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¡Cachao!

  • mar 29, 200811:23h
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Nacido en 1918 en La Habana, Israel “Cachao” López proviene de una gran familia musical que cuenta con más de 30 bajistas. Hizo su debut profesional a los 13 años con la Orquesta Sinfónica de La Habana, antes de incorporarse a algunas de las más populares orquestas de baile cubanas, entre ellas la de flautista Antonio Arcaño en 1937. Durante los 30 años que trabajó como músico en Cuba, Cachao también tocó con algunas de las orquestas sinfónicas más célebres del mundo, entre ellas la Filarmónica de Filadelfia, la Orquesta Sinfónica de Londres y la Nueva York Metropolitan Opera. Durante su temporada con Arcaño y sus Maravillas, Cachao –junto con su hermano Orestes, un importante violonchelista, bajista, pianista y compositor– comenzó a arreglar y a componer danzones para el grupo. Esta orquesta seminal preservó la tradición de tocar para muchos clubes de élite en Cuba, incluyendo el ahora famoso Buena Vista Social Club (popularizado en la película del mismo nombre). Cachao se encargó de escribir el danzón oficial del Buena Vista en 1939, y él y su hermano fueron los encargados de componer miles de piezas para numerosos clubes en La Habana y sus alrededores.
“Tocar en esos años era una experiencia muy segregada”, recuerda Cachao. “Había clubes sociales tanto para blancos como para negros. Pero en el momento en que se realizan bailables al aire libre, frente al escenario había una cuerda que dividía la calle: un lado para los blancos y otro para los negros. ¡Imagínese! Estaban allí todos juntos, y bailaban al ritmo de la misma música!”. Por cierto, en la banda de Arcaño había músicos blancos y negros, pero parece que los clubes sociales no estaban listos para eso.

Del danzón al mambo

El danzón, descendiente de la contradanza europea con innovaciones criollas, surgió a finales del siglo XIX como una danza de cortejo para la sociedad de élite. Como forma instrumental asociada al ritornello (o al rondó), el danzón experimentó una transformación gradual y comenzó a expandirse. Pero a finales de los años 1930 Cachao y Orestes estaban convencidos de que la forma necesitaba ser modernizada, y empezaron a añadirle elementos de improvisación, lo que más tarde dio lugar al nacimiento del mambo. Al principio conocido como nuevo ritmo, la innovación de los hermanos López introdujo una sección adicional que contenía elementos repetitivos en el núcleo de la música popular bailable cubana: el son.
La especial característica del ostinato en el son permitió a los músicos escapar de una estructura fija e improvisar sobre el acompañamiento armónico (normalmente sobre un acorde dominante) que extiende la parte final del danzón. El resultado fue un estilo musical más dinámico, que obligó a los bailarines a ir modificando sus pasos para adaptarse al  nuevo ritmo. “Fue la época del ritmo sincopado”, recuerda Cachao. “Nosotros, los músicos, empezamos a experimentar con eso, ¡y los bailarines reaccionaron inmediatamente!”. Con el tiempo, el nuevo baile sería conocido como cha-cha-cha, pero ahí fue cuando se selló el futuro del danzón, y nació la palabra “mambo”. El término, sin duda, sufriría varias transformaciones, incluidas los experimentos al estilo jazz big band del pianista cubano Dámaso Pérez Prado. Sin embargo, los hermanos López son sus auténticos creadores. “Pérez Prado siempre dijo que realmente no sabía el significado de “mambo” pero desde luego lo usó mucho!” dice Cachao riéndose. La palabra tiene raíces en la lengua bantú del Congo, que todavía se habla dentro de las comunidades afrocubanas de la isla. Según Cachao, la palabra cuajó inmediatamente porque en la cultura afrocubana implica el acto de cantar o contar historias. El danzón de Orestes de 1938 titulado simplemente “Mambo” sería (según Cachao) el primer uso comercial y popular de la palabra para el público cubano. A partir de ese momento, se aludió a todos los danzones cubanos con la expresión danzón-mambo, que reflejaba la dramática transformación del género.
Como bajista, Cachao representa la fuerza motriz de toda la música salsa y del jazz latino: el son cubano, y más concretamente la línea sincopada y repetitiva del bajo que se conoce como el tumbao. La música cubana se caracteriza por su ritmo incesante, algo que puede resultar difícil para los músicos de formación clásica o jazzística. La idea de que un grupo de instrumentos se junte sobre una base rítmica casi enteramente sincopada puede ser un reto complicado para músicos no acostumbrados, así como para muchos bajistas acostumbrados al compás de cuatro por cuatro (4/4). La diferencia esencial radica en la intensa polirritmia heredada de la tradición afrocubana. Prácticamente toda la música bailable cubana se construye sobre la base de unos tumbaos en extremo sincopados que giran alrededor de un montuno (caracterizado por un patrón “ostinato” de dos o cuatro compases), combinados con el constante ritmo de las claves. Esta es la base a partir de la cual se desarrollaron los estilos que hoy en día identificamos como “latinos”.

