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Zumbado fue

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    Editor Jefe
  • abr 11, 200823:08h
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Héctor Zumbado fue, si la memoria no me falla, mi primer ídolo literario local. (Habrá quien haya pasado de leer El osito Boribón y Había una vez a Paradiso pero no es mi caso). Me leí su Limonada de un tirón y desde entonces me dediqué a buscar todo lo que publicaba en la prensa. O en sus libros, más bien escasos, cuyas ediciones se agotaban con tanta rapidez como los libros del Comandante con la diferencia de que se leían.
No era difícil la elección. En una época de una grisura imponente el humor de Zumbado brillaba casi hasta sin querer. Creía en el Gran Proyecto –de otra forma no hubieran podido sobrevivir ni él ni su honestidad- pero no estaba dispuesto a transigir con la letra pequeña del contrato: no por creer en la Revolución dejaba de reconocer que ésta era incapaz de producir un pan decente, un café más o menos bebible y en cambio había conseguido la más grande producción de oportunistas e ineptos que hubiera conocido nunca el país. El socialismo a largo plazo podría ser justo y esperanzador pero visto a través de los ojos de Zumbado en el día a día resultaba inquietantemente incómodo y ridículo. Y el escritor nos revelaba esa obviedad con una gracia y elegancia que parecía extinta en la isla –fue, entre otras cosas, uno de los que en intramuros mejor aprovechara la lectura de Cabrera Infante, por mencionar una influencia inmediata que no suele invocarse- y en sus textos actualizó y refrescó el dialecto local como pocos. Y así, sin querer, terminó convirtiéndose en nuestro mejor humorista en estado puro: más desenvuelto y enjundioso que Eladio Secades y más compacto y con menos pretensiones que Miguel de Marcos. Si algún otro autor de ese tumultuoso patio (de escuela) que es Cuba se le aproxima en eficacia cómica es el Pablo de la Torriente Brau de Las aventuras del soldado desconocido cubano.
No pretenderé haber tenido un profundo conocimiento personal de Zumbado. Nunca lo conocí, por ejemplo, en su fase sobria, privilegio dado sólo a los que lo conocieron cuando era niño o justo acabado de levantar. Fui por primera vez a su casa con los miembros del grupo Nos-Y-Otros para trabajar en un proyecto televisivo que avanzó justo hasta que Zumbado se lo propuso a algún directivo de la televisión y fue rechazado. La colaboración no pasó a mayores pero en esos días nació una amistad si no profunda al menos todo lo higiénica que puede estar una cosa meticulosamente bañada en alcohol. Lo mismo bebíamos a la salud de su amigo Cala, –un fotógrafo en cuyo currículum etílico brillaban con luz propia las borracheras que había compartido con Marlon Brando cuando visitaba Cuba- que para, más tarde, bajar el trago amargo del suicidio de ese mismo amigo.
Una tarde en la Universidad supe del “accidente” de Zumbado. Había recibido una paliza –sobre la que luego se ha especulado mucho pero de la que nadie tiene información fidedigna- y se encontraba ingresado en el hospital Calixto García a donde fui a buscar noticias. Al llegar supe que lo habían tirado a morir en un rincón como un borracho más hasta que alguien lo reconoció y entonces trataron de hacer todo lo posible por salvarlo. Regresó del coma sonriente pero sin palabras, esas que lo habían hecho famoso. Durante los meses siguientes hizo progresos hasta detenerse en la enunciación de unas cuantas frases inconexas y tararear alguna canción de Benny Moré o “As time goes by”. Luego de resistirnos un tiempo sus amigos empezamos a perder la esperanza de recuperar del todo al Zumbado que habíamos conocido.
En 1993, cuando se iba a inaugurar el primer festival de humor Aquelarre los organizadores me pidieron que le preparara un homenaje a Zumbado. En lugar del collage de los chistes del maestro que era más o menos lo que se esperaba intenté ser lo más fiel a su espíritu que fuera posible. Y eso fue lo que hice: convertirlo en espíritu, en un San Zumbado al que responsabilizaba de los horrores del Período Especial. El texto por supuesto iba más allá de mencionar aquellas escandalosas miserias. Más bien era un ataque a la nostalgia de los que concebían la década de los 80 como una especie de paraíso, algo que la lucidez de Zumbado nunca aceptó. Y recordaba, como tendría que reconocer cualquiera que lea a Zumbado, que Aquello nunca había conseguido organizar un presente más o menos placentero, que la Revolución nunca había cumplido 15.
Como se trataba de un homenaje, a nadie se le ocurrió revisar el texto y con menos de 24 horas para prepararlo el actor Osvaldo Doimeadiós sacó al escenario una interpretación espléndida. Esa noche Zumbado subió al escenario risueño como siempre y tarareando el tema de Casablanca. No estoy muy seguro si entendió lo que estaba pasando, si su maltratado cerebro había captado toda la ironía del asunto. Lo cierto es que de inmediato el brevísimo monólogo se convirtió en parte de la rutina que varios actores repetirían durante años por todo el país sin que se atrevieran a censurarlos. En ese texto no había inventado nada nuevo. Apenas sintonicé el espíritu de Zumbado con la nueva época en la que habíamos entrado. Por eso me complació tanto que sin poder escribir una línea, el nombre y los hallazgos de Zumbado se mantuvieran vigentes durante la feroz década del 90 cada vez que algún actor empezara invocándolo con aquél “Oh, San Zumbado, santo patrón de los usuarios, tenaz castigador de administraiciones y/o catástrofes, escudo de los traspapelados en las envolventes aguas de la burocracia ¡auxílianos en esta hora difícil!”. Era una manera de devolverle en parte lo mucho que nos había dado. Su cuerpo no sé dónde andará. Su espíritu no es difícil de invocar cada vez que un cubano intente entender su realidad (no sé por qué pero así es como insistimos en llamar a una pesadilla de medio siglo: “realidad”) con humor e inteligencia.

