castrismo Cuba soviética Cubazuela Cultura DD HH deporte disidencia economía EE UU-Cuba En Cuba España-Cuba exilio historia y archivo Internet & ITC

PD

Cuba soviética

PD en la red

Souvenirs de una Habana soviética (fragmento)

  • sep 26, 200709:57h
  • 11 comentarios

Como en cualquier experiencia colonial, en Cuba la recepción de la literatura y el pensamiento metropolitanos, en este caso, soviéticos, fue un fenómeno complejo, en el que se manifestaron discursos y prácticas de dominación y resistencia. Sin embargo, entre 1986 y 1989, durante los tres años decisivos de la perestroiska y la glasnost, se produjo una radical inversión del campo referencial soviético en la cultura cubana: de ser un lugar metropolitano y paradigmático, fuente de valores y lenguajes de legitimación, Moscú pasó a ser, bruscamente, una ciudad subversiva, disidente, exportadora de ideas y gustos desestabilizadores para el socialismo cubano. El momento culminante de esa inversión fue el editorial de Granma, del 4 de agosto de 1989, titulado “Una decisión inaplazable, consecuente con nuestros principios”, en el que se anuncia el cese de la distribución de Novedades de Moscú y Sputnik por ser publicaciones

… portadoras de puntos de vista y posiciones respecto a la construcción del socialismo, a partir de una determinada interpretación de la experiencia soviética […] En estas publicaciones se niega la historia anterior y se caotiza el presente. Escudándose en la imprescindible diversidad de opiniones, se divulgan fórmulas que propician la anarquía. El análisis de la forma de actuar y utilizar los principios rectores del marxismo-leninismo acorde con las nuevas condiciones históricas, introduce elementos que conducen a su negación (…) En sus páginas se descubre la apología de la democracia burguesa como forma suprema de participación popular, así como la fascinación con el modo de vida norteamericano.

El Partido Comunista de Cuba tenía, entonces, una visión de la historia de la URSS diferente a la de los propios líderes soviéticos, quienes en los plenos y congresos del PCUS del quinquenio 1985-1990, hicieron varias autocríticas, refieriéndose no sólo al estalinismo, sino al período de Leonid Brezhnev (1964-1982) que ellos mismos bautizaron como el “estancamiento”. En su libro Los intelectuales y el Estado soviético (2005), Boris Kagarlitsky describe la emergencia de una importante corriente de marxismo crítico desde principios de la década de los 80, que sirvió de plataforma teórica a las reformas emprendidas, primero, por Yuri Andropov y luego por Mijaíl Gorbachov. Ninguno de los tantos filósofos o historiadores críticos del neoestalinismo y la “estadocracia” brezhnevista, mencionados en este libro —Roy Medvedev, Sokirko— Burzhuademov, Ronkin, Khakhaev, los socialistas de Leningrado, vinculados a la revista Perspektivy y al grupo Kolokol, Gefter y los gramscianos del almanaque de pensamiento Varianty, el tecnócrata Lukin, Tsipko, autor de Optimizm istorii (El optimismo de la historia), o Vodolazov, quien exploró las raíces del comunismo ruso en Chernichevsky y Plejanov…- fue leído o estudiado en Cuba.

La recepción del pensamiento soviético en la isla pasaba por un filtro de corrección ideológica, muy similar al que se reproduce en otras situaciones coloniales. Fanon, por ejemplo, en sus polémicas con la izquierda francesa le reprochaba a los marxistas de París que, si no se atrevían a solidarizarse con la causa de la independencia de Argelia, por lo menos lograran que la cultura metropolitana que se trasmitía a los argelinos no fuera, únicamente, la del liberalismo decimonónico.

En Cuba, y en los estudios de los jóvenes cubanos en la Unión Soviética, las ciencias sociales que se enseñaban y aprendían eran las que reciclaban los enfoques más ortodoxos del campo socialista. Eso explica, junto con el poderoso instinto de conservación del liderazgo cubano, que cuando la perestroika y la glasnost se inician en la URSS, no existiera, salvo algunas excepciones en el ejército y el partido que fueron purgadas a tiempo, una clase política sensible a la reforma. No hay mejor prueba de esto último que la simpatía con que el liderazgo cubano y sus medios de prensa recibieron la noticia del golpe de Estado contra Gorbachov en 1991.

La lógica de la recepción cultural en la Habana de los 80 era más o menos flexible para algunos documentos —el cine, el teatro, la plástica, la semiótica—, pero rígida para el pensamiento y la literatura. En la Cinemateca de Cuba se podía ver todo el cine de Andrei Tarkovsky, Andrei Wajda o István Szabó, en la útil revista Criterios, de Desiderio Navarro, se podía leer a Mijaíl Bajtin, a Yuri Lotman o a Moisei Kagan y en la clausurada revista Albur, que editaron en el ISA Iván González Cruz, Gustavo Pita y Magali Espinosa se pudo leer a Merab Mamardashvili y alguna traducciónde Viacheslav Ivanov. Pero en esos mismos años, no se publicó en la isla un solo libro de Milán Kundera, Octavio Paz, Jürgen Habermas o Michel Foucault, por mencionar cuatro intelectuales decisivos de aquella década. Las dificultades para acceder a autores postmodernos, que interesaban a los jóvenes críticos y artistas, eran enormes. Los libros de Derrida, Deleuze, Guattari, Lyotard, Rorty, Bell, Jameson y Anderson, que se leyeron en aquellos años, eran traídos por parientes o amigos, que viajaban a Europa, Estados Unidos y América Latina, y pasaban de mano en mano como si se viviera dentro de una cooperativa de teóricos.

