- nov 14, 2007 • 09:15h
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Ledón es un apellido con resonancia de gas noble, Maestro es el símbolo que mejor lo acompaña. La tradición oral coincide en unas coordenadas que escapan al tiempo, al Alma Mater y a una casona de la calle 60. Las imágenes superpuestas componen un rostro no contaminado por el rigor de las fuentes oficiales. Esto nos obliga al placer de una historia sin los cimientos de la verdad comprobada. Entre mi versión y las de otros hay cambios de matiz y detalles, diferencias en fechas y lugares. Sin embargo, en ningún caso los contrastes enturbian la esencia del magisterio. Sirva, pues, esta fábula como una invitación a los que quieran recordar.
Ledón llegó a mi vida en medio de una gran oscuridad. La antigua ruta 30 cumplía su trayecto Parque de la Fraternidad-Playa de Marianao, y al llegar a la parada en la calle sesenta pude ver un portal iluminado. Cosa rara si tenemos en cuenta que todo el barrio estaba en tinieblas por culpa de un apagón. Recuerdo que alguien dijo “ahí vive un Químico famoso que sabe hacer luz-buena-y-barata”. El bien ya estaba hecho: durante años, cada vez que se iba la luz, yo pensaba en el sabio de las guirnaldas.
En octavo grado una profesora de Química me prometió la peor de las calificaciones. Pedí ayuda para aprender estequiometría y me regalaron un libro que la explica muy bien: el Ledón-Vásquez. De paso me dijeron que el primero de los dos autores era el sabio que vivía al lado de la fábrica de chocolate. Ese dato me ayudó a pasar el examen, pero por más que estrujé el texto no pude sacarle el misterio de la luz-buena-y-barata.
A partir de entonces, las historias sobre Ledón empezaron a acumularse. Lo supe, en plena tiranía de Fulgencio, salvando a un joven comunista de una paliza. Pero al triunfo de la revolución cundió la desmemoria y muchos prefirieron identificarlo, entre la noche y el ocaso, como un simple gusano.
El profesor no asistía a los mítines ni a los trabajos “voluntarios”, mucho menos a las guardias de milicias. Gusano le dijeron y él, armado con dos remos, partió a la conquista de los molinetes de un mar de leva. Lo capturaron a unas cuantas millas de la costa y fue a dar con sus huesos a la célebre fortaleza del Príncipe. Allí purgaba cuando un joven vengador necesitó de sus servicios. El flamante Ministro de Industria, de apellido Guevara, desesperaba por la puesta en marcha de una nueva fábrica de baterías eléctricas. Los sabios y los mulos, un paso adelante. Así se conocieron el reo y uno de sus celadores. Poco sabemos de lo que se dijeron, sólo podemos inferir un pacto. Don Ledón renunciaba a desertar de la gran cárcel y el poderoso comandante, magnánimo, le aseguraba un laboratorio en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas. La fábrica de baterías echó a andar y el guerrillero pudo sonreír satisfecho: era de esos que confunden las razones de un hombre con los motivos de un lobo.
El tiempo pasó y mientras San Ernesto de La Higuera regalaba sacramentos de plomo, el maestro de alquimistas teñía su bata con restos de tiza y reactivos impronunciables. Era evidente que aquellas vidas paralelas diferían, a pesar de la semejanza de los nombres de pila.
No es difícil imaginar que el profesor haya sentido pena por la desaparición de un hombre que, más que su Némesis o su protector, había sido la antítesis de su actitud ante la vida. Quizás le fue imposible deshacerse de esa fascinación que sienten los cubanos por aquellos que son capaces de morir —y matar— por sus creencias, aunque estén equivocados. De todas formas la vida continuaba y Ledón tenía por delante los reclamos de unas cuantas generaciones de químicos. Lo mismo pasaba infinitas horas con la hija del tirano de turno, que con un joven guajirito recién llegado a la gran ciudad. Cualquier conocimiento, por oscuro que fuera, se deshacía entre las palabras del maestro. Su fama corrió, y junto con la admiración crecieron las anécdotas.