Enrique del Risco
Nueva York

7 respuestas
Comentarios

  • Hilda dice:

    Hoy lei tu s palabras y lamente no haber podido ver el homenaje a Zumbado pero estaba lejos, gracias, a pesar d elos golpes que trataron de borrarlo de la cotidianidad, con su pluma alegre pero critica, Zumbado represento muchas cosas importantes para mi generacion que crecia entre la maraña de bejucos del boniatal donde no se hablaba sino en letra de molde.

  • Adriana dice:

    Yes! Yes! Yes!
    Limonada era como se llamaba el libro, aunque ahora me doy cuenta que donde vi los otros dos fragmentos fue en otro que se titula Riflexiones (de este nombre no me acuerdo para nada). Lo mejor es que… estan en la biblioteca!!!!!
    De las revistas de comics Pablo de la Torriente tambien me acuerdo. Yo las coleccionaba.

    Por otra parte, que pena lo de la golpiza…

  • Enrisco dice:

    anonimo: entre los escritores que nunca “ejercieron” como humoristas pero que el humor esta muy presente en su obra mencionaria en primer lugar a Virgilio Pinnera, a Cabrera Infante y a Reinaldo Arenas. pero si se busca bien uno encuentra hasta textos de Enrique Jose Varona que son divertidisimos. Desde una perspectiva mas amplia la tradicion de humorismo en Cuba no es tan pobre como parece a primera vista. El problema es que no hay mucho interes en reconocerla. En el ambito latinoamericano solo Argentina (de Borges a Fontanarrosa) tiene una produccion claramente superior.
    De los contemporaneos cubanos que “ejercen” el humor me gustan entre los que han publicado Nos-Y-Otros (sobre todo Eduardo del Llano y Luis Felipe Calvo), Fermin Gabor (el de La Lengua Suelta), Ramon Fernandez Larrea, Jorge Fernandez Era y Pedro Armando Lorenzo. Seguro que se me olvida alguno y ahi es donde uno se mete en problemas. Y de los que acabo de mencionar la mitad hace mas de una decada que no publica nada. Luego hay un grupo mas grande que escribe directamente para teatro que son muy buenos pero la impresion que tengo es que como grupo han perdido la cohesion y la fuerza que tenian a finales de los ochenta y principio de los 90 pero puedo estar equivocado. Y si vives en Miami no dejes de ir a ver a Pible donde quiera que se presente en vivo. Yo cada vez que voy alla lo paso a ver.
    Y Condenados… hace mucho que me lo lei y no me lleve esa impresion. tendria que volverlo a leer.
    Y sobre mi no tengo esa impresion, que te agradezco. cuando quiero reirme me leo a cualquier otro.

