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Amelia

  • abr 08, 200818:21h
  • 15 comentarios

Cuando yo era niño, solíamos visitar con mi madre a unas ancianas tías suyas que vivían en Quivicán, al sur de la provincia de La Habana. Una de ellas, Sara Chanfrau, sorda como una tapia, tenía fama de buena dibujante en tiempos pretéritos y durante nuestras visitas, le escuché contar muchas historias de Yaguajay, el pueblo de donde proviene la familia. Los relatos se remontaban a su infancia, finales del siglo XIX y principios del XX, de la República. Muchas veces hablaba de sus amigas, entre ellas Amelia Peláez del Casal, “la hija del doctor Peláez, que pudo ir a estudiar a París, aunque no era, en el grupo, la que mejor pintaba”. Aquellos comentarios, sumados a la proximidad de nuestro apartamento con la casa de Amelia en Santos Suárez, amén de lo publicitado de su obra y persona en los sesenta, despertaron mi precoz interés por la afamada artista.

En 1973 ingresé en San Alejandro y paulatinamente, en los breakes de trepar árboles y escaparme por las ventanas, comencé a tomar en serio el asunto de la pintura y la historia del arte y profundicé bastante en la obra de una de las figuras más importantes de la llamada “Vanguardia”, la generación de artistas que a finales de la década del veinte irrumpió en el panorama de las artes visuales cubanas con un lenguaje renovador. Estudié su obra, escribí papeles sobre ella, copié algunos de sus cuadros. Saturé una etapa ameliana, con la complicidad de Peyi, un amigo mayor, especie de role model durante muchos años, también vecino del barrio y también bajo la influencia pictórica (gráfica sería más apropiado, pues más que nada dibujábamos) de la célebre prima de Julián del Casal, el gran poeta modernista.

Con los años reenfoqué el concepto de vanguardismo (en la actualidad nada me parece más vanguardista que Lascaux o Tassilí) y el “diversionismo ideológico” con que me divertía a toda hora me llevó a desplazar todo lo que fuera del patio en favor de todo lo que viniera from beyond ninety miles y no tuve ya tan presente a Amelia en los años de la juventud tardía y la madurez temprana. Sólo en Miami, mucho tiempo después, tuve noción de su inmensa presencia.

Y es que en esta ciudad Amelia es como un culto. Sus cuadros, verdaderos o falsos, encabezan el módulo imprescindible que todo doctor cubanoamericano de Coral Gables o Cocoplum se exige en sus paredes. Su presencia reafirma su iconicidad. Se le pregunta a un cubano de a pie por un pintor cubano y muy probablemente diga en primer lugar: “Amelia”. El Hilton de La Habana (Hilton, de nuevo, soon, probablemente) exhibe otra vez en su fachada el descomunal mural cerámico que la artista diseñara en 1957. Es portada y proa del arte cubano en cualquier campaña, de allá y de acá. Curiosamente, fue la más ascética entre los pintores cubanos quien más insistió en bodegones, en esas especiales celebraciones sensoriales que definen su estilo. Hoy se cumplen cuarenta años de su muerte.

César Beltrán
Miami

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15 respuestas
Comentarios

  • Dasiel dice:

    Hola… muchas gracias por este lindo homenage a Amelia..la más grande de todos los pintores Yaguayajense. Aún se conserva en su pueblo natal de Yaguajay la casa en la que nació y vivió toda su infancia. Está justo en frente de la Iglesia parroquial en el Parque Martí. Un casa típica de Yaguajay con sus grandes ventanas de balostres y su ancho portal.

  • Gustavo Rodríguez dice:

    Fe de (Er)rata:
    Al escribir en caliente se me fue un error que en éste aclaro —valga para recordar esa historia incontable y siempre tergiversada de esa Isla que el azar nos dió por casa—. El afamado Tropicream del borrio quedaba en Lacret (calle bautizada en honor del General Mambí Don José Lacret Morlot. Uno de los generales mambíses presentes en el cambio de mando de España a Estados Unidos; después de concluir aquello que tan aparatosamente se llamó la Guerra Hispano-Cubano-Americana.).
    Por cierto, todo Santos Suárez y La Víbora, estaba cundida de calles con nombres de generales mambíses y próceres. El General Mayía Rodríguez; Don Juan Bruno Zayas; Don Domingo de Goicuría, Don Francisco Figueroa Velis; Fracisco Destrampes; Coronel Juan Delgado y un largo etcétera. Gustavo Rodríguez Romero.

