- dic 20, 2007 • 11:56h
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Alejandro Armengol se niega a tomar el postgrado del embargo con el profesor Suchlicki. Y es más, advierte a los miembros del Senado de que no le hagan caso, que el profesor se equivoca, y que su defensa del embargo es “disparatada” y “contraproducente”. Para refutarla, sin embargo, el periodista utiliza unos cuantos chistes sin gracia y la retórica florida de quien dialoga consigo mismo, diciéndose “viste eso, já”.
Me entretengo, entonces, en facilitarle la tarea a los senadores haciendo una antología de las descalificaciones de Armengol, que casi se pueden resumir en una: el profesor Suchlicki no piensa igual que él. Aquí están los peros:
- “iguales planteamientos aparecen una y otra vez y con las mismas palabras”.
- “tono militante, que se mantiene firme hasta la última palabra”.
- “los argumentos [de Suchlicki] se estiran y estrechan de acuerdo al punto de vista de quien realiza el discurso, sin mucha preocupación por ajustarse a la verdad y sin importar tampoco que muchos de éstos sean traídos por los pelos, con el único objetivo de hacer avanzar una agenda”.
- “una argumentación pobre”.
- [Suchlicki] no ofrece pruebas de que “los hermanos Castro siguen gastando en aventuras militares extranjeras y apoyando un sistema de asistencia social que está en bancarrota”.
- Armengol también objeta que “Si se permitiera que los turistas (americanos) visiten Cuba, el gobierno de Castro imitaría la pasada práctica de la Unión Soviética y los países de Europa del Este (que eran entonces sus satélites): el turista tendría entonces que obtener visas en la Sección de Intereses de Cuba en Washington; su viaje sería controlado y canalizado hacia los centros turísticos construidos en la isla lejos de los principales centros de población y los turistas serían vigilados cuidadosamente para impedir que la ‘propaganda subversiva’ entre a la isla”.
- Para Armengol resulta “tonto” pensar que el turismo norteamericano en Cuba quedaría fuera de la famosa ley de la oferta y la demanda. Y nos recuerda que son dos millones los visitantes extranjeros que visitan la isla. Todo parece indicar que para el periodista el simple hecho de ver a un turista, o entrar en contacto con él, o incluso jinetearlo para poder comer es tremendamente subversivo, o al menos contribuye al cambio en Cuba y resulta beneficioso para los intereses de Estados Unidos.
- Según Armengol, no es verdad que, como afirma Suchlicki, “los dólares fluirían muy poco a manos de los pobres”.
- El profesor Suchlicki sería un “abanderado del desarrollo turístico caribeño a cambio de mantener en la indigencia a Cuba!”. Y todo porque afirma que: “Una gran corriente de turistas a Cuba tendría un efecto perturbador en las economías de países menores del Caribe como Jamaica, República Dominicana, Bahamas y Puerto Rico, así como en la Florida, cuyo bienestar depende del turismo en gran medida.”
- “Como el turismo sería un asunto bivalente, gran número de cubanos visitarían Estados Unidos y es probable que muchos se queden como inmigrantes ilegales, lo cual complicaría un espinoso problema nacional de Estados Unidos”. Esta verdad de Perogrullo le parece a Armengol contradictoria con la condición totalitaria del castrismo pues esos inmigrantes ya no serían ilegales.
Los argumentos de Suchlicki ante el Senado pueden leerse íntegros aquí. Otros artículos interesantes del profesor sobre el tema del embargo y la “transición” cubana, aquí y aquí.




Suchilsky lo que tiene es que acabar de decir cuantos y cuales familiares tiene en Cuba.
Por ahí deben empezar todos estos que proclaman el atropello a las libertades individuales como algo plausible.
Si no tiene a nadie es un desmoralizado.Y si tiene a alguien tambien es un desmoralizado.
Ese profesor es un desmoralizado en toda la extensión de la palabra, un vividor de la causa cubana y un anti pueblo de Cuba.