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Cachao, otra forma de ser

  • mar 27, 200810:29h
  • 4 comentarios

La muerte de Israel López “Cachao” constituye una pérdida doble: la de un gran músico y la de un ser humano excepcional.
En una nación donde el pícaro se ha convertido en institución (a veces por necesidad, a veces por vocación, porque hay pícaros que no tienen por qué serlo y disfrutan emulando a los más aventajados), Cachao representaba una integridad que, en su caso, venía acompañada de una sencillez y de una afabilidad ejemplares.

He aquí un cubano que no necesitaba hablar a gritos, ni manotear, ni abrirse el cuello de la guayabera, ni mascar habanos, ni beber mojitos, ni bailotear, ni opinar sobre todo lo humano y lo divino para estar a tono con su nacionalidad; un cubano ajeno a esa caricatura con la que algunos nos identifican y que nosotros mismos nos hemos empeñado en legitimar en un afán lamentable de llamar la atención y de reducir a Cuba a un puñado de lugares comunes.

En más de una ocasión, durante un ensayo, vi cómo Cachao, al mover levemente su enorme contrabajo acústico, golpeaba sin querer el pequeño atril de metal donde había puesto la música y ésta caía al suelo, dispersándose y trastocando el orden del repertorio. Solícito, para que él, que ya sumaba muchos años, no tuviera que hacerlo, me apresuraba a recogerla. Nunca faltó un músico que me detuviera gritando: “¡Déjala, déjala, que así toca mejor!”, mientras los demás, divertidos, daban cabezazos de asentimiento. Cachao parecía saberse de memoria toda la música: sabérsela o intuirla, y obligarle a tocar lo que estaba escrito era privarla de una creatividad y de una sabiduría intransferibles al papel; iba en perjuicio de todos.

Israel López “Cachao”, músico desde niño, tan dispuesto a ganarse honradamente la vida tocando en la sala de concierto como en el salón de baile, junto a músicos formidables o mediocres, era un ejemplo vivo de que para ser cubano no hay que ser frívolo ni feroz, no hay que ser rumbero ni analista político, aunque se tenga a la música por pasión y por profesión y se adopte una postura crítica, de rechazo absoluto, frente al actual gobierno de la isla. En su persona sobrevivía una forma de ser que entre nosotros, sus compatriotas, está en peligro de extinción y por la que ya algunos, desalentados, comenzamos a sentir nostalgia.

Orlando González Esteva
Miami

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4 respuestas
Comentarios

  • Enrisco dice:

    Rumbero, para mi lo unico de malo que tienen la rumba, la frivolidad y los mojitos (no hablo por Gonzalez Esteva, el tendra sus razones) es que sean obligatorios (para ser cubanos) o que te los prohiban. Y lo cierto es que por ambas instancias hemos pasado.
    Y al poeta mis agradecimientos por el texto.

  • Rumbero dice:

    ¿Y qué tienen de malos la rumba, la frivolidad y los mojitos?

  • luisc dice:

    Completamente de acuerdo con Orlando González Esteva, en su homenaje al maestro y en su fina, pero dura, descripción de nuestra nacionalidad, o en lo que ésta ha derivado.
    A Ernesto, muchas gracias por la selección. “Los tres golpes” de Ignacio Cervantes es una de mis obras favoritas, por siempre.

  • misha dice:

    Qué bien escribe Orlando González Esteva!

    Muy acertado.
    Lamentablemente los intelectuales que pululan tienden a la mediocridad expresiva y temática, no tienen estas cualidades elegantes: son ostentosos y pedantes.
    Ya empezamos a sentir nostalgia por intelectuales de este clase.