  • anónimo dice:

    Gracias nuevamente, Enrisco, por la respuesta. Con respecto el tema de los humoristas contemporáneos, estoy seguro de que la bronca vale mucho la pena. Imagino -no lo sé de cierto- que el propio hecho de que seas humorista -un humorista al que ineludiblemente -y esto ya lo afirmo yo- hay que tomar en cuenta te haga más difícil abordarla en su inmediatez (con independencia, por supuesto, de lo que para tal bronca suponga la contemporaneidad de los implicados). Aunque, por otra parte, de acuerdo con tus estudios y con tu perspectiva crítica, estoy seguro que académicamente podrías abordarla muy bien.

    Creo que desde un acercamiento al tema en forma razonada, y a partir (tal vez, mínimamente) de la crítica literaria, así como de otras más amplias perspectivas de análisis cultural, esa discusión tendría un resultado mucho más provechoso que el que pudiera derivarse de una mera confrontación de juicios de valor.

    De inmediato no recuerdo que el tema del humor contemporáneo en Cuba haya sido objeto de muchos estudios consecuentes, aunque sí de muchas letanías -no sin razón en ciertos casos- bajo el sonsonete de la “crisis del humor en Cuba”. En mi opinión -y puedo estar equivocado- sólo dentro de esos términos antes aclarados, sería, para mí, interesante que se comprara esa bronca.

    Aparte de ello, creo que el tema en general del humor en Cuba es mucho más amplio de lo que pudiera suponerse y, por supuesto, de lo que se ha analizado hasta el momento. No conozco, por poner un ejemplo inmediato, que dentro de algún análisis del humor en Cuba se haya considerado a los Condenados de Condado, de Norberto Fuentes.

    Para el caso de Behmaras, coincido contigo en su poca producción escrita. Como anécdota te digo que desde hace más de veinte años llevo conmigo sus Salaciones del Reader’s Indigest y otros relatos a dondequiera que he vivido, y todavía me hacen reír. Lo único otro que, en conjunto, considero comparable en “eficacia cómica” a los textos de Behmaras dentro del humor en Cuba, y, por cierto, muy por encima de Zumbado, son tus propios textos. Por ahora apenas tengo tiempo para hacerlo, pero en algún momento y tal vez en otro tipo de foro, me sentiría complacido de poder justificar esa opinión.

  • Enrisco dice:

    Behmaras era buenisimo, ese seria el otro a tener en cuenta. Lo unico que lo desfavorece es que escribio muy poco (para la prensa, para la television escribio bastante) pero cuando venia bien era espectacular. Y contemporaneos hay unos cuantos buenos pero en ese tema si no me meto porque no hay forma de hacerlo sin buscarse una bronca y no de las que valen la pena.

  • anónimo dice:

    Gracias, Enrisco, por tan buen homenaje. Y una pregunta, porque me llamó la atención que no lo mencionaras en la comparación y porque desde mi punto de vista es el más cercano en estilo, temas y carácter : ¿ como ves a Zumbado en relación con Marcos Behmaras

    (Personalmente, y sin anímo de polemizar en ello, en cuanto a eficacia cómica mis preferencias están por Behmaras antes que por Zumbado, aunque a los dos los leí con devoción)

  • camilo loret dice:

    enrisco:
    Magnifico tu escrito, ademas quiero asegurarte que si entendio el homenaje y que lo disfruto a mil con su chaqueta de camuflaje, porque lo peor de todo es que tambien estuvo en Angola
    Zumbado, el internacionalista, le ronca…