  • Gustavo Rodríguez dice:

    Cesar, con todo el revuelo que se armó con la reciente detención de Gorki Águila en La Habana y, ahora, la censura al Espacio Aglutinador de Sandra; comenzaron a llegar a mi casilla electrónica infinidad de emilitos con links a blogs y portales relacionados con nuestro vía crucis. Así, tuve la oportunidad de llegar hasta este sitio y “navegar” en sus profundidades.
    Fue realmente maravilloso leer tus reseñas sobre amigos queridos, como Alonso Mateo y Carlitos García, así como el exquisito comentario/homenaje a Amelia. Además del deleite que me provocó este viaje al pasado. Yo también era de Santos Suárez y disfrutaba la relativa cercanía geográfica con Amelia, cuando uno que otro medio día, al salir de la escuela, dirigía mis pasos hacia su casa para encontrarme con mi abuela —que era muy amiga de su hermana Carmen— y saborear un delicioso flan o un extraordinario arroz con leche. Después, para completar la guzguera, de regreso a casa, abuela siempre me invitaba un barquillo en el Tropi-cream de la Cree y Destrámpes. Ahhh. ¡Homeroom con las bases llenas! Quizá tendría entonces unos 10 años (1967-68) y todo aquello era lo máximo.
    También “me tiraste pa´tras” (como decimos los cubanos) con la mención de Peyi que, al leer la aclaración para Eúfrates del Valle, me cercioro que, sin lugar a dudas, es el mismo Peyi del barrio: Pedro Luis Rodríguez Cabrera. El hombre de Taco Taco. ¡Tremendo bróder! Indiscutible heredero, junto a María del Carmen Díez Oñate, del vanguardismo criollo. Dibujante, ilustrador, diseñador gráfico, pintor, fotógrafo. Recuerdo que andaba, para arriba y para abajo, con Pirole, en aquella MZ que le costó la vida. Y con Payre, que vivía en Santa Catalina y, también recuerdo que su pareja por aquellos años se llamaba Lourdes. Definitivamente, Peyi era unos añitos mayor que el resto del piquete pero todo un “hermano mayor”. Supe que en la actualidad radica en el D.F., pero no he podido contactar con él.
    Llegué a Peyi por el 71-72, a través de Ernesto González; un amigo y compañero de la escuela primaria (Albert Einstein, la única escuela hebrea en toda la barriada); también muy buen dibujante y adorador de Amelia. Y sí, por allá por los setenta, muy a principios de la década, a los que nos interesaba la pintura y le hacíamos al cuento, nos calaba hondo la vanguardia criolla hasta que descubrimos el Pop y el hiperrealismo y, como bien dices, optamos por el “diversionismo ideológico”; aquel eufemismo sui géneris con que se calificaba TODO (hasta lo más inverosímil) lo que no sirviera de leña para mantener el fuego eterno de “nuestro” peculiar nacional-socialismo y/o no respondiera al “deber ser del arte” manifiesto en la Declaración del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura de 1971. Ese ridículo (y a su vez siniestro) término que se esgrimió como “causa”, en su momento, para encarcelar a cientos de artistas y creadores; como fue el caso, tristemente célebre, del desaparecido Nicolasito Guillén .
    En aquellos años, yo traté de ingresar en San Alejandro pero ya “el horno no estaba para galletitas” así que entré en la Vocacional Vento (más tarde Lenin), después que me botaron con honores, tuve el chance de entrar en la anexa de la universidad y de tomar pintura, pero el gusto duró poco, de nuevo botado terminé haciendo la secundaria en el Edison y allí tuve la oportunidad de ampliar el círculo de presuntos implicados y conocer nuevos adictos al arte que, a su vez, conocían a mi viejo amigo y compañero de la Einstein y continuamos entonces dando rienda suelta al “diversionismo” hasta que (ya estando en la universidad) al alarido de: ¡qué se vayan!, ¡no los queremos!, ¡no los necesitamos!, nos llegó el exilio. Y… a pesar de ser hijos de Saturno sobrevivimos.
    Gustavo Rodríguez.

  • RLR dice:

    César, Lindo homanaje a Amelia. Su obra se ha vuelto icónica, como bien dices, porque de los artistas de la vanguardia, fue quien mejor logró captar el barroquismo cubano, no sólo arquitectónico, sino esa especie de horror vacui en la decoración de interiores.

  • i.n. dice:

    Barón:
    Gran texto.

  • EUFRATES DEL VALLE dice:

    Cersar, tienes que ver ese monologo, ella es genial! Es la vision de la cuban american que va a Cuba a rescatar sus raices, y Carmen va haciendo todos los personajes, desde la mama y la abuela en Miami, las tias en la Vibora, la jinetera, la que da el papel sanitario en un bano en Cuba… morirse de la risa… y del llanto. Y se van proyectando los cuadros de Amelia como escenografia. No dejes de verla! Y gracias por lo del Peyi, me da mucho placer saber que esta en Mexico y bien. Hace 25 anos atras, estar en una fiesta con el Peyi ya era otra fiesta en si. Thanks a lot!

