Penúltimos Días

La maldición del arcoiris

Marzo 15, 2008 · 14 Comentarios

For John Bratty

En 1953, George A. Miller publicó un artículo que hoy se considera un clásico de la Psicología. El título, curioso, resulta una mezcla de ciencia y lirismo: “El mágico número siete, más-menos dos: algunos límites en nuestra capacidad para procesar información”. El primer párrafo también es digno de cualquier documento literario:

“Mi problema es que he sido acosado por un entero. Durante siete años este número me ha perseguido a todas partes, se ha colado en mis informaciones más privadas y me ha asaltado desde las páginas de los más públicos de nuestros diarios. Este número utiliza varios disfraces; en algunas ocasiones luce un poco más grande que de costumbre y en otras, un poco más pequeño, pero nunca cambia lo suficiente como para dejar de ser reconocible. La persistencia con la que este número me ataca está más allá del azar de un accidente. Existe, como dijo un famoso senador, un diseño de fondo, un patrón que gobierna su apariencia. Una de dos, o hay algo realmente inusual en este número, o yo estoy sufriendo un delirio de persecución”.

Después de este preámbulo, Miller analiza varios estudios que describen la capacidad de nuestros sistemas sensoriales para discernir entre dos sensaciones de un mismo tipo, pero con diferentes intensidades. Digamos, sin rigor alguno, que tenemos dos vasos de agua, uno con diez cucharadas de sal y otro con una. Si le pedimos a un sujeto que detecte cuál de esas dos aguas es más salada, lo hará sin dificultad; sin embargo, si le pedimos a esa misma persona que diferencie entre un vaso con diez cucharadas y otro con quince, ya no puede hacerlo: las dos aguas le parecen igualmente saladas. Algo parecido sucede con la diferencia entre una y media cucharadita de sal, también se paladean como iguales. Estos puntos extremos marcan las concentraciones que somos capaces de detectar como diferentes. Dentro de estas dos cotas se encuentran salinidades que se nos antojan distintas y que son, como ya sabemos, alrededor de siete (más-menos dos).
Lo interesante del asunto es que el rango de ese poder resolutivo (la capacidad para separar dos puntos cercanos) es muy parecido en todos los sistemas sensoriales, poco importa si se trata de los receptores de la audición en el oído o los de la temperatura en la piel. Esto quiere decir que la explicación de esos límites no está en los receptores, capaces de discriminar diferencias mucho más pequeñas, sino en la forma en que nuestro cerebro interpreta las señales que esos receptores le envían. En pocas palabras, nuestro cerebro agrupa y simplifica; es como una máquina capaz de reducir un enorme rango de sensaciones a siete puntos (más menos dos), o a catorce, si se trata de la visión tridimensional (el más desarrollado de nuestros sentidos, dicho sea de paso).
Estos límites en la capacidad de nuestro cerebro para lidiar con lo complejo no sólo se aplican a las sensaciones, sino que se extienden al resto de las funciones de nuestro sistema nervioso central. En 1890 William James escribió -en sus Principios de Psicología- acerca de los límites que nos impiden prestar atención a todas las cosas al mismo tiempo. Con las decisiones sucede algo similar, los procesos inductivos y deductivos que utilizamos para decidir pierden una buena parte de su utilidad cuando sobrepasan un número limitado de escalones o etapas, seis, para ser específicos. También se sabe, por ejemplo, que tenemos un aforo limitado para lidiar con los demás. Cuando nuestro grupo social sobrepasa, de forma virtual o real, el número de ciento cincuenta individuos, hay una caída drástica en la calidad y el significado de nuestras interacciones con los miembros de ese grupo. Eso explica por qué los faxes, correos electrónicos, video-conferencias, bitácoras, aviones y todas esas cosas que, supuestamente, expanden nuestro grupo social, no logran hacernos sentir más acompañados.
Miller no sufría un delirio de persecución; el número que lo persiguió a él persigue a todos y cada uno de nosotros. Es nuestra debilidad y nuestro poder. Durante miles de años los seres humanos han usado ese enorme poder simplificador de la mente para luchar contra la complejidad del mundo y, en ocasiones, han acariciado el sueño de una victoria definitiva. Nuestra exquisita capacidad para simplificar es la misma que convierte nuestra lucha contra la discriminación en un una lucha contra nosotros mismos. Igual que reducimos la riqueza del espectro de la luz visible a los siete colores del arcoiris, o los sonidos audibles a siete notas musicales, somos capaces de minimizar los billones de semejanzas que compartimos con otros seres humanos (átomos, células, órganos, necesidades, sueños, mitos, etc.) a siete simplezas que denominamos raza, sexo, nacionalidad, idioma, ideología, poder económico, inteligencia, y más-menos dos. Con la muerte sucede algo parecido. En el trato con nuestros semejantes la cuchilla de Occam se convierte, muchas veces, en el filo de una guillotina.
¿Estamos, entonces, condenados a la discriminación? La respuesta para esta pregunta es, y tiene que ser, negativa. Contamos con excelentes instrumentos -tanto a nivel psicológico como social- para emanciparnos de esa marcada tendencia que tenemos a la simplificación. El problema radica en que esos instrumentos, al ser un producto de nuestra mente, nacen predispuestos al reduccionismo. Esto implica que cualquier utilidad que puedan tener deriva, ya no de la presencia del instrumento en sí mismo, sino de la forma en que seamos capaces de utilizarlo, algo que Alfred North Whitehead explicó muy bien cuando dijo: “Seek simplicity and distrust it” (Busca la simplicidad y descártala).

César Reynel Aguilera
Montreal

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14 Comentarios ↓

  • Ernesto Gonzalez

    Excelente sintaxis, ideas expresadas claramente. Por que no hay mas gente que escribe asi? Ya se me quito el dolor de cabeza que cogi con el articulo de Ichikawa.

