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Una reseña de "The cult of the amateur" de Andrew Keen

Octubre 20, 2007 · 5 Comentarios

Andrew Keen es un escritor angloamericano, graduado de las universidades de Londres, Berkeley y Sarajevo, profesor en las universidades de Tufts, Northeastern y Massachusetts, y fundador de la empresa en línea Audiocafe, que en la actualidad escribe sobre medios de comunicación de masas. Este libro, que salió en Estados Unidos en junio de 2007, había circulado ya entre los asistentes a la conferencia en Monterrey del TED (Technology Entertainment Design) y es básicamente una crítica implacable de la Web 2.0, adelantada ya en un artículo publicado en el Weekly Standard.

El Web 2.0 no es tanto una actualización de la Internet desde un punto de vista técnico, sino un coloquialismo, creado por O’Reilly Media –una compañía de comunicaciones en Internet– durante uno de sus ciclos de conferencias corporativas y se refiere, ante todo, a la forma en que la Internet ha pasado a ser utilizada. Web 2.0 se refiere a aquellos métodos que enfatizan la colaboración y el préstamo entre usuarios, que transforman al cliente o al visitante de una página o website en coautor de la misma. Ejemplos de Web 2.0 pueden ser las reseñas de libros de Amazon.com, la Wikipedia –una enciclopedia en línea editada por los lectores–, los blogs que permiten la participación de los lectores, las editoriales que como Blurb.com permiten que cualquiera pueda editar su propio libro, o webs como Youtube o Flickr en que cualquiera puede colocar sus videos y fotos, entre otros. El Web 2.0, que por un lado permite una mayor interactividad entre creadores y consumidores de cultura en línea, por otra parte ha alentado la piratería intelectual.

El autor tiene claro que, así como la participación es importante para una democracía política, en el mundo de la ciencia es necesario eso que los partidarios del Web 2.0 han llamado la “dictadura de los expertos”. Cien colaboradores de la Wikipedia nunca podran sustituir a un auténtico técnico, científico o historiador. Los blogs hechos por aficionados sustituyen a veces a los textos hechos por auténticos periodistas pero carecen de la seriedad de estos: de un lado hay un periodista que ha viajado, entrevistado a los protagonistas… Del otro, demasiado a menudo, hay alguien que toma de media docena de fuentes secundarias y publica información no contrastada. No sólo carecen de seriedad -se dice-, sino también de responsabilidad. La información de origen anónimo puede ser también falsa o errónea, pero es sobre todo información irresponsable por la que los autores rara vez tienen que responder, no importa lo nocivos que sean sus resultados, al contrario que los periódicos impresos, claramente regulados.

Si la Wikipedia y los blogs fueran sólo complementos a la cultura o la información tradicionales eso no sería grave. El problema es que han pasado a ser sus sustitutos… Eso es malo incluso a nivel laboral: tradicionalmente todo nuevo medio de comunicación ha dejado obsoleto a un medio de comunicación anterior, pero normalmente se ha producido una transferencia de empleados, de expertos, del viejo al nuevo medio, de la prensa escrita a la hablada, de los diarios a la televisión… Estos nuevos medios han afectado a los medios de comunicación de masas tradicionales, han recortado su número de lectores y de anunciantes, pero no han creado nuevos puestos de trabajo al ser producidos por sus mismos consumidores.

Además junto a la inexperiencia de los nuevos creadores está también el anonimato, que permite que entre los amateurs se deslicen los desinformadores, los publicistas encubiertos, los especialistas en bulos y desinformación, que ahora pueden llegar a todo el mundo de forma directa y con mayor credibilidad que nunca. Únase a este apocalíptico panorama la piratería intelectual y tendremos un mundo en el que lentamente los creadores son desbancados por los imitadores hasta anular los incentivos para la creación de algo nuevo. Entre los ejemplos que ofrece el autor están los despidos dentro de Disney Productions; la forma en que una gran cadena de televisión norteamericana ha preferido dejar de emitir series caras en su horario estrella, porque han dejado de ser rentables; las perdidas económicas de los grandes medios de prensa, la desaparición de tiendas de discos y librerías especializadas, no importa lo buenas que estas hayan sido.