A partir de 1992, el vínculo con la Unión Soviética comenzó a reproducirse como una herencia incómoda, como un tabú del pasado reciente. A la falta de un legado urbanístico y arquitectónico visible, se sumó el deseo oficial de enfatizar la naturaleza autónoma del socialismo cubano. Fue entonces cuando discursos de difícil asimilación en las primeras décadas revolucionarias, como el catolicismo, reaparecieron en el campo intelectual y cuando la crítica de los problemas del socialismo real, antes vetada, es asumida por el paradigma de la corrección política. De pronto, la Unión Soviética, como metrópoli, desapareció del presente y del pasado de Cuba: fue esa ausencia de testimonios la plataforma ideal para la propagación de discursos nostálgicos sobre el período colonial y republicano de la Habana. La ciudad revolucionaria no había tenido lugar y las otras Habanas, las del Antiguo Régimen, podían reaparecer sin mayores peligros.

Rafael Rojas
Nueva York-México D. F.

11 respuestas
Comentarios

  • Raul dice:

    El tema que trata Rojas me es muy cercano, pues estudié en Odessa desde el 83 hasta marzo del 88 y justamente fui uno de los “botados” de esa ciudad. Era estudiante de la facultad de historia, cuando en el festival de estudiantes del 87 nos paramos tres estudiantes de fisica y yo para explicarle a nuestros condiscipulos que al Consulado cubano (que censuraba todas las obras), no le daba la gana de autorizar la nuestra, una improvizacion critica de lo que pasaba en Cuba. Hoy un rollo de papel sanitario hecho con el Granma es una obra de arte cubano, reconocida y expuesta en una galeria de Londres, pero en aquella época por hacer eso mismo, los “cuatro de Odessa” estuvimos un año de castigo. No se asusten, ya no me pueden hacer daño, desde septiembre del 2007 vivo en Montréal.

  • Jose Antonio dice:

    Gracias Katisuhka, de ti tambien aprendo. Solo que, reconozco, estoy parcializado hacia Rojas, y salto a defenderlo, porque quizas eso me haga ver fantasmas por dondequiera.
    Saludos, J.A.

  • Anonymous dice:

    José Antonio. Yo dije que Rojas era excelente. Y punto. Pero tengo el derecho a decir también que no me gusta su exceso de citas. No soy el único que piensa así, btw.

    No comparto la idea de uds, Jose A. y An 10:19, de que Rojas sea didáctico. No lo es, por suerte para la cultura cubana. Que se aprenda de él no significa que eso sea didactismo. No os confundáis, queridos.

    Te aclaro, José Antonio, que las citas no son parte del estilo. Todo el aparato erudito es extraestilístio.

    La ironía que usé, que tú llamas mala leche, sí es parte del estilo. Tienes el derecho a que no te guste, pero no a imponerme tu canon. Saludos amigables, Katisuhka

    P/d. Y no vuelvan por donde no deben. Rojas es brillante y en eso estamos de acuerdo. También es muy sapiente, sin ironía esta vez. Lástima que se sienta en la obligación de mostrar su erudición en cada frase. Eso le daña el estilo, creo yo. Again love, K

  • Anonymous dice:

    Bravo José Antonio, a mi también me pasa lo mismo, creo que Rojas es brillante, ojalà tuviéramos muchos como él, y me gusta también su toque didàctico;
    que aqui en Penultimos dias, ademàs de polemizar y hablar de politica, también se aprende y realizamos descubrimientos gracias a Ernesto…pero quizàs, esto es una especulacion modesta, a veces la cita puede verse como una necesidad de legitimar lo que se està diciendo y no es necesaria…

  • Jose Antonio dice:

    Lo de las citas, es su estilo. Y no es uno de los que mas los usa. Por otra parte aqui, no hay copy and paste.
    No todos los que leemos somos “majestades academicas” y nos gusta que nos eduquen, aspecto positivo de las discutidas “citaderas”.
    La academia puede, y debe, permitirse el lujo de la didactica en el egalitarismo consumista en que vivimos, que ya no por razones narcisistas.

  • Jose Antonio dice:

    Su majestad academica si esta por encima de una primera enmienda, cuando esta ultima se usa malamente.
    No es lo que se dice, sino, como se dice. no hay que leer mucho entre lineas para percibir la mala leche de la critica.
    “Que chico tan sapiente” Un ensayo?. Ya la apertura tiene sabor a rivalidad de farandula.

  • Anonymous dice:

    No tengo nada que ver con La Jiribilla, ni tampoco me disgusta lo que Rojas publica. Al contrario, pienso que es un excelente ensayista. Y sería indiscutiblemente el mejor si se quitara la manía de las citas excesivas y no siempre pertienentes. Le restan a sus excelentes textos. Calro, él tiene el derecho a escribir como quiera, pero yo a ‘recepcionarlo’ a mi gusto, ¿no? ¿No está permitido el ejercicio de la opinión con Rojas? ¿Su majestad académica está por encima de la primera enmienda? Seamos democráticos y acostumbrémonos a la diversidad de opiniones. Acaba de salir de Cuba, Anónimo 1:44 am. No te me pongas intolerante. Saludos, Katiushka

  • Anonymous dice:

    Cómo les molesta a cierta gente, sobre todo a los compañeritos de “La Jiribilla”, todo lo que Rojas publica. ¿Por qué será? ¿Sérá que en el fondo les gusta?

  • Anonymous dice:

    Qué chico tan sapiente. ¿Un ensayo? ¿O un inventario de títulos y autores? Sólo faltó que copiara verbatim todo el directorio telefónico de New York, NY.
    Katiushka

  • Ernesto dice:

    El ensayo de Rafael no puede reproducirse enteramente porque será incluido en su próximo libro que editará pronto Anagrama, “El estante vacío”.

  • Anonymous dice:

    ¿Dónde se puede leer completo el ensayo de Rojas?