- abr 11, 2008 • 23:01h
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¿Existen de verdad los anglosangrones? ¿Qué se puede esperar de una ciudad, capital de una isla, si sus casas y muros fueron levantados con dineros provenientes del alcohol de las tabernas? ¿Seremos los cubanos los verdaderos hombres de las tabernas? ¿El eslabón perdido se mandó a fabricar en alguna de las empresas del Ministerio de la Industria Ligera?…He sido marcado por esas preguntas. Mi visión de este mundo, graciosamente imperfecto, vino dada, en gran medida, por las lecturas y las enseñanzas de ese gran filósofo contemporáneo que se hizo pasar, para siempre, por Héctor Zumbado, alter ego de H. Zumbado, libador de refrescantes limonadas y esperanzas, degustador de realidades a la roca.
El porvenir no puede ser una cosa muy seria si lo cotidiano es trágico. ¿A quién le gustaría llegar al futuro con el rictus amargo de la solemnidad? Héctor Zumbado delimitó los límites de la realidad, la suya y la nuestra, la geográfica y la ficticia, la de la luz propia y la iluminación artificial de la aureola de ciertos santos y determinados muertos, el haz con que el poder quiere sustituir el sol para enceguecernos.
Comenzó con las fronteras de la ciudad cuando me dijo, una solemne tarde de barra fija, que El Vedado era una ciudad –su ciudad-, que limitaba al norte con el malecón, al este con el Torreón de San Lázaro, al oeste con el puente Almendares y al Sur con la calle Zapata. Nada más. El resto era la pampa salvaje, la selva tropical, la estepa desolada, el bosque donde el lobo envejecía esperando por Caperucita Roja.
Hubo otras tardes patrióticas, de hondos rones nacionales, en que se prodigó enseñándome las fórmulas formales de la desobediencia cerebral, esa que nadie puede eliminar o detener. Así desentrañó ante mis ojos el arcano misterio de qué había sido primero, si el huevo o la gallina, cuando, en elemental aritmética, sacó la cuenta de cuántas veces entregaba pollo el MINCIN, y cuántas otorgaba, como una dádiva, los huevos de la libreta de abastecimientos. Era elemental. Su descubrimiento reforzaba en mí aquella innata tendencia a lo políticamente incorrecto. Así descubrí la diferencia entre óvulo y óbolo. Y que el estado era la gallina de los huevos de oro.
Recuerdo otras lecciones del maestro, para quien los seguidores de Sócrates se dividían en dos bandos: socráticos y socotrocos, que eran y siguen siendo mayoría. Fue en el ambiente cultural del bar de El Conejito, donde al caer la tarde acudíamos a desentrañar enigmas sociales y traumas históricos. Hablamos en días sucesivos de Will Cupy y aquel libro venenoso e inaudito que relataba ciertos pasajes de la historia humana: Decadencia y caída de casi todo el mundo. Llegamos a la quinta cerveza y a la figura de Alejandro Magno. Héctor Zumbado, que ya sentía bajo sus pies el pedestal de la gloria espumosa del láguer, desgranó ante mí su severa sentencia: “Alejandro Magno era muy bruto, y lo peor de todo, muy antiguo…Sólo hay una manera moderna de resolver el problema del nudo gordiano: buscarte otra soga”.
Había resuelto de igual manera otra ecuación de velado misterio. Alguna noche de desvelos socráticos supo que la respuesta no era por dónde le entraba el agua al coco, sino para qué rayos servia. Desde entonces se hizo taíno devoto, consumidor de aquel producto designado por la más aborigen de las palabras, que nos remitía también al Japón: saoco, que sonaba a queja de samurai en carnavales, a alarido postrero de quien se hace el harakiri. Saoco: esa ambrosía que resulta de la mezcla del aguardiente y el agua del coco. Tal vez por esa razón era disciplinado seguidor del culto al Benny Moré, y su himno cotidiano, aquel son del mulato, que repite hasta la sed que hay que romper el coco para solucionar todos los males.
Su modernidad es innegable. Las paredes estrechas de un estado totalitario no se caen por la risa, pero se estremecen. Y el eco del temblor nos ayuda a sobrevivir. Su mayor enseñanza fue develarme que todo lo que nos rodea no existe como tal. La realidad es construida por los hombres, y tiene, en alguna parte, la boquilla por donde se infla. No es lo que el ojo ve, sino lo que esa bacteria de la risa siente. Mirar lo más solemne y descubrir el miedo oculto de quien lo crea, y preguntarse qué demonios nos quiere hacer creer.