Dicen que Linus Pauling, el famoso químico estadounidense llegó a Cuba, y cuando le preguntaron dónde quería hospedarse pidió ir a la casa de su amigo Ledón. Los funcionarios se vieron obligados a mudar al Profesor para una casa menos destartalada y más presentable a los ojos del ilustre visitante.
También he escuchado que un día el auto se le quedó sin gasolina frente al garaje de 146 y Quinta Avenida. Cuentan que después de infructuosas gestiones con el empleado de la gasolinera para conseguir combustible fuera del estricto racionamiento, Don Ledón pidió un poco de agua y con gesto grandilocuente le añadió una pastilla que sacó del bolsillo de sus gastados pantalones. Acto seguido arrancó el auto y se fue manejando ante la mirada atónita del pistero. La explicación es más simple que “un químico famoso que sabe hacer gasolina-buena-y-barata”. En el fondo del tanque quedaba bencina, sólo que el nivel de esta no llegaba a la altura del orificio de la tubería de alimentación del motor. El resto es un asunto de pesos específicos y solubilidades. El agua añadida se depositó en el fondo del tanque, y sobre esta flotó el combustible, a una altura adecuada para ser succionado por el sistema de distribución. ¿Una historia verdadera? No lo creo, tiene todas las características de un buen recurso didáctico convertido en realidad a fuerza de imaginación.
Pero da igual, son muchos los que todavía recuerdan al profesor con admiración. Además de la claridad de sus explicaciones, o la ironía de sus actos, Ledón tuvo algo indefinible que le convirtió, por derecho propio, en fuente de autoridad. Imposible saber cuánto de lo que se ha puesto en sus labios es realmente suyo, y no resultado de la utilización de su nombre como referencia y escudo. Una vez escuché a alguien comentar: “ya lo dijo Ledón, la inteligencia es la más democrática de las posesiones, la mayoría de la gente reconoce tenerla en abundancia”. Sabrá Dios quién lo dijo.
Un día estuve listo para conocer al maestro de profesores. Allá nos fuimos en visita familiar e intempestiva con el pretexto de unas cápsulas de plátanos. Lo encontramos sentado en el portal leyendo la Enciclopedia Británica. Las horas desaparecieron, el tiempo se detuvo, y el profesor nos llevó a conocer el misterio de los microelementos en la fisiología y el metabolismo humano. Nos habló de los estrechos rangos de normalidad para estas sustancias, de cuan dañinas podían ser tanto en altas como en bajas concentraciones. Sus ejemplos iban desde las anécdotas personales hasta los datos científicos precisos. Con asombro le vimos referirse a publicaciones médicas que proponían una relación entre el carácter endémico, en ciertas regiones de África, del linfoma de Burkitt, y el bajo contenido de selenio en los suelos de esas regiones. Cuando le preguntamos qué estaba leyendo en la enciclopedia, se explayó sobre la batalla de Stalingrado y el misterio de las divisiones turcas que nunca entraron en combate. “Ironías de la historia”, dijo Ledón, quizás para escapar de un terreno que se resistía al escrutinio de su poderosa mente analítica. Partimos en medio de una noche iluminada, convencidos de haber visto a uno de los últimos ejemplares de una raza en extinción.
Al poco tiempo Ledón murió, y su nombre dejó de oírse. Dicen que dejó un testamento intelectual. Un legajo que habla sobre la crisis de valores de la juventud cubana, y que brinda consejos para impedir que algo así vuelva a suceder. Dicen también que el legajo legado se pudre en las arcas blindadas de un burócrata sin nombre. No conozco a nadie que lo haya leído, pero hay mucha gente que jura su existencia. Casi todas coinciden en que el documento contiene una lista de libros que deben ser recomendados a las nuevas generaciones. Una suerte de conclusión elegante para una clase magistral: a los niños no basta con decirle que sean como el Ché.
