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Zumbado: marcando la diferencia

  • abr 11, 200810:36h
  • 2 comentarios

Dicen que las personas que tienden a la genialidad poseen un notable sentido del humor; que son burlonas, poco graves. Quizás la temprana comprensión del mundo los inclina a mirar la vida con una verónica en el brazo, quite a quite. O con las botas puestas, finta a finta, gambeta tras gambeta. No importa el gol o el descabello.

Esto no quiere decir que los humoristas tengan, como personas, esa cualidad. Conozco a muchos humoristas tristes, acartonados y solemnes. A lo sumo sarcásticos. Cuando un humorista dice, por ejemplo, que lo único que puede salvar a Cuba es el chiste, no ha hecho más que sustituir una maraña trascendental por otra. Se trata de una posición ante el humor que carece de sentido del humor.

El humorista cubano, paradójicamente, siempre estará en guardia para evitar que los demás oficios del espíritu desautoricen su afán. Y más aún el humorista formado en las escuelas de la Revolución, donde prevalece un prejuicio de alta cultura que mira con desdén ese tipo de empeño.

“Bufón” ha llegado a a convertirse casi en sinónimo de tonto y colindan con él los sospechosos títulos de “cómico”, “chistoso” y “gracioso”.

Héctor Zumbado es uno de los pocos humoristas cubanos que trataba la vida genialmente, con humor. Y esto, por supuesto, no acontece impunemente. También fue humorista a todo riesgo Marcos Behemaras, un viejo comunistas al que muchos anticomunistas recuerdan como una buena persona.

Recuerdo los escritos y las actuaciones de Zumbado. Él sobrevivió con autenticidad al influjo Les Luthiers en el humor cubano de los 80, que fue tan fuerte y tan nivelador como el de Oscar d’León en la música popular de la época.

Era un hombre a un bigote pegado. Bordeaba con riesgo la piscina del Hotel Nacional. Las clases de Estética de mi profesor y amigo Jorge de la Fuente comenzaban con una anécdota suya. Así quiero recordarlo. Es más nítida, más autorizada y entrañable esta evocación que hace unas horas me ha enviado el escritor Ramón Fernández Larrea:

“Zumbado le puso Teriana a una de sus hijas porque el que fue mi suegro había bautizado así a una de sus hijas, hermana de mi ex esposa. Tenían una excelente relación, a pesar de que mi ex suegro es un hombre aparentemente seco, muy serio. Lo invitó a almorzar un día en su apartamento de Playa. Creo recordar que era un segundo o tercer piso en un edificio que hacía esquina. Se sentaron. La mesa estaba pegada a una ventana. Hasta allí llegaba el escándalo de una discusión de pelota en los bajos. Zumbado, sin inmutarse, agarró la jarra del agua, la sacó por la ventana sin mirar mientras seguía conversando y derramó el contenido. Mi ex suegro miraba toda la operación atónito. El agua cayó toda sobre el bullicioso grupo que rápidamente alzaron la vista y comenzaron a proferir los peores insultos, pero sin tener la certeza del lugar desde donde los habían bañado. Zumbado y su amigo terminaron de almorzar y bajaron. La concentración de damnificados se hacía más numerosa, se sumaban otros a gritar improperios a la cubana, incitaban al culpable a bajar y fajarse. Zumbado se sumó al grupo cuando le explicaron lo que había pasado. Era uno más gritando contra las ventanas superiores.”

Emilio Ichikawa
Miami

Foto: Chiste habanero, en Flickr

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2 respuestas
Comentarios

  • camilo loret dice:

    Ichi magnifico y gracias.
    Ernesto te quedo divino

  • Cuco dice:

    Retratas lo que se resumiría en ser una buena persona…. casi siempre teminan así, hechos leña, olvidados y sin un quilo.
    No sería un “buen ejemplo de vida a seguir”, dirán las personas “normales”… pero la verdad es que te conmueve, sobre todo a los no “normales” (anormales, vaya!); te hace riflexionar un poco. Felicidades por esas letras Emilio Ichikawa.