- ene 06, 2008 • 20:52h
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Luis Aguilar León ha muerto. Fue compañero de clase de Fidel Castro, en quien nunca confió, y maestro en Georgetown de William Jefferson Clinton, que lo recordaba con respeto.
Nuestro trato fue el de un lector ávido con su librero habitual; hablamos mucho de libros y poco de lo demás, pero a pesar de los límites que impone ese tipo de relación pude conocer a un hombre que sabía ser cordial sin caer en esa familiaridad agresiva que tanto abunda en Miami, un lector que a pesar de su evidente peso académico era lo bastante educado como para oír y aceptar sugerencias, un autor dispuesto a escuchar a sus lectores, un hombre amable y sin aristas que sabía llevar cortés y educadamente la fama, la buena fama que le acompañaba.
Su necrológica puede resumirse en tres o cuatro afirmaciones que podrán parecer excesivas pero son sin embargo justas: fue un hombre bueno, fue un hombre sabio, fue un hombre culto y fue un hombre honrado; reunió las cualidades que todo pueblo tiene derecho a esperar de alguien que aspire a dirigirlo, en las ideas, en la vida, e incluso en la política, pero que tan a menudo han faltado en la clase política de nuestros países. Y no me refiero sólo a Cuba aunque él fuera, viviera y muriera como cubano.
Como político, en el viciado ambiente de la política de Miami, nadie pudo nunca afearle un gesto, hacer una insinuación sobre él o atacarlo en lo personal. Incluso aquellos que no coincidían con él o con sus tesis tenían que hacerlo sin caer en el ataque personal que nadie, o casi nadie, hubiera perdonado.
Como periodista, uno de sus artículos está colgado en numerosas casas y oficinas cubanas de Miami. Se trata, desde luego de “El profeta“, una aproximación a la vez filosófica y humorística al carácter cubano, la misma que hubiera podido escribir Mañach de haber tenido sentido del humor. Cuando daba una conferencia, el salón de actos, no importa lo grande que fuera, siempre se llenaba.
Poco antes de morir se dejó entrevistar por el escritor Patrick Symmes, para su libro The Boys from Dolores, y habló de quien había sido su compañero de clase. Es un tributo a su buen hacer que incluso un autor como Symmes, que tan poca simpatía muestra hacia el exilio, dedicase muchas de sus páginas a mostrar la clara admiración que aquel hombre, incluso cansado y enfermo, podía producir en aquellos que respetan la cultura y el saber.
En cualquier momento la muerte de un hombre bueno es dolorosa. En un momento como éste, con su antiguo compañero del Colegio Dolores obstinándose en vivir, es doblemente dolorosa. No sólo se va uno de los buenos, sino que le sobrevive alguien de quien nunca podremos escribir que fue bueno, sabio o generoso; y no sólo se va sino que se va cuando más necesaria es su presencia calmada, su verbo claro, su capacidad para el debate, el perdón y el amor por la justicia.
Mi pésame a sus dos familias: la más cercana, y aquella otra extendida que forma sin duda el exilio.
Juan Carlos Castillón
Barcelona
Foto: Alejandro Armengol





Te echo de menos. Nadie como tu. Vendran dias mejores, nada mas socorrido que un dia tras otro.
Aguilar Leon era un gran periodista. No se cuando lo toco la enfermedad esa pero cuando el fue Director de las Paginas de Opiniones era muy agudo y preocupado. Cuando aquello eran lo que deben ser y se llamaban como se deben llamar: Paginas de Opiniones (no como ahora que el director le quito ese nombre para ponerle el eufemismo de “Perspectiva”, para dejar ver que ahi no hay mas opinion que la de el) bueno, decia que cuando fue director de esa seccion un dia–solo una vez–para corregirme una caricatura editorial sobre los viajes a Cuba (el texto) se tomo 10 minutos casi, entre disculpas y explicaciones. Eso dice mucho, de su personalidad y condicion humana. Cualquier otro director de esas paginas me hubiera cambiado el texto sin decirme nada o censurado el trabajo.
Es verdad. Luis Aguilar Leon no puso a Fidel en el poder sino que incluso advirtio, en un momento en que eso era impopular, que un poder conquistado por las armas, no importa quien lo tomase, dificilmente seria cedido o incluso compartido con los civiles. De Aguilar se puede decir, y ahi esta su obra periodistica anterior al triunfo de la revolucion, que supo preveer la dictadura que llegaba… nadie le hizo caso…
Es ciertamente una pena su muerte, pero no su vida. Era, me atrevo a decirlo, un ilumninado cubano, de esos pocos, casi ninguno a los que se les puede senalar, como no sea brillante y honesto, en medio de este invento ” nacional ” que es Miami, una verguenza de oportunistas patrioteros. Al menos, que yo seopa, no ayudo a poner a su ex companero de clases donde esta hoy.
Dios lo bendiga. Va a estar en buen lugar.
Se le va a extrañar. Sus columnas en el Herald eran siempre un regalo.
C.
Gracias, he leido su texto original de “El Profeta”, una descripcion de fino humor y verdad sobre la idiosincracia de nuestra cultura, sabio, certero y con un amor inmenso…que descanse en paz
Un profundo agradecimiento por sus emotivas palabras. Gracias, senor Castillon. Muchas gracias.