César Reynel Aguilera
Montreal





YO TAMBIEN CONOCI AL SR. LEDON… PERO NO COMO PROFESOR.. SI NO COMO QUIMICO. ERAMOS MUY PEQUEÑITAS MI HERMANA Y YO Y ACOMPAÑABAMOS A MI MAMA QUE TRABAJABA EN LOS VIVEROS DE LOS LABORATORIOS “LEDON” EN EL CENIC. LOS SABADOS Y LOS DOMINGOS IBAMOS CON MI MAMA Y LES PONIAMOS AGUA LIMPIA, LIMPIABAMOS LAS JAULAS, LE DABAMOS COMIDA A LOS ANIMALES, FRUTAS A LOS MONOS (NOSOTRAS TAMBIEN COMIAMOS Y LO COMPARTIAMOS CON ELLOS… JAJAJAJA), YERBAS Y PIENSO A LOS CONEJOS, CURIELES, RATONES BLANCOS, HAMSTERS, ETC. Y ERA MUY DIVERTIDO Y “PELIGROSO”… PERO LOS NIÑOS NO VEMOS EL PELIGRO EN ESA ETAPA DE LA VIDA, NOSOTRAS SOLO JUGAMOS. NOS METIAMOS EN LAS JAULAS CON LOS MONOS QUE ESTABAN ENAJULADOS PERO SUELTOS Y LES DABAMOS FRUTAS, LES CANTABAMOS, LES TOCABAMOS UNA FILARMONICA, LES BAILABAMOS… JAJAJAJA Y ERA MUYYYY GRATIFICANTE… PORQUE LOS MONOS NOS VEIAN COMO DOS MIEMBROS MAS DE LA FAMILIA Y NOS ESPERABANA EL FIN DE SEMANA, CUANDO NOS VEIAN LLEGAR CON LAS CAJITAS DE FRUTAS SUS CARITAS ERAN LA FELICIDAD COMPLETA… Y LOS MONITOS BEBES DEJABANA A SUS MAMAS Y SE NOS ACERCABAN Y SE NOS SUBIAN ARRIBA, MADRE MIA…. BUFF… QUE RECUERDOS… ERA NUESTRA ILUSION IR LOS FINES SEMANA AL CENIC … COMO SI FUERAMOS AL ZOOLOGICO… EN UNA OCASION EL SR. LEDON ABRIO UN CURIEL Y ME DEJÓ VER A TRAVÉS DE SU MICROSCOPIO EL CORAZON DEL CURIEL… FUE EMOCIONATE DE VERDAD… Y SIEMPRE LE DECIA A MI MAMA QUE TUVIESE CUIDAD CON LAS NIÑAS EN LAS JAULAS DE LOS MONOS… EN EL AÑO 83 NACIÓ MI HERMANITO PADECIENDO ASMA DE UN NIVEL MUY ALTO… ERA MUY DURO PORQUE CUANDO LE VENIAN LAS CRISIS CASI NADA PODIA CURARLO…Y EN UNA OCASION FUE TAN FUERTE QUE SE PUSO AZUL… MI MAMA SE MORIA DE DOLOR Y NOSOTRAS NO HACIAMOS MAS QUE SUFRIR POR EL. EL SR. LEDON SUPO DE LA ENFERMEDAD DE MI HERMANITO Y LE PROPUSO A MI MAMA USAR UNAS CAPSULAS DE PELUSAS DE PLATANO CONOCIDA COMO POLVO DE MUSA AFRODISIACA Y QUE EN EL AÑO 1981 SE HABIA REALIZADO EL ENSAYO CLINICO CON EDADES COMPRENDIDAS ENTRE 15 – 65 AÑOS… Y LOS RESULTADOS FUERON SORPRENDENTES. A PESAR DE LA CORTA EDAD DE MI HERMANITO (6 MESES) MI MAMA ACCEDIO SIN PENSARLO Y FUE LA MEJOR DECISION DE SU VIDA… DE MAS ESTA DECIRLES QUE GRACIAS A ESTAS CAPSULAS DE PLATANO… HOY EN DIA MI HERMANO NO PADECE ASMA… EN FIN… TENEMOS MUCHO QUE AGRADECERLE A LEDON… “GRACIAS A SUS INVESTIGACIONES MI HERMANO ESTA VIVITO Y COLEANDO” Y SE HA CONVERTIDO ES UNA GRAN PERSONA CON UNA SALUD DE HIERRO. ME APENÓ SABER QUE HABÍA FALLECIDO EN EL AÑO 89 PORQUE ME HUBIERA GUSTADO QUE EL SR. LEDON HUBIESE CONOCIDO A MI HERMANO Y QUE MI HERMANO SUPIERA POR QUIEN ESTABA EN ESTE MUNDO Y QUIEN LE HABIA SALVADO LA VIDA…SIEMPRE QUE SALE EN UNA CONVERSACION EL ASMA COMO ENFERMEDAD YO HABLO DEL MILAGRO DE LEDON. AGRADEZCO AL SR. LEDON ALLA EN EL CIELO DONDE ESTAS… POR HABERNOS AYUDADO EN SU MOMENTO… GRACIASSSSSSSSSSSSSSSSS…