El legado de la descarga

A finales de los cincuenta, Cachao comenzó a grabar una serie de álbumes con otros músicos famosos dedicados a la música popular cubana y al jazz, en sesiones improvisadas, orientadas hacia el género de la descarga. “Éramos músicos de bandas diferentes, incluso de géneros diferentes, haciendo esas grabaciones. De madrugada, cualquiera podía reunirse en el estudio llegando desde sus trabajos respectivos ––algunos desde cabarets como Tropicana–– y alguien abría una botella de ron y le daba al botón de grabación. Estábamos haciendo historia”.
A partir de la riqueza de ritmos populares cubanos como el son montuno, la conga, el mambo, la guaracha, el cha-cha-cha, y muchos otros estilos, las “Descargas en miniatura” de Cachao y otros álbumes celebraron la naturaleza altamente improvisada de la música dentro de las más simples coordenadas. Para muchos músicos latinos que empezaban, esas grabaciones llegaron a ser el plano maestro que les permitió estudiar el ritmo cubano. Aquellas joyas en miniatura de dos o tres minutos desplegaban una brillantez, pasión y espontaneidad raramente capturadas en un estudio de grabación, y el hecho de que los cortes fueran esencialmente improvisados testimonia la extraordinaria musicalidad de los intérpretes que agraciaron aquellos estudios de grabación habaneros. “Descargas en miniatura” ha sido la biblia musical para cualquiera que interprete o estudie ese tipo de música.
En 1962 Cachao tomó la difícil decisión de abandonar Cuba. Viajó a España donde trabajó con un grupo llamado Sabor Cubano bajo la dirección de Ernesto Duarte. “Trabajamos en todo el país. Era bello y me sentí completamente bienvenido”. Pero su amada esposa, Buenaventura (se habían casado en 1946), se había reunido con su familia en Nueva Jersey y él añoraba reencontrarse con ella. Cachao llegó a Nueva York a finales de 1963 y comenzó su prolífica carrera con un grupo de gigantes de la música latina. Cuando se estableció en Nueva York, virtualmente todas las grandes figuras de la música latina estaban explorando tanto el sonido de la banda latina como el concepto de la descarga, y Cachao fue probablemente el bajista más solicitado en todas aquellas sesiones clásicas de Nueva York. Allí trabajó como músico suplente con todo el mundo, Tito Rodríguez, Machito, Tito Puente, los Alegre All-Stars, Chico O’Farrill, José Fajardo y Charlie y Eddie Palmieri, el bajo rítmicamente poderoso y a la vez melódico de Cachao fijó el estándar para muchos futuros intérpretes. “Recuerdo una vez que Tito Puente y yo formamos un dueto –– sólo yo tocando el bajo y cantando y Tito tocando los timbales y montando un show. Era un gran bailarín. ¡A la gente le encantó! Otra vez conseguimos ese trabajito en [Nueva] Jersey con Candito en los tambores y el cantante Miguelito Valdés, pero también seguía trabajando con Tito Rodríguez y la banda de Machito, así que cuidarme de no molestar a nadie.” La bien conocida rivalidad entre los dos “dos Titos” en particular, era un tema complicado para los músicos que colaboraban en distintas orquestas navegando entre los dos gigantes latinos.
Después Cachao pasó varios años Las Vegas, la mayor parte del tiempo tocando junto a máquinas tragaperras en lugares como el Caesar’s Palace, The Dunes, The Plaza, y otros. “Tuve trabajo continuo con Pupy Campo, aunque la asistencia del público era bastante mala. La gente iba a jugar, nadie prestaba realmente atención. Campo incluso tituló el show ‘El Padre del Trueno’, pero no fue el mejor momento de mi carrera.” Cachao también tocó a menudo con Las Vegas Symphony Orchestra, que le aseguró unos ingresos estables y, por lo menos, una audiencia más atenta, pero sabía que necesitaba un cambio. Al mudarse a Miami en 1969, Cachao continuó con su trabajo como músico suplente y comenzó a grabar como director una serie de álbumes que pronto se convertirían en clásicos.
Los años setenta vieron más grabaciones de descargas; Cachao dirigió y participó en varios álbumes seminales — muchos de ellos grabados en Nueva York. La amalgama de músicos de alto nivel en los sellos Tico y Alegre — con los Tico All-Stars bajo la dirección de Tito Puente y los Alegre All-Stars dirigidos por Charlie Palmieri — forjaron los Tico-Alegre All-Stars, y su concierto en vivo en el Carnegie Hall en 1974 con Cachao en el bajo se convirtió en un favorito entre los coleccionistas.
Entre las joyas dirigidas por maestro está “Dos” [Salsoul, 1976], que contó con la aparición de algunos de los más célebres artistas latinos, incluyendo el difunto pianista Charlie Palmieri, el trombonista Barry Rogers, los trompetistas Alfredo “Chocolate” Armenteros y El Negro Vivar, y los percusionistas Manny Oquendo (timbales) y Carlos “Patato” Valdez (tumbadoras).
