alan Solomon y fotografías de Ugo Mulas, en la edición en español de Lumen de 1967, que milagrosamente permanecía en la biblioteca de la escuela), esa fue básicamente la pintura abstracta que vieron los jóvenes de su generación.
Miope desde niño, su talento y su especial visión (en parte “corregida” por gruesos, insoportables lentes) para captar la realidad, le permitieron a Carlos sortear con éxito los fatigosos años de estudios académicos, saturados de ejercicios de figura humana del natural, paisaje, naturalezas muertas con modelo y otros métodos antediluvianos y comprometidos con la representación reconocible. Tradujo toda figura, toda forma, toda naturaleza observada a una borrosa depiction de difusos contornos, líneas suaves y tanteadoras, con una infalible, maquinal capacidad de distinguir valores. Se validó pronto como líder entre sus condiscípulos y se alimentó también con el veneno de la información prohibida, el arte occidental. Tras casi una década de escuelas, a punto de terminar el ISA y en medio de la moda (o la necesidad —a veces la unión hace la fuerza—) de los grupos, que floreció hacia los ochenta, se involucró con otros tres pintores en un equipo con nombre de ganga motorizada, 4 x 4 , que realizó dos muestras en La Habana y hacia 1985 había desarrollado una independencia que asustaba, con formatos cuadrados y severos, con gigantescas manchas de esmalte de carro, sin cuajar, amarillo chillón, negro retinto o rosa, como yemas-objetos en medio de claras expansiones, blancas, contaminadas, sin barreras.
He leído de lo escrito sobre su participación en un three men show año pasado en La Habana, con un sobreviviente de Los Once, Antonio Vidal y Rigoberto Mena, uno de los —escasos todavía— abstraccionistas jóvenes y aprehendo, distingo en Carlos su sutil maña de sugerir figuras, islas, cosas, paisaje. Su obra gráfica, básicamente calcográfica, enseña más que nada mundos reconocibles, letras, números, figuraciones distinguidas. Kiefer, Twombly, Richter, Tàpies sobre todo, ya advertidos, se reparten sin duda su cosecha. Sus buenos quince años mexicanos, le tatuaron ya a Corzas, a Gerszo, a Rojo, en rojo volcánico, distinto al de su tierra colorada de antes, la de sus padres y hermanos. Fue en México donde chocó de frente con un chino en el Museo Tamayo, Zao Wou Ki y con Sicilia y con mucha otra vida, información y cultura. Su obra actual, cómoda en los tres metros, evidencia otros enigmas, otros signos y códigos, pigmentaciones de nueva latitud. Pero por sobre todo, el ojo percibe la pericia, la “academia”, el realismo que pedía el maestro Rafail Didenko, manipulado por el ojo y sus ópticas.
César Beltrán
Miami
PD: Una entrevista reciente con el artista.







alguien por favor me podria decir el nombre de la pintura que se presenta en esta pagina ?
No creo que fuera oportunismo en el caso de Raúl Martínez, conocí a Raúl, que ademàs por ser homosexual fue discriminado…
Raúl Martínez era un excelente fotógrafo y trabajaba en la publicidad desde los 50, luego era diseñador gràfico, y pienso su obra llegó a la figuración desde su trabajo gràfico, quizàs su obra abstracta fue un fenómeno màs de moda que de verdadera profundidad conceptual.
Antonia Eiriz que nunca pertenció a Los Once, pero tuvo mucha relación con ellos, -familiares, casada con Manuel Vidal escritor y dibujante hermano de Antonio Vidal, fundador de Los Once- y de gran amistad con casi todos los miembros del grupo, especialmente con Guido Llinàs, al que nombraba siempre como su maestro, Antonia evolucionó desde la abstracción hacia una figuración de corte expresionista crítica.
Todos viajaron a New York en los 50, por períodos de residencia màs o menos cortos; mi padre me regaló un libro sobre el “action painting” cuando empecé a estudiar pintura y recuerdo me contaba de un viaje de Raul Martínez a NY, -mis padres residían allí- y que acompañó a Raúl a ver una expo de Joan Mitchell, la artista abstracta norteamericana, y que para Raúl la obra de ésta fue un gran descubrimiento, y es cierto que hay influencia de la Mitchell en su manera de pintar a fines de los 50
Totalmente de acuerdo contigo Maite.
Hace poco lei algo que escribio Beltran haciendo loas a Raul Martinez,pintor de la revolucion.decia Martinez,segun Beltran
“Mi vida artistica se divide en dos periodos;uno la abstraccion,el otro la figuracion”.Y yo digo que casualidad que el segundo periodo coincide con el triunfo de la revolucion.Beltran continua diciendo “al llegar los mandantes verdeolivos,el arte cubano se fragmenta y Martinez se encarrila en una figuracion”. Y yo pienso,porsupuesto,desde un lenguaje figurativo seria mas clara su sumusion,su servilismo y apoyo al sistema comunista.
Yo no conoci a Martinez,pero a un artista se le conoce por su obra, y su trabajo era un panfleto revolucionario. SLR.
A cualquier artista que se vaya de Cuba y rompe con la distadura le descuelgan las pinturas de museos,aunque sea hiperrealistas,y si eres cantante te sacan de la radio. Lo que me gustaria preguntar, para establecer aqui, es si en realidad habia una caceria de brujas con los artistas abstractos como insinua Beltran. SLR.