Reynel: He pasado leyendo su novela R.U.Y. Aunque no he terminado, me parece excelente y seguro que le hare una resegna en mi blog. Trate de averiguar quien era usted y me lo encontre en PD. He repasado sus notas y esta me llamo la atencion. Le cuento una historia de Ledon: Tiene que haber sido alrededor del agno 76 o 77. Por entonces era “instuctor graduado”. Parte de mi trabajo consistio entonces en traducir del aleman una monografia donde se explicaba como aislar ciertos cristales y trabajar en el proyecto. No entrare en detalles, pero incluia la construccion de un aparato bastante complicado que pudo hacerse gracias a las habilidades de un maestro vidriero que trabajaba en la escuela. A su vez, el trabajo en su conjunto constituia la disertacion de un profesor para quien yo trabajaba de tracatana-ayudante. La “discusion” de la tesis se hizo en Antillana de Acero. Ya era un “done-deal” y nadie se iba a “bajar con una podria’ “, sobre todo porque el profesor era en esos momentos muy reconocido en sus predios, hasta “secretario general” del sindicato (creo que tambien se fue, a la larga). El cuento es que estabamos en Antillana y el disertante figurin se las daba de creativo, (en realidad habia reproducido el trabajo del aleman). Ya en la etapa de preguntas, se levanto un hombre de apariencia modesta, pelo gris, vestido de caqui gris, gris el mismo, sentando en los ultimos bancos. Pregunto si se habia tenido en cuenta el factor de la absorcion de agua en los cristales. Solo unos pocos, podiamos darnos cuenta que la pregunta era demoledora y convertia el trabajo en una real mierda. El candidato palidecio. La pregunta se paso por alto y todo tuvo una final feliz, porque no podia ser de otra manera. Despues pregunte quien era the grey-man. Era Ledon.
Tuve la oportunidad de estudiar Ingenieria Electrica en la Universidad de la Habana. 1953-…
Las clases de Quimica para Ingenieros las impartia “Gonzalito” de caracter volatil y la diversion de todo el alumnado con “berrinches” y
dolorers cardiacos.
Ledon daba las clases teorico- practicas. Vivia alli mismo en la Escuela de Quimica de Zanja con esa señora que describen tal y cual era. Entre las virtudes del Dr.Ledon por las que mas le admiraba era por su simplicidad en caracter y por sus explicaciones que hacian una aventura de la Quimica. No puede olvidarseme: Teniamos una libreta para las practicas de laboratorio y en
ella estaban las “pruebas” que el hacia.Siempre ingeniosas y con la intencion de “hacerte pensar”..
En una de ellas, no recuerdo ahora
exactamente la pregunta, yo indicaba que los iones de potasio eran los culpables de la coloracion roja de la solucion.
