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Zumbado entre nosotros

  • abr 11, 200810:38h
  • 10 comentarios

La historia de eso que algunos llaman Revolución cubana puede ser vista como un largo conflicto entre la risa y una ridícula desnudez. Las revoluciones desvisten. La francesa, por ejemplo, se identifica con los espléndidos pechos de la Libertad o con el pálido pellejo de un Marat desangrado. La cubana, en cambio, escogió vestirse con el traje del emperador y trató de suprimir una risa demasiado parecida a la denuncia.

Los años sesenta, por ejemplo, pueden ser vistos como una marcha forzada desde la hermosa risa de Camilo Cienfuegos hasta el rictus, desagradable y esquizoide, del Guerrillero Heroico. Esa fue la década del control estricto sobre los medios de difusión, de la amenaza constante con la palabra muerte y del éxodo de una pléyade de humoristas geniales.

Varias décadas después, la Revolución se convirtió en algo que hoy podemos describir como un loco con barba, vestido de verde y forrado con capas y capas de material absurdo: croquetas, taxistas, mortalidades infantiles, cucharas de calamina, funcionarios, deportistas, el parte del tiempo, cajas de cigarros, almohadillas sanitarias, salideros de agua y cuanto bache repleto de etcéteras uno pueda imaginar.
Entonces llegó Héctor Zumbado.

Mientras los “intelectuales” del castrismo celebraban la belleza de aquel traje invisible, Zumbado se dedicó a demostrar la ridícula igualdad entre el discurso de esos intelectuales y una croqueta pegada al cielo de la boca, un taxista malhumorado, o unas cucharas que, eventualmente, terminaron amarradas a las patas de las mesas.

Su genialidad radica en que nunca le hizo falta decir que cada uno de esos detalles de los que se burlaba eran los jirones del vestido del rey. Lo cual dejó a los censores en una posición muy difícil: tenían que pasar por el absurdo de reconocer cuán risible era la imagen adorada.

Hoy resulta difícil saber cuánto hubo de intuición o de “sin queriendo” en el humor de Zumbado. Lo que sí podemos asegurar es que dejó abierto un espacio para la burla, la carcajada o el “yo-me río-antes-de-llorar”. A partir de Riflexiones o Limonada surgió un ejército mordaz, alegre y socarrón, que se ha dedicado, en campañas irregulares y desorganizadas, a reírse del “Comediante en Jefe” y su legado.

César Reynel Aguilera
Montreal

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10 respuestas
Comentarios

  • Leo dice:

    Llevo días buscando un texto de Zumbado cuyo nombre no recuerdo, y tampoco el libro en que salió publicado. Solamente que trata de un juego de batos entre dos equipos taínos, también que había un narrador. Si alguien pudiera decirme dónde encontrarlo o tndría la amabilidad de transcribirlo o escanearlo … Gracias

  • yamil zumbado dice:

    un millon de gracias

  • César Reynel Aguilera dice:

    Camilo,

    Un día de estos te traiciono y cuento tus andanzas por la campiña. Para que se entere el mundo que bien podrías haber sido un personaje de Zumbado. A lo mejor por eso la hija te dijo que sí.

    Un abrazo

    César

  • camilo loret dice:

    cesar, cuantas veces nos reimos de las cosas de Zumbado en aquella divertida escuela al campo.
    al final nuestras historias de esa etapa parecieran escritas por el, je je je.
    pero mejor no las contamos.

  • César Reynel Aguilera dice:

    Héctor Zumbado, Ernesto Ledón, ¿José? Ramón Carneado, Luís Enrique ¿Elezgaray?, seres geniales que el castrismo quiso opacar a fuerza de represión y control.

    Coincido con Ichikawa en eso de genialidad y sentido del humor, esos cuatro cubanos eran exquisitos para hacer pensar y reír.

    Por cierto Pd, ya va siendo hora de hacerle un homenaje a Carneado, aunque no todos sean industrialistas. Y otro a ¿Elezgaray?, que muchas vidas salvó allá en La Habana como Médico Interno (quizás el mejor que haya tenido Cuba).

    Saludos a todos, y muchas gracias por sumarse a este homenaje que tanto merece el maestro Zumbado.

  • alejandro dice:

    a este zumbado le zumba, tengo en casa un disco de virulo donde comenta una anecdota de un viaje con zumbado a venezuela, esta para morirse, mas tarde lo busco y lo escribo

    y por supuesto siempre de acuerdo con cesar

  • Cuco dice:

    Esas si que eran riflexiones CR, yo era un muchachito y las esperaba cada semana como una medicina necesaria para el espíritu.
    A nosotros nos podrán haber hecho horrores, pero ese choteo, el bonchecito y la jodedera jamás podrán secarla en el alma del cubano, esa tierra arrasada pero fértil y noble aún….
    Bonitas tus letras sobre el artista Zumbado, un abrazo en la distancia al cual me sumo hasta el infinito…o el ocho acostado.

  • varadero dice:

    Recuerdo que estaba en la Universidad y a nuestro grupo de teatro se nos ocurrió crear un collage con dramatizaciones de algunos de los cuentos de Zumbado, la verdad que nos quedaron muy bien, invitamos a Zumbado al estreno en uno de los Festivales de Aficionado y quedó encantado.. hasta Virulo fue a vernos y estuvimos en elenco del Conjunto Nacional de Espectáculo en aquel verano, de verdad nos divertíamos mucho e hicimos reir a mucha gente.

  • EUFRATES DEL VALLE dice:

    Excelente, Cesar. Cuando Cuba se volvio gris, el nos hizo reir, y de que manera! Cuanto le debemos a Zumbado!

  • maite dice:

    Muy bueno César, pero estoy segura que con su cultura y su intuición, creó ese humor inteligente y elegante, a la inglesa, demasiado sofisticado para la censura elemental o para los editores de los periódicos en los que escribía, Zumbado era subversivo desde la carcajada