Los ochentas probaron ser una década interesante para Cachao porque lo llevaron al área de la Bahía de San Francisco, grabaciones y un documental sobre el tambor folklórico Francisco Aguabella (Sworn to the Drum, producida por Flower Films). Cachao tocó en un grupo estelar llamado “Conga Summit”, que incluyó a los percusionistas Aguabella, Patato, Julito Collazo, y muchos otros; la comunidad de músicos latinos del área de la bahía conocía seguramente las muchas contribuciones de Cachao a la música cubana. Sin embargo a pesar de su prolífica carrera, fuera de los círculos de la salsa y el jazz latino, no se prestó mucha atención a su legado o a su género.
Eso cambiaría tras una actuación en el Davies Symphony Hall de San Francisco, cuando como artista invitado del Machete Ensemble en el Jazz Festival de San Francisco en 1989, Cachao se reunió con su benefactor y fan número uno, el actor y productor nacido en Cuba Andy García. Después de su visita entre tramoyas, García se sintió tan impresionado con el Maestro que tomó inmediatamente la decisión de hacer lo que estuviera a su alcance para contribuir a la carrera y el legado de Cachao. A continuación García produjo para Cachao dos CDs en su sello, Crescent Moon, que fueron aclamados por la crítica: Master Sessions, Volumes 1 y 2, el primero de los cuales le ganó su primer Grammy en 1994 a la edad de 77 años. El segundo volumen le dió a Cachao un Downbeat Critics Poll en 1996.
La colaboración resultante y la amistad con García condujo a apariciones y grabaciones con Gloria Estefan (en el celebrado álbum Mi Tierra así como en su reciente 90 millas), algunas grabaciones nominadas o ganadoras del Grammy (entre ellas, una con el genio del piano cubano y su amigo de toda una vida, Bebo Valdés), giras e interpretaciones
internacionales, documentales críticamente aclamados (el primero producido y dirigido por García y otro que saldrá en febrero de 2008), y el honor de ser la estrella 2.219 en el Paseo de la Fama de Hollywood.
También aquel año, García produjo su segunda grabación ganadora del Grammy, Ahora sí!, que incluye maravilloso metraje de las sesiones en un DVD extra. Otros premios y honores incluyen un Hispanic Heritage Award, un reconocimiento del Instituto Smithsonian, un premio del National Endowment for the Arts, y un Governor’s Award de la National Academy of Recording Arts and Sciences.
En marzo de 2005 Cachao regresó a San Francisco como parte de la celebración multimedia de la San Francisco State University en honor de la cultura cubana, To Cuba with Love. Preparado por el International Center for the Arts (ICA) de la Universidad, el programa incluía una semana de exhibiciones, conferencias y conciertos con Cachao como invitado especial y un Premio al músico por la labor de toda una vida. La grabación de los conciertos ––-así como las conversaciones con numerosos académicos y músicos sobre su legado musical-–– es el tema del documental Cachao: una más, producido por el Director de el Documentary Film Institute de la ICA’s, Stephen Ujlaki. “Estas series fueron no sólo un homenaje a este hombre maravilloso y su música, sino también la oportunidad de documentarlo interpretando y de oír otras muchas voces de comunidad musical latina,” declaró Ujlaki. “Hacer este documental realmente me descubrió una familia; gran parte del film incluye maravillosas conversaciones entre Cachao y Andy así como metraje clásico de archivo, además de sus magníficos shows”. Programada para su estreno mundial en el Festival de Cine Internacional de Ciudad de México a finales de febrero de 2008. Cachao: Una Más fue un trabajo lleno de amor de los muchos talentosos cineastas e historiadores implicados en la misma.
A lo largo de casi toda la carrera de Cachao, hubo una persona que siempre le acompañó: su esposa, Buenaventura, que estuvo a su lado durante cincuenta y ocho años. Al final de cada concierto, ellos siempre se abrazaban y salían cogidos de la mano. Su muerte, en mayo del 2005, dejó un vacío en la vida de Cachao. No obstante él decía que “ella siempre está conmigo, en cada concierto y en cada grabación. Es un amor que nunca me abandona.” Cachao era hombre de una sola mujer. “A mi alrededor, todos eran mujeriegos, menos yo. Para mí sólo hubo una mujer en toda mi vida.” Aunque quizás ya Cachao haya dejado de hacer muchas cosas -por ejemplo ya suele tocar el bajo sentado en un taburete-, él dice que se siente maravillosamente, y que seguirá tocando siempre que sea posible. “Por supuesto! La música es lo que me mantiene vivo. Me siento perfectamente, y siempre estoy listo para salir a tocar”.

Rebeca Mauleón
Nueva York

Este artículo fue publicado originalmente (en inglés) en Bass Player Magazine, poco antes de la muerte de Cachao. Agradezco a la autora y al editor Greg Olwell su autorización para traducirlo y reproducirlo en este blog. Traducción de Juan Carlos Castillón y Ariana Hernández-Reguant.

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1 respuestas
Comentarios

  • jorge cespedes y cespedes dice:

    como el mestro de maestros cachao, no volvera a surgir otro igual, dios lo tenga ensu gloria alado de su esposa buenaventura.