La respuesta fue aceptada; pero con
lapiz rojo tacho la parabra culpables y escribio “causantes”. Esto quedo conmigo para siempre y en todas
las ocasiones trato de sustituir la palabra “culpable” por “causante”.
Pasaron los años y nos volvimos a
ver en el Instituto Tecnologico
Jose Marti de Rancho boyeros. Yo
explicaba Geometria y Dibujo
Tecnico. El daba clases de Quimica.
El falto a clases y conociendo sus
habitos nos extraño sobremanera.
Era todo un misterio, hasta que un
dia volvio a sus clases y continuo
como siempre. Despues nos enteramos de su salida en el bote
de remos. No lo castigaron como
era lo esperado, sino le pudieron
de vuelta en su aula. Fue uno de los
ejemplos de comportamiento que
siempre trate de imitar aunque su
genio parecia un don de Dios.
Al comienzo de la revolucion se
pusieron miliciales en las entradas
de la Universidad de la Habana.
Alli registraban a los que entraban
entrando. Profesores y alumnos debia sometrarse al registro.
Ledon fue a entrar al edificio de
la Escuela de Quimica y un miliciano
trato de registrarlo. El explico al
miliciano que el “vivia ahi” que esa era su casa y que nadia debia registrarlo al entrar a su casa.
“Mire yo no tengo que llevar
nada comigo. Con lo que ya yo tengo ahi dentro y con lo que yo tengo aqui (señalando para su cabeza), no solamente hago volar
este edificio sino que hago volar a La Habana entera… ”
Gracias por hacerme recordarlo…
Yo vivia al lado de Ledon y era una persona extraordinaria, lo de la electricidad es bien simple. Su casa original que era frente a la casa de su suegra Carmen Marina( despues el se mudo para esa casa cuando ella fallecio) estaba en una red diferente the electricidad y el tenia un cable tirado para la casa de su vecino Israel , cosa que cuando el tenia electricidad Israel tambien y cuando no Israel se la mandaba. So casi nunca se quedaba sin corriente. Otra cosa la fabrica de chocolate no tenia planta electrica, la planta era del laboratorio farmaceutico que estaba frente a la misma.
De Ledon hay muchas anecdotas y yo se que su vida la dedico al beneficio de la humanidad. El lema debia decir “Seremos como Ledon” y ya que necesitamos muchos Ledons.
Contra, habría que escribir un artículo sobre Presilla también… Déjame rectificarle a Max una cosa: Presilla se quedó a vivir en Nicaro. Y en cuanto a “los Presilla”: eran muchos, sí, pero hold your horses, coño…
Por otra parte, lo del “fichaje” por parte del Furibundo Serna, es cierto. Cuentan que a la pregunta de porqué se quería ir, Presilla le respondió, desafiante – o quizás sólo coherente: “Porque soy un gusano”. Y el otro: “Sí, Presilla, de acuerdo, pero hay muchas clases de gusanos: hay también gusanos de seda…” Y se quedó.
Muchos años después, cuando empezó la crisis final, hubo que decidir cuál planta seguía procesando el mineral, y cuál se paraba. La que Presilla (!farmacéutico de formación!) había echado a andar, sin haber tenido jamás una sola pieza de repuesto de sus fabricantes, seguía siendo más eficiente que la monumental obra del CAME (¿se acuerda alguien del CAME??), recién inaugurada.
Recordando a Borges: “les tocaron, como a todos los hombres, malos tiempos para vivir”.
Max,
También h escuchado que Ledón logró que le tiraran un cable desde la planta de emergencia de la fábrica de Chocolate Pionero, para que pudiera estudiar. A saber, aunque la variante de la batería me parece la más probable.
Saludos
César
Saludos
Los textos de Ledon y Amelia Santana los compre en Costa Rica en 1972
Como siempre alguien nos despierta nuestra memoria, y por que no?, la nostalgia.
Me veo aqui leyendo mis libros de Quimica Organica e Inorganica de Ledon en mi Bachillerato.
Siempre algo nuevo. No sabia de las fabulas Ledonianas.