Los abstractos que se quedaron en Cuba y siguieron siendo abstractos sufrieron ostracismo, destrucción de piezas, los que se fueron los descolgaron de las salas del Museo Nacional…en los años 60 y 70, luego las cosas cambiaron con el Ministario de Cultura, pero ya estaban mayores, y nunca fueron prioridad promocional de las políticas culturales, se promovía “a los jóvenes” la cosa màs ridícula y nunca vista, pero era así, los “frutos de la revolución”, el arte era una vitrina política de la sociedad y formaba parte de lo logros de la revolución
Quizas los mismos artistas renunciaron a lo abstracto para ser complacientes y ser reconocidos.Porque entiendo que si muchos otros continuaron haciendolo,a pesar del ostracismo,no significa que se prohibio.
Francisquito no era el nombre del muñeco del ventrílocuo Centurión?
Por supuesto que una pila de artistas fueron relegados o amordazados, claro, basta con mencionar a los tres monstruos: Chago Armada (demasiado olvidado, pero yo no lo olvido, lo ensalzo donde quiera que vaya) Antonia Eiriz, Umberto Peña, pero nadie lo fue por ser un artista abstracto, que yo sepa.
Muy bien, César. Me gusta el café fuerte de lo que escribes. Y sí les digo que si no vetaron o prohibieron a los abstractos, a los matéricos y a todo lo que oliera a informalismo fue por estrategia, pero bien sabemos desde la Eiriz, cuanto fueron relegados por no ser complacientes con el poder. Para prohibir no siempre es necesario decir que no, también se puede obviar desde el silencio. Así, Césarito, bien abajo y a tres trozos.
Y muy bueno el post de Carlos.
Creo que respecto al arte, siempre el gobierno cubano tuvo un oportuno sexto sentido que le aguanto la mano para evitar poner en blanco y negro sus imposiciones. Ademas no creo que le interesara mucho el tema, la estigmatizacion del arte abstracto quiza era un tema mas importante para grupos de artistas que trataban de llevarse el maso de los organismos culturales y educacionales, y con ello el poder del entonces Consejo Nacional de Cultura, la historia Rusa repetida por lo menos sin Siberia. Cuando entre al ISA el primer catesismo que nos dicto Orlando Suarez fue que en aquella institucion .. “teniamos absoluta libertad de creacion, siempre y cuando no hicieramos abstraccion o pornografia.. y por supuesto no se toque a la revolucion”, no estaba escrito en ningun lugar Francisco, pero asi era la cosa. El pintoresco galerista Silva, tambien contaba como anos antes, el mismo personaje llego a su galeria del Habana Libre vestido de miliciano a botar a lo bestia, es decir tirando para una tonga fuera de la galeria, toda la obra moderna o abstracta que estuviera en sus paredes y que en aquella epoca dejo a Silva en la calle.
Y esto es sin rencor al personaje, el fue solo uno mas, el que mas cerca tuvimos, algunos no lo pueden perdonar, nosotros en la escuela decidimos que su problema era falta de carinho y por ahi nos fuimos aguantando, su grupo de poder se disolvio cuando se crea el Ministerio de Cultura y tras el stunami alrevez del Mariel, los ’80 etc ya la historia fue otra y empezo la amnesia.
Tiene razón Francisquito. En su afán literario, el amigo Beltrán a veces exagera. Se podría sumar a Loló en esa breve lista.
Carlos García es un gran pintor cubano, uno de los grandes de la abstracción.
En cuanto a la abstracción nunca se prohibió ni vetó en Cuba como lo dice Beltán, no sé de dónde saca esto, no hay que mezclarlo todo y ser objetivo. Algunos artistas que utilizaban la abstracción se fueron, otros cambiaron de lenguaje, pero varios otros siguieron con la abstracción en Cuba: Vidal, Sandú Darié, Tapia Ruano, Fayad Jamís, Pedro de Oraá, Corratgé, Vazquez Martín…
Extraordinario pintor, artículo brillante, gracias.
Perdon, quise decir la Antibienal fue para oponerse a Franco y Batista
Hermoso cuadro, hacía muchos años no veía pintura de Carlos García. Es un artista físico Carlos, de fuerza y emoción, desde siempre.
Muy buena la reseña César, y desde el punto de vista histórico excelente, los abstractos en Cuba no todos se dedicaron a “decorar”, hubo unos talleres que se llamaban Cuba 64 y producían objetos para la decoración.
Luego la Bienal Hispanoamericana del 1954 fue para oponerse a Batista y a Franco que la patrocinaba, fue una antibienal antifranquista.
Mi padre me contaba, -y comienzo así porque estas memorias son de tradición oral- que el aparato digamos ideológico del franquismo, creó a principios de los 50, ésta Bienal artística para legitimarse internacionalmente y sobre todo en iberoamérica. Fueron los artistas del grupo Los Once los que organizaron la Antibienal del Lyceum, luego mi padre me contaba que en la época post 1959, de eso nadie hablaba, incluso, no se estudiaba con esa importancia desde el punto de vista político ni en la Universidad, porque gran parte de los artistas “importantes” y “militantes” habían escogido participar en la Bienal de Franco y Batista