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Ganga filatélica cubana

  • Oct 17, 200720:43h
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Hace unos días, mientras esperaba a una amiga para ver por enésima vez en el teatro el Dom Juan de Molière (esta vez dirigida por Philippe Torreton y con Jean-Paul Farré en el reparto), me interné, para pasar el tiempo, en los jardincillos que separan los Campos Elíseos del fondo del Palacio del Elíseo. Allí, cada sábado, vendedores de tarjetas postales antiguas, monedas, sellos, medallas y otras curiosidades por el estilo instalan sus tenderetes.

Iba con el desgano del que está de papeles viejos (especialidad francesa) hasta la coronilla, cuando vi sobre una de las tablas improvisadas una pila de “files” en la que destacaba, en color amarillo cotorra, uno que anunciaba en mayúsculas el nombre de Cuba. Entonces como quien se interesa vagamente en el asunto (vieja técnica para que no le doblen a uno el precio en el regateo) le pedí al tendero que me lo mostrase.

Cuál no fue mi sorpresa al abrirlo y descubrir que el “file” contenía los pliegos de las emisiones postales cubanas (casi completas) entre 1873 y 1940. En un inicio creí que el precio irrisorio que aparecía en la cubierta se refería al valor de cada pliego, algo que pondría en su precio justo el contenido del paquete. Entonces le pregunté (con la misma indiferencia con que antes había pedido el “file”) si la cifra se refería a cada pliego o al valor total. El tendero, que no debía saber mucho de lo que estaba vendiendo y que al parecer estaba loco por soltar algo aquel día, me dijo que podía llevarme todo el “file” por la mitad de lo que allí se anunciaba. Así que por menos de lo que cuesta una pizza, una botella de Evian y un fondant de chocolate en esos mismos Campos Elíseos me llevé las emisiones postales cubanas.

Nunca había visto sellos cubanos de la Colonia, ni tampoco había dado con ellos durante mis indagaciones en los puestos de filatelia que se encuentran en las inmediaciones de la Plaza Mayor madrileña. Me imagino que en el Museo Postal de La Habana deben estar, pero hace tantos años que lo visité que no lo recuerdo.

El caso es que, según he podido constatar, hasta 1876 los sellos de la Colonia cubana decían “Ultramar”. Es a partir de la emisión de 1877 que llevan el nombre de Cuba. De 1890 en lo adelante dirán “Isla de Cuba”. Otro detalle: de 1873 a 1880 la unidad de franqueo anunciada es la peseta, y a partir de esa fecha será el peso. Los sellos de la primera ocupación norteamericana (emisión de 1899) son los mismos con curso en Estados Unidos y fueron sobreestampados, por encima de la iconografía original, con un matasellos que indica el nombre de Cuba y el mismo valor norteamericano del sello pero en pesos.

La emisión de Ultramar de 1873 lleva la efigie de Amadeo I de Saboya, Duque de Aosta, y corresponde con el período de la llamada Monarquía democrática en España. Fue grabada por Luis Plañol y se diferencia de la que circulaba en España porque en su frontispicio indica “Comunicaciones”, mientras que la de Cuba dice “Ultramar”. Al año siguiente (fecha de instauración de la efímera I República Española) lo que aparece en los sellos es la alegoría de la Justicia, grabada en julio de 1874. La emisión de 1875 (antes de la Restauración borbónica) corresponde al Escudo de la República Española. La emisión de 1876, grabada por José García Morago, lleva ya el busto de Alfonso XII, recién estrenado en el trono.

El tema se extenderá hasta la emisión de 1890 en que aparece Alfonso XIII niño durante el período de Regencia de su madre María Cristina. Para Cuba y Filipinas la imagen se repetirá cada año hasta la emisión de 1898, en la que ya aparece Alfonso XIII más mayorcito. La última emisión española de sellos para Cuba lleva en el frontispicio la fecha 1898-99. De ahí la necesidad de adoptar los sellos norteamericanos de 1899 para cubrir el vacío filatélico que significó el fin de la dominación española en la Isla.

Hasta aquí lo que he aprendido (y averiguado) en este ámbito del que no soy ni aficionado ni especialista. En otro post me ocuparé de los sellos de la República de ese mismo “file”. Como nota curiosa anticiparé que José Martí aparece bien tarde en las emisiones filatélicas de ese periodo.

William Navarrete
París

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