Otro libro de texto todavia esta vigente por todo Centroamerica, pero este de Historia Antigua, Media, Moderna y Contemporanea de Amelia Santana
Si, yo también conocí a Ledón, aunque los recuerdos se me borran. Ernesto Ledón Ramos, una gloria de la Química cubana. Sus libros Química Inorgánica y Química Orgánica, texto del último año del bachillerato en ciencias, son de uso educativo aún en muchos países.
Cuando yo estudiaba primer año de ingeniería, en 1959, tenía la asignatura ‘Química para Ingenieros’ que impartía un profesor no muy ducho. Ledón dirigía la Escuela de Química en ese entonces. Recuerdo que él nos repasaba para los exámenes y me parece verlo entrar al enorme anfiteatro de la escuela de química (repleto de alumnos suspensos), en la calle Zapata, con ropa que parecía haber sido sacada de una botella, polvorienta de tiza; unos pantalones que apenas soportaban el peso de un enorme manojo de llaves. Y en un repaso de dos horas hacer luz en nuestros cerebros.
En las prácticas de laboratorio teníamos que enfrentarnos a la esposa de Ledón en ese entonces, cuyo nombre no me viene a la mente. Una mujer delgada y bajita, en extremo desagradable y autoritaria; diría mejor déspota, que trabajaba detrás de una reja (por eso le decíamos “la fiera”). Tengo entendido que Ledón se desprendió de ella y encontró algo mejor, más joven y más dulce.
La anécdota del apagón no tiene ningún misterio. Una simple batería de carro con un cargador y bombillos de 12v, o quizá tubos de luz fluorescentes encendidos con un oscilador de radio. Yo lo tenía en mi casa y disto mucho de tener el genio de Ledón. Sobre el agua y la pastilla es pura fábula.
Estando en la Universidad me enteré del problema de Ledón y su salida clandestina. También que el Che lo rescató y lo llevó al Ministerio de Industrias, donde lo favoreció grandemente, conocedor el argentino de la sabiduría del ex-profesor. Pero no fue ese el único caso en que ointervino el Che. También sucedió con el Ing Presilla, de la planta de Moa, el único capaz de echar a andar aquella planta en ese momento la más moderna del mundo. Presilla se fajaba con el Che cada vez que este visitaba la planta para conocer cuando arrancaba. Al final la planta arrancó, y el Che !Oh, sorpresa!, no mandó fusilar a Presilla. Lo quiso traer para La Habana con un alto cargo, pero Presilla declinó y se quedó en Moa, donde la mitad de los niños en ese entonces (de todos colores de niños) llevaban su apellido.
Otro caso, que presencié personalmente, fue el del ingeniero RL, que trabajaba en la Empresa del Azúcar. El Che le pidió que echara a andar los almacenes de azucar a granes de Matanzas y Guayabal, que estaban apenas empezada su construcción y ya los barcos ingleses tenían fecha fija para cargar azucar a granel. El ing RL rechazó el trabajo porque su familia estaba toda fuera de Cuba y él comenzaba los difíciles trámites de salida. El Che le dijo que le terminara los almacenes y el le ayudaba con la salida.
RL, mi amigo en ese entonces, trabajó duramente y cumplió con el trabajo.
El Che quiso engatusarlo ofreciendole otros trabajos de ingeniería civil muy interesantes, pero RL dijo que estaba viejo ya y quería estar con su familia.
Siguiendo los conceptos de la radio miamense, diríamos que en ese momento el Che, fría máquina de matar, sacó su pistola y le pegó un tiro en la cabeza.
No, no fue así. Envío un ayudante a sacar el pasaje en la agencia que estaba en La Rampa y el dia de la salida el jefe de la escolta del Che lo llevó al aeropuerto para que no tuviera problemas, no sin antes advertirle el Che que el dia que quisiera regresar, o simplemente visitar, que lo llamara a su oficina o a su casa.
Bueno, creo que mpecé por Ledón y mira donde termino.
Saludos