Él ha sido el último de los modernos. Quien encontró, allá en el fondo de un vaso de añejo esa sustancia indefinible que es nuestra esencia, llámese tíbiri tábara, envolvencia o sirigaña.
En mis últimos días en La Habana, pegado al límite de una de las fronteras que él mismo había establecido para moverse, me visitaba cada tarde. Era un poco Humphrey Bogart y Sam al mismo tiempo con el sonsonete de As time goes by. Se iba pareciendo a uno de esos demonios sin edad, y a la misma vez a otro de los grandes humoristas olvidados, Francisco Chofre, el aplatanado español autor de La Odilea. Pretendía que lo ayudara a organizar un libro que no era tal. Textos repetidos, ideas a medias. Sospecho que necesitaba de la comprensión del discípulo. Y también del contenido medicinal de una gran garrafa de alcohol puro que compré en esos días.
Yo prefiero recordarle con la imagen plena de gozador criollo, o de hacendado inglés, en una tarde de los años ochenta en una oficina del Instituto de la Demanda Interna, en la calle Línea. Las carcajadas de Zumbado retumbaban, y las secretarias de la institución corrían de un lado a otro, con expresiones de venaditos huérfanos. Entré y allí estaba Héctor delante de un periódico Granma. Me señaló, sin dejar de retorcerse de risa, la portada del panfleto. Enmarcado en líneas rojas, una columna azucarada y seria: la que escribía sobre la zafra un especialista apellidado Varela. Zumbado sólo atinó a explicarme: “Qué erótico viene el Granma hoy”…
Miré el recuadro rojo y me subió por el estómago aquel animal conocido, padre de todas las burlas. El lead no podía ser más extravagante. Hablaba de variedades de gramíneas y de piezas de maquinaria de ingenio. Rezaba: “Cuando las vírgenes son buenas, los machos funcionan bien”. Terminamos de reírnos en la alta noche. Lo vi perderse hacia el mar con su andar de Buster Keaton.
Ramón Fernández-Larrea
Miami Beach






ramón, coño brother a Lyon no se la ha -todavía- tragado ni el rodano ni la plusvalía…escríbeme, yo sé que los canales y los partos guinisticos son largos y no hay anestesia, pero polaquí la tundra nos enmohese
con muchas “h” y el glutural francés nos aflicciona, sin pomada claro…
yo, qué ortografia, qué no decir, qué incapacidad para ser, al menos ser.
críticas como la tuya nos salvan del suicidio, bienvenido el mediocre a nombre de …., bueno, no se sabe de quién.
si esto esta bueno ,.. yo no existo!!
no puede aver cosa peor que estas ganzadad loco!! xD jeje
todos estan con estos temas asi! ya no cabe mas lo chacarero.. olvidence: un 97% de los adolescente ya no lo escucha, un 2% hasta ahi nomas!! y el 1% si!! ya no damos mas con todo esto!! saquen esa musica asquerosa de todos lados!! hayy que subsistir con esto?? AMIGOS..! RECAPASITEN!!
YO:)
Me acordé de otra historia del Zumbado, creo que esto lo dijo en el DDT no me acuerdo exactamente, era así: ” dijo que el socialismo era el mejor sistema social que había en la tierra pero, tenía un defecto;debía de tener ,al menos, un día de capitalismo, para que no fuera tan aburrido el socialismo…saludos, Ajubel
La ultima vez que vi a mi tio fue en La Habana en el ’59. El tenia 27 y yo 5.
Tengo lindos recuerdos de el, pero estos son algunos de rutina. Me sentaba en el inodoro, me me pasaba la brocha llena de crema de afeitar por la cara y me daba una afeitadora sin hojilla, para que me afeitara con el. Eso claro, era despues que mi abuela le traia un vaso enorme de jugo de naranja con bastante hielo a la cama y le hacia “cocoy” -o cosquillitas en la espalda suavecitas – por un buen rato para que se fuera despertando…! Al mediodia, venia a almorzar, pero nunca comia nada de lo que habia. Siempre habian croquetas especialmente para el que le hacia la Nana, su ni~nera desde que tenia 2 a~nos.