  • César Beltrán dice:

    Eufrates. No he visto Coke and Rum. He visto y leído entrevistas de Carmen Peláez. El parecido físico con su tía abuela es asombroso. Sería la actriz perfecta para una Amelia de cine. Gracias a todos.

  • Jose Varela dice:

    Cesar, que bueno te quedo este escrito.

  • César Beltrán dice:

    Eufrates. Se trata de Pedro Luis Rodríguez Cabrera (Taco taco, 1952), dibujante, ilustrador y diseñador gráfico. Por muchos años, director de arte de El Caimán Barbudo. Vive en México. Ese mismo.

  • Cloro Díaz Epóxido dice:

    El Yaguajay castrista ha dado a Angel Alfaro, grabador, en Colombia. El cercano Caibarién, cuna de Leopoldo Romañach, al volumétrico biterre Flavio Garciandía. Sagua, cercana, tuvo a Lam. Saoco en esa parte de la ostrov.

  • maite dice:

    No recuerdo a Amelia, pero recuerdo unos cuadros grandes, o al menos a mí me lo parecían, -era muy pequeña- en la galería de Línea, muy empastados, amarillos y luminosos…
    Conocí a las hermanas Irene y Carmen Pelàez, esta última muy amiga de mi madre. Carmen era encantadora, muy conversadora, dulce y amante de los postres, con la suavidad de las cubanas de esa época y ese saber estar, siempre con anécdotas y cuentos de la familia, de Lezama al que le encantaban los postres que preparaba Amelia, pienso era una narradora natural, una pena que nunca escribió.
    La casa de Amelia Pelàez es la casa màs hermosa que recuerdo de La Habana. Hermosa por ser una gran casa burguesa con todas las maravillas de la arquitectura cubana, las grandes ventanas luminosas, el corredor y las habitaciones a ambos lados y al fondo un gran patio con un gran jardín que Carmen Pelàez cuidaba, unas plantas hermosas de grandes y jugosas hojas, y hermosos vitrales de medio punto; su universo pictórico era su casa, los muebles de mimbre, allí estaba el atelier de Amelia con un caballete con ruedas y con el cuadro último que no llegó a terminar…sus paletas, algún paño tirado sobre una silla, un lugar con una atmósfera y una energía especial.
    Todo estaba intacto, como lo había dejado la pintora, recuerdo un altillo en el que colgaban bastidores y era una especie de trastero con viejos muebles de mimbre a reparar.
    Conocí el taller de ceràmica que tenía cruzando la calle, una casa màs moderna de dos plantas con un enorme jardín, un cocotero, allí estaba el gran horno de ceràmica, y moldes de escayola de piezas que se reproducían industrialmente y luego Amelia las decoraba y se vendían bastante bien de precio, en alguna tienda de decoración, en La Habana de los 50 según he oído contar a mi madre, ademàs Amelia tenía contratos comerciales con distribuidores en Estados Unidos.En el 2005 cuàndo estuve por última vez en La Habana vi el mural precioso del hotel todo resuelto en azules con una gran fuerza gràfica.
    De su estancia en Paris sé que estudió dibujo en la Académie de la Grande Chaumière que era visitada sobe todo por estudiantes de arte que venían de América, pero no sé donde habrà vivido en Paris…

  • Gracias, Cesar, por compartir estos recuerdos. Has visto el monologo de su sobrina nieta Carmen Pelaez: “Coke & Rum”? En el recrea la casa de la Vibora. Aqui en NY no hubo un cubano que saliera de la obra sin lagrimas.

    Hablas del Peyi, disenador y fotografo? Gordo, grande y simpatico? Tanto tiempo sin oir mencionarlo!

    Disfrute mucho este recuerdo.

  • Clarita Barton dice:

    Es un gusto ver a cualquier pintor a través de los ojos de César; en El Nuevo Herald una partía de insensibles socotrocos hablan de arte sin la milésima parte de la penetración y delicadeza de este crítico nato. Miami no es tan siquiera el Yaguajay de la era castrista, porque Yaguajay dio Amelias. Pero, pensándolo bien, ya Miami tiene su Amelia, y deseamos de todo corazón que cuando llegue a college pueda reemplazar a la Gloria Leal nonagenaria.

  • jr dice:

    Amelioso tributo, César. Esta señora nos condensó en su obra el inevitable cromatismo con que los cubanos coleccionamos la repercusión de la luz. Y el ritmo irregular con que delimitamos áreas. Y hasta en nuestro grafiti está el trazo emancipado de la Pelaez

  • estilista dice:

    “portada y proa del arte cubano”, qué frasesita.