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Carta de Bucarest

  • sep 29, 200700:41h
  • 6 comentarios

Este mes de septiembre he vuelto a Bucarest, después del verano en España que siguió a mi curso como becario Erasmus en la Facultad de Periodismo de la Universidad de Bucarest. He encontrado lo que dejé: desorden, caos, ruido, oscuridad. Quizá algunas calles más asfaltadas, tres o cuatro esqueletos de edificios nuevos un poco más altos y menos banderas de la Unión Europea, pero nada significativo. Te escribo, ya desde España, por lo de los sábados. He sabido que en tu modélico blog —se necesita mucho empeño para aguantarle el ritmo al Comandante, incluso hoy— dedicas los sábados a temas no cubanos, y me ha parecido que podrían interesarte algunas impresiones de la capital rumana.

Bucarest es una ciudad excepcional, originalísima. No soy alguien muy viajado ni aspiro a serlo, pero creo poder decir sin miedo a equivocarme que en pocas ciudades conviven las evidencias materiales de mundos tan opuestos y discontinuos. En una columna de sus últimos años en El País, Hermann Tertsch se refirió a este urbanismo como “mezcla única de joyas e inmundicias arquitectónicas”, pero las contradicciones de Bucarest no son sólo de calidad.

Yo soy profano en arquitectura, por lo que no podré explicarte con detalle el urbanismo de esta capital aún oscura y decadente. Pero conozco bien los paisajes y la gente, incluso la literatura, y al fin y al cabo esta carta no tiene un objetivo científico.

Maniquea, arriesgadamente, suelo distinguir en Bucarest tres mundos. Los restos de la ciudad elegante, misteriosa y afrancesada del siglo XIX y la primera mitad del XX. El de los grandes y sobrios espacios abiertos y mastodónticos edificios administrativos creado por el comunismo. Y el último, quizá mayoritario, igualmente comunista pero hoy marcado por una exuberancia de la miseria desconocida en los años de República Popular o Socialista: el de los ruinosos bloques uniformes de viviendas, donde miles de personas viven hacinadas en la pobreza. Estas tres ciudades se interrumpen la una a la otra, aunque respetan ciertos espacios comunes. Una de las ramas de esta clasificación perderá cualquier sentido muy pronto, cuando muchas de las villas del espacio eliadiano sean derruidas por constructores occidentales y dejen lugar a asépticos edificios de varias alturas, preparados para albergar a los nuevos ricos rumanos. Los bloques del aquí convenido como tercer Bucarest irán cayendo, pero más lentamente.

La Casa del Pueblo, hoy Palacio del Parlamento, es la obra cumbre de la locura ceausista y uno de las señas del incipiente Bucarest turístico. Está rodeada de amplísimas avenidas, como el imponente Bulevar de las Libertades que la une con la Plaza de la Unión, y frente a ella se despliega, pésimamente gestionada, la gigantesca explanada de la Plaza de la Constitución, un enorme aparcamiento rodeado de tráfico.

A la sombra de la Casa del Pueblo, el tirano levantó un lujoso barrio socialista, con grandes edificios de mármol, vastos espacios verdes y arterias anchas y oxigenadas. El conjunto, apoyado en el agradabilísimo —por austero— Parque de Izvor, ofrece una extraña sensación de frescura y libertad en el centro de una urbe de dos millones de habitantes. Es un placer salir a correr al caer la tarde por el parque Izvor, subir la cuesta del Hotel Marrito y rodear la Casa del Pueblo para acabar disfrutando del magnífico atardecer, con el parque y el río Dâmbovita al fondo, en la última recta, por delante de la fachada principal, ondeando al viento las banderas rumana y europea. Muchos obreros inocentes murieron durante la construcción del coloso, símbolo máximo de la Rumania cínica, cruel e inmoral que, apoyados en su grotesco socialismo-nacional, forjaron el Titán de los Balcanes Nicolae y la distinguida científica Elena. Hoy alberga el Parlamento de una nación todavía corrupta y gravemente enferma, pero demócratica y europea.

Viniendo hacia el centro desde los aeropuertos, cerca del majestuoso Parque Herastrau y a espaldas de la espléndida arboleda del Bulevar de los Aviadores, está el barrio de la Primavera. Allí, en lujosas villas unifamiliares y entre continua y angustiante vigilancia, vivían en tiempos de Nicolae y Elena los altos cargos del régimen. Hoy las antiguas mansiones son sedes de empresas y embajadas, pero la tenue iluminación y la fuerte presencia policial a que obliga la seguridad de las legaciones diplomáticas recuerdan un poco la atmósfera misteriosa y siniestra de los tiempos del ceausismo, que tan claramente describió el general desertor Ion Mihai Pacepa en su espeluznante crónica de las interioridades del régimen, Red Horizons.

