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La mirada de Narciso

  • sep 20, 200710:14h
  • 15 comentarios
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“Así el espejo averiguó callado, así Narciso en pleamar fugó sin alas”.
José Lezama Lima.

Mientras veía, por recomendación de Ernesto, la bellísima “Muerte de Narciso” de la mexicana Elsy Contreras (supongo que en algún momento haya estado en Cuba, pues además de especialista en la técnica Graham, parece conocer bien el método del ballet cubano), inspirada en el poema homónimo (1937) de José Lezama Lima y con música de Luciano Berio (y que por cierto interpretara uno de los mejores bailarines cubanos, Fernando Jhones, quien ha muerto recientemente), recordaba que el famoso texto de Lezama también motivó al cubano Iván Tenorio, en 1979, con música del grupo Canarios una coreografía para el Ballet Nacional de Cuba. En la misma compañía, Alicia Alonso coreografió en 1955 su “Narciso y Eco”, sobre partitura de Claude Debussy.

El “narcisismo” es consustancial a la danza. Los ballets con el nombre del joven griego han sido varios. Señalo tan sólo el “Narciso” de Mijaíl Fokine en 1911 para los Ballets de Diaghilev, música de Nikolai Tcherepin, con Nijinsky como Narciso y Tamara Karsávina como Eco. Pese a la excelencia de los intérpretes fue un fracaso porque Diaghilev hizo que se subrayara el costado homosexual del mito, acaso siguiendo a Caravaggio, lo cual significó que la ninfa Eco estuviera casi todo el tiempo en su cueva y Narciso, inmovilizado en la contemplación de sí mismo. O sea, lo anti-coreográfico.

Lo cual no es el caso del “Narciso” de Contreras, como tampoco lo fue el de Tenorio. (El de Alicia Alonso, no lo ví.) La razón primera del éxito apunta a que se concentran en un momento, en este caso el final del mito, y no en las peripecias dramáticas que si bien se podrían traducir jugosamente en pas de deux, no corresponden a la condición de pareja imposible.

La segunda razón está vinculada con la primera: haber partido de un poema, por demás de Lezama Lima. La materia de la poesía es casi la misma que la de la danza. La síntesis que efectúa la primera se aviene con las peculiaridades expresivas de un género —teatral, de la otra parte— cuyo posible poder comunicativo radica en ciertas esencias que pueden expandirse hasta llegar a esos “ritmos del alma”: atención, sin embargo, a los poetas, que pueden mentir. En otras palabras, el acto de bailar fatiga a los “temas” y sus historias. Un ballet que no sea abstracto tendrá más probabilidades de éxito si parte de una idea mínima, preferiblemente poética o mítica.

No se trata que la coreografía se proponga trasladar a su medio propio la construcción verbal del poema —mucho menos esa intrincada construcción de Lezama—, sino que se apropie de lo que dice el poeta justo en la manera en que esto es, paradójicamente, “indecible” en el lenguaje. El aporte del poeta es, no obstante, haberlo dicho, y la danza se servirá para abordarlo con los recursos metafóricos que le son específicos.

El resto, aquí, es el “tema”: Narciso es la danza. Los psicoanalistas, echando mano a los mitos, gustarán de enfatizar que el ser que baila es el yo que se contempla moviéndose frente a un espejo. El descubrimiento y la consciencia del yo comienza, en el niño, con la figura que devuelve el espejo. En este instante comienza también la danza, que un bailarín, lo mismo si es una estrella que parte del cuerpo de baile, sublimará a lo largo de toda su carrera: ha hecho del narcisismo primario su profesión y su razón de vivir. Todo bailarín no cesa de “venirse” consigo mismo, como Narciso. La satisfacción que le produce su cuerpo es la base de la realidad que escenifica ante el público. En ese sentido, la danza no es sino sexualidad. La mirada de Narciso es la que el bailarín le dirige a su espejo cotidiano. Esa mirada nos fascina, como mismo nos atraen las proezas físicas o la gestualidad plástica con las que el bailarín encauza su energía amatoria.