Otros temas –invasión de la privacidad a través del Internet; las estafas por correo electrónico; el aumento de la pornografía infantil; el plagio entre los escolares– aparecen también en el libro para darnos una imagen terrible de los problemas traídos por las nuevas tecnologías, pero el núcleo central del libro está constituido por la defensa de la creación individual y el saber especializado, que son, en su opinión, dos de las principales víctimas del Web 2.0.

El libro es un panfleto, lo que en principio no tiene nada de malo. Sade, Marx, Nietzsche –entre otros–, escribieron panfletos y algunos de ellos han ayudado a dar forma al mundo moderno. El ensayo de Keen tiene todas las características del panfleto: es breve, controversial, agresivo y parcial. Ahí están todas sus debilidades y toda su fuerza. Es un texto que puede leerse en una tarde y afectará la percepción del lector frente a prácticas que podían parecerle inofensivas –bajar una canción o preparar una redacción escolar. Al ser parcial, el autor ignora, y tengo que suponer que lo hace con toda intención, que muchos de los problemas a los que alude son independientes de la Internet, que estudiantes han plagiado antes, que antes de Blurb.com ya existían las “vanity presses”, e incluso que la Wikipedia ha creado una serie de mecanismos de autocontrol que la hacen relativamente fiable, o al menos tan fiable como la Enciclopedia Británica. Pero al ser parcial el autor favorece también la respuesta y con ello el diálogo entre maneras distintas de ver la red y su uso. Un diálogo sobre el que vale la pena reflexionar.

Juan Carlos Castillón
Barcelona

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5 Comentarios ↓

  • maite

    Creo que llevas mucha razon en lo que dices…sobre la Web 2.0, han proliferado los blogs como fuentes informativas alternativas, y se ha disparado “la creatividad” online, la pirateria…quizà el mercado del disco debiera bajar sus precios ? quizàs podria funcionar como un sistema de ajuste.
    Con la fotografia pasa algo parecido, cada dia es màs fàcil hacer fotografias con los nuevos medios digitales, publicarlas, con un coste minimo.
    El desarrollo tecnologico acelerado, ha ido “democratizando” pràcticas reservadas a élites economicas, por el costo de los elementos técnicos; cada dia son màs baratos, ordenadores, aparatos de fotos…

    Creo que es algo que nos sobrepasa todavia,
    como pasa casi siempre, los cambios materiales, tecnologicos van màs de prisa que los espirituales…

    y bueno se crean estos periodos de anarquia, de reajustes, de nuevos enunciados estéticos.
    Pienso que es maravilloso lo que està sucediendo, es necesaria la cautela, sobre todo en cuànto a informacion se refiere, por eso pienso que la legitimidad de un diario no està en juego, lo que
    si me parece fundamental, es que los blogs permiten a los ciudadanos o periodistas independientes la libertad de confrontar las noticias y ofrecer su version…eso es libertad y democracia, sin que ésas dos palabras tan utilizadas, suenen huecas…

  • Anonymous

    Siempre un placer leerte. Notas modernas, desprejuiciadas, inteligentes y llenas de información importante… Estas al día.

  • Anonymous

    Buena reseña, gracias Juan Carlos. Buscaré el libro, ese tema me interesa…

  • » Clase 6, parte 2: Debate sobre la blogosfera Arte y cultura digital

    [...] Juan Carlos Castillón: Una reseña de “The cult of the amateur” de Andrew Keen [...]

  • claudio

    Muy buena reseña Juan Carlos..me has animado a comprar el libro y ponerlo en la lista de lecturas para estas vacaciones…

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