- sep 17, 2007 • 11:43h
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Hace un par de semanas, La Jiribilla atacó a quienes fuera de Cuba escriben sobre temas afrocubanos. El artículo menciona directamente a Enrique Patterson y a la revista Islas. Como se sabe, Patterson es uno de los intelectuales negros del exilio que ha criticado con más ahínco a la revolución por su política racial. Islas, por otro lado, sólo lleva dos años de fundada, pero hasta la fecha ha publicado ocho números bilingües, en el que se exploran temas tan diversos como el racismo en Cuba, los derechos civiles en los EE UU, y la repercusión de la trata negrera en el Atlántico.
De hecho, Islas no es la única revista en Estados Unidos que se dedica a analizar estos temas. Afro-Hispanic Review, editada y dirigida por otro cubano, William Luis, en la Universidad de Vanderbilt, hace lo mismo. Entonces ¿por qué La Jiribilla le dedica en exclusiva un artículo denigratorio? Para empezar, Islas no es una revista académica, y aunque se ocupa en general de cuestiones relacionadas con los descendientes de africanos, su preocupación principal es Cuba y los cubanos. Su objetivo: promover el conocimiento sobre las experiencias de un grupo tradicionalmente marginado y hacer visible la historia oculta de racismo y discriminación de sus descendientes. Ese programa, que muchos intelectuales de la Isla suscribirían, al Estado cubano le parece intolerable porque incluye críticas al trabajo de la Revolución.
Ante estas críticas, la posición del gobierno sigue siendo la misma de hace cincuenta años, algo así como “necesitamos tiempo y paciencia, para que el curso natural de la historia y las instituciones revolucionarias terminen de borrar los pocos conflictos que quedan.” Sin embargo, en lugar de callar y esperar a que el tiempo se ocupe de estas cuestiones, Islas ha optado por condenar tanto los mecanismos racistas que todavía existen en Cuba, como las representaciones de los negros en la prensa, la televisión y la jerarquía cubana.
Hay algo importante que el articulista de La Jiribilla no dice. Publicar en Islas tiene un precio. El mismo que hay que pagar por publicar en otras revistas del exilio: el ostracismo en Cuba, la consabida acusación de contrarrevolucionario, y para los investigadores en los EE UU la prohibición de publicar en las revistas del gobierno o tener acceso a sus archivos.
Sabemos, incluso, que el gobierno a través de su diplomacia del chantaje les ha dicho a algunos de los que investigan estos temas en Cuba y en los EE UU, que no colaboren con Islas, porque de hacerlo dejarían de ser “amigos” del régimen y perderían las dádivas que el gobierno regala a sus fieles. Todo eso, el miedo y el chantaje, es natural que existan en un gobierno totalitario. Lo vergonzoso es que haya cubanos tanto en la Isla como en el exilio, que tiemblen de sólo pensar que van a perder los turrones de azúcar que el Estado les pone en la boca. Esos son los verdaderos esclavos de sí mismos, quienes bajo cualquier gobierno o en cualquier circunstancia están condenados a vivir engrillados y a servir de voceros a los verdugos.
Jorge Luis Camacho
South Carolina





Hola Jorge Luis Camacho.
Usted tiene alrededor de 44 años, vivió muy cerca de maternidad de Línea y tiene una hermana menor?
Si es así, creo que estudiamos secundaria juntos en la ESBEC URSS en Alquízar.
Lo he buscado en FB sin éxitos.
Lo recuerdo amigo de Reinaldo López, también compañero nuestro en la secundaria y en el pre, con quien coincidí luego en la CUJAE.
Si es así, le dejo mis datos y espero podamos escribirnos.
Un abrazo,
Peña
hola francisco, acabo de leer por casualidad su comentario, soy el autor de “La cola del mono” y justamente ando buscando entrar de nuevo en contacto con Carolle…
Le escribo desde el sur de Francia donde resido actualmente.
Gracias por su elogioso comentario y no dude en ponerse en contacto conmigo.
Hola Jorge-Luis,
es usted el escritor de “la cola del mono”?. Acabo de leer este libro traducido al francés y que me pasó Carolle Aboukaya, una amiga que tenemos en común. Me gustaría ponerme en contacto con el escritor, por lo que me dirijo a usted para felicitarle y brindarle mi amistad y apoyo.
Un saludo desde Finlandia, donde me encuentro, antes de volver a España de donde soy originario.