Isis Wirth
Munich

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15 respuestas
Comentarios

  • fuacata dice:

    ni pierdan tiempo con esta, ella es la tracatana-canchanchana de la soeza valdéz

  • Anonymous dice:

    También leemos. Como las putas. ¿Has preguntado a tu madre cuáles eran sus libros favoritos?

  • Anonymous dice:

    Una bailarina que cita a Sor Juana. Bailarina? o literata?

  • Anonymous dice:

    Danza moderna es una cosa. No sólo he visto cientos de danzas modernas sino que las he bailado. El arte es el arte y se ve a la legua. Esto no es ni ballet ni danza moderna. Es una falta de respeto a cualquier bailarín o bailarina de danza. Yo lo soy bailarina y esta señora es una improvisada o en su vida ha bailado. Parece una miembro cualquiera de un Comité de Defensa cuya tarea fue hacer este papelazo. Alguien que en su vida ha tomado una clase. Una aspirante. Pero muy vieja para empezar a esa edad. Es un desatino. Bien que le van aquellos dos últimos versos del famoso soneto de la célebre Sor Juana:

    es un afán caduco y, bien mirado,
    es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

  • analista dice:

    Si Isis se pone a escribir sobre la astronáutica, pudieran saltar dudas de lo que escribe. Pero si lo hace de los temas a los que ha dedicado casi toda su vida, debiéramos pensar, antes de teclear incoherencias. Señores, esto es danza y no ballet clásico!. Es como si pretendemos que las mulatas de Tropicana bailen el Pas de Quatre de Perrot sin menear las nalgas.
    SI lo baila una mujer es la transfiguración de Narciso en su belleza, así lo interpreto yo.

  • Anonymous dice:

    Bah, tremenda ignorancia. Esa bailarina NO ES una bailarina de ballet. No todo es tutu y puntas. Eso es estilo Graham. Mucha gente detesta la danza moderna, como mucha gente detesta el ballet clásico.

  • La Mano Poderosa dice:

    Isis, Me parece que despertaste a los narcisos.

  • Anonymous dice:

    Yo también pienso que Narciso debe de ser interpretado por un hombre, un bailarín y para ser exacto, con un bulto entre las piernas. Así so los narcisistas. Les gusta exhibirlo. En serio ahora, fuera de eso, no tengo más comentarios.

  • Anonymous dice:

    Si esta mujer es bailarina yo soy el emperador de Japón.

  • Anonymous dice:

    Señores, suave… que están llevando recio a nuestra crítica de danza más erudita. Recuerden que lo de ella es artillería pesada… napoleónica…

  • Jose Antonio dice:

    A mi me comunico que Narciso se sintio elevado en el placer de si mismo, nervioso, herido por cualquier cosa, enfurecido y no aceptando su muerte. Assoluto, no, pero horroroso, tampoco.
    Ademas imagino a Narciso estilizado y sin bulto entre las piernas.

  • Jose Antonio dice:

    Senores estan apretando. Creo que el temblor de los miembros es a proposito. Al menos tiene buena plastica. Hay mucho termino medio entre lo assoluto y lo horroroso. sino lo primero, tampoco es lo segundo.

  • Anonymous dice:

    ¡Horroroso!

  • Anonymous dice:

    Estoy de acuerdo. Esa mujer no es bailarina.

  • Anonymous dice:

    Narciso es el símbolo de la homosexualidad. Es la base de cualquier de sus representaciones y sino se falsea su verdadero sentido. En cuanto a la bailarina que lo interpreta no he visto nada más horrendo en mi vida. Una diz que bailarina a quien le tiemblan los miembros, con falta de técnica y de seguridad. Horrible. Por otro lado es un acto travestido pues que Narciso no es una mujer, sino un hombre. Sería como poner a un hombre fuerte en la interpretación de Giselle, por ejemplo. Creo, por otro lado que la pieza y la música son hermosísimas. Un gran bailarín lo haría espectacular. Pero se necesitan esas premisas de las que carece esta representación: que sea un varón el intérprete y, además, que sea un bailarín. La supuesta danza que acabo de ver podría bailarla mi abuela que jamás estudió con otra barra que la de la escoba. Por Dios.