Obviamente era un consentido de pelicula…!
Siempre que le pedia que me hiciera un cuento, ya sabia que iba a ser el mismo y era lo que yo estaba esperando: el cuento de “Pelota”, un ni~no que era tan gordo, que la mama lo ponia en la puerta de la casa, y le daba una patada y Pelota salia rodando hasta el colegio. Claro, que por el camino se tropezaba con varias cosas y varias personas y finalmente, llegaba al colegio donde la maestra lo estaba esperando, asi agachada para recogerlo. El cuento siempre terminaba igual. Pelota no tenia pupitre, la maestra siempre lo sentaba en un inodoro. A mi me parecia muy comico el cuento y me hacia morir de la risa..! Claro, que lo tendrian que oir a el contandolo, pues yo no tengo ni pizca de gracia para contar cuentos, pero se lo pueden imaginar a el contandolo, no?
Si, despues de 50 a~nos, sigo teniendo lindos recuerdos de mi tio…y este scotch en la roca, me lo tomo en su honor: A tu salud Tio Coco…!
Gracias a todos los que comentaron. Me sonrojo. Y a Zumbadito, que me escriba, por favor, a raferlarrea@hotmail.com
En una reunión con Fidel Castro, después que todos habían hablado de esto y lo otro, Zumbado se paró y pidió la palabra y dijo: yo sólo quiero saber y que alguien, por favor, me diga, ¿cuál ensalada me toca en la mesa, la de la izquierda o la de la derecha? y se sentó, aquello se vino abajo, mis saludos, Ajubel
Buen texto. Zumbado fue un cronista de los pequeños desastres que llegaron con los burócratas revolucionarios. De las pequeñas grandes desilusiones, del fracaso.
Saludos para Ramón, para los blogs premiados.
UN MILLON DE GRACIAS
Ramon Fernandez Larrea, usted es uno de los mejores poetas de Cuba de los ultimos tiempos. Mis respetos.
ramon:
Nadie como tu para narrar horas baco vividas con el Zumbi de entonces, hoy lamentablemente un zoombie.
eres como su cronista oficial y se te agradece.
que bueno que tu pluma no reposa en el fondo de la lata de cocacola, no se ahogo, te felicito.
Qué buen retrato, al final es eso lo que me gusta y creo cautivaba de Zumbado, que era siempre el anti-héroe…qué gusto leer a Ramón Fernàndez Larrea !
Off topic.
Cuba Independiente ha recibido el Premio 11 de Abril creado por Alexis Marrero para distinguir a bloggeros venezolanos o extrajeros, “que se afanan en la lucha por la democracia y la libertad”.
Nos corresponde el altisimo honor que Cuba Independiente haya sido distinguida con ese premio por la destacada periodista y activa luchadora venezolana Martha Colmenares
Lo digo con toda sinceridad, nunca he sido muy devoto de las distinciones y premios, pero en esta oportunidad realmente me he emocionado y lo acepto a nombre de todos los luchadores por la libertad y la democracia en el mundo y en particular en nombre de los prisioneros de conciencia cubanos como el Dr. Oscar Biscet y los heroes de la Primavera Negra que todavia permanencen encarcelados, sufriendo dia a dia vejamenes y torturas fisicas y sicologicas solo por pensar y opinar diferente al Castrismo. Casualmente hoy el Castrista en Jefe cinicamente dijo: “No está prohibido pensar; tampoco está prohibido soñar, pero pensando no se hace daño a nadie”.
Siguiendo las reglas del premio no puedo premiar a todos los que dia a dia hacen su contribucion a la causa de la Libertad y la Democracia. Como Honrar, honra! he aqui mis premiados:
Martha Colmenares
Pinceladas de Cuba
Los Miquis
Penultimos Dias
Martha Beatriz Roque Info
Secretos de Cuba
The Real Cuba
La Finca de Sosa
Enrisco
Conexion Cubana/Osvaldo
Manuel Diaz Martinez
Babalu blog
DAZIBAO-Ñ-.
Spanish Pundit
Generacion Y
http://cubaindependiente.blogspot.com/2008/04/premio-11-de-abril-para-cuba.html