Visitada al caer la noche, la residencia de los Ceausescu produce una gran impresión. Es una enorme villa vallada y rodeada de árboles, hoy abandonada, sin iluminación ni inscripción alguna que recuerde lo que fue. Para llegar a ella es preciso preguntar a los policías de la zona, y yo recuerdo haberlo hecho con cierto reparo, seguramente por la ilusión de un trauma que tal vez no exista en los hombres que allí simplemente hacen su trabajo. En las noches frías del invierno rumano cientos de pájaros desagradables graznan tras las rejas de la vieja mansión.

Entonces, en la siniestra quietud del lugar, entre policías que desde sus garitas miran con recelo al curioso, no es difícil imaginar al General Pacepa descender nervioso y asustado del coche oficial camino de la cita con la histérica Elena, que le insiste en que monte un escándalo sexual para hundir a un triste jefecillo del Partido caído en desgracia ante sus caprichosos ojos.

Marcel Gascón

6 respuestas
Comentarios

  • Jesu dice:

    Pues, no lo entiendo muy bien. Se habla de exuberancia actualmente, en un país gobernado por un régimen comunista al que calificaban de tirano, hasta ahí, de acuerdo. Ahora bién, ante esta coyuntura, me pregunto, ¿..como es que con tanta tiranía, escasez, penurias, miseria, como la que tanto se habla pasaron los Rumanos en aquellos “tristes años”, ahora precisamente, una gran mayoría añora aquel régimen, ciertamente tiránico y cruel, al parecer, aduciendo que “..al menos se ´disponía de lo necesario e indispensable para vivir, sin lujos por supuesto, no les faltaba trabajo. Gas, electricidad ( a pesar de los constantes y frecuentes cortes de suministro), transporte público, sanidad, todo ello gratuito, el Estado, así parece ser que se lo garantizaba”, mientras que, es ahora, en democracia y formando parte de la UE,cuando la pobreza y la miseria se ha instalado en el ochenta y cinco por cien de la población, que no oculta su desencanto. Muchos perdieron su trabajo cuando la revolución de Diciembre del 89. Al final, como siempre, ¿..Quienes se beneficiaron del salto al sistema democrático,,?, la respuesta tiene un nombre. Los mismos que ejercían el poder comunista, ahora formando parte del capitalismo mas cruel y despiadado, esos mismos, los que eran ricos antes, lo siguen siendo ahora y además con creces. Hay que ver, los comunistas mas recalcitrantes, burócratas, funcionarios y miembros del anterior partido comunista Rumano, convertidos ahora en “demócratas de toda la vida”, Viviendo a lo grande y en libertad, ¡ y el pueblo llano!, como antes, ¡perdón!, peor que antes, pués sin trabajo no pueden permitirse pagar un alquiler de un viejo piso, ni el agua, gas, luz, cuando todo eso lo tenian gratis, ni costearse asistencia médica ó sanitaria, ahora muchos se la tienen que costear para paliar el déficit, y papra colmo, pasando hambre, vamos que, muchos siguen viviendo, enfermando y muriendo en la calle. Conclusión ¿..que les ha traido a esta pobre gente esta democracia corrupta que parece no tener fín, una miseria y pobreza aun mas cruel que la anterior, que no era miseria, sino una digna pobreza a pesar de todos los sinsabores.

  • liena dice:

    y ya que seguimos hablando de bucarest que tal la sanidad es rentable o no privatisarla. trabajo en la misma rama y la verdad me gustaria recivir algo de informacion liecuba@hotmail.com

  • Hola ya que has estado en bucarest me gustaria consejo, estoy haciendo un proyecto de temas en decadencia de interiores etc…bucarest es una ciudad aconsejable verdad? estoy marcandome ciudaes cetro europeas y tal…un saludo

  • Güicho dice:

    Comprendido, Ernesto. La verdad es que la oración no cuadraba con el resto de la reseña.

  • Ernesto dice:

    Güicho, es una errata. Debe decir “exuberancia” en vez de miseria. Mis disculpas.

  • Güicho dice:

    “…hoy marcado por una miseria desconocida en los años de República Popular o Socialista…”

    En cual mundo paralelo sucedió eso, Gascón?

    No jodas, coño!

    Estuve en Bucarest en 1988, y la miseria causaba nauseas. Niños malnutridos y descalzos mendigando comida. Barrios de edificios sin pintar, mohosos y tristes. Hospitales desprovistos hasta de sábanas. Falta de suministros de todo tipo a un nivel mucho peor al cubano de entonces. Era verano, pero los rumanos contaban que los inviernos eran a -15°C y sin calefacción…

    La satisfacción que me dio la ejecución de Ceaucescu y su bruja-esposa no podrá ser superada por una muerte natural de nuestro propio dictador.