  • César Reynel Aguilera

    Ernesto,

    dale buena parte de esos méritos a tu tocayo de Pd. Y por los que me tocan, muchas gracias.

    Saludos

    César

  • Gabriela

    Me parecio algo complejo pero al mismo tiempo muy interesante.

  • César Reynel Aguilera

    Sí, Gabriela, llevas razón, es un tema espinoso y difícil de “popularizar” (tiene que haber un verbo mejor que este). Si me atrevo a intentarlo es por la importancia que le veo para los tiempos que corren.

    Saludos

    César

  • Ernesto Gonzalez

    Como maestro al fin, siempre ha sido mi experiencia que lo mas complejo se puede expresar de la manera mas simple. Lo que me molesta es que lo mas simple se trata de hacer mas complejo. Pero mi escuela es la de otro gran Ernesto (no el de PD, que escribe muy bien tambien), sino del que vivio en la finca Vigia. Saludos, Cesar, aunque no lo conozca. A Ernesto lo que es de Ernesto y a Cesar lo que es de Cesar.

  • César Reynel Aguilera

    Ernesto,

    Hay grandes diferencias entre “complejo” y “complicado”. El primer término implica, necesariamente, el abandono de lo simple, el segundo, su repetición cuantitativa y su acumulación (casi siempre más allá de un umbral de comodidad) sin que esto lleve, para nada, a un salto de cualidad o propiedad emergente. Al mismo tiempo, los sistemas complejos le imponen al observador un alto grado de incertidumbre, cosa que no sucede con lo “complicado”

    Si aceptamos estas diferencias entonces podemos decir que “lo más complicado siempre se puede expresar de la manera más simple”, sin que quede, insisto, un gran remanente de incertidumbre. Algo que, por suerte o desgracia, no es posible con lo complejo. El tendido eléctrico de un rascacielos puede ser descrito, con increíble certeza, utilizando tres o cuatro fórmulas y unas cuantas oraciones. El comportamiento de una masa de aire tropical, sin embargo, sólo puede ser descrito en términos de unas probabilidades que nos dejan casi desnudos ante el porvenir.

    Los seres humanos tenemos una tendencia muy marcada a complicar las cosas. Esa es, paradójicamente, una de las formas que escogemos para atrincherarnos en la simplicidad, y arroparnos con certezas.

    El maestro, como bien tú dices, tiene la función de hacer las cosas lo menos complicadas posibles, pero tiene, también, la obligación de preparar a sus alumnos para que puedan entender, aceptar, y disfrutar, la complejidad del mundo circundante.

    Saludos

    César

  • Ernesto Gonzalez

    Lo complejo entonces lleva consigo un grado de incertidumbre.

    Estoy de acuerdo contigo en que el maestro debe preparar a los estudiantes a lidiar con lo complejo a traves de ejercicios de pensamiento critico de order superior (high-order critical thinking skills). Lo que predomina en el mundo es la incertidumbre, lo complejo, cosas para las que un libro de texto no tiene respuestas. Gracias por este dialogo.

  • bustrófedon

    Felicidades, César. Excelente post.

    Hablando como los locos: he visto que tu novela “R.U.Y.” está disponible en Amazon.com, pero sólo la encontré en formato digital. ¿Dónde se puede adquirir un ejemplar “de carne y hueso”?

    Saludos,
    Alexis

  • César Reynel Aguilera

    Ernesto,

    Es un gran placer hablar de este tema con gente que pueden convertirlo en hechos prácticos. Nadie mejor que un maestro. Ya el post se va, pero igual puedes decirle al otro Ernesto (el de Pd) que te dé mi mail y platicamos (vaya finura) por ahí.

    Un abrazo,

    César

    Alexis,

    Te cuento que ya hice un intercambio de copias de cortesía con Isis Wirth; para hacerlo tuve que sacar una de las pocas copias de RUY que dejé en consigna en una librería. Por razones de contabilidad, y eso, y demás, terminé comprando un ejemplar de mi propio libro, suma que después (dicen) me devolverán cuando me liquiden “las ventas”. Anyway, te cuento esto para embullarte a la aventura, si deseas, me envías una copia de cualquiera de tus libros, y yo vuelvo a divertirme con el mismo proceso y te envío una de RUY.

    Si no, puedes ir a: http://www.alexlib.com/ruy/, y ordenar una copia online.

    Un abrazo

    César

  • bustrófedon

    César:

    El canje me viene de maravilla. Le pediré a Ernesto que me dé tu dirección y por esa vía cuadramos lo del intercambio de libros.

    Un abrazo,
    Alexis

  • César Reynel Aguilera

    Awesome! Sí, claro, dile a Ernesto que te dé mi correo.

    Otro

    C.

  • Leonardo Sánchez

    Excelete comentario al libro de Miller. He subido unas diapositivas sobre Historia de la Psicología” en miwe. Espero sus comentarios. Esta es la dirección:

    http:/pepascientificas.blogspot.com

  • Michel

    Cesar me parece increible que despues de 18 anos por accidente haya entrado ha este sitio online y comence a leer un articulo y cuando vi el nombre del autor le comento a mi hijo: por la forma de expresar sus ideas y el nombre ,creo que fuimos colegas de estudios en el instituto Victoria de Giron , La Havana.
    Cuan grata alegria cuando veo tu foto y ademas que estas realizandote en el campo de la literatura algo que siempre te apasiono.
    resido en los EE.UU y me gustaria comprar tu libro R.U.Y. Saludos, Michel.

  • Julio César Villasante

    irónicamente en el juego de craps al tiro de 7 se le llama ¨natural¨. No existen implicaciones metafísicas ni filosóficas al respecto, solo probabilidades y teoría